Archive for 30 agosto 2015

Abril Negro (11)

30 agosto, 2015

Como en otras ocasiones, la batalla se fue consumiendo a suí misma hasta que el frente quedó de nuevo fijado en otras nueva serie de lineas de trincheras, con ambos bandos exhaustos tras el sangriento forcejeo.

Y, como ya había pasado anteriormente, comenzaron a surgir extrañas leyendas sobre misteriosos sucesos que habían, presumiblemente, tenido lugar en el campo de batalla. Nunca nadie admitió haber sido testigo directo de uno de tales eventos, pero todo el mundo parecía conocer a alguien que, a su vez, conocía a un testigo de primera mano de lo sucedido.

Se empezó a decir que los grausbergianos tenían instalados en su retaguardia inmensas fábricas en las que convertían los cadáveres de sus caídos para transformar sus grasas corporales en nitroglicerina, velas, lubricantes industriales y sebo impermeable para las botas. Poco tardó en surgir la leyenda del Reductor, el equivalente grandeliano. Al parecer, según se susurraba, en la retaguardia existía un enorme complejo industrial en el que se apilaban toda clase de deshechos, incluidos los cadáveres de los soldados, y que eran convertidos, mediante algún extraño arte industrial, en objetos reutilizables por la industria bélica.

Con cada nuevo rumor, los tamaños y naturalezas diversas de estas “industrias” crecían exponencialmente.

Los grendelianos acusaban a los grausbergianos de usar bayonetas de sierra, declaradas ilegales por las convenciones de guerra, y éstos se defendían apuntando al uso, también ilegal, de balas explosivas, o dum-dum, por parte de los grendelianos. Dentro de este cúmulo de leyendas surgió la del soldado crucificado. Al parecer, un soldado grendeliano había sido capturado por una patrulla grausbergiana que, en su frustración por la determinada resistencia enemiga, habían clavado al desafortunado prisionero contra la puerta de una granja abandonada usando sus infames bayonetas.

El rumor creció hasta abarcar todas las posibles versiones que las fervientes e imaginativas mentes de los combatientes podían pergreñar. Unas veces los salvajes asesinos eran soldados de infantería. Otras, de caballeria, y alanceaban al desafortunado prisionero antes de clavarlo contra la puerta. En unas ocasiones el prisionero era un soldado de Picsmesne, otras de Grendel. El extremo imaginativo llegó a decir que el soldados crucificado no era uno sino dos, y se rizó el rizo llegando a sugerir que eran hermanos.

Llegados a este punto, el rumor, como la ofensiva, agotada la materia prima (originalidad, crediblidad, etc), se fue desvaneciendo para ser reemplazado por el siguiente.

Uno de los más sabrosos nació de las ansiedades de los soldados grendelianos. Ante la necesidad de explicar el desastre de tantas ofensivas, comenzó a circular entre la tropa la leyenda del oficial espectral que se paseaba por las trincheras justo antes del ataque. Normalmente se le caracterizaba como un comandante. Nadie le veía llegr o marcharse. Su manera de hablar era perfecta, propia de un oficial, muy educada y con una dicción exquisita. Otra vez, todo el mundo decía conocer a alguien que había estado cerca de uno de estos fantasmagóricos oficiales, de los que llamaba la atención un pequeño detalle, una anomalía en el uniforme que levantaba las sospechas de los que estaban cerca del desconocido. Siempre que esto sucedía, el extraño se desvanecía misteriosamente, sin que nadie le volviera a ver.

George, aburrido por los repetidos ejercicios de entrenamiento a los que sometían a los soldados al regresar a una área de descanso, comenzó a poner por escrito todos los rumores que llegaban hasta sus oidos. Consciente del valor de tales leyendas, las fue anotando en papel higiénico.

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Historia de O…zzy (5)

28 agosto, 2015

La banda de música, y Ozzy también, comenzó a tomar una deriva preocupante. No podía decir con certeza que pasaba, pero yo sospechaba que habían pasado de la marihuana a drogas mayores. Estaban, simplemente, muy extraños. Cosa extraña, ni me ofrecieron (hubiera sido el final de nuestra amistad) ni consumieron delante de mí nada que fuera marihuana o alcohol. Aún así, les abroncaba por ello. Supongo que de haber tenido la certeza de lo que había detrás, hubiera tomado medidas drásticas. Cuáles, no se…

Estaban más susceptibles más agresivos, y más de una vez nos enganchamos en fuertes discusiones. En su descargo, la mayoría de sus burradas eran producto de la mierda que se metían. En mi contra, las que yo soltaban me salían solas, sin necesidad de doparme.

Producto de uno de esos colocones, Ozzy discutió con Pau, uno del grupo. Como venganza, cuando Pau dormía la mona, Ozzy le agarró la polla y se la pintó de azul.

Cuando Pau se despertó su grito de pavor arajo toda la atención de la casa. Verle correr en pelotas con aquello colgando, azul, era increible. Hasta que tropezó con una puerta y del hostión se quedó KO en el suelo.

Cuando se me pasó el pasmo por el espectáculo, miré a Ozzy y le espeté:

-Venga, joder, qué coño has hecho ahora, me cago en la puta…

Es curioso la de tacos que se me escapaban en aquellos días.

-Le he pintado la polla de azul.

-Gracias, Mr. Obvious, gracias a tí puedo confirmar que no soy daltónico. Anda, grandísimo gilipollas, déjame ver la lata de pintura…

Casi me da un síncope. Las instrucciones decían claramente que la pintura no podía tocar la piel, pues podía provocar erupciones, ampollas y hasta quemaduras.

Qué bronca le pegué a Ozzy. En mi vida recuerdo haber insultado a nadie tanto ni a tanta velocidad. Eso, sospecho, fue la clave para que el buenazo de mi amigo no se cabreara: cuando hablo muy deprisa no se me entiende una mierda. Hay gente que cree que hablo en alemán, lo que me permite cagarme en toda su familia en su cara sin mayores consecuencias que quedarme con la garganta seca.

Aquella fue una de esas ocasiones. Ozzy, ante mi elocuente estallido, notó que yo estaba cabreado (lo rojo de mi cara y mis gestos supongo que también ayudaron un poco), y lo remató diciendo:

-No pasa nada, hombre. Seguro que no le pasa nada.

Cierto, no le pasó nada. Pero durante unos días Pau tuvo la polla azul.

Un buen día dejaron de consumir esas mierdas. No conozco ni porqué empezaron ni porqué terminaron, pero sospecho de que debieron de asustarse por algo. Gracias a eso dejaron de pasar las delirantes burradas que caracterizaron aquellas delirantes semanas para pasar a ser simplemente las mismas burradas descerebradas de siempre.

No se desengancharon del todo, y años después alguno terminó en una clínica de desintoxicación, pero esa ya es otra historia y, como sucedió fuera del tiempo en el que les conocí, no me atañe mucho.

De vueltas a las burradas habituales, la primera que me viene a la memoria fue después de un concierto de mierda en el que todo salió mal. Hasta el intento de ligar con algunas de las espectadoras no funcionó y por ello, para quitar penas, además de emborracharse, se fueron de putas. Y yo con ellos, porque, sinceramente, tal y como había ido la noche, temí que terminaran todos en comisaría.

Al final, entre esa noche y otras varias, acabaron pasando por manos de algún reputado doctor por temor a las enfermedades venéreas. Les tenían pavor. Por eso yo una noche les hice una putada a todos.

Llegué tarde y ellos se habían montado su fiestorro habitual. Debieron de pasarse con todo porque cuando yo llegué estaban dormidisimos, chicas incluidas, así que me fui a la cocina (estabamos en el cuchitril de Ozzy) y empecé a buscar en la nevera. Trinqué dos plátanos y me puse a comer… y entonces tuve la idea. Cogí unos cuantos plátanos y unos guantes de plástico y, tras cortarlos, fui metiendo los trocitos plataneros por las vaginas de las chicas. Sí, algo asqueroso, pero tenía ganas de darles un susto. El cabreo puede inspirarme cosas muy raras.

Bueno, completada la operación, me fui a dormir. Cosa de una hora y algo, me despertaron gritos de terror. Me dirigí con cara de sueño les ví, ellos histéricos, ellas estupefactas.

-Que coño pasa?

-Mi pene, mi pene!!!!

Escuchar “pene” y no polla me sorprendió. “Coño, me dije, pues si que se han asustado”.

-Que coño pasa, Ozzy!

-Mi polla…

“Back to normal”, suspiré aliviado.

-…que suelta una pus amarillenta asquerosa.

Cuando iban camino de urgencias yo luchaba con mis ganas de carcajearme en sus caras.

Y dirás, querid@ lector/a, que fui un poco cabrón con ellos. Poco cabrón fui. Y déjame que te explique un pequeño motivo.

Un día, para una celebración de la universidad, los cabrones trajeron un pastel. Pero se equivocaron y, en lugar de traer uno comprado, de nata, el que presentaron era propio. Hecho con marihuana rancia y concentrada.

Por suerte sólo lo probaron tres personas. Por desgracia, uno fue un profesor de mi facultad muy allegado a mí. Afortunadamente, mi profe se creyó que había tenido una indigestión, pero no se explicaba los tres días de baja que tuvo que pillarse por el colocón y las visiones psicodélicas que tuvo.

Ahora, querid@ lector/a, dime si todavía te parece que fui un poco cabrón con ellos…

Pausando las entregas

27 agosto, 2015

Estimad@s lector@s de este blog,

Voy a levantar un poco el pie del acelerador y espaciar ligeramente las entregas de las dos historias que me tienen enredado ahora (las burradas de Ozzy y el relato bélico), por una serie de motivos.

Primero porque temo saturaros con bombardeo diario de entregas, provocando cansancio.

Segundo porque, aunque no me pasa ahora, por experiencias anteriores soy consciente de que puedo quemarme con mucha rapidez y perder la inspiración.

Así que, con vuestro permiso, en lugar de publicar una nueva entrega diaria, haré una cada dos días, siguiendo el orden alternativo que he llevado hasta ahora.

Gracias por leer.

Yours truly,
Jack.

Abril Negro (10)

26 agosto, 2015

Apartados de la línea del frente para descansar por cuatro días, el batallón al que pertenecía Geobrge descansaban en un campamento situado a las afueras de Pamert. Era un lugar tranquilo por el día, pues las carreteras estaban desiertas.

Pero tan pronto como desaparecía la luz, se llenaban de vehículos, camiones con munición, cañones, ambulancias o tropas marchando al frente para tomar posiciones en las trincheras. Ocurría cada noche, incesantemente.

Al llegar el amanecer, como por encanto, desaparecía cualquier rastro de actividad. Quedaba la carretera desierta y abandonada. Las granjas seguían en ruinas y las mañanas tranquilas y silenciosas.

Era una guerra de contrastes, y George tardó poco en darse cuenta de ello.

Todos los batallones dejaban el 10% de sus efectivos en retaguardia, para reconstruir el batallón con los nuevos reclutas y entrenarlos en caso de que el ataque saliera mal y la unidad tuviera mala suerte. Por eso, al regresar los combatientes del combate, la diferencia entre unos y otros no podía ser mayor. A un lado estaban los sucios, demacrados, desaseados y andrajosos supervivientes del holocausto. Al otro, los impolutos y aseados soldados de retaguardia.

De regreso hacia el frente, en una de las marchas nocturnas, al anunciarse el descanso de diez minutos, los oficiales rompían filas hacia el lado izquierdo del camino y los suboficiales y soldados hacia el derecho. Siempre era igual, sin excepción.

Aquel día, mientras descansaban en un prado, aún lejos del frente, bajo un sol espléndido, el coronel del batallón se acercó a saludar a sus hombres.

Pulcro, rígido, inmóvil, hablaba a los hombres que, formados en cuadro, guardaban un resignado silencio.

-Estáis perfectamente entrenados, sois perfectas máquina de matar, dispuestos a luchar en cualquier terreno, clima y condición, dignos de la división, dignos de la tarea que os han encomendado. ¡Ojalá pudiera ir con vosotros!

-Te cedo mi jodido sitio -dijo una voz anónima, perdida en la masa de hombres.

-Silencio en las filas! -gritó el sargento.

George siguió sudando bajo el sol de justicia.

Historia de O…zzy (4)

25 agosto, 2015

Recuerdo un concierto pavoroso en el que todo les salió mal, hasta el punto de ver a las chicas del público salir corriendo. Pavoroso. Otra, la banda salió a tocar en pijama. Sí, en pijama.

Yo temía que aquello iba a terminar fatal, que no les contratarían ni para amenizar un bautizo. Y entonces les llamaron para hacer una serie de bolos por la zona de Tolousse, Perpignan y alrededores. Lógicamente, me llevaron con ellos. Las vacaciones de Semana Santa más escatológicas de toda mi vida.

Fueron los conciertos más chorras, salvajes y divertidos que recuerdo haber presenciado en mi vida. Fue. también, la época en la que algunos de la banda, Ozzy entre ellos, empezaron a consumir maría de una manera menos disimulada. sin que mis broncas hicieran efecto alguno. Al final, pasé de ellos. Una noche, en un concierto, uno del grupo iba tan colocado que perdió todo el sentido de las direcciones, de manera que apoyó su armónica en la barbilla, acercó los morros al micrófono y se pasó toda la canción bufando mientras el público se preguntaba por aquel extraño número. Yo me meaba de la risa, lo juro.

En otra ocasión algunos del públicos empezaron a pelearse con otros. Las hostias iban y volaban. Ozzy, perplejo, dejó de tocar, y pronto le imitó la banda. Todos miraban perplejos el reparto de hostias y yo, por un segundo, me temí que se fueran a sumar al reparto de castañas. De repente, empezaron a cantar, desafinando como condenados, “Give Peace a Chance”. Otra vez yo sufrí un ataque de risa de los gordos.

Aquello era para cagarse. Aquellos tíos, a los que sólo les había escuchado cantar canciones de heavy metal, se ponían a graznar eso. Cuando llegó la policía, estaban tocando “We Wish You a Happy Christmas”. Yo estaba tirado en el escenario carcajeándome como loco. Lo más divertido es que los del local pensaban que yo estaba hasta el culo de maría o de algo peor. La verdad, ni de coña. Aquello simplemente era hilarante.

Al día siguiente, mientras me despertaba con calma y me hacía café en la cocina, llegó Ozzy, medio borracho, medio dormido, y completamente feliz.

-Me he tirado a un cardoborriquero de los gordos.

Ozzy tenía como orgullo irse a la cama con mujeres muy feas. Yo conocí a algunos de sus ligues y siempre me sorprendía, porque, realmente, eran feas. No, no es que soy sea ahora un puñetero pijo esteta, no. Es que eran feas. Los orcos de Mordor se lo hubieran pensando dos veces antes de pedirles para salir, lo juro.

Por eso, cuando empezó a salir con Teresa, a toda la banda y a mí nos dio un pasmo. ¡Teresa era guapisima!

Abril Negro (9)

24 agosto, 2015

Igual que los grendelianos atacaron llegó el turno de los grausbergianos de contraatacar. Las trincheras grendelianas fueron sometidas a un breve pero intenso bombardeo y, como surgidos de las entrañas de la tierra, lo soldados grausbergianos, con sus uniformes grises como el cielo, se lanzaron al ataque como una plaga de hormigas que cubrían toda la tierra.

Ahora era el turno de George de defender sus posiciones. A voz en cuello ordenó al encargado de una ametralladora pesada que debía disparar y abatir a los atacantes que se dirigían contra su posición, pero no el soldados reaccionó. Por eso George se acercó a él, mientras los hombres bajo su mando mantenían a raya el enemigo. Se tendió al lado del solado y vio que estaba muerto. Una bala le había atravesado la sien. A duras penas pudo soltar su mano del mando de la ametralladora, para luego hacer a un lado el cadáver inerme. Empuñó al ametralladora y comenzó a hacer fuego, pero, apenas el arma hubo escupido algunas balas, se encasquilló. Estaba intentando deshacer el atasco cuando varias granadas de mano cayeron en la trinchera y rodaron hacia él. En un ataque de terror, se abalanzó sobre ellas y, en medio de tan espantosa situación, fue lanzándolas una por una fuera de la trincheras. Estaban todavía en el aire cuando estallaron.

El ataque fracasó.

cuando la paz regresó, después de varias sangrientas semanas de encarnizados combates, una tarde fría, George se encontró haciendo su ronda por la trinchera de apoyo, situada por detrás de la línea del frente. Un joven cabo estaba calentando en una abollada tetera un poco de brebaje. Le deseó buen provecho y siguió su camino. Pasó por delante de tres refugios cuando una potente explosión sacudió la trinchera. Mientras se disipaba el humo, George se sacudió la tierra que le había salpicado los hombros y pensó que había tenido mucha suerte. Al momento escuchó un grito que provenía de dónde había explotado la granada. Cuando llegó vio que la explosión había destrozado el lugar. Había una mancha negra y maloliente donde, minutos antes, había estado la marmita en la que el cabo calentaba el té sobre una pequeña llamita. Todo lo que quedaba del soldado era el muro manchado de sangre, y los pocos huesos y jirones de tierra esparcidos en el suelo, junto al ojo, medio oculto entre los tablones.

Entonces, mientras George observaba atónito aquel horror, dobló la esquina el hermano del cabo fallecido.

Historia de O…zzy (3)

23 agosto, 2015

No recuerdo bien la fecha, pero sí que casi me meo vivo. Y otras cosas.

Le había salido un bolo a Ozzy y su banda. Yo les estaba dando una mano a meter la cosa en la furgoneta cuando alguien me arreó una patada en el culo y me vi catapultado al interior mientras gritaba “hijoput…!” antes de estamparme contra el lateral de la misma. Cuando quise darme cuenta, la furgo ya estaba en marcha, con Ozzy al volante.

Un inciso. En todos los años que median desde este incidente hasta el día de hoy, Ozzy HA SIDO INCAPAZ DE SACARSE el carnet de conducir. Ello no ha sido impedimento para que cogiera el volante cuando le saliera de los bajos. Yo, siempre que he podido evitar viajar con él al volante, lo he hecho.

Bueno, llegamos al sitio y empezaron a montar el equipo. Allí estaba yo cuando, de repente, una mano enorme me hace girar y me encuentro al mismísimo hombre de las nieves, al puto Y eti, hecho carne, pelo y barba y apestando a cerveza, mirándome con cara de muy mala hostia.

-¿Te gusta mi novia? -me dijo.
-¿Eh?
-No disimules, la estabas mirando -y señaló con un dedo hacia la barra.

“Como no la haya mirado con el ojo del culo”. me dije… porque me quedaba allí, justo detrás, a la espalda. Y, perdón por la crueldad de la expresión, pero ni borracho la hubiera mirado. Parecía un orco de Mordor, la pobrecilla (claro que con el burrobestia del Yeti de su novio tampoco desentonaba mucho, la verdad).

No hacía falta ser muy listo para ver que aquello sólo podía terminar de una manera: mal. Podía decir “pues no, la verdad”, y él diría “¿la estás llamado fea, cabrón?” y me partiría la cara. O podía decir “Sí, menudo polvazo que tiene tu chica”, y él respondería “¿la estás llamado puta, cabrón?” y me partiría la cara.

Improvisé.

Llamé a Ozzy.

-¡¡¡Ozzy, tío, ven, corre!!!
-¿Qué quieres?
-¿Te apetece follarte a la chica de este tío? -y señalé con el dedo a la susodicha mientras sonreía con todas mis ganas y pensaba “si me han de partir la cara, que sea en buena compañía”.
-¿Eh?
-¿Que si te apetece pegarlo un polvo con la piba esa o es demasiado fea para tu gusto?
-Pero que coj…

Lo que fuera a decir Ozzy quedó ahogado por el rugido de rabia del Yetihombre, que se abalanzó sobre nosotros. Yo ya estaba preparado y salí corriendo, dejando a Ozzy a solas con semejante capullo. ¿Cobarde? Posiblemente. Ozzy reaccionó a tiempo y también salió corriendo. Debía de estar algo nervioso, porque, en lugar de insultar al burrobestia que quería arrancarnos la cabeza, se puso a cagarse en mis muertos a grito pelado, lo que fue bueno por dos motivos:

-El primero, porque me espoleó a correr más deprisa.
-El segundo, porque atrajo la atención del segurata del local, que se acercó y, sin presentarse, le arreó dos hostias al Yetihombre que lo dejó tieso en el suelo.

Cuando el de seguridad pasó por mi lado, llevándose a rastras al Yetihombre, le di las gracias.

Ozzy estuvo una semana sin hablarme, el hijoputa.

A todo esto, durante una semana el grupo no tuvo nombre, hasta que un día me vino la inspiración sentado en el WC y propuse uno. Era cojonudo, era genial, era perfecto. Fíjate si era bueno, querid@ lector/a, que no me acuerdo del nombre de los cojones…

Sí, se me ocurrió cagando. La inspiración es muy cuqui a veces, ¿qué pasa?

A la semana lo cambiaron. Cada vez que Ozzy lo escuchaba yo me aparecía en su mente, pantalones abajo y plantando un pino…

Me lo dijeron el día que, camino de otro bolo, nos perdimos a la altura de Vic. Entre la puta niebla que había aquel día en la carretera y que Ozzy tenía un sentido de la orientación tirando a pésimo, nos perdimos. Nos metimos en la calle de Vic, y Ozzy asomó la cabeza por la ventanilla y le preguntó a un hombre:

-¿Jefe, me puede decir dónde estamos?

-¿Jefe? ¿Jefe? -le replicó el hombre, de unos 50 años, con cara de mala hostia- ¿Pero tú me has visto cara de indio, hijoputa?

Llegamos tarde al bolo, pero descojonados de la risa.

Abril Negro (8)

22 agosto, 2015

Con la llegada del buen tiempo el campo de batalla se fue liberando del fango por un tiempo y los primeros brotes de verdor se fueron filtrando por entre los terrones marronosos y polvorientos. Así, apenas unos días después de que el sol comenzara a brillar de nuevo, la artillería grendeliana abrió fuego sobre las posiciones enemigas, marcando de manera poco sutil el comienzo de otra ofensiva.

El fragor era ensordecedor. George, abrumado por la potencia sonora de los disparos y las explosiones, no podía escuchar siquiera sus propios pensamientos. Día y noche, a todas horas, se escuchaba en todas partes el rugir de la artillería, nada más que el rugir de la artillería. Era obvio que era el bombardeo que iba a preceder la Gran Ofensiva, el Gran Avance que pondría fin, de una vez por todas, a la guerra.

Desde las trincheras el espectáculo era magnifico. Enfrente, a izquierda a derecha, a donde quiera que se mirara, sólo se veían explosiones de bombas. El paisaje parecía sobrenatural No se veía nada, ni un ser vivo, sólo una sucesión de grandes columnas de humo, nubles blancas y algodonosas de los cañones de campaña o cortinas densas de la artillería pesada.

Mientras en la retaguardia la vida proseguía tranquila e ignorante, en el frente se habían desatado todas las furias del infierno.

Por fin llegó el momento del ataque. George, tras gritar la orden de atacar a sus hombres, salió de la trinchera trepando por la escalera de mano. Una vez en el parapeto, se volvió hacia su compañía y repitió el gesto. Al volverse y emprender la marcha hacia las posiciones enemigas, le asaltó una duda. ¿Le seguirían sus soldados? Enseguida obtuvo una respuesta: sin vacilar, todos sus hombres fueron abandonando la trinchera y le siguieron. Forman en el terreno despejado, en orden abierto y comienza en avance.

De repente, fuego de ametralladora enemigo comenzó a barrer, de izquierda a derecha, el terreno por el que los soldados grendelianos tenían quee avanzar. Maldiciendo su mala suerte, George ordenó a sus hombres que se desplegaran por secciones. El movimiento fue ejecutado con presteza y eficacia, pero eso no impidió que algunos hombres cayeran abatidos mientras cruzaban la zona batida por los soldados grausbergianos. Una explosión de artillería lanzó una oleada de aire caliente a la cara de George antes de enviarlo volando por los aires. El golpe contra el suelo le aturdió, y apenas fue consciente de la mano que le ayudó a ponerse de pie. De repente todo es confusión, no puede distinguir a sus hombres entre la masa que avanza, entre los disparos y el humo de las explosiones. Pero pese a ello siguen avanzando, hasta que una trinchera transversal les corta el paso. La mitad de los hombres que quedan de su unidad ya están dentro. Empapado de sudor, George les imitó.

Mirando el mapa y asomando furtivamente la cabeza por encima de los sacos terreros George intentó hacerse una idea acerca de la posición que ocupaban. En el fragor de la batalla, tal tarea se le antojó imposible. Entonces un pensamiento incoherente empezó a repetirse en su cabeza. “Estamos aquí porque estamos aquí porque estamos aquí porque estamos aquí”…

Historia de O…zzy (2)

21 agosto, 2015

Al poco de conocernos, Ozzy me dijo que estaba pensando en formar un grupo musical. Lo miré de arriba a abajo y le solté muy serio:

-De flamenco?

No, no era flamenco el estilo en el que estaba pensando. Así que empezó a saltarse clases para formar el grupo, con resultado medio desastroso medio exitoso, pues se hizo con el atajo de aprendices de estrellas menos duchos en el arte musical que he visto en mi vida. Pero era su grupo… No llegaron a nada, nunca grabaron disco alguno y sus conciertos fueron poco más que reunir a cuatro gatos y pegar unos cuantos gritos para luego hartarse de cerveza. Pero divertido sí que fue un rato todo aquella parafernalia.

Hablando de grupos… además de él y yo, en el bar de mi facultad se reunían otros cientos de alumnos, a cada cual más colorido y peculiar. Pero ninguno, creo, más raro que aquel al que formábamos parte Ozzy y yo. Bueno, sólo por la parte que a él le toca creo que ya se lleva el premio al raro de turno.

La más rara, por detrás de Ozzy y a la par conmigo, creo que era Flor, una chica de padres jippies que había salido a mamá, es decir, tonta del culo, pacifistas, powerflower y todas esas etiquetas que le van tanto al movimiento happyfeliz. A Ozzy, desde el primer momento, le cayó fatal. No le perdonó ni por las tetas que, por cierto, fueron el motivo por el que yo la indulté unos cuantos cientos de veces. Cosas veredes. En fin, que él no la tragaba y ella parecía no darse cuenta de ello, porque no paraba de provocarlo de manera tonta.

Una de esas veces fue cuando, buscando los chicos de la banda repertorio, ella propuso, con toda su santa inocencia, que cantaran San Francisco (Be Sure to Wear Flowers in Your Hair). Ozzy la miró de arriba a bajo, de una manera que me hizo temer lo peor no, lo siguiente. Curiosamente se contuvo bastante, porque sólo le soltó, de mala gana y sin apenas mover los labios:

-¿Flores en el pelo? En el ojete, no te jode… Anda y que te den, guapa…

Conociéndolo, se mordió bastante la lengua. Lo malo es que le duró poco la moderación porque, de repente, sin que nadie le esperara, le espetó a la happyflower:

-Las únicas flores que vas a ver nunca, y ni por esas, serán las que te pongan encima del ataúd el día que la espiches, so burra.

Incluso yo me quedé pasmado por el estallido de Ozzy, la verdad. La happyflower, lógicamente, se puso a llorar, toda dolorida en su pacifista humanidad. Uno de los compañeros hipppies de la happy no se tomó a bien la respuesta de Ozzy, y, olvidándose los principios de Ghandi y de Buda, se enzarzó en una discusión con mi amigo que terminó, de manera previsible, cuando Ozzy comenzó a repartir manporros al pobre idiota, que ni llegó a ver la primera hostia que lo dejó KO. Sus amigos salieron en su defensa y yo, que tenía que irme a clase, llegué unos minutejos tarde por quedarme a ayudar a Ozzy a repartir tortas. No le hacía ni puta falta, pero siempre he sido muy solidario a la hora de repartir tortas.

El lío, gordo per se, se puso peor cuando yo estaba en clase, porque algunos amigos hipppies marcharon al bar buscando cerveza y, entre las hostias que se repartieron, Ozzy se llevó un botellazo en la cabeza que lo mandó a urgencias.

Lo gracioso del caso es que Ozzy no es de los de pelearse. Es, en sus propias palabras, un cobarde. Más vale cobarde vivo que héroe muerto, es su lema.

Una vez fuera del hospital se dedicó a montar su grupo musical y, durante unos cuantos días, le perdí el rastro.

Abril Negro (7)

20 agosto, 2015

Caminando sobre las agrietadas tablas, George tenía que hacer equilibrios para no tropezar, pero era mejor que intentar abrirse paso por el barro. Aunque la capa superior del suelo estaba congelada, las huellas con forma de bota mostraban los puntos en los que otros soldados se habían hundido hasta la rodilla en en fango viscoso. En dos días los enviarían a la retaguardia, a descansar, pero hoy aún tenía que patrullar y reconocer el frente asignado a su unidad. Le acompañaba un joven teniente de expresión permanentemente sorprendida, que, con el fusil al hombro, caminaba en silencio detrás de su capitán.

La trinchera tenía tres metros de profundidad y sus paredes de sacos terrenos usaban como mortero el fango helado. Un proyectil pasó silbando por encima de sus cabezas para estallar algunos cientos de metros por detrás de la línea del frente, salpicando sus alrededores con tierra, fragmentos de los cuales llovió sobre la trinchera. Tanto George como el teniente se sacudieron como perros, levantando una rociada de barro con sus gestos. Una vez “limpios”, prosiguieron su camino por la larga y estrecha hendidura en la tierra que les protegía del fuego enemigo.

-Un proyectil de alta velocidad -comentó pensativo el teniente-. La artillería grausbergiana los lleva disparando toda la semana. Para mí que no buscan tanto matarnos como enterrarnos en nuestras propias trincheras.

Giraron a la izquierda y se adentraron en la concurrida trinchera de comunicaciones. El camino de tablas nutría de hombres y suministros la línea del frente . Si quedaba bloqueado, todos los esfuerzos se centrarían en abrir de nuevo el camino al frente. Otro proyectil pasó silbando y estalló en el cercano campo abierto.

-Dos disparos fallidos. Gritz tiene mal los cálculos.

Gritz era el “cariñoso” apodo con el que los soldados grendelianos se referían a los soldados grausbergianos desde el comienzo de la guerra. Estos, por su parte, se referían a su enemigo grendeliano como “Grinny”.

George levantó la vista hacia el cielo. En el cielo claro, sin apenas nubes, se divisaba la oscura forma de un avión de reconocimiento grausbergiano, inconfundible por sus alas, similares a las de un murciélago. A pesar de la altura a la que volaban, el zumbido de sus motores era perfectamente distinguible para George y los soldados de las trincheras.

-¡Bravo, ahí vienen nuestros cazas!- Exclamó alegre el teniente.

Una formación triangular de aeroplanos apareció en el cielo, volando directamente hacia el enemigo, que, al divisar a sus atacantes, giró velozmente para alejarse de ellos. Más lento que sus perseguidores, el aparato grausbergiano no tardó en quedar al alcance de las ametralladoras grendelianas, cuyo rugido al disparar llegaba amortiguado a las trincheras. Al final el avión grausbergiano dejó escapar un largo rastro de humo y, lentamente, comenzó a perder altura hasta que, de repente, cayó en un profundo picado hasta estrellarse contra el suelo.

Mientras el humo ascendía desde el agujero abierto en el terreno helado, George y su teniente siguieron su avance, marchando contra el flujo incesante de soldados con rumbo a la primera línea de batalla.


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Diseñadora con impulsos de escritora.

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salafrancablog

Loca y despeinada. Más en twitter: POEMAS DESCARRIADOS

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My only love is my guitar, I live among books.

D-Generación Literaria

Libros,frases y más..

maquiaveloweb

Sentimientos plasmados en poesía...

Y entonces la Plumilla decidió volar

"Dicen que el amor es solo un juego y una estúpida ilusión y el estúpido resulta ser aquel que no ama a nadie de corazón"

Serendipia

Blog dedicado a compartir un pedacito de mí misma.

Letras de una noche en vela.

Poemas y memorias de un navegante llamado tiempo

AGEOFAQUARIUS

“Love recognizes no barriers. It jumps hurdles, leaps fences, penetrates walls to arrive at its destination full of hope.” — Maya Angelou

María Lago

Soy amante del arte; a los versos rotos y a los gritos en silencio.

Una chica trotamundos

CONSEJOS E HISTORIAS DE UNA CHICA VIAJERA

PANDEMÓNIUM

Los caminos del azar son inescrutables

Embracing Authenticity

"Don't be ashamed of your story it will inspire others!"

Sin Ombligo Proyect

Somos un medió o un movimiento que sin pretensiones busca: cambiar la manera en la que vemos el mundo. Te invitamos a Des-Ombligarte!

elrincondeevablog

Un rincón personal, dónde escribo en alto mis pensamientos y emociones, esperando aprender, cada día un poco más.

BerenjenoInks

Describir esto? Ni idea, lo que vaya pintando

ensimismada

¡ADVERTENCIA! blog triste, taciturno, desmoralizador, enervante, depresivo. Como la vida misma. La autora no responde de los perjuicios que pueda ocasionar la lectura de este sitio.

Ratón de biblioteca

Buceando en la escritura propia y ajena

Gabrielle Heathcliff

Escritora de relatos; soñadora de momentos.

Cuaderno de Sentimientos

Smile! You’re at the best.

Diamantes y Basura

Lo mejor del puto ser humano