Archive for 31 agosto 2016

El Raval: ayer y hoy (21)

31 agosto, 2016

Si primero fueron los cafés-concierto y los music-halls, luego los cafés de camareras y más tarde los cabarets y dancings, a principuio de los años 30 le tocó a los “bals musettes” o bailes taxis”, que pronto se pusieron de moda, llegando a ser tan populares que tuvieron un asociación propia creada en 1934.

La variedad fue la nota más característica de estos locales. El más refinado era el Shangai, en la Rambla de Catalunya, 24, y el más plebeyo El tropezón, en Abat Zafont, 2, pasando por la nocturnidad del Singapur (Migdia, 9) o Las Leandras (Portal de Santa Madrona, 10).

El Montmatre (calle Nou de la Rambla, 58)era de una sencillez emocionante, una vulgaridad impagable y un público ingenuo y entusiasta. Un fingido ambiente tropical, con plantas exóticas colgando del techo, estampas de cocoteros, dátiles y plataneros clavados en las paredes. Los pequeños palcos, situados a un lado del loca, estaban bautizados como Panamá, Girls Pacific, Mogador. Su pista de baile y su barata cerveza eran sus otros atractivos.

Otro cabaret era El Rodeo, situado en la calle Estel 2, donde estuvieran años atrás el café de camareras La Suerte Loca y el cabaret Palacio de Cristal; se caracterizaba por una pista de baile alta, con una orquesta que tocaba en una jaula sin barrotes con las mesitas redondas de mármol a su alrededor y con un ambiente kitsch que lo presidía todo.

El Bar Musette París la Nuit (calle Tapies, 16) era el que mejor simbolizaba el Barrio Chino. En este local, las chicas bailaban desganadamene, sin apenas moverse del sitio. La causa de esto podía ser bastante simple: a cambio de un salario bastante bajo, trabajaban entre dieciocho o veinte horas diarias. Los fines de semanas, más incluso.

Al finalizar la guerra civil se reconvirtieron, la mayoría de ellos, en salas de fiestas, desaparciendo el resto.

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El Raval: ayer y hoy (20)

29 agosto, 2016

La guerra civil mititarizó Barcelona, y eso era evidente en la Rambla más que en cualquier otro lugar de la ciudad, donde se agolpaba el escaparate de la ciudad.

Durante las primeras semanas de la guerra los cines y los teatros permanecieron cerrados. A mediados de agosto comenzaron a funcionar algunos cines, pero sólo por la tarde. A las ocho finalizaba la sesión. Hasta septiembre, teatros y cines (controlados por la CNT) no reanudaron sus actividades. El 31 de octubre abrían sus puertas los cafés, socializados. Las patrullas de milicianos detenía a gran número de personas que pasaban el rato de cafés y bares para acabar con la vagancia bien vestida.

El Barrio Chino fue pasto de la revolución anarcosindicalista. El barrio representaba “uno de los aspectos más infames de la sociedad capitalista” y debía de ser, por tanto, extirpado “como medida profiláctica”, al ser considerados “barrios de placer” de la burguesía. LA Agrupación Mujeres Libres, la sección femenina de la CNT-FAI, colocaba a las puertas de los prostíbulos carteles con el epígrafe “Liberatorios de Prostituciòn”, en lo que proclamaba la abolición de tan funesto oficio (otra vez… y ya van…).

Como consecuencias de los duros bombarderos sufridos por la ciudad fueron destruidos los edificios situados en la calle Barberà nùmeros 20 y 22, en los que se estaban instalados dos mueblés. En el momento del bombardeo, que tuvo lugar el 17 de marzo de 1938, la mayoría de las habitaciones estaban ocupadas.

Como nota a pie de página, comentar que los bombardeos del 17 de marzo contra Barcelona fueron algunos de los más salvajes de toda la guerra. Formaron parte de los denominados tres días de sangre (18 al 18 de marzo de 1938). En un margen de 48 horas (de la noche del 16 de marzo de 1938 hasta primera hora de la tarde del 18), Barcelona sufrirá catorce alarmas aéreas y doce bombardeos.

Los bombardeos del día 17 habían, de hecho, comenzado poco después de las 22.00 pm del 16, cuando cuatro bombarderos italianos Savoia S.81 lanzaronn una incursión que duró unos pocos minutos. A las 22.30 otro ataque: otros tres Savoia S.81. En la medianoche del 17 llegan tres Savoia S.81 más, que bombardearon puntos céntricos de la ciudad, especialmente en el Casco Antiguo y el Ensanche, donde una bomba cae en un sector que será arrasado horas después. Cayeron bombas delante de la Universidad, en la plaza del mismo nombre y en el Hospital General de Catalunya, causando muchas víctimas, que son recogidas en la estación de Francia, también afectada por los bombardeos, que dejan 14 muertos y 43 heridos. Las alarmas durante toda la noche del 17, con el siguiente bombardeo a las 02.30. Pequeñas formaciones de Savoia S.81 del 25 Grupo de Bombardeo Nocturno, los Pipistrelli delle Balleari. Los intervalos de calma son tan cortos que los servicios de alarma, al darse cuenta de la táctica enemiga, dejan sonando constantemente las alarmas. Los vecinos no dormirán esta noche.

Atacan de nuevo a las 07,40 del 17. Atacan seis Savoia S.79 del 8º Stormo, los Falchi delle Balleari, recibidos por el fuego antiaéreo que rompe el momentáneo descanso de la ciudad. Caen bombas en lugar tan distantes como Sarrià y Horta, pero la mayoría van a parar al Poble Sec, en la confluencia de la Ronda de Sant Pau con la avenida Francesc Layret (Paralelo) y la estación de MZA. Entre los edificios dañados figura la iglesia de la Concepción, en la esquina de la calle Aragón con Lluria. A las 10.30 llega otra nueva oleada de atacantes. Cinco S.79 lanzan sus bombas sobre el puerto y siguen subiendo, sembrando la destrucción hasta llegar al centro de la ciudad. Caen bombas en el Raval, sobre la calle del Carmen esquina con Egipciaques, se bombardea la Escuela Milà i Fontanals, llena de niños a esta hora (la especialidad de los italianos, como ya pasara anteriormente el 30 de marzo de 1938), las calles Hospital, Antoni Agulló, Amàlia y Riereta, entre otras. A esta hora los muertos suman 252 y los heridos 525.

Hacia las 14.00, tras tres horas sin alarmas, cinco bombarderos S.79 se acercan con una carga de bombas de 20, 100 y 250 kgs. Vuelan a 6000 metros, en formación de flecha. El día es soleado, pero algunas nubes cubren El Prat. Vuelan los bombarderos fascistas sobre Montjuich y el Poble Nou con rumbo hacia el centro de la ciudad, mientras suenan las sirenas de alarma. Apenas sobrepasan el Paralelo sueltan las bombas, que caen en dos hileras que marcan el camino hacia la plaza de la Universidad y la de Catalunya, una siguiendo el trazado de la Ronda de San Antonio y la otra atraviesa el Raval hasta superar la Rambla y pasar por encima de la Boquería. Las bombas caen sobre la Gran Vía, entra la Universidad y la Avenida Pi i Margall (actual paseo de Gracia), y las últimas explosiones se adentran Eixample arriba hasta la calle de Aragón. Los antiaéreos cobran vida y los S.79 se retiran bajo un intenso fuego antiaéreo.

Barcelona tiembla bajo una gigantesca explosión. La Gran Vía queda arrasada en una zona que comprende entre la calle Balmes y la Rambla de Catalunya. Una bomba impacta sobre un camión cargado de trilita que cruza la zona. Transportaba cuatro toneladas de trilita y estaba custodiado por 22 soldados, al mando del cabo Joan Laporta. Procedía del castillo de Montjuich e iba camino del Parque de Ingenieros, situado en la Estación de la Sagrera. Por el lado que da a la montaña se derrumban las casas que dan a la Gran Vía. La metralla realiza una carnicería sobre los comensales en el restaurante el Oro del Rin, Gran Vía 601, donde cae una bomba pequeña. Por el lado que da a la costa, la destrucción avanza hasta medio bloque también. Todas las casas se derrumban, salvo los trozos de la parte posterior, hasta el so0lar que ocupa un edifício de oficinas de la consejeria de Agricultura, Ganadería y Pesca. La calle, llena de gente y con los autobuses llenos, son barridas por las bombas y la metralla.

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La explosión del cruce de las calles Balmes y Gran Vía. En la parte superior de la imagen ver columnas de humo causadas por los incendios provocados por las bombas fascistas en el Raval y el casco antiguo. A las 22.30 del 17 llega otro ataque. Hay luna llena y el paso de los aviones no cesa. Caen bombas sobre el Putxet, Sant Gervasi y el Guinardó. El 18 continuará la ordalía.

Estos bombardeos causaron, según cifras del ayuntamiento de Barcelona publicadas el 27 de marzo de 1938, 875 muertos (512 hombres, 245 mujeres y 118 niños) y unos 1.500 heridos. Para hacer el recuento final haría falta tener en cuenta los fallecidos pasado el 26, los muertos todavía enterrados bajo las ruinas y las personas desintegradas por las explosiones, además de los que no consten en ningún registro. Joan Vilarroya, en su libro “Els bombardeigs de Barcelona durant la guerra civil“, tras un minucioso repaso de los libros de registro de los hospitales Clínico y General de Catalunya, contabiliza 979 muertos.

Entre los edificios destruidos por los bombardeos sufridos durante la guerra civil figurabam el de 10 de la calle Cid, sede del célebre café la Criolla.

La guerra cambia la fisonomía del barrio. Muchas cases sufren las consecuencias de los bombardeos, que buscaban, al parecer, la central eléctrica del Paralelo y los cuarteles de la Guardia Civil en Atarazanas. Los calles cercanas a este cuartel sufren un duro castigo (calle Carretes, Cid, Aurora…).

Qué es ser moral: unos pocos pensamientos deshilvanados.

28 agosto, 2016

Mi libertad termina donde empiezan los escrúpulos de conciencia de los demás, y viceversa.

Los escrúpulos de conciencia son los muñones del alma: son el dolor reflejo de algo que no existe realmente y no sirven para lo que realmente importa.

La conciencia nos hace libres cuando no está presa de las cadenas de la moralina.

Una conciencia limpia es una rara avis.

Una persona sin conciencia es una psicópata.

Yours truly,
Jack.

El Raval: ayer y hoy (19)

27 agosto, 2016


El Teatro Circo Olympia

Al proclamase la República en 1931 continuó en boga el empeño en atajar, con idéntica intensidad y métodos que durante la monarquía, cualquier alteración del orden público. El primer gobernador civil de Barcelona, Lluis Companys (15 de abril – 13 de junio de 1931) manifestó estar firmemente dispuesto a no consentir “inmoralidades de ninguna clase”, y, de esta manera, evitar un clima desfavorable a los intereses de la recién declarada República.

El 30 de abril na nutrida comisión de vecinos de la calle Guardia, representando a 125 firmantes, presentaron una queja en el Gobierno civil en el que demandaban la clausura de varios mueblés ubicados en dicha calle, por ser estos “focos que infectan de inmorales escenas nuestra calle y nuestras casas”.

El 7 de julio el Gobierno Civil publicaba una nota en respuesta a las continuas quejas vertidas en la prensa, informando de cómo se actuaba contra la inmoralidad, a saber: desde el 1 de junio al 4 de julio se habían impuesto 41 multas por prostitución; 6 por juegos prohibidos; 1 por reventa y 8 por inmoralidades. Y en dicho periodo se habían detenido a 187 hombres y a 7 mujeres por ser delincuentes habituales y a 89 mujeres “de vida airada”, añade el informe.

La Ley de Vagos y Maleantes se aplicaba de manera rigurosa. Los mendigos eran detenidos y trasladados a comisaría. De esto se ocupaba una ronda formada por trece individuos repartidos en diversos turnos. Los numerosos atracos y robos diurnos se intentaban disculpar con memorias de tiempos peores, lo que no evitaba que la ineficacia de la policía fuera evidente y palpable.

El 4 de septiembre de 1933 la figura del gobernador civil es sustituida por la del gobernador general de Catalunya, siendo Josep Selves el primero en ocupar este cargo. Entre sus primeras medidas se encuentra, de manera poco sorprendente, la orden de vigilar los cafés conciertos “y establecimientos análogos” para evitar “determinadas exhibiciones obscenas”, amén de mantener la vigilancia en la circulación de pornografía y la venta de drogas y estupefacientes. Se prohíbe que las prostitutas transiten por las calles antes de las dos de la madrugada; se someten fondas y hospederías a revisiones y los restaurantes han de notificar a la Jefatura Superior de Policía toda comida o banquete si el número de asistentes excede el de 20, indicando el día, la hora y las personas que la hubieran encargado, y el motivo si era posible.

El 1 de enero de 1934 la Generalitat asume los servicios de orden público. Cesaron el gobernador general y los gobernadores civiles de las provincias. El traspaso total se ultimaría e 1 de abril. Nada cambia, pues se sigue vigilando de cerca casas de juego, burdeles, music-halls, cabarets, tómbolas, rifas, etc. En julio de 1935 el jefe del estado, Niceto Alcalá-Zamora, firmaba un decreto por el cual la prostitución quedaba abolida en España como medio lícito de vida.

Así que, durante esta época, el mundo del espectáculo experimentó diversos altibajos debidos al celo de la policía en aplicar la normativa promulgada contra los espectáculos considerados eróticos. El Paralelo se resintió bastante. Los campeonatos de baile se siguieron sucediendo, culminando en el “Campeonato del Mundo” que se disputó en el Teatro Circo Olympia (situado en el cruce Ronda de Sant Pau y la calle Aldana) el 15 de octubre de 1931. A este campeonato le siguieron algunos más hasta que las protestas formuladas llevaron a la prohibición de este tipo de espectáculos.

Dos nuevos music-halls son inaugurados en el Paralelo por el empresario Pepe Calaf: el Estambul-Dancing (22 de diciembre de 1933) y el Bombay-Music-Hall (12 de mayo de 1934). El Gran Price (1 de enero de 1935) ocupaba el lugar del antiguo baile La Bohemia Modernista, establecida en la calle Casanova, 3 y 5. Pero la novedad del momento eran los bailes-taxis o “bal-musettes”.

Los bailes-taxi se introdujeron con gran éxito a Barcelona. Tuvieron su origen en las academias de baile. Una de estas academias se abrió en la Ronda de Sant Pau, 34, en 1928, frente al Olympia. Aparecieron locales de esta tipo en el Paralelo, en el número 60 la Academia Arnau, en Muntaner, 4 la Academia Carles. El primer “Bal-Musette”, estilo parisién, se enclavó en la calle Barberá, 7.

Muchos de estos establecimientos, que se extendieron por toda la ciudad, fueron multados por ejercerse la prostitución clandestina y por explotar a las mujeres que allí trabajan, que en algunos casos tenían que bailar más de cien bailes para ganar un sueldo de 4 pesetas.

El Barrio Chino perdió parte de su característica fisonomía con el derribo del cuartel de Atarazanas, iniciado el 9 de febrero de 1935, pero mantenía aún cierta alegría. Los transformistas copaban todos los cabarets del sector. Eran la gran y única atracción, pero el Chino ya empezaba a dar muestras de cansancio, de agotamiento. La decadencia se adivinaba cercana.

Algunos empresarios lo intuyeron a tiempo y buscaron alternativas. José Márquez, Pepe el de la Criolla, dejó de ser encargado de tan célebre local y fundó, en marzo de 1936, en el 5 de la calle Tápies, el cabaret Barcelona de Noche. Esta calle se encontraba fuera de los limites tradicionales del Barrio Chino, pero tampoco estaba muy alejado. Era el lugar perfecto.

La calle Tapies era estrecha y alargada, y, a finales de los años 20, un lugar dramático. Bares minúsculos y tenebrosos, burdeles baratísimos, hedores abominables, paredes agrietadas, puertas oscuras, tejas hechas pedazos. Y en las aceras, prostitutas gordas y viejas buscando clientes. Era un lugar donde algunos aprovechaban para hacer ajustes de cuentas. En los años 30 la sordidez del lugar se hizo más radical, convirtiéndola en un tétrico callejón.

Con la inauguración del Barcelona de Noche, la alegría y la animación abandonaron la calle Arc del Teatre, cada vez más muerta. Pepe tenía grandes planes. Pensaba trasplantar definitiva e inmediatamente el Barrio Chino a esa zona. No tuvo tiempo, pues fue asesinado el 29 de abril de 1936.

Quinta entrega de fotos sobre el Raval

26 agosto, 2016

En El Raval: ayer y hoy (11)

http://wp.me/p5Qvf-WF

podéis ver un par de fotos de la calle Arc del Teatre, una de hoy en día y otra de comienzos del siglo XX.

Cuarta entrega de fotos sobre el Raval.

25 agosto, 2016

En El Raval: ayer y hoy (9)

http://wp.me/p5Qvf-Wq

podéis ver unpar de fotos del Excelsior

y en El Raval: ayer y hoy (10)

una imagen del Refectorium

El Raval: ayer y hoy (18)

25 agosto, 2016

Hasta su desaparición en 1965, la cara amarga del Raval era la calle Arc d’en Cirés, uno de los lugares más pintorescos y típicos del barrio chino. Fue urbanizado hacia finales del siglo XVIII sobre los terrenos de los Horts d’en Cirés (Huertos de Cirés, nombre de la familia propietaria de los mismos). Se le llamaba también la “calle de las peleas”, porque, en la época en que había pocas casas en la zona y estaba por ello desamparado, muchos hampones iban allí a dirimir sus cuestiones a navajazos.

La calle Arc d’en Cirés era una prolongación de la calle del Migdia desde los denominados “quatre cantons” (la cuatro esquinas), situado en el cruce con la calle Arc del Teatre. Durante toda su existencia, esta calle fue la representación máxima de la miseria humana. Segun el testimonio de los cronistas de la epoca, formaba un paisaje sucio y agobiante lleno de basuras, en un ambiente irrespirable dominado por los orines, la basuras y la putrefacción extrema. Por la mañana funcionaba un mercado de pecios y productos de contrabando y objetos robados.

A partir de las seis de la tarde y hasta bien entrada la noche se convertía en una lonja, en una especie de zoco donde era posible hallar cualquier clase de mercancía, casi siempre de procedencia dudosa. El artículo de venta más pregonado era el tabaco de contrabando. El gentío que acudía a comprar allí a veces le daba aire de un túnel materialmente abarrotado por la humanidad allí reunida. La aparición de la policía hacía desaparecer a la muchedumbre como por ensalmo, para reaparecer una vez se hubieran alejado los agentes del orden.

Por la noche, la parte del callejón cubierta por el arco se convertía en posada de viejos, pobres, mendigos, jovenes escapados de sus casas, los deshechos de la ciudad de Barcelona que, fracasados sus sueños, iban a morir en la calle. A dos pasos de allí, en la calle Nou de la Rambla (Conde del Asalto) la ciudad vibraba con sus music-halls y sus fiestas. ¿Llegarían sus ecos hasta el Arc d’En Cirés?

El Raval tenía una fisonomía muy particular que ni la zona portuaria de Marsella, ni la Villete parisina, ni el londinense Whitechapel podían igualar, pues el Raval estaba constantemente en movimiento. Uno de los elementos importantes de este bullicio eran las clínicas de vías urinarias y las casas de gomas, donde se exponían los preservativos más fantasiosos.

El Raval, con tantos burdeles, mueblés y pensiones más o menos equívocas, acogió a las clínicas y tiendas de gomas como parte integrante de su mundo. Qué mejor que tenerlos a mano, obviamente. La Mundial, situada en la calle Espalter número 6, permanecía abierta hasta las tres de la madrugada y ofrecía la más amplia gama de preservativos y servicios tales como lavajes e irrigaciones; en Sant Pau 53 y 55 estaba la clínica Oriental, con la entrada en un portal contiguo, que evitaba a los clientes apuros innecesarios. En la calle Sant Ramón había tres locales: La Favorite (en el número 10); La Previsión (6) y la Mascota (1). En La Normanda, en Sant Oleguer 22, además de vender los preservativos, se enseñaba su uso a los clientes. O al menos de eso se ufanaba su publicidad…

En Robador también tenemos estos establecimientos: la Cosmopolita, en el 43, y la clínica Bola de Oro en el 47. No era nada raro ver a empleados de estos negocios junto a las puertas de mancebias y burdeles, asustando al persona con los riesgos de las terribles enfermedades venéreas. Era un truco que no fallaba nunca.

Con el fina la Guerra Civil en Barcelona se prohibió inicialmente la prostitución, lo cual perjudicó a las clínicas venéreas por falta de negocio. Poco después las autoridades vieron necesaria la reapertura de los prostíbulos. Ese nuevo auge del mercado del sexo durante la posguerra provocó una rápida difusión de enfermedades venéreas, por lo que se vio necesario que las casas de gomas volviesen a funcionar como antes por una cuestión de higiene pública. A partir de la década de 1950 las casas de gomas, con mejores medicamentos y preservativos de más calidad, lubricados y con espermaticida, continuaron teniendo clientela, pues mucha de ella procedía de la ya mencionada “Tierra Negra”, situada al pie de Montjuïc, siendo aquel territorio un auténtico nido de enfermedades venéreas. Además, la llegada de la Sexta Flota no solo fue el primer gran turismo de masas para Barcelona sino también una excelente fuente de ingresos tanto para las prostitutas como para las clínicas venéreas. A partir de los años 60 se inicia la decadencia de estos locales, que van cerrando sus puertas. La diversificación de la prostitución hacia otros lugares de Barcelona propició un progresivo abandono del Barrio Chino, muy degradado e inseguro.

Otro mito del Raval fue su “reina”. María de la Paz Guerrero de Molina, la “Reina del Barrio Chino”. Había nacido en Palma de Mallorca en 1909, en el seno de una familia de militares. Paseaba con orgullo su apodo por el Raval desde que en 1927, en el teatro Apolo, se estrenó una zarzuela del mismo título, obra de Pedro Luis Gálvez. A partir de aquel día le llovieron a Maruja entrevistas, proposiciones de toda índole y muchos hombres se lanzaron a conquistarla. Se convirtió en uno de los personajes más excéntricos del Raval: a pesar de la férrea educación cristiana, su dominio pefecto del inglés y el francés y la habilidad de tocar el piano, Maruja Guerrero ofrecía su cuerpo a todo aquel que lo quisiera por cinco pesetas en alguno de los cabarets y tugurios que poblaban en aquel barrio todavía de leyenda. Su entrega a la prostitución no se debía, como en la inmensa mayoría de los casos, a la necesidad y la ignorancia; ella misma decía al respecto que ‘el vicio no se cura. Es una enfermedad mental. Necesito expansionar mis locuras, maltratarme a mí misma y estar pendiente cada día de una nueva emoción. ¡Abandonar mi viejo Barrio Chino es tener miedo a la muerte!’. Después de la guerra civil aún se la veía rondando por el barri chino, pero ni el barrio era tan chino ni la reina tan majestuosa. En los cuarenta, aun siendo relativamente joven, se arrastraba por las calles mísera, enferma y envejecida. Ya no era noticia.

De su reinado no quedaba más que una copla, recogida por Abel Iniesta en una antología de 1949:

Barrio Chino, madriguera
de idealidad y delito,
miserable gusanera,
celeste barrio maldito
que albergas a la quimera!

Tienes tu reina bravía;
con mirarla se diría
que nació para reinar:
fulgen, en su frente, el día
y, en sus pupilas, el mar.

Maruja, la peregrina
que enferma de cocaína,
barragana de un ladrón
tiene un trono en cada esquina
y un vasallo en cada hampón;

Maruja, que nunca llora
ni nunca su labio implora,
firme en su orgullo real,
altiva y siempre señora
de los abismos del Mal.

Y, atados a igual destino
la reina y el Barrio Chino,
nadie les puede vencer:
¡el brazo del asesino
defiende el cuerpo divino
de la divina mujer!’

La invasión de los ladrones de ropa (2)

24 agosto, 2016

Cuando Barman salió a la escalera, un silencio amenazador le acogió. Dubitativo, tras mirar arriba y abajo de los escalones, se metió de nuevo en casa, para animarse con dos o tres sorbos de agua. Seis o siete cervezas después intentó salir de nuevo, pero la madre naturaleza lo llamó de vuelta a casa sin llegar a cruzar el dintel de la puerta. Así que, mientras cagaba con toda comodidad en su casa, se puso a ojear algunas de las revistas porno que guardaba por ahí y, claro, ante los obvios efectos de aquellos hermosos cuerpos desnudos, Barman tuvo que aliviarse de aquella manera, antes de poder salir de casa, pues no le parecía serio salir en pelotas y empalmado.

Al final era de noche cuando pudo salir por fin de casa, mientras escuchaba ruidos extraños (“joder”, se decía, “juraría que hay alguien follando al otro lado de esas paredes”). De puntillas logró llegar a la Barcueva, donde se solazó con otras cuantas cervezas y whiskicitos varios mientras se vestía con su uniforme. Al final, borracho como estaba, se buscó un rinconcito en la Barcueva y, tras arroparse con su capa, se puso a roncar como un ceporro, durmiendo de un tirón hasta el día siguiente, confiando en que la resaca no le dejaría actuar.

Para su desgracia, al día siguiente se despertó más fresco que una rosa y sin una buena excusa por la que retrasar su investigación, sí que, armándose de paciencia, se puso en marcha, muy a su pesar. Y al pisar la calle y ver a la gente deslizándose por su superficie en pelotas bajo la luz del sol, Barman se quedó pasmado junto a una farola, maravillado ante el hermoso par de tetas que lucía una rubia que, con garboso paso, iba en dirección de nuestro héroe.

De repente, la rubia levantó el dedo y señaló con gesto furioso a Barman. “Mierda”, pensó él, “me ha visto lo empalmado que estoy y me va a denunciar por…” Pero un grito procedente de la garganta de la rubia cortó el hilo de los pensamientos de Barman.

-¡Está vestido!

Y, simplemente, por esa razón, Barman tuvo que salir corriendo mientras le llovían coliflores, piedras y otros objetos y la gente le perseguía con palos, gritando y exigiendo su sangre. Barman, con su barriga cervecera, se las vio y se las deseo para darle esquinazo.

Cuando al final lo logró tras meterse de cabeza en un container de basura, no puedo por menos que, pasmado, preguntarse en voz baja y llena de lirismo poético mientras se acariciaba el chichón que una pedrada le había causado en la cabeza (“laputaqueparióaesehijodelagranbretaña”):

-¡Pero que coño está pasando aquí, mecagonlaputa!

El Raval: ayer y hoy (17)

23 agosto, 2016

A mediados de los años veinte triunfó el charlestón, los concursos de belleza, de baile de reistencia, del deporte y del jazz. Angel Irusta, Roberto Fugazot y Lucioo Demare rejuvenecieron el tango y Miguel Sagrañes triunfó en el Paralelo con sus revistas. Las noches de Barcelona intentaban ampliar sus horizontes por todos los medios.

En 1925 el periodista Francisco Madrid bautizaría una zona del Raval con el ocurrente nombre de “Barrio Chino” en una serie de artículos aparecidos en “El Escándalo” ,un semanario creado por periodistas innovadores de claro carácter republicano, en los que por primera vez se utilizó este topónimo. Esto abrió un constante éxodo de periodistas y escritores al Barro Chino, que fue descubierto, redescubierto, falseado y adulterado, encumbrado y censurado. Era el nacimiento de la leyenda del Barrio Chino, que se convirtió en ruta turística de primer orden.

Lo cierto es que los cronistas llevaban tiempo buscándole nombre a esa zona, normalmente denominada “bajos fondos”, Enric Ucelay Da Cal apunta que éste término provenía tanