Archive for 31 julio 2015

Un superhéroe… diferente (1)

31 julio, 2015

Hola, soy Barman.

Sí. Barman. No Batman. No soy un hombre-murciélago. No, tampoco soy un camarero. Soy un superhéroe adicto a ir de bares, ¿qué pasa? Me encanta la cerveza, lo que me causa unos cuantos problemas, como la puñetera barriga cervecera. Por suerte, perseguir malvados me permite hacer suficiente ejercicio como para que mi cuerpo sea una magnifica herramienta para el bien.

Ese ejercicio y todo lo que me canso follando, debo añadir.

Sí, que pasa. Además de cervecero tengo un apetito sexual enorme.

Por el día trabajo como recepcionista en un edificio de oficinas. En realidad no hago nada: me pagan por mirar porno y jugar a póker en internet. Un trabajo de coña.

Pero por la noche me vuelvo una persona diferente. Me enfundo en mis mallas (uy que mal suena esto…) y en mi traje que me marca unas pectorales que te cagas, nena, y salgo a patrullar la ciudad, para protegerla de los malos. Porque, no te engañes, Kryktohm es una de las ciudades más bonitas pero más peligrosas de toda Fespaña.

Te lo digo yo, narices, que tengo los nudillos pelados de tanto repartir hostias para salvar a la buena gente krytohmiana.

Y esta historia que te voy a explicar tuvo lugar una de esas noches.

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Poema nocturno con viento

30 julio, 2015

Otra noche como aquella mañana
el cielo arde, lejos, muy lejos de aquí.
Otra noche esperando a un sol
que no va a salir.

Mirando al cielo las estrellas dibujan
un bonito rostro que soñé
(Parece que el mundo
está más frío que ayer).

Si tuviera tiempo, aunque fuera poco,
sólo un momento, podría vivir,
y darte mil besos, cada uno con
un verso que escribí para ti.

Poema de circunstancias somnolientas

29 julio, 2015

No es que no me apetezcas,
es que no es la hora, vida mía,
cuando, atrapado entre el sueño
mora en tinieblas el alma mía.

Es que el sueño me puede
y me aprieta y me alcanza,
y mi cabeza de la almohada
ni se separa, cosa que me espanta.

No es que no me apetezcas,
corazón, pero es que a esta hora maldita
no se me levanta la maldita
por mucho que palpite tu amada pepita.

Es que el sueño me puede,
y mi corazón se entristece
y la pena me consume y me abate
por mucho que besarte me apetece.

Secretos de un joven promíscuo

27 julio, 2015

Tengo la sensación de haber explicado esto en otra parte, pero soy incapaz de encontrarlo. En fin, no importa.

Mi primera experiencia sexual tuvo lugar a los 16 (hola Jack). La dama en cuestión era amiga de mi madre, vecina y la peluquera del barrio. Mayor cliché erótico imposible, lo se. Caprichos del destino que, conmigo, es muy suyo.

No fue tanto que ella me sedujera como que le costara poco convencerme, pero la cuestión es que fue, en strictus senso, mi profesora de sexo. Fue ella con la que practica mis primeras artes amatorias y ella la que me enseñó algunos de los secretos del sexo y del cuerpo femenino. Quizás porque ella tenía unos senos grandes, rotundos y pesados yo tengo una cierta infatuación por los pechos grandes. Lo cierto es que los medianos y los pequeños también me atraen igual, pero sin la mística que los otros tienen. Quizás es algo que viene de raíces ignotas y saberes atávicos masculinos en los que prefiero no adentrarme.

Porque me importan un carajo, sinceramente.

De hecho, dos de mis damas favoritas a las que adoro con locura, tienen los senos tirando a pequeñitos. Y me las comería a besos.

Volviendo a esa primera vez, que no fue una vez, sino unas cuantas durante dos semanasde un verano caluroso. Siempre me he preguntado porqué ella me escogió y para qué. ¿Para desvirgarme? Porque, como amante, yo no era gran cosa. ¿Le complacería ser la primera de todas?

Nunca lo supe.

Yours truly,
Jack.

PD;: Sabía que había hablado de esto en alguna parte: http://wp.me/p5Qvf-yY

Parajes Prohibidos (22 y último)

25 julio, 2015

Aún contában con expertos psicólogos dispuestos a testificar que Miriam padecía un trastorno del temperamento y una deficiencia en el control de mis impulsos, pero Jack había demostrado ser un regalo del cielo que seguía dando sus frutos. A la mañana siguiente el fiscal, preocupado porque los miembros del jurado comprendiesen la atracción que él sentía por ella e incluso llegasen a entender que Miriam se hubiese dejado llevar por esa situación, le ofreció un acuerdo: si admitía su culpabilidad, él aceptaría reducir la condena a cuatro años de libertad condicional. Aceptó. No podría acercarse a menos de cien metros de un colegio, no podría estar a solas con ningún menor de dieciocho años y tendría que asistir a terapia de grupo con otras mujeres condenadas por haber cometido delitos sexuales.

Pero estaba libre.

El día que fue puesta en libertad su abogado la estrechó en un abrazo y la felicitó como si ella hubiera salido victoriosa de una noble lucha moral.

Un año después de supuesta en libertad le dieron permiso para mudarse a un aletargado pueblo costero y le reasignaron otra asistente social que se encargaba del seguimiento de su libertad condicional. Tan readaptada estaba que encontró un trabajo en un bar cercano a la playa, sin tener que decirle a nadie su verdadero, salvo a la asistente social. Para evitar vecinos a los que informar de su condición de delincuente sexual vive en las afueras, en una casucha pequeña y aislada, pero absolutamente tranquila. Su vecino más próximo queda a cinco kilómetros por la carretera.

Pero Miriam no perdía vista a lo vital de la vida, e invertía casi todo lo que ganaba en su cuidado personal. Un día de éstos, muy pronto, se dice a sí misma, cuando haya recuperado la paciencia, buscará a otro hombre adinerado con quien salir. Pero por el momento, tras la ordalía del juicio, le faltan fuerzas para ello.

Pasa la mayor parte del tiempo en la playa junto a los hoteles turísticos o en alguna terraza que dé al mar, donde se sienta a esperar que pase algún jovencito contrariado y harto de estar en el hotel con su familia. A veces aparecen al anochecer para dar un paseo solitario. Se fija en los chicos que tienen la piel pálida, signo inequívoco de que acaban de llegar de vacaciones pues no quiere correr ningún riesgo con los lugareños.

Invariablemente los jovencitos se sienten halagados cuando ven que su interés no decae una vez que le dicen su edad. Los cobertizos donde se guardan las tumbonas de las piscinas de los hoteles o en los lavabos individuales de los restaurantes de comida rápida son sus lugares favoritos para encontrarse. Cuando insisten en que les dé su número de teléfono les da uno falso.

Por el momento, su juventud y le facilitan las cosas. Evita pensar en los gélidos años que le deparará el futuro, cuando el tiempo le robe su belleza y su cuerpo empiece a degenerar. Pero procura no pensar demasiado en ello: Todavía le queda mucha diversión hasta que llegue ese momento.

La experiencia le ha enseñado. Es consciente de que no debe excederse desafiando a la suerte. Procura no pensar demasiado en Jack: la idea de que ahora tiene dieciocho años repta como una serpiente hasta envolver la imagen juvenil que guarda de él y se le encoge el estómago sólo de pensar que ya es adulto.

Que asco, piensa.

FIN.

Parajes Prohibidos (21)

24 julio, 2015

El desastre para la fiscalía no terminó allí. El abogado defensor de Miriam continuó exprimiendo a Jack. Era su gallina de los huevos de oro.

Pero el chico entusiasta y crédulo que ella aún recordaba con deseo no parecía habitar en absoluto dentro de Jack. La detención y los meses le habían hecho madurar, de manera que, durante todo el tiempo que estuvo prestando declaración ella tuvo que mirar hacia otro lado y pensar en el futuro y en la posibilidad de encontrar otros jovencitos en otros lugares. Sus rasgos adultos le parecían un fracaso insultante a su ego.

–Jack –exclamó el abogado con tono autoritario–, necesito volver a preguntarte un par de cosas, para que no quede ya duda alguna y que contestes con toda sinceridad. ¿Te obligó mi clienta a que la besases?

Jack respiró hondo.

–No.

–Lo que hicistes. Lo que ibais a hacer. ¿Fue consentido? ¿Querías hacerlo?

–Sí –contestó Jack–. Quería hacerlo. Con todas mis ganas.

Una risita nerviosa del público rubricó la derrota del fiscal.

–Gracias, Jack. Siento mucho que hayas tenido que venir y pasar por esto. –El abogado volvió a su lugar y se sentó–. No haré más preguntas, Su Señoría.

A pesar de que le habían dado permiso para marcharse, Jack se quedó sentado, con la mirada perdida durante unos segundos. Después levantó la vista y la miró. Era una mirada de reconocimiento mutuo. Jack le estaba diciendo que había aprendido que el mundo podía ser un lugar horrible. Sus ojos le decían que no tenía a nadie que pudiera reparar aquel deterioro irremediable en el tejido de la vida. Miriam le expresó con la mirada que tenía razón.

Parajes Prohibidos (20)

23 julio, 2015

Cada vez que el fiscal leía de un tirón la lista de cargos al juez se le iluminaba el rostro con auténtico interés, lo que indicaba que los detalles no le aburrían en absoluto. En general, lo que más expresaba su semblante era curiosidad.

Durante su turno de presentación del caso el fiscal apenas hizo a Jack un par de preguntas sencillas para establecer si los hechos habían tenido lugar. Ellos no necesitaban explicar nada ni señalar un culpable; bastaba que el hecho hubiese sucedido para que Miriam fuese culpable.

Jack mantuvo la cabeza baja, procurando no mirar en ningún momento hacia donde ella estaba. El abogado de ella prefirió no usar su turno de preguntas para interrogarle y llamarlo más adelante como testigo de la defensa. Esperaba que eso le diera al jurado la impresión de que el chico todavía estaban de su lado.

Llegado el momento, el fiscal protestó y se opuso a casi todas las preguntas que planteó el abogado rival por considerarlas irrelevantes. Los que Jack pudiera recordar no tenía ninguna importancia una vez cometido el delito. La mayoría de sus objeciones fueron admitidas, pero de vez en cuando se colaba alguna pregunta. De todos modos, las preguntas, validas o no, servían para plantar la semilla de la duda en la mente del jurado: ¿estaba arrepentido de lo sucedido? Su sonrisa lo decía todo y más. ¿Había disfrutado el tiempo que había estado con ella? El fiscal ni siquiera tuvo tiempo de protestar y Jack ya estaba asintiendo con la cabeza.

Fue un desastre para la fiscalía.

Parajes prohibidos (19)

22 julio, 2015

Los meses previos al juicio Miriam los bajo arresto domiciliario en un mediocre apartamento situado en la otra punta de la ciudad. Acostumbrada a una vida semilujosa, vivir en aquel edificio era para ella el peor de los castigos.

De postre tenía la “compañía” de decenas de madres, de cuerpos rollizos y rostros sudorosos queacampaban en la acera al otro lado de la calle para dedicarle, entre pancartas y gritos, los más indecorosos insultos, tachándola de enferma y pederasta y añadiendo, de coletilla, que merecía pudrirse en prisión el resto de sus días. Al verlas, Miriam se consolaba pensando que estaba haciendo un favor a los los maridos de aquellas horrorosas mujeres, puesto que su caso les procuraba un nuevo entretenimiento que las mantenía lejos de casa y de sus sufridos esposos.

En cierto modo, Miriam les hacía un favor: gracias a su juicio ellas habían encontrado un propósito en la vida que las llenaba de entusiasmo y energía. Durante los fines de semana, cuando crecía el número de asistentes, llegaban incluso a gritar consignas a través de un megáfono.

Miriam reconocía a su pesar que, después de estar escondiendo sus impulsos sexuales durante tanto tiempo, no le resultaba fácil ver sus debilidades aireadas de tal forma. Tan sólo por atender a sus propios deseos se había visto atrapada en los tenebrosos dominios del castigo. Pero de tanto en tanto lograba olvidarse de sus problemas intentando aclimatarse a su nueva vida en aquel cuchitril, aunque sólo fuera por unas horas, en las que el olvido se apoderaba de ella para desaparecer después, inesperadamente.

Y entonces el pánico volvía a apoderarse de ella.

Parajes prohibidos (18)

21 julio, 2015

Como había pasado toda la noche bajo custodia, Miriam no tenía ni idea de lo rápidamente que se había difundido la noticia en apenas dieciséis horas. La vista para la fianza estaba atestada de periodistas y de fotógrafos que se pusieron a gritar su nombre nada más abrirse la sesión y disparaban sus flashes al tiempo que lanzaban preguntas como ladridos. El terror comenzó a apoderarse de ella.

Que su abogado empezara afirmando que era “demasiado hermosa para mezclarla con la población carcelaria común” arrancó un coro de murmullos de la sala. La acusación planteó una refutación lógica: el sistema penal no tenía una escala móvil que fluctuara según el atractivo físico. Pero, ya sea porque el juez estuvo de acuerdo con el abogado defenso o por su (hasta la fecha) impecable historial, lo cierto es que decretó que Miriam podía cumplir arresto domiciliario hasta que se celebrase el juicio.

Los cargos fueron de estupro y lascivia contra un menor. Miriam, temblando, se dispuso a salir de la audiencia entre flashes y preguntas gritadas a pleno pulmón

Parajes prohibidos (17)

20 julio, 2015

Una vez en la comisaría, el mundo de Miriam se vino abajo. Con rapidez apareció un abogado, una concesión por parte de la familia de mi marido (me representaría durante el juicio y también tramitaría un divorcio rápido), que puso fin al interrogatorio de la policia. No iba a ser gratis: Miriam debía pedir perdón públicamente, glorificar a su marido y expresar du dolor y vergüenza por haber herido a un hombre tan bueno. Si hacía bien du papel y la gente se apiadaba de du marido, Miriam tendría una considerable bonificación económica.

Se podría quedar con el coche, pero tendría que empaquetar todas sus pertenencias y trasladarse a un estudio de cuyo pago se ocuparía su marido hasta el momento del juicio, siempre que la fianza fuera razonable. Si la fianza llegase a ser desorbitada, sus pertenencias serán enviadas a un guardamuebles hasta que quedera en libertad.

Abrumada por su desgracia, Miriam no puso pega alguna. Lo cierto es que tampoco había prestado atención a la cláusula de adulterio de su acuerdo prematrimonial. Pero sabía que no tenía ni tiempo ni poder para regatear: lo más importante era salir de la cárcel.

Miriam insitó en que no podía ir a la cárcel. La sola idea le resultaba demasiado nauseabunda. No podía soportarla. Si imaginaba así misma obligada a tener relaciones sexuales morbosas con el solo fin de evitar que las otras reclusas le pegaran. Y eso sin mencionar que sería como estar en una olla a presión en cuyo ambiente ella envejecería sin piedad. Cuando saliera de la cárcel sería una persona malnutrida y enferma, con el pelo quebradizo, el cutis apagado y muchas patas de gallo.

–Mandarme a prisión sería como arrojarme a los leones –dijo horrorizada y casi his´terica–. La gente con mi aspecto no va a la cárcel.

–Mmmm… buena idea. –La voz del abogado tenía un tono de evaluación robótica que le puso a Miriam los pelos de punta–. Puedo alegar que, debido a su aspecto, usted se vería expuesta a un riesgo aún mayor de sufrir violencia sexual en la cárcel. Esta noche estará a salvo en una celda de prisión preventiva hasta mañana por la mañana, cuando sepamos si se le concede o deniega la libertad bajo fianza.

Iba a ser un largo calvario para Miriam…


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