Archive for 31 marzo 2014

Confesión clandestina

31 marzo, 2014

Te lo confieso. Tengo ganas de poner un dedo en tu tobillo y empezar a subirlo lentamente, pierna arriba, y seguir sin que me detenga ningún ejército de tela que ose interponerse entre nuestras pieles desnudas.

Lo confieso, quiero besar esos pezones de cereza que no se han apartado de mi mente desde el primer día que los ví.

¿Por qué te recuerdo así y ahora?

Porque es lunes y me apetece darme un capricho solitario y tu ombligo se me antoja el mejor de todos.

Besos fuertes.

Yours truly,
Jack

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Gente que conozco.

29 marzo, 2014

Hace una semana que empecé a colaborar como voluntario en un comedor social situado en el Raval de Barcelona. Está emplazado en una zona muy peculiar en la que se reúnen todo tipo de “marginados” de la sociedad, nacionales e importados, entre los cuales estuve incluído en un tiempo ya pasado. Así que, a diario, trato con todo tiempo de gente, ya sea los sin techo a los que damos alimento; con nuestras vecinas, las prostitutas; con los policías que las incordian; con los que nos traen sus aportaciones del tipo que sea, en resumen, con mucha gente y de orígenes y situaciones muy variadas.

Entre las personas con las que hablo a diario figura una prostituta española cuya historia me rompe el corazón cada vez que la veo. Si la vida a veces es cruel con los seres humanos, con esta chiquilla ha sido poco más que una hijadeputísima, por todos los vaivenes que ha sufrido.

Y, sin embargo, ella va y viene con una sonrisa en los labios. Un compañero y yo sentimos una especial ternura hacia esta muchacha, que el día que cumplió 18 trabajó como cada otro día, y más de una vez nos hemos sentado a hablar con ella con un café con leche y un bocata delante.

Y siempre que nos despedimos, ella camino de su casa, yo en pos de la mía, me pregunto lo mismo: ¿cuándo se quede sola, qué debe sentir? ¿Qué pensará sobre lo que hace? Y cuando se levante al día siguiente, ¿le temblarán las rodillas pensando en lo que le va a tocar en suerte?

Yours truly,
Jack

Esto me pasó (y va en serio) -3-

27 marzo, 2014

Esto me pasó (y va en serio) -3-

-Aivalahostiaquelahematao!!! -dijo el contertulio mientras yo me arrodillaba al lado de Vampi y comprobaba que, salvo el hostión, la muy amiga mía no tenía más daños que los habituales, es decir, su pijismo incurable.

Marcelo, por fin, borracho como una cuba, tuvo la gracia de aparecer, acompañado de un travelo (otro diferente), y preguntar si Vampi se había hecho daño. De los mismos nervios nerviosos, tras darle recuerdos para sus padres, con preferencia a su madre, le pedí que me ayudara a levantar a Vampi, que no estaba muy “levantable por metodos automotrices de naturaleza propia”.

Mientras yo intentaba mantener a Vampi en posición vertical, se produjo una escena absolutamente delirante. Por lo que recuerdo, un amigo del padre de Marcelo andaba en “negocios” con una de las “enfermeras” de la zona (no alcanzo a recordar si era enfermera o un remedo sexual del huevo kinder, es decir, con sorpresa), y, al vernos en esa tesitura (a saber, yo con una rubia de minimo vestido en mis brazos al hijísimo de su amigo borrachuzo como él solo), quiso ayudarnos.

Cómo lo hizo el muy desgraciado que, rehuso a explicar ese desafortunado encadenamiento de torpezas y alardes verbales vaios, acabamos a las cuatro de la mañana todos -incluída la negraza del pollón- en comisaría por culpa de un malentendido -lo de siempre en este tipo de lides, vamos- en el que yo, cosa rara, no tuve más arte ni más parte que intentar sostener a Vampi, que se me desparramaba ella sola por todos los lados.

Y así fue como, sentados en una especie de banco -por suerte Marcelo tuvo los santones bemoles de llamar a su padre mientras se producía el pifostio-, mientras el abogado del papi marceliano intentaba evitarnos el trance -la pobre negraza no tuvo esa suerte, ni otros implicados en el lío-, me ví con Vampi espanzurrada encima de mí, con su invitador escote al alcance de los ojos y con tanta lujuria en el cuerpo como Bambi mientras le daban matarile a su mami.

Y en ese momento, Vampi, que llevaba mirándome un rato largo en un silencio muy peligroso -harto sabido era que cuando Vampi se callaba le daba por pensar-, mientras el abogado estaba a punto de sacarnos del lío, no tuvo nada más “grande” que decir que:

-Te quiero, ¿sabes? Eres muy tierno, ¿sabes? y me gustas ¿sabes?, y estoy segura de quererte, ¿sabes?

Yo, mirándola con ojos de ternero degollado, pensaba que clase de destino cruel me hacía aquella putada. Total, con pegar un buen caliqueño con Vampi me conformaba. Yo, como comprenderá el sufrido lector, me hallaba sumido en una época muy espiritual, e iba camino de convertirme en la competencia del Rama Lama Ding Dong y de Nacho Vidal.

Pero no, todavía me faltaba algo más por oir.

-Y te quiero tanto ¿sabes?, que te voy a presentar a mis padres, ¿sabes?

-Paaaaaaaaara, Carmela, que derrapasssssssss!!!! Que no sa…

Si la muy Vampirella no se hubiera aprovechado de mi momento de aterrorizado pánico verbal para arrearme un beso-mordisco-lengüeril, te juro, querid@ lector/a, que, pasado el primer alarde verbal, hubiera pedido a gritos que me enchironaran al lado de la negraza del trípode.

Por fortuna, al día siguiente, recuperada del castañazo, Vampi no se acordaba ni de los “tequieromucho¿sabes?” y mucho menos de presentarme a sus honorables progenitores.

Pero el cangüelo que tuve desde que salí de comisaría hasta que la llamé para comprobar el estado de sus neuronas no me lo quitó nadie. Que estreñimiento el mío, señor@s.

Que, por menos, otros han terminado sus días en el Frenopático de Horta.

Y esto, gansada arriba, burrada abajo, es lo que os quería contar. Que, teniendo en cuenta como se las gastaban en el Raval por aquellos años, fue salir cojonudamente bien, si me preguntas mi opinión, mon frère, ma soeur.

Yours truly,
Jack, el correcaminos, bip bip.

Esto me pasó (y va en serio) -2-

27 marzo, 2014

Esto me pasó (y va en serio) -2-

Lo primero que pensé mientras corría en pos de Vampirella es que, para los taconazos que me lucía la infeliz, la muy hidefruta corría como una gacela con problemas gastríticos en pos de un lavabo. Lo segundo fue su pésimo sentido de la orientación pues, tras cruzar en diagonal las Ramblas, la muy suicida no tuvo mejor ocurrencia que meterse por la calle de Sant Pau y adentrarse, malgré moi, en el Raval, barrio que por aquellos años no era precisamente el lugar más seguro de Barcelona, y menos a aquellas horas.

Admito que dudé en seguirla o no, plantado frente al semáforo, mientras las “enfermeras del amor” que trabajaban no muy lejos de la entrada al Averno me ofrecían sus servicios. Al final, acojonado, no por la idea de Vampirella siendo violada y enculada por algún maleante ravalero (¡¡¡pobre del que lo hubiera intentado!!!), sino por la mera presencia de aquellas “enfermeras” y los salchichones que me lucían en los morros, opté por arrear corriendo tras la pija correcaminos aquella.

La alcancé a la altura de la “Farmacia” del Dr. Roig. Su cara era todo un poema. Cabreada, furiosa, y con una mirada que hubiera puesto por corbata las joyas de la corona a Chuarcheneger. Yo, con mi fina párvula y locuaz por las ganas de salir de aquel lugar, intenté persuadirla en vano de que diera media vuelta a su culito made in Pedrables.

Pero nada, que la muy cacho burra no cedía ni p’atrás. Tuve que saltarme las normas de Madame Pompadour y soltarle a cuello en grito una frase que, a buen seguro, debe de estar enmarcada en los anales de la Burrología Cum Laude.

-¡¡¡Te quieres parar ya de una vez, so lerda, que nos estamos metiendo de lleno en el Raval y nos van a dar por todas partes menos por la que mola!!!

Ella, al escucharme relinchar de tal modo, pegó un frenazo que, por culpa de los taconazos que me lucía y la falta de frenos ABS, la lanzó de morros al suelo, con tan buena fortuna que fue a parar a los brazos -o contra las tetas de silicona, depende de como se miren- de una negraza impresionante que lucía unos morros de color escarlata hortera y una peluca rubia platino que daba grima de ver.

Así que los tres acabamos por el suelo. Vampirella por su lado, la negra por otro y yo por el mío, con el culo de Vampirella encima de mis morros.

Vampi, al levantarse, puso la mano donde no debía y así descubrió que la negraza tenía entre las piernas un buen chorizo de cantimpalo que ya lo hubiera querido para sí el señor Tarradellas (el de los espetecs, no el del “Ja soc aquí!!!”). Vampi, que era muy suya, pegó un grito que hubiera puesto en fuga a la tocata de turno, pero que tuvo a buen provocar que medio Raval se girara a mirarnos (polis, putas, chulos, camellos, etc), y salió corriendo (con aquellos tacones era una incitación a pegarse una hostia contra la primera pared), asi que, tras darle las buenas noches a la negraza del trípode, salí corriendo en pos de Vampi, reconvertida a estas alturas en Barbi Superstar, intentado pararla antes de que le pasara algo grave.

Y le pasó. Al llegar cerca de un bar de cuyo nombre no oso acordarme, uno de los habituales abrió la puerta, con tan buena puntería por parte de Vampi-Barbi, que éste se estrelló de morros contra el inesperado obstáculo. El trompazo tuvo una buena consecuencia: que Vampi se frenó en seco y perdió el sentido -para lo que le estaba sirviendo, salimos ganando los dos- y yo pude darle alcance.

El contertulio del bar, mirando pasmado a Vampi, que yacía en el suelo espatarrada y con las braguitas al aire, no salía de su asomo y yo, dudando entre reir o rezar un padrenuestro a San Pancracio, no sabía que carajo hacer con la muy desmayada de la burra de mi amiga.

(continuará…)

Esto me pasó (y va en serio)

27 marzo, 2014

Querid@ lector/a,

Ayer publiqué una entrada sobre un tema infausto que, sinceramente, no tengo ni ganas ni fuerzas de revisitar ni siquiera literariamente y que prontamente he borrado porque, la verdad, mi estómago es demasiado delicado para tantear ciertos momentos del pasado.

En lugar de eso, te voy a narrar uno de los momentos más inclasificables de mi vida eroticosentimental. Obviamente, en clave de humor.

Esto me pasó (y va en serio)
Si te hubiera conocido, supongo que, mientras estas escenas correteaban ante mis ojos, me hubiera temido que se trataba de una cámara oculta tuya, mi querida amiga. Pero no, no fue el caso.

Era el final del primer trimestre de mi segundo año de carrera. Habíamos terminado las clases y aquel viernes por la tarde, libres y jovencísimos, nos lanzamos a la noche barcelonesa, dispuest@s a no dejar títere con cabeza.

Recuerdo perfectamente la alineación de la panda aquella noche:

-Marcelo, el pijo progre que protestaba contra los privilegios de los ricos… mientras despilfarraba el dinero de “papá”.

-Pepe y Pepa, la pareja precursora de “amo a Laura pero esperaré al matrimonio”. Sobran los comentarios.

-Jandro, el hijo secreto de Bob Marley, que se hacía rastas hasta con los pelos del culo.

-Mauricio, que parecía un cruce entre el Sevilla de los Mohinos y el prota de la novela homónima de Lawrence. Confudido sexual sería la etiqueta perfecta.

-Vampirella, que, además de estar buena y saberlo, era algo hijadeputilla. Pero con un corazón de oro. Y un par de tetas que me volvían loco.

-Y un servidor de ustedes, un cachorro de panda jovenzuelo, salidorro y dotado de un enorme sentido del humor negro. Como ahora, vamos, pero sin canas.

Empezamos por reunirnos todos con germánica puntualidad en el garito más cutre de Barcelona, un lugar llamado “el Agüelo”, cercano a la plaza Real y que era el favorito de Jandro y Mauricio, por diferentes y estrafalarios motivos.

Recuerdo como si fuera ahora la cara de asco de Vampirella, que, vestida de lo más fashion, se veía rodeada de gente de cuya existencia estaba enterada por el National Geographic. Fulminó a Jandro y Mauricio con la mirada mientras, entre dientes, juraba algo sobre las respectivas madres de ambos y un butanero anónimo. Más que jurar entre dientes farfullaba, así que poco más puedo añadir.

Pepa y Pepe, enamoradísimos, como siempre, iban a lo suyo y no molestaban demasiado. Estabamos demasiado acostumbrados a sus gilipolleces (“yo te quiero”, “yo te quiero más”, “no”, “sí”, “no”.” si”), que hubieran causado un ataque de urticaria a Barbara Cartland, como para reaccionar de manera alguna.

La cuestión es que la fashion de Vampirella estaba que trinaba y, al cabo de un rato, tras probar la escasa calidad de la sangría local (Animalito mío… era tan ingenua), tras mandarnos a todos a la m… Mútua, a que nos hicieran un chequeo de sangre, se largó con viento fresco.

