El cambio de hora y otras manías

Hoy ha cambiado la hora, como cada año por estas fechas. Como siempre tengo una sensación rara por más que el comité de sabios diga que los efectos del cambio de horario serán “mínimos y pasajeros”.

Realmente lo único que realmente me revienta del cambio de horario es que anochece mucho antes. Eso, de pasajero, tiene poco, obviamente. Y de todo lo relacionado con el cambio es lo que peor me sienta. Ver que los días se acortan tiene un efecto negativo para mí. No me gusta, la verdad, me deprime, me sienta mal durante unos días. Si, vale mi mal humor no es eterno. Sí, el efecto en mí es pasajero, pero no porque el problema desaparezca, sino porque al final me resigno a la noche tempranera.

Soy un animal diurno, mira tú por donde. A mis años voy y descubro eso.

Por cierto, ya que hablamos de esta noche de cambios horarios inútiles y moletos, durante estas horas nocturnas y pasadas he descubierto que las temperaturas han bajado bastante -unos cinco grados diría yo- y de manera un tanto brusca. Así que las mantas han empezado a acumularse en mi cama, para gran goce de este tarugo, que disfruta estando bien tapado y calentito. Sí, me gusta el frío pero disfruto más estando calidamente arropado por la calefacción y la ropa.

Soy una contradicción andante.

Es curioso las pequeñas (o no tan pequeñas) cosas que nos alegran y nos enfadan…

Yours truly,
Jack.

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2 comentarios to “El cambio de hora y otras manías”

  1. Carmen Says:

    Yo sigo sin comprender la utilidad del cambio de hora, por más que digan sobre el ahorro de energía ¿Cómo vamos a ahorrar si es de noche casi a las cinco? Coincido contigo, los días cortos son difíciles de llevar, aunque yo sí sea un bicho nocturno. Eso sí, en lo del frío, no… No lo soporto. Lo paso fatal, por más mantas que me eche encima… Habrá que resignarse, o migrar a un lugar más cálido con días más largos :p

    Besos

  2. jackchatterley Says:

    Por lo que deduzco el gobierno aduce que son las empresas las que ahorran (lo dudo también)… El frío lo soporto con guantes y capas interminables de ropa.

    Lo que tengo claro es que yo en Noruega me moriría de pena, con esos minidías.

    Besazos.

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