Archive for 31 julio 2016

El Raval: ayer y hoy (6)

31 julio, 2016

El Raval se convirtió en el último reducto de las taberna, cuando a comienzos del siglo XX habían existido más de 1500 en toda Barcelona, amén 300 bodegones y 148 botellerías o bares.

En el Raval las últimas tabernas conservaron su carácter antisocial y al margen de las buenas costumbres y del mundo familiar, como era tradición en este tipo de establecimientos. Las tascas del Raval eran templos venerados en los que la vida de mucha gente transcurría entre sus cuatro paredes.

Cuando en diciembre de 1905 el gobernador Tristán Álvarez de Toledo y Gutiérrez de la Concha las prohibió, dicha medida no duró mucho tiempo.

Resultado de imagen de el gato negro el raval calle migdia1921: Aspecto del final de la calle Migdia en el cruce con Arc del Teatre, en el lugar conocido popularmente como Trentaclaus. A partir de aquí recibía el nombre de Arc d’en Cirés. (Foto: Badosa)

La misma calle Migdia tenía el aspecto de ser una inmensa taberna al aire libre, cuando con el buen tiempo, los taberneros sacaban los bancos de madera a las aceras y las sillas donde hombres y mujeres se sentaban a pasar el rato conversando con el sonido de una pianola de fondo. En algunas colgaba un cartel que advertía: “No despojarse de la indumentaria”.

Plano de 1933 en el que se muestra, marcado en rojo, el recorrido de la calle Migdia desde su inicio en la calle del Portal de Santa Madrona (al sur) hasta la calle del Arc del Teatre (la que la corta al norte). Es en ese punto, el llamado Tentraclaus, donde cambiaba su nombre por el de Cirés o Arc de’n Cirés. (Fuente de la imagen: Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya)

En los números 5, 6 y 23 de la calle Migdia estaban Casa Beltrán, La Carmeta y el Gato Negro; en el 14 de la calle Cid estaba La Magdalena; la Abundancia, la Murciana y a Mina en el 22, el 23 y el 63 de Arc del Teatre; A cal Eduardo en la calle Montserrat, 13, o la Viña Gelida, en Ciré, 3, se reunían trabajadores del puerto, obreros, carreteros y todo aquel mundo suburbano que prosperaba fuera de la ley.

Descender a los callejones de las Drassanes era contemplar un revoltijo de miseria, vicio e ignorancia y pasear por un polvorín a punto de estallar en cualquier momento.

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Maleficio (4)

29 julio, 2016

La infidelidad crea un universo propio, paralelo al mundo normal, llevo de secretos y peligros, que van creando un atmósfera tensa y de sospecha. Pero eso tarda en aparecer y al principio todo es de color rosa, perfecto y encantador. Así que Eric y Cristina vivían en un paraíso de creación propia, con sus encuentros secretos a espaldas de los demás, conscientes del peligro pero demasiado fascinados por lo que compartían como para prestar atención.

El motivo era simple. Para ambos, la vida normal, fuera de esta aventura ilícita, era una sucesión de largos, insoportables y vacíos días. Sólo sus breves encuentros relámpagos rompían su monotonía y dotaban de color a sus monocromas vidas. Porque para ambos había llegado el momento de desafiar a cualquier Infierno habido o por haber, a apostar sin limite por lo extraordinario, porque, de lo contrario, hubieran ¡quedado atrapados en sus propios mundo de normalidad, calma y quietud, para morir un día de acuerdo a las normas de la moralidad y de la normalidad, porque sólo se sentían vivos cuando traspasaban los límites aceptables, cruzaban esa barrera de fuego y prejuicios y respiraban el aire de la libertad que proporciona el instinto de la supervivencia cuando la vida y el alma están amenazadas por la vulgaridad.

Pues el destino de los amantes es como el de los héroes de antaño: ser un mito, ejemplo de lo imposible.

Pero incluso la aventura de la infidelidad se puede volver rutina si no se cuida adecuadamente.

El Raval: ayer y hoy (5)

27 julio, 2016

A comienzos del siglo XX en la barrio de Drassanes, cerca del puerto, se vivía en las calles porque la gente no cabía en los pisos. Los lugares lúdicos se multiplicaban desde la calle Hospital hacia abajo, pero en especial en Drassanes, que será conocido como el Barrio Chino. Los pisos se compartían, eran pequeños y hedían, pero peor eran las casas de dormir, muchas de las cuales ostentaban el título de fondas y que eran lugares infames donde la gente, de toda edad y condición sexual, dormían sobre jergones o paja extendida en suelo, sin apenas ventilación, hacinados.

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Vista aérea del cuartel de Drassanes, en el extremo inferior de la imagen, en 1931.

El comercio más extendido era la trapería y la compra-venta y empeño de ropa y objetos usados. Abundaban las tiendas de alquiler de carromatos, de pianos, de bicicletas, las vaquerías, los establos, armerías, fábricas de licores, talleres industriales y muchos burdeles. La marinería internacional se reunía en las tabernas y en las casa de comer baratas. La calle Arc del Teatre, antiguamente conocida como Trentaclaus, cruzaba el barrio de este a oeste, desde las Ramblas hasta el Paralelo, y era lo más parecido a un zoco marroquí que podía encontrarse en la Barcelona de aquellos tiempos. A veces los productos estaban en un estado lamentable, como los de la tocinería del número 54, clausurada por la policía en marzo de 1903 porque vendía carne de caballo y de asno en estado de putrefacción.

En sentido perpendicular corría la calle Migdia, que comenzaba frente al cuartel de Drassanes y desembocaba, a través del callejón d’en Citrés, en la de Noy de la Rambla, considerada la barrera natural del barrio de Drassanes. El aspecto de las tres primeras era igualmente miserable, que emanaba del cuartel mismo, con su olor a orines El cruce de las calles Arc del Teatre y Migdia, conocido popularmente como “els quatre cantons” (las cuatro esquinas), era el lugar más animado del barrio. Estaba asentada una especie de lonja al aire libre donde se cotizaba de todo, desde medias de algodón hasta relojes de oro.

De noche, el aspecto de los callejones de Drassanes era sobrecogedor. Iluminados algunos de sus fragmentos por farolas de gas, la oscuridad total era lo que dominaba en la mayoría de las zonas. Tabernas y burdeles mal alumbrados por luces de acetileno salpicaban el lugar. A las 12 salían las prostitutas a la caza de clientes; era el otro mercado al aire libre de las Drassanes. Entre ellas no escaseaban las francesas, las italianas y alemanas, pero predominaba como lengua el castellano. Si una de ellas caminaba por las calles antes de la medianoche, procedían a detenerla sin contemplaciones.

La prostitución estaba reglamentada desde el último tercio del siglo XX. Un negociado dependiente del Gobierno Civil, al que se le dio el nombre de Sección de Higiene Especial, fue el encargado de su control. Alrededor de esta sección surgieron las mancebías, de manera que pronto miles de personas se vieron mezcladas con tal actividad. Dentro de este mundo, la prostituta era el elemento central, pero la mujer era poco más que una esclava, era un objeto que se compraba y se vendía. Su valor no dependía exclusivamente de su atractivo físico ni por su habilidad en complacer a los clientes.

En este mercado la corrupción de menores alcanzaba unas cuotas dignas de mención, aunque las denuncias eran exíguas, ya fuera por falta de pruebas o por otras razones. Las estrecheces de la clase obrera se veía en la prostitución clandestina. Mujeres y niñas estaban a la venta por unas pocas monedas, operando a cientos a plena luz del día. La pornografía era una industria en expansión, circulando a través de quioscos, tabernas y otros lugares de esparcimiento.

El Raval, y en especial Drassanes, se convirtió en un mundo aparte, con sus propios códigos y moral, con una delincuencia autóctona y heterogénea, el que que gobernaba la ley del más fuerte, del más hombre, un lugar peligroso incluso para la misma policía. No era extraño que los delincuentes se convirtieran en personajes notorios y fueran innmortalizados por artistas, como María Gabino Mira, “la Cotxereta”, retratada por el pintor Isidre Nonell, ladrona, alcahueta y confidente de la policía.

Reflexiones (in)morales (2) a costa de Sade

25 julio, 2016

Existen trampas del intelecto para intentar orillar las reflexiones que nos resultan desagradables (por ejemplo, entender las razones de un asesino para matar). Son formas de calmar la conciencia y de imponer distancia entre nosotros y el elemento en cuestión. Se puede argumentar, por ejemplo, que un maltratador es un enfermo -y lo es, ciertamente- pero eso no haría más que poner el objeto de la pregunta en otra parte. Siempre hay claves biográficas, que ofrecen también elementos de reflexión, y que tienen su importancia cuando lo que se pretende es comprender, más que juzgar.

Si hacemos caso a Sade, todo se debe a que, desde nacimiento, tendemos hacia la crueldad. El Buen Salvaje de Rousseau no existió nunca, pues la Naturaleza nada tiene de bondadoso ni de ingenuo. Como dice Dolmancé en “la Filosofía en el Tocador”: “la crueldad es el primer sentimiento que imprime en nosotros la naturaleza“. Mientras que para Sade la Naturaleza tiende hacia el crimen, yo creo que tiende hacia la crueldad (no hay nada más cruel que un niño). La denuncia del orden absurdo e impuesto aparece repetidamente en las obras de Sade y es obvio que la vivió en sus propias carnes, en la experiencia carcelaria, pero jamás llega a formular ninguna alternativa , pues, aunque Sade sabe perfectamente lo que no quiere, no sabe realmente lo que quiere. Eso nos pasa a todos a veces. O a menudo.

Una de las creencias del padre del Divino Marqués, Jean-Baptiste François Joseph de Sade (1702-1767), fue que “gozo de una cosa que los reyes no pueden dar, pues no poseen, la libertad“, referente de la escritura sadiana. Pero hay muchos otros elementos “familiares” en Sade, como la obsesión por moralizar sin venir a cuento, la negación -por vulgar- de todo pragmatismo, el desprecio hacia el poder político, que es considerado como una intolerable intromisión en la vida privada. Pero no por ello desprecia la ley.

Para Sade el objetivo de la ley no es castigar el crimen sino prevenirlo. Para Sade son necesarias las leyes y las habrá por todas partes. Incluso en el castillo de “Los Ciento Veinte Días de Sodoma”, donde establece un código de leyes que rige la vida de los cuatro libertinos y la de sus esclavos: incluso las orgías necesitan un orden para maximizar el placer. Como postula Huges Chalon, “las sociedades libertinas son sociedades de orden en que la crueldad se da sus propias leyes y se erige en sistema“.

Y esto debe generar un problema, pues disfrutar del placer queda suscrito a los límites que prescriba la ley, asfixiante y omnipresente. Por muy laxa que sea la ley, nunca nos dejará liberarnos definitiva y completamente, lo que, de manera inevitable, lleva a la neurosis de la sociedad, atrapada entre sus deseos más inconfesables y los límites que marca la ley.

El Raval: ayer y hoy (4)

24 julio, 2016

En los años 40 del siglo XIX las calles Hospital, Sant Pau, Unió y Nou de la Rambla se hallaban repletas de cafés, tabernas, fondas y establecimientos de recreo. En el número 20 de la calle Montserrat se hallaba el Teatro Circo Barcelonés, abierto el 12 de enero de 1853, siendo destruido en un incendio en 1863, reconstruido e inaugurado de nuevo en 1869. Al año siguiente sería el lugar escogido para celebrar el Ier Congreso Obrero Español. Cerró en 1944. El Teatro Odeón (c./Hospital, 45), inaugurado en 1850, fue el lugar de nacimiento del teatro moderno catalán; cerró en 1887. El Romea (18 noviembre de 1863), situado en la calle Hospital número 49, también fue artífice de sonados éxitos teatrales.

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Acceso al Teatro Circo Barcelonés desde la Rambla. Al fondo, la entrada al local.

Con el Eixample y el crecimiento de la ciudad el Raval quedará nuevamente aprisionado, esta vez no por murallas, sino por los edificios de los nuevos barrios, que rodeaban y tapaban el viejo barrio. Aunque las grandes empresas lo habían abandonado, seguía siendo un barrio obrero, pues en él permanecían pequeñas industrias. La convivencia entre alojamientos y una industria marginal empeorará las condiciones de vida del barrio. Tabernas, cafés cantantes, restaurantes y pensiones irán reemplazando a las viejas fábricas, almacenes y talleres.

El Raval de los huertos, de los conventos, de las fábricas, se había convertido, finalmente, en un lugar destinado a la diversión; una diversión no exenta de peligros, pero con el sabor rebosante de lo prohibido.

Pero la historia del Raval es también la historia de una buena parte de Barcelona. A comienzos del siglo XX, el Distrito V (el nombre oficial del barrio) reúne al 72% de la población obrera de la Ciudad Condal, además de un número considerable de vagabundos y malhechores, característica que ha perdurado hasta nuestros días, producto de la política de la clase dirigente para transformar el Raval en un ghetto después de comprobar su fracaso como barrio industrial.

El Raval fue uno de los escenarios principales de la Semana Trágica de 1909, y uno de los lugares en lo que se queman conventos e iglesias, se producen enfrentamientos entre los rebeldes y el ejército. Los rebeldes se arman asaltando una caserna de la calle Sadurní, en el número 13, donde, décadas después, se instalaría una guardería. Dicha caserna contenía una gran cantidad de armas para equipar a los voluntarios de la milicia que se habían ofrecido para luchar contra los huelguistas. Irónicamente, esas armas se volvieron contra ellos.

Se levantan barricadas y la resistencia popular es tan dura que el ejército ha de usar artillería para derrotar las defensas de los sublevados en la calle Sant Pau. Arden las iglesias de los Escolapios, que fue el primer edifico quemado, Sant Pau del Camp, Sant Antoni Abad, las Jerónimas, Santa Madrona y la Natividad. Los EScolpaios no pensaban que nada malo les pudiera pasar. Daban clases a los niños pobres, y eso les hacía creer que nada podía pasar, pero existía resentimiento contra ellos poraue se les relacionaba con la causa carlista. Los soldados enviados para proteger el edificio dejaron que éste ardiera. Después de quemar el colegio de niños ricos se quemó el de los pobres, que estaba justo delante. El edificio quedó reducido a ruinas, como el de Santa Madrona. El único edificio civil atacado fue una fábrica de licores de la calle de la Cera, propiedad de un carlista, en la que se creía que se había escondido un escolapio.

Maleficio (3)

22 julio, 2016

Una tarde que Ozzy les dejó el campo libre. Eric y Cristina se reunieron en el piso secreto. Se besaron larga, suavemente, mientras se recostaban en el sofá y se iban quitando la ropa, mientras sus manos descubrían la frescura y suavidad de sus pieles, las manios se zaferraban a sus culos, los dedos se deslizaban por el vello y la lengua de ella recorría los dientes de él.

Eric se quedó extaisado contemplando el mojado sexo de ella, el barranco en el que se escondía toda la felicidad del mundo. Cristina se estremeció la notar los labios de Eric besándola en tan secreto rincón, más todavía cuando él lo abriò con sus dedos y hundió su rostro en él, sintiendo el sabor en su boca.

Cuando ella liberó por fin la cuasa del bulto que se formaba debajo de sus pantalones, se quedó mirando maravillado la polla que emergía desfiante y comenzó a acariciar muy suavemente, para luego apretear el tallo con fuerzo antes de introducirsela en la boca y comenzar a chuparla con gran interés. Antes de darse cuenta Eric estaba encima de ella, moviéndose los dos bajo los acordes de la música celestial que inspira a los amantes desde tiempos inmemoriales, aceleranco progresivamente el ritmo mientras él, presa de una urgencia imposible de refrenar, la besaba por todo el cuerpo.

Eric la sacó un momento para masturbarla con fuerza hasta hacerla temblar de placer, que fue cuand ovolvió a penetrarla. Perdido el sentido del tiempo, Cristina pudo tardar un minuto o una hora en anunciar a gritos su clímax, tras lo cual Eric aceleró sus movimientos para poder correrse con ella, sin lograrlo, pero quedándo igual de satisfecho, tras lo cual se quedaron unidos mucho rato, mientras Ozzy, en el ascensor, se preguntaba porqué clase de fiera se había colado en su piso que fuera capaz de proferir semejantes rugidos.

Mientras se vestían, Eric suspiró entristecido, no por él, sino por el novio de Cristina, porque, si de Eric dependía, iba a terminar aquella historia luciendo unos cuernos descomunales, dignos de Minotauro famoso.

Reflexiones (in)morales

21 julio, 2016

Hago una pausa en mis dos proyectos actuales para reflexionar en voz (o en letra, no lo tengo claro) alta.

No es en absoluto mi manera de pensar la que ha hecho mi desgracia; es la de los otros.
D.A.F. SADE, Carta a Mme. de Sade, principios de noviembre de 1783

La moral se establece como limite, más allá de lo cual mora lo “inmoral”. Por ello la moral se constituye en el horizonte último de todo escándalo y, a la vez, si invertimos los términos, es el límite externo de aquello que es inmoral, pues una frontera no demarca un territorio, sino dos: uno abierto, al exterior del límite, y otro cerrado, en su interior. Por ello, entonces, la moral contribuye a dibujar el contorno- de aquello que es “inmoral”. Y es vital crear ese límite y conocerlo porque lo “inmoral” no es algo exterior que nos cae impuesto desde nadie sabe que esferas celestial, sino algo parecido a un extraño resorte interior que cada uno de los miembros de la sociedad lleva incorporado intrínsecamente, sin que nada pueda evitarlo.

Corresponde, por tanto, preguntarnos entonces qué es eso que llamamos moral y en qué consiste esa “inmoralidad”, cuyo perfil este límite del escándalo dibujaría. Brevemente: toda la esfera “inmoral” es el reflejo de esa esfera moral y el corpus de sentimientos y pensamientos de un grupo social surgido ante un conflicto interno provocado por un fenómeno externo. Así, cuando la moral se encuentra así misma en ese borde sinuoso que define finales y marca principios, se encuentra su reflejo, otra verdad sobre la que se sostiene y le da sentido último, pues, sin una inmoralidad ante la que contraponerse, todo el sistema moral se derrumbaría.

¿Será posible crear una nueva moral que resurja del conflicto que aniquile a la moralidad y a la inmoralidad existentes? Borrar las diferencias y crear en totum revolutum perfectamente ordenado que reemplace a la moral actual, que, en su esencia más intima, no se un sistema moral sino una ley esclavista que asegura su dominio sobre sus seguidores y que no aspira a otra cosa que no sea anular la libertad absoluta de los individuos.

Yours truly,
Jack.

El Raval: ayer y hoy (3)

19 julio, 2016

La zona comprendida entre la Rambla y la calle Pelayo, las rondas de Sant Antoni, y Sant Pau, el Paralelo y el puerto, conocido administrativamente como Distrito V, tiene como nombre popular de Raval. En su origen quedaba fuera del reciento amurallado construido en el siglo XIII. Era un lugar deshabitado en el que no había más que huertos y casas de payès aisladas, conventos y hospitales. El primer núcleo habitado importante había surgido alrededor del monasterio románico de Sant Pau del Camp, fundado en el año 914 y del que se conserva actualmente su iglesia, reconstruida en el siglo XII, el claustro y la casa abacial.

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El monasterio de Sant Pau del Camp.

Cuando se levanta la tercera muralla, la que define los límites del Raval, la segunda no es destruida. La antigua muralla de la Rambla se mantiene con sus cuatro puertas de acceso, lo que supone la división material de la Barcelona medieval en dos partes: la parte medieval a un lado y la ciudad nueva, al otro. El Raval se caracteriza por la presencia cada vez más numerosa de edificios religiosos (entre 1157 y 1639 se construyen iglesias y conventos), servicios públicos y hospitales. La agricultura seguía siendo la actividad básica, la casa de payés y la gremial eran las construcciones más características.

La urbanizaciòn del Raval llegará en la segunda mitad del siglo XVIII, tras la urbanización de la Rambla y su transformación en moderno paseo público. Con el conde del Asalto, capitán general de Cataluña, se ordena el trazado de una calle frente al convento de los Carmelitas de la Rambla, paralela a la de Trentaclaus y Sant Pau. La calle es inaugurada en 1790, bautizada con el nombre de su precursor, aunque siempre se la conociera como calle Nou de la Rambla, y revitaliza el proceso urbanizador del Raval. A su alrededor se van urbanizando nuevas calles (Barberá, Guardia, Om, Cadena, Lancàster, Sant Pacià, Sant Rafael, Sant Ramon, Sant Oleguier, Tàpies, Reina Amalia, Hort de la Bomba y Sant Jeroni, construìdas entre 1790 y 1907). La invasión napoleónica detuene la urbanización del barrio, que se retoma a partir de 1818.

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Vista de Barcelona desde el noroeste. Se aprecia claramente el barrio medieval, a la derecha de las Ramblas, y el Raval, más cercano al lector. Vemos claramente en su perímetro la forma de las antiguas murallas que protegía la ciudad hasta el siglo XIX.

Por sus amplios espacios el Raval es la zona idónea para que se establecen las grandes manufacturas de indianas y para la edificación de casas de cuatro y cinco pisos. La industrialización del barrio alcanzará su punto culminante en la segunda mitad del siglo XIX. En Sant Pau y el Pedró crecen los barrios fabriles, con sus viviendas obreras de pésima calidad, construidas sin ninguna planificación. Hacia 1850, cuando la zona del sector de poniente, comprendida entre Riera Alta y la muralla, el suelo del Raval estaba agotado y el barrio se convirtió en uno de los más densos de Europa, habitado por obreros y ciudadanos de paso que favorecieron la creación de numerosas posadas.

Pero el Raval no será sólo una barriada obrera. Su carácter marcadamente suburbial favorece desde su principio el establecimiento de una pequeña industria ligada a la prostitución. La calle Trentaclaus, primero favorecida por la proximidad del puerto, y después por el asentamiento del cuartel de las Drassanes -Atarazanas-, será el embrión del fenómeno.

Paradójicamente, este Raval mísero también tiene su parte opulenta, pues en él se instala un sector de la burgesía, y el mismo con de de Güell se hace constuir, en 1885, el palacio que lleva su nombre en la calle Conde de Asalto (actual Nou de la Rambla). Otros industriales se instalan en los números 10, 83 y 99 de la calle Hospital, en el 59 y el 106 de la calle del Carme, el 25 de la Rambla…

Las calles Conde de Asalto y Hospital serán, en el siglo XIX, las que reúnan una gran cantidad de vida urbana del Raval. Por la calle Hospital correrá el primer tranvía eléctrico a partir de 1899. Con la Exposición Universal se construyen los almacenes El Siglo, que usan el sola del antiguo convento jesuita de Belén, y darán lugar, después de que un incendio los destruya en 1932, a la calle Pintor Fortuny y los edificios que la flanquean.

Maleficio (2)

18 julio, 2016

Se convirtieron en amantes mientras tomaban un café. Sentados el uno frente al oyro, Cristina le dijo a Eric que le había gustado su manera de hablar, los temas que tocaba y que al escuchar algunas de las bromas que los amigos de su padre habían hecho a costa de Eric, había sentido ganas de arañarlos. En cambio, el suave desprecio que él había exhibido, pasando de largo de las palabras mezquinas, la había dejado agradablemente sorprendida y maravillada. Por sus palabras, en resumen, Cristina se había sentido atraída por Eric.

Se pasaron el resto de la tarde hablando, mientras la mutua fascinación iba creciendo exponencialmente con cada minuto que pasaba. A medida que se iban quedando sin tiempo una desesperación nueva se apoderó de ambos al ser conscientes de que, aquella tarde, no iba a brindarles nada más que aquella maravillosa conversación.

Por ello se despidieron prometiendo reunirse pronto.

Eric se lanzó a planear con cuidado todos sus movimientos, consciente del riesgo que ella corría (a él no le preocupaban tanto las consecuencias, pero por una vez optó por ser prudente) y comenzó a buscar un lugar apropiado para sus encuentros. No estaba dispuesto a llevarla a ninguno de los hoteles donde los encuentros clandestinos se sucedían con periódica monotonía.

Pasaban los días y el dilema persistía hasta que un día, de manera casual, cayeron en sus manos las llaves de un ático que un amigo, tan licenciosos como él, había usado para tales fines. El amigo, un simpático granuja llamado Ozzy, se convirtió, de manera involuntaria y contra a su voluntad, en cómplice de la pareja de amantes, realizando las veces de voz del sentido común, pese a que el bueno de Ozzy era el menos sensato de los tres.

Estaba todo listo para que comenzara la función.

El Raval: ayer y hoy (2)

17 julio, 2016

La Barcelona de comienzos del siglo XX era una curiosa mezcla de contrastes,pues aúna la ciudad artesana con la burguesa. Las 7.000 fábricas y talleres registrados dentro de sus limites dan cumplida muestra de su poderío industrial, en la cúspide de la expansión que la ciudad había experimentado desde el derribo de las murallas medievales, aprobado en 1854. En sus calles se encuentran todavía puestos de floristas, hombres-cartelera, carros y carretas y tranvías de mulas. La electricidad comenzaba a reemplazar al gas, y en 1899 el primer tranvía eléctrico recorre sus calles. Sin embargo, la bicicleta es todavía un gran medio de transporte para los barceloneses. En 1900 2.500 bicicletas recorrían las calles de la ciudad. Los automóviles todavía eran escasos, una rareza, y en 1908 sólo se habían registrado 232 de estos vehículos.

Los grandes almacenes surgidos en la última década del siglo XIX son el símbolo visible del progreso. En 1902 abre sus puertas el hotel Colón, una verdadera joya del modernismo erigiendo en la plaza Catalunya, que se convertirá en uno de los más famosos de toda Europa. Este hotel fue reformado y reinaugurado en 1918. En esta nueva “reencarnación”, el hotel Cólón contaba con siete plantas y 200 habitaciones. Esta reforma fue iniciativa del propietario, Ramon Pou i Riu, que se la encargó al arquitecto Enric Sagnier. La remodelació, tuvo lugar en dos fases para mantenir la actividad del hotel. Las obras, de hecho, duraron hasta 1919. La fachada fue modificada, pasando de ser modernista a novecentista.

El 14 de noviembre de 1924 se inauguró la primera emisora de radio de España, la EAJ-1 Radio Barcelona, cuya sala de máquinas estaba ubicada dentro de la gran cúpula que coronaba el hotel Colón. La emisora se trasladó un año después a la calle Caspe.

El hotel Colón fue demolido por las autoridades franquistas tras la guerra civil, en 1941, y en su lugar fue construido la oficina principal del Banco Español de Crédito, finalizando las obras en 1947.

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No faltan diversiones en la ciudad. La opera tiene su sede en el Liceo, construido en 1847; el Teatro Principal, decano de los teatros españoles, inaugurado en 1579, y que es reformado profundamente, dando pie al edificio que es inaugurado en 1847, obra del arquitecto Francesc Daniel Molina i Casamajó, nacido en Vic; destruido por un incendio el 4 de noviembre de 1915, será reconstruido y en esta tercera forma ha llegado hasta el día de hoy. En 1896 se abre el primer cine. En 1906 Barcelona cuenta ya con 26 de esos locales. La afición taurina cuenta con dos plazas de toros: la de la Barceloneta, inaugurada en 1834, y las Arenas, abierta en 1900. En 1914 nace una tercera plaza, la Monumental. En el hipódromo de Can Antunez (1883) se reúnen los selectos miembros del Club Ecuestre. Los cafés superan el número de 170 en 1901; los quioscos de bebidas, bodega y tabernas se disparaban a más de 2000.

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La fachada original del Teatro Principal, visto en los años sesenta del siglo XIX.

A pesar de que Barcelona había crecido hasta convertirse en una gran capital de 553.000 habitantes, las tradiciones persistían. Las clases altas seguían normas rígidas y formales al más puro estilo victoriano, con ceremoniales, magnificiencia y apariencia. La clase media sobrevivía a base de grandes esfuerzos. En cuanto al proletariado, si situación, simplemente, era trágica.

La pobreza no era desconocida para tan gran urbe. Incluso sus calles más céntricas aparecían infestadas de mendigos en horas puntas y las Ramblas se convertían en una auténtica corte de los milagros con docenas de lisiados,niños hambrientos, mujeres obreras demandando limosnas, músicos ambulantes y pillastres. La mendicidad era una profesión para infinidad de personas. Las medidas de las autoridades apenas proporcionaban otra cosa que mejoras temporales.

Barcelona no era todavía una ciudad lo suficientemente preparada para engendrar un vicio refinado, pues había todavía demasiada pobreza y poco lujo. Por ello las calles de la “mala vida” se concentraban en el casco antiguo. Pero fue en el Raval donde empezó a concentrarse. La proximidad del puerto, su tortuoso paisaje, la presencia de varios centros de recreo para la burguesía, los innumerables prostíbulos, tabernas portuarias y posadas, hicieron de este sector el punto neurálgico de una gran industria de la delincuencia.

El Raval empieza a crecer con la industrialización, que aprovecha los solares dejados por los conventos quemados en los disturbios de 1835. Los huertos van desapareciendo, sacrificados por el avance de los tiempos, y en el Raval se instala la cárcel La Galera, en el cruce Robador-Sant Pau, donde había un telar textil en el que se hacía trabajar a las reclusas; a diferencia de las cárceles modernas, este trabajo no servía para reinsertar o redimir las penas de las condenadas, sino para explotarlas.