Marcelo, horrorizado, hizo además de levantarse, pero no llegó a ello, pues se desmorronó contra la pared debido a su estado etílitco. Así que, malgré moi, fui tras los pasos de Vampirella. Que poco sabía yo “ande” me iba a meter.

(cotninuará…)

Imaginación febril (7)

25 marzo, 2014

7. Años después.

Habían pasado los años. Ava lucía una bella melena plateada que, con sus ojos de zafiros, le daban un aire de belleza eterna, mineral, permanente.

Su cuerpo ya no era tan joven como hubiera sido otrora, pero muchas jovencitas se hubieran cambiado por aquella dama todavía hermosa ya tractiva. Con una sonrisa que la hacía más bella, salió del taxi y se dirigió a la puerta del edificio.

Su hijo la esperaba sonriendo. Besos afectuosos, abrazos, y, cogidos del brazo, entraron en casa. La condujo hasta donde dormía su nieta, pequeña, arrugadita y tan guapa como su abuela. Ava, sonriendo como sólo puede hacerlo una abuela, se la quedó mirando embelesada. Ni se dio cuenta de que su hijo había salido de la habitación.

Entonces, tras besar la mejilla sonrosada del angelito dormido, procedió a sacar su regalo de la bolsa que llevaba de la mano. Puso el peluche al lado de su nieta, que continuó, impenitente, dormidisima. La abuela Ava miró el peluche y, acariciando una cicatriz secreta de su anatomía, sonrió.

El peluche, desde la cuna, le guiñó un ojo a la abuelita Ava, que, sonriendo un poco más, pensó:

“Que oso panda más descarado…”

FIN.

Piel de manzana

22 marzo, 2014

Hago una pequeña pausa malgrè moi en mi relato “febril” para hablar de una mujer de la que juré no volver a mentar hace muchos años. Las circunstancias fuerzan mi mano. Con vuestro permiso, me dirigiré a ella en las próximas líneas.

Hola.

¿Cuantos años hace de aquello? Veintitres, para ser exactos. Sin embargo, tu memoria permanece fresca en mi memoria. Suele pasar. Ya sabes como soy.

Fuiste, para qué negarlo, mi primera gran locura de amor y uno de mis primeros y estrepitosos fracasos, que, sin proponermelo, siguió la estela de las grandes tragedias, cruce del mejor cine negro, de Becquer, de Keats, y de Stendhal. No lamento poder decir que no fuiste el último desastre amoroso, porque rara sería una vida que no cosecha algún singular tropiezo de vez en cuando.

Tu paso por mi vida dejó una larga cicatriz que, indeleble, permanece grabada en la carne de mi memoria, insensible al paso del tiempo, imborrable pese a las capas de carne que el tiempo ha puesto sobre ella, intangible a los intentos de encontrarle un cajón para embalarla y dejarla sumida en su más que merecible olvido.

¿Olvidarte a tí, empero? No, no, jamás. Sería despojarme de los recuerdos de aquellos años postreros en mi barrio, de mis últimos tiempos con la panda, de aquella extraña mezcla de prohibición, libertad y locura. Sería quitarme de los huesos carne y músculos.

Fuiste ese primer gran amor en el que me estrellé desde antes de verte. Si cierro los ojos puedo verte todavía aquella vez en el parque, tras salir de clase. Sin esfuerzo puedo recordar todavía tu risa, tu mirada, tus pasos, tu manera de volverte a mirarme, de calcular, en suma, hasta donde podías llegar conmigo.

Y sin esfuerzo recuerdo aquel primer beso, aquel primer pasear cogidos de la mano, aquel roce de tu piel de manzana, aquel “te quiero” que se me escapó para sorpresa de ambos.

Ya no estás. Eso me han dicho. Que ya no estás. Te has dejado tu envoltura mortal para irte a otros lares. Ya no estás. Cuesta creerlo. Supongo que este mundo se te había quedado pequeño.

Ya no estás. Resulta duro imaginar que, definitivamente, ya no existe ni la más remota posibilidad de encontrarte, sin querer, en alguna calle. Ahora sólo queda soñar ese reencuentro imposible y recordar los buenos y los malos momentos. Pero eso, con tu permiso, lo haré otro día, sin prisas, sin urgencias. Ahora mismo me está costando bastante terminar estas líneas, borrosas por todas las lágrimas que se me agolpan en los ojos. Bastante trabajo me cuesta luchar contra el dolor que me atraviesa la garganta por retener un grito inarticulado que, si se escapa, se llevaría mi alma consigo.

Por eso mejor termino aquí este recuerdo tuyo, mi querida Cristina. Descansa en paz. Ya no estás. Me cuesta aceptarlo. Ya no estás.

Supongo que es mejor dejarlo aquí. El resto ya sabes donde leerlo.

Yours truly,
Jack.

Imaginación febril (6)

22 marzo, 2014

7. Pain is so close to pleasure…

La mirada del pandahombre no era, para nada, ni dura, ni cruel, ni fascinante, ni absorbente, ni, en una palabra, cautivadora, pero Ava no lograba apartar los ojos de él. No sabía si aquello era un sueño o una alucinación hasta que de repente…

…el hombrepanda se inclinó sobre ella, y, tras volver bruscamente su cabeza a un lado, depositó un gentil beso sobre sus labios. Ava lo miró con perplejidad, dudando. Al ver aquella cabeza redonda y peludilla tenía unas ganas locas de acariciarlo como si fuera un peluche. El pandahombre pareció adivinar sus pensamientos, pues sonrió levemente y le guiñó un ojo.

Sintió unos dedos ágiles acariciar su ombligo y un escalofrío recorrer la punta de sus pestañas. El hombrepanda, que la seguía mirando a los ojos, sonreía y seguía acariciando.

-Si quieres que, en algún momento, pare, sólo tienes que decir “basta”. Esa es tu palabra de seguridad. ¿Has entendido?

AVa asintió levemente, llevandose una palmada en las nalgas y un comentario burlón por premio:

-Buena chica. ¿Comenzamos?

Imaginación febril (5)

19 marzo, 2014

5. Intermezzo

Era consciente de estar atada, indefensa, immóvil y, sobre todo, no tenía ni idea sobre qué narices estaba pasando.

Su confusión aumentó más cuando un beso húmedo restalló contra los labios de su sexo y la misma voz que ya le había hablado le preguntó:

-¿Alguna vez te habías imaginado esto?

La venda abandonó sus ojos y ella, para su gran perplejidad, pudo ver a un hombre elegamentemente vestido, traje y corbata pero con cabeza de panda. Y, por si aquello fuera poco, tenía una fusta inquietantemente larga en la mano.

Sonriendo, el pandahombre ladeó la cabeza y murmuró:

-Amiga mía, no te imaginas las ganas que tenía de vernos así, en esta tesitura.

“No me… ¿te va la marcha, pandita? Acabá… oye… ¡¡¡Espera un momento, so oso!!!”

Alarmada, Ava no se pudo contener. Lo miró y le soltó a quemarropa.

-¡¡¡Ni se te ocurra ponerte a filosofear ahora, por tus manchas, so panda!!!

El pandahombre volvió a sonreir y murmuró con la misma sonrisa maliciosa:

-Excelente…

(continuará y terminará)

Una de poemas prestados.

17 marzo, 2014

Hago una pequeña pausa para compartir contigo, hypocrite lecteur, mon frère, mon semblable, unos poemas escritos (que él llama penjarolls literaris) por Álvaro, una excelente persona que tengo el honor de conocer y él, a cambio, el suplicio de sufrirme. ¡Que aproveche!

-1-
Indican los astrolabios
un porvenir preñado de tierra.
Una ruta de estrellas en perfecta simetria
adormece los mares
y navegamos.

Y a la luz de unas velas,
que miran al viento
mientras vuelan,
hacen cábalas en el cielo,
la geografia del mar y sus números.
Y navegamos.

Brújulas para descubrir
El misterio de la matemática
que acuna la vida
en una melodía de ángeles zingaros
que cantan al universo.
Y navegamos.

-2-
En la Pobla de Mafumet
desgarran telas de araña
tres elefantes
que gustan de balancearse
y sumar especie.
Memoria antigua por sabia,
se desespera la iglesia
en la Pobla de Mafumet
y sufre la parroquia,
Y las marquesas olvidan el moño
Y se arrancan la camisa,
Los toreros y tesoreros
De la plaza y sus pesos
Y sube el precio de la tela
En la Pobla de Mafumet.
Los sueños se esfuman,
Ya no tejen las arañas
Y a morir se van los elefantes
Allá donde saben
Que un dulce balanceo
Habrán de regalarles
En la Pobla de Mafumet.

-3-
Qué coño habré de saber yo
De complejos si la conocí
Hace poco y ya vivo para olvidarla.
Ignorante como Edipo,
Cautivo de su imaginación,
Sin acabar de entender
Que las mejores lentejas
De la historia
No las hizo su madre.
Fue Dios.


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