Archive for 31 enero 2016

Historia de Candaulio (4)

31 enero, 2016

Gigo entró en la ciudad como un conquistador. La gente le aclamó como su nuevo soberano y llegó en olor de multitud al palacio, donde le esperaba la reina. LA conversación fue sencilla y breve.

Una semana después se casaron. Gigo se sintió incómodo, pues el vestido de la novia mostraba un luto riguroso. El camino de vuelta desde el templo de los dioses al palacio estuvo marcado por las celebraciones del pueblo, pero Gigo permaneció intrigado por las maneras de la reina, que permanecía fría. Intentó animarla, pero ella no reaccionó ante sus palabras, de manera que Gigo perdió la paciencia y su tono se tornó imperioso y brusco. La mirada de ella, combinando desprecio y burla, lo silenciaron.

La frialdad de la reina hizo que el banquete de bodas se semejara a un funeral. Por eso, Gigo, hastiado, lo abandonó y se retiró a sus aposentos. Furioso, paseó arriba y abajo, como un tigre enjaulado, bebiendo copa tras copa del sabroso vino que le traían los sirvientes.

Al final un profundo sueño le venció.

Era noche cerrada cuando un lejano eco le despertó. Se sentía pesado, como si despertara de una larga borrachera. No le duró mucho. Cuando se asomó a la terraza y vio a la capital entera en llamas, sus ojos se abrieron de golpe. Cómo era posible aquello? Los gritos de terror de la gente le llegaban como poderosos golpes.

Cuando penetró en la habitación, una imagen le sorprendió más. La reina estaba allí, abriendo la puerta de los aposentos reales, por la entraron tres cimmerios, con las espadas desenvainadas que, tras mirar a la reina y asentir, se dirigieron hacia Gigo con una torva mirada.

Y por primeera vez en muchos días, la reina sonrió.

FIN.

Historia de Candaulio (3)

29 enero, 2016

De vuelta en su país, Gigo fue presa de unas extrañas fiebres que lo postraron en cama durante varias semanas. Al levantarse del lecho del dolor, era otro hombre.

La fiebre le había dejado una sombra en la mirada, como si en el fondo de sus ojos negros un mar encrespado se lanzara contra las rocas de un acantilado. Su sonrisa era la de un hombre ausente, y se movía con la seguridad de un sonámbulo.

Sus planes se vieron cortados de raíz cuando le llegó una petición urgente de ayuda del rey Candaulio. Los cimmerios habían invadido Lidia y sus ejércitos se aproximaban raudas a la capital. Gigo, sin dudar, movilizó sus fuerzas y salió al encuentro de su rey y amigo, listo para defender el reino otra vez.

La batalla fue dura y encarnizada. Los invasores estuvieron a punto de ganar la batalla varias veces y el reino en trance de perderse, pero el arrojo y la valentía de Gigo inclinaron el balance en favor de los lidios, de manera que los cimmerios, tras perder grandes cantidades de valientes guerreros, se retiraron.

Para celebrar la victoria, se reunieron en la gran llanura a Salisberio. Fue un gran banquete, en el que todos hablaron y rieron, celebrando la victoria. Pero antes, Gigo había reunido a sus capitanes y las había dicho que se guardaran un cuchillo en la bota. ‘Y cuando os convoque y diga “Eu Nimet Saxas”, entonces desenvaináis vuestros cuchillos, y caéis sobre ellos, pero no matéis al rey.

Y así cenaron, hablando de una manera amistosa, mientras tanto estaban pensando como lo haría un lobo, y de manera cordial se sentaron hombre junto a hombre (es decir, un hombre de Gigo junto a uno de Candaulio). Giges, por fin, como había dicho, dio loa orden y todos los caudillos del rey Candaulio allí presente fueron asesinados, siendo el último en morir el mismo rey, que cayó apuñalado a manos de su amigo y fiel vasallo, Gigo.

Muerto el rey, Gigo marchó a la capital, a reclamar a la reina.

Historia de Candaulio (2)

27 enero, 2016

Al fin, una noche, Candaulio escondió a Gigo dentro de los aposentos de su esposa. Cuando esta entró a desnudarse para irse a la cama, Gigo gozó del placer prohibido de espiar a su soberana. Y como Candaulio le había dicho, era ella la más bella de todas las mujeres y su cuerpo es más maravilloso de todos cuantos Gigos había visto o gozado. Era una mujer esbrelta y estilizada, con una larga melena rubia que caía por su espalda como las aguas de una cascada.

Cuando Circe se acostó, Gigo, con gran sigilo, abandonó la habitación de la reina, pero no pudo evitar que ella lo viera. Circe no dijo nada, pero se estremeció en silencio.

Durante el resto de la noche Gigo no pudo conciliar el sueño. Por un lado la visión del cuerpo desnudo de Circe le martirizaba con pensamientos impropios de él. Por otro, el temor al rey, pues, por mucho que Candaulio estuviera orgulloso de la belleza de su esposa, Gigo dudaba de que pudiera tolerar ver el deseo que ahora inflamaba la mente de Gigo.

Por eso, cuando el sol despuntó aquella mañana, Gigo abandonó la capital del reino y huyó como alma que persigue el diablo de vuelta a sus tierras, temiendo por su vida y queriendo poner tierra de por medio entre su pasión demente y ella.

Cuando Candaulio se despertó al día siguiente y nadie pudo explicar ni dónde estaba Gigo ni el motivo de tal ausencia, el rey se quedó conturbado, pues no entendía que le podía pasar a su fiel vasallo y amigo.

Su reina, tan discreta como siempre, tampoco le dio motivos para la extrañeza, a pesar de la turbación que ella sentía en su alma por la traición sufrida a manos de su marido, que había atentado contra su honor.

(continuará…)

Historia de Candaulio (1)

25 enero, 2016

Al nacer sus padres, tras consultar con los astrólogos y los sumos sacerdotes, decidieron bautizarlo como Sadiates, uniendo dos palabras de su lengua ancestral, sâdu y atta, que juntas significaban “padre fuerte”. Posiblemente fuera un titulo honorífico, porque todo el mundo lo conocía por Candaulio.

Sadiates era un rey tranquilo y jovial, tan diferente de sus ancestros que no parecía proceder de la misma estirpe. Parecía mentira que fuera el descendiente de aquella saga de reyes que habían dominado los quinientos años de historia de Lidia.

Felizmente casado, consideraba a su esposa como la más bella de todas las mujeres, y lo repetía sin cesar, de manera que hasta sus más fieles vasallos estaban un poco hartos de escuchar una y otra vez la misma cantinela.

Hasta que una noche, en una cena, algo más bebido de la cuenta, Candaulio le propuso algo insólito a uno de nobles más leales, Gigo.

-Ya que no crees que mi esposa sea la más bella de todas, te lo voy a demostrar hoy mismo. Te llevaré a sus aposentos y, cuando se desnude para meterse en la cama, podrás confirmar que no hay una belleza como la suya.

Por más que protesto Gigo no hubo manera alguna de hacer que el rey cambiara de opinión. Aquella misma noche llevaría a cabo su idea.

Taconeo, taconeo

24 enero, 2016

Cuando escucho en la distancia
el sonar de unos tacones
que se alejan y se apagan,
me pregunto adormilado

si es que acudes a mi lado
o si mi cerebro divaga,
y cuáles serán las razones,
que flotan como una fragancia

para recordarte tan de repente
a pesar del tiempo transcurrido,
como si los años pasados

sólo fueran algo soñado
y estuviera prometido
un ultimo beso aún pendiente.

Recuerdos de nuestros padres (25 y final)

23 enero, 2016

La proclamación de la III República fue acogida con la misma mezcla de alivio que de preocupación por los mismos españoles dentro y fuera de España y por las cancillerías mundiales.

Alivio porque, parecía, que se acababa el proceso revolucionario y que, después de todo, España viviría en paz por fin. Preocupación porque el cambio de monarquía a república se había producido por la fuerza, y eso llenaba de aprensión a muchos.

Suárez se mantuvo en el gobierno hasta 1985. Nadie, ni él, se esperaba que durara tanto en el cargo. Se reescribió la constitución, UCD se volvió más reformista y de “izquierdas” y España se ajustó a su nueva vida sin demasiados esfuerzos.

Suárez tuvo que lidiar con la crisis interna y la crisis económica mundial, poner paz en un país en el que se miraban todavía con desconfianza los “rojos” y los “azules”. Otro de sus logros fue recuperar el consenso y los años de desconfianza de Europa, que se acabaron con las elecciones generales de 1982, aunque fueron boicoteadas por el PSOE, que ls proclamó una farsa, y dejó a la presunta república de izquierdas en manos de la coalición de centro-derecha de UCD y AP.

Logró devolver la democracia a España, en aquel país que, tras la revolución, parecía tener miedo de ser libre.

Y en 1985, para perplejidad de todos, trajo la monarquia de vuelta, aprobada por referendum popular, con el niño-rey, Felipe, hijo del exiliado Juan Carlos, que siguió residiendo tranquilamente en Suiza el resto de su vida.

Su sucesor, el jóven y dinámico José María Aznar, se encargó en los primeros cuatro años de su mandato, en devolverle el color y la alegría a España. Y eso que nadie daba un duro al principio por él…

Pero esa ya es otra historia.

FIN

El sentido de aquel momento (2)

21 enero, 2016

Debes de entender, me dijo, que si te cuento esto no es para vanagloriarme ni para presumir ante tí. No te conozco más que por tu fama profesional de escritor. Estaremos aquí unas horas juntos, pero no te hagas ilusiones. Te explicaré la historia que quiero que publiques y me iré. Poco me importa cómo la transformes para ocultar los nombres y los detalles embarazosos. Ese es tu trabajo, y, como ya te he dicho, no me interesa.

Mujer, cincuenta y cuatro años, divorciada tres veces, ningún hijo, dos hermanos, uno metido en política, que fue alto cargo de un gobierno ya olvidado.

“Un buen día me encontré mirando mi pastel de cumpleaños. Cuarenta velas se alienaban burlonas frente a mí. Ya no eres una niña, parecían decirme. Oh, no me mires con esa sonrisa arrogante, por favor”.

-No puedo evitarlo -le dije, feliz por haber encontrado un punto por el que atacarla-. Esa vanidad femenina me resulta muy divertida.

“Tras dos maridos de los más aburridos y camino de deshacerme del tercero -prosiguió como si no me escuchara-, decidí que iba a vivir como me diera la gana y sin importarme lo que pensaran los demás…”

-Pues si no te importa lo que piensen los demás… para qué estas explicaciones a modo de memoria? Oh, déjame que adivine… calla y escribe.

“Exacto Así que, llegados a ese punto, decidí que iba a follar todo lo que no había follado en mi vida”.

Desilusionado, la miré pensando que, después de todo, se iba a tratar de otra manida historia de sexo, con mayores o menos diferencias con otras cien mil narraciones ya publicadas en los últimos diez minutos.

Estupendo. Aquello parecía todavía peor de lo que pintaba cuando me pasaron el mensaje.

Recuerdos de nuestros padres (24)

20 enero, 2016

Que González convocara elecciones como si las atrocidades cometidas por los cuerpos libres no hubieran existido fue demasiado para muchos. Sin que hubiera un líder en concreto que lo dijera o que diera el primer paso, se empezó a hablar en las fábricas de paralizar el país con una huelga general, pero nadie daba el primer paso.

El 15 de febrero de 1980 Gerardo Iglesias retornó de Francia dispuesto a volver a liderar el PCE. Unos decían que estaba avergonzado por su cobardía y trastornado por la masacre represiva de los cuerpos libres. Fuera por lo que fuera, regresó, se puso al rente de los comités que quedaban y, ese mismo 15 de febrero, el PCE convocó una huelga general en todo el país.

Al principio sólo afectó a Madrid, que quedó paralizada. Ni las pequeñas tiendas de barrio abrieron el 16 de febrero. Los miembros electos del partido, liderados por Iglesias, anunciaron públicamente que renunciaban a la violencia, a la par que denunciaban la de los paramilitares. Del 16 al 18 de febrero, la huelga prosiguió sin decaer. La comida comenzó a faltar y su precio a subir sin medida. Iglesias empezó a temer que la huelga fallaría si todo seguía así. Entonces, el 20 de febrero, González acusó a Iglesias de intentar hundir el país, lo declaró fuera de la ley, y de paso a todo el PCE y a los huelguistas. Los cuerpos libres se prepararon para actuar en Madrid. El 22 comenzaron a atacar a los huelguistas, matando a quince de ellos ese día y deteniendo a cincuenta más, además de atacar las sedes del PCE.

Entonces Barcelona acudió al socorro de Madrid. EL PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña), un partido catalán de ideología comunista, federado originalmente con el PCE, declaró la huelga general en toda la ciudad, que quedó paralizada. Al día siguiente, el 23 de febrero, toda Cataluña estaba en huelga.

Antoni Gutiérrez Díaz, el lider del PSUC, anunció que, a menos que los cuerpos paramilitares fueran desarmados y sus desmanes castigados, Cataluña no colaboraría con el gobierno de Madrid. González quedó aterrado por estas noticias. Prepararon de inmediato nuevas fuerzas paramilitares que partirían al momento hacia Barcelona y acabarían con la huelga.

Llegaron a la ciudad el 25, pero los obreros catalanes les estaban esperando y los enfrentamientos se volvieron violentísimos desde los primeros momentos. El 2 de marzo Bilbao se sumó a la huelga y Felipe González y su gobierno huyeron de Madrid, primero a Valencia y, cuando esta ciudad cayó presa de la revolución popular, el 15 de marzo, a Francia.

Ese mismo día se proclamó en Barcelona la III República Española. El rey Juan Carlos I, estupefacto, comenzó a hacer las maletas en Madrid, que se llenó de banderas republicanas.

El sentido de aquel momento (1)

19 enero, 2016

Nota: Como parece que el final de Memorias de nuestros padres se alarga un poco más de lo previsto, empiezo con mi siguiente relato, el que, según lo prometido, se inspira en hechos reales y mezcla mis elementos típicos, erotismo y sentido del humor.

Parte 1.

La estampa no podía ser más divertida. Enfundada en un ceñido vestido rojo con un escote discreto pero a la par provocador,iba dando saltos sobre un pie mientras se intentaba poner el zapato que llevaba en la mano en el otro. Se detuvo a mi lado, apoyó su mano en mi hombro y me usó para apoyarse y calzarse de una vez.

En tal tesitura yo aproveché para mirarla a la cara (teniendo aquel escote a la vista me hubiera parecido demasiado descarado y, viendo los tacones que manejaba, no me apetecía jugarme el tipo).

-Gracias -me dijo sin mirarme a la cara.

Dio dos pasos, metió la mano en el bolso y sacó algo rojo, que resultaron ser sus bragas que, con un bamboleo rapidísimo de sus caderas, se deslizaron piernas arriba y desaparecieron debajo de su vestido. Reemprendió su camino y me dejó allí, dolorosamente empalmado

Llegué a la dirección indicada y, tras mirar la fachada y no casarme los datos que tenía en mi poder, dudé, como de costumbre. “Ah, si el bueno de Ozzy estuviera aquí conmigo…”, me dije, poniéndome estúpidamente sentimental. “Si estuviera aquí, el muy hijo de su madre me pegaría una patada en el culo para hacerme entrar y luego se metería él preguntando a gritos…

-Oye, tío, tienes birras, priva o algo que jalar?”

En fin, me dije, vamos a llamar, que se hace tarde.

La puerta estaba entreabierta y sólo tuve que empujarla. La casa era de las antiguas, con un largo pasillo, algo estrecho, plagado de habitaciones a ambos lados. Al final, un salón, enorme, que daba a un balcón que se asomaba a la ruidosa calle. Y, en el centro de la habitación, sentada a una mesa, una misteriosa figura me esperaba.

“Joder”, me dije, lleno de lirismo, “otro que se ha leído demasiadas veces ‘Confesiones de un vampiro'”.

Entonces se encendió la luz y me encontré frente a la rubia más peligrosa de aquel lado del Mississipi (y eso que el río más cercano a mi casa es el Llobregat). Y ante aquella rubia tan rubia, yo me sentí muy rubio.

(Continuará…)

Recuerdos de nuestros padres (23)

18 enero, 2016

A cambio de que garantizar el papel de las fuerzas armadas, tal y como la constitución establecía, Felipe González obtuvo la promesa de Gabeiras, el jefe del Estado Mayor, que el ejército impediría que el caos se adueñara de España. Técnicamente, el cambio era “te doy nada a cambio de nada”, porque lo que uno y otro ofrecía, estaba ya recogido en la Constitución. Si acaso, lo que defendían era poder seguir teniendo esa constitución, que ellos creían amenazada por los revolucionarios.

Lo irónico es que esa traición de González al final resultó innecesaria, pues los obreros, confiando en que los socialistas todavía eran de izquierdas, se fiaron de ellos dejándoles controlar los consejos lo suficiente como para poder manipularlos e impedir cualquier acción revolucionaria. Mientras tanto, los socialistas se dedicaron a jugar a dos barajas, intentando mantener todo en orden, dejando perplejos a los obreros y soldados, que empezaron a desconfiar de ellos por su actitud dilatoria, que les resultaba tan extraña, sin que por eso se ganaran la confianza de los militares y los conservadores, que los observaban con el mismo desprecio y escepticismo de siempre.

Pör eso fue irónico el momento en el que los soldados y milicianos de la División Popular de Madrid entraron a la fuerza en el despacho de González y lo encañonaron con sus armas, porque el presidente provisional se creyó descubierto. Pero no, ellos no estaban all{i por eso. Ellos sólo querían su paga. Y mientras se la daban, dejaron encerrado y sin vigilancia a González, que tardó poco en telefonear a Gabeiras pidiéndole socorro. El general, medio divertido por la situación y medio horrorizado por lo mismo, envió tropas a la Moncloa. Fue un desastre para las fuerza conservadores.

los milicianos rechazaron a los soldados regulares en un violento tiroteo que dejó treinta muertos en la calle, militares y civiles. Las tropas enviadas por Gabeiras se desintegraron. Unos pocos soldados se pasaron al bando revolucionario, otros, lo más, se fueron a casa, simplemente, y los restantes se unieron a los cuerpos libres de voluntarios que las fuerzas políticas y sociales conservadores iban forman para hacer frente a la “revolución”. Los integrantes de la División Popular, una vez cobraron sus pagas, se volvieron a su cuartel. González, que se había visto perdido, pudo volver a respirar.

En ese momento, apenas dos meses después de empezada la “revolución”, la plana mayor del PCE, encabezada por Gerardo Iglesias, al ver que nadie les prestaba caso y que no lograban encauzar los hecho, y siendo consciente de que las fuerzas conservadores preparaban una reacción violenta, optaron por, tras lanzar un último aviso y ser ignorados, marchar a Francia. Unos pocos líderes de poco rango, cinco para ser, se quedaron, formando la que fue llamada la “Comisión de los Cinco”, que intentó mantener el orden dentro de lo que quedaba de partido e intentar salvar la “revolución” o, al menos, la democracia en España.

Entonces un incidente aislado provocó el estallido de la violencia. González, harto de recibir reproche desde algunos sectores de su partido, destituyó al autoproclamado Comisario de Orden Público de Madrid, Pablo Castellanos, que, situado a la izquierda del ala izquierda del socialismo, mostraba un radicalismo inaceptable para el presidente provisional. Fue un error, pues los consejos de soldados y obreros madrileños protestaron vivamente por el hecho y se lanzaron a protestar masivamente en las calles, durante dos días de enero de 1980, el 20 y el 21, la masa popular fue dueña de las calles.

El ejército permaneció neutral, incluso la “famosa” División Popular de Madrid no movió un dedo. Los que sí lo hicieron fueron los cuerpos libres organizados por los conservadores, que actuaron como escuadrones de la muerte, “liberando” edificios ocupados por los manifestantes y ejecutándolos in situ. Cuando las calles quedaron libres, la sangre de más de cien personas manchaban el asfalto.

Todo el mundo se quedó en sus casas o se escondió, salvo los pobres idealistas de la “Comisión de los Cinco”, que, con inquebrantable fe en la revolución, siguieron en su puesto, publicando su periódico y siendo un faro para todos, incluidos los cuerpos libres, que no tardaron en ir a buscarlos y, tras acribillarlos a tiros en sus despachos, lanzar sus cadáveres al Manzanares.

Aprovechando que la “paz” había vuelto, González declaró que los consejos populares ya no eran necesarios y convocó unas elecciones generales extraordinarias para el mes siguiente, el 23 de febrero de 1980.


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