La más oscura noche (I).

1. La llegada.

Si aquella mañana, como le ordenó su padre, hubiera salido de caza, nada hubiera sucedido. O, en el último extremo, si no hubiera visto su rostro al bajar de la casa andante, esta historia no podría ser contada. Quizás la hubiera visto otro, pero, seguramente, las consecuencias no habrían sido las mismas y, desde luego, todo hubiera resultado ser una historia muy diferente.

Pero ni salió de caza ni se privó de mirar, con curiosidad propia de un hombre que aún no ha dejado de ser un niño, la extraña comitiva que había entrado en el patio del castillo, rodeada de los hombres del templo y sus guerreros, que no parecían augurar nada bueno, ni a aquella mujer que descendió de la casa andante mientras los caballos que tiraban de ella pifiaban inquietos y que, detenida en el silencioso patio, miraba a su alrededor desde debajo de la capucha de su capa, negra y de terciopelo.

Pero ninguno de los dioses, ni los viejos ni los nuevos, intentaron evitarlo.

Así que cuando su padre ladró su nombre y lo llamó, a Jack no le quedó alternativa alguna acudir a su lado, en lo alto de las escaleras, mientras se preguntaba quién diantres podía ser aquella mujer, que, medio oculta tras una capa negra con intrincados dibujos de hilo de oro, permanecía junto a la casa rodante, rodeada de un bosque de lanzas.

Fue entonces cuando su vieja nana murmuró la palabra maldita.

-Ausgeliefert.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: