Historia de dos necios, de ruido y de furia (2)

Segunda parte.

Tenían algo parecido a una costumbre, que era encontrarse siempre en el mismo lugar casi a la misma hora. Uno se llamaba Gabriel, el otro Juan.

Juan era tan arrogante y extrovertido como Gabriel sencillo y silencioso. Si a Juan le sobraba desvergüenza, Gabriel, simplemente, no tenía.

Eso era obvio aquel día. Bajaban por el gran paseo de la ciudad, Gabriel angustiado por su “eterno” problema, enfunddado en sus ropas de aspirante a “hipster”, su rostro de mirada alegre y poblada barba. Juan, delgado, de ademanes imperiantes y secos, con las manos en los bolsillos de su abrigo, su aire pretendidamente bohemio y la mirada al frente, le escuchaba. Su rostro no mostraba el aburrimiento que le ocasionaba escuchar la misma historia por décima vez consecutiva. De hecho, sus ojos parecían gozar de la mera vista de la ciudad iluminada por los escaparates en aquella tarde-noche de invierno.

-Si esa mujer sientes que te torea o que no tiene las cosas claras -le dijo por fin, aprovechando un silencio en el que Gabriel emmudeció para tragar aire-, olvidate de ella… ¿cuántas veces te lo llevo dicho, por cierto?

-¡Muchas! Pero es que si la dejo ir…

-¿Qué?

-Me quedo sin nada… -al decir esas palabras Gabriel se maldijo por sonar tan patético, tan cobarde, tan miserable. Si Juan se había dado cuenta tanto de su vergüenza como de su patetismo, parecía disimularlo. De hecho, lo ignoraba alegremente. Le molestaba tanta automisericordia.

-Por favor… -le replicó Juan, con un cierto asomo de impaciente hartazgo en la voz- A ver… eres un hombre atractivo, inteligente, con un cierto encanto… si NO FUERAS TAN JODIDAMENTE LLORÓN Y SENSIBLORRO serías perfecto. Pero de todos modos eso no es el problema, porque hay mujeres a las que eso también le gusta. El fallo está en otra parte, y que me jodan si se dónde.

-Eso también me lo has dicho…

-…unos cuantos cientos de veces -resopló Juan, con una mueca de fastidio en los labios-. Es agradable saber que lo que te repito día a día se te queda algo… -su sonrisa dejó de ser desagradablmente sardónica y se suavizó. Después de todo, Gabriel no tenía la culpa por ser tan inseguro-. En fin, algo podremos hacer contigo. Lo primero, dale puerta si las cosas están así de mal entre los dos. DE UNA PUTA VEZ -y luego, con voz más suave, añadió-, por favor…

-Ya… ya…

-Y si la pierdes ya saldrá otra, hombre. Hay cientos, miles de mujeres en el mundo. Alguna tiene que estar lo suficientemente desesperada para enamorarse de tí, hombre.

-¡Gracias, pedazo de cabrón!

La carcajada de Juan resonó en la calle mientras miraba risueño a Gabriel, cuyo rictus era a medio camino una sonrisa y una expresión exasperada.

-Claro… como tú no tienes problemas para ligar…

-Que no tengo problemas, dice… -contestó con una media sonrisa Juan… Déjame que te explique una de mis peores meteduras de pata…

Continuaron caminando, paseo abajo.

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Una respuesta to “Historia de dos necios, de ruido y de furia (2)”

  1. Historia de dos necios, de ruido y de furia (2) | forosexy.com Says:

    […] 2015 at 18:50 and is filed under Relatos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own […]

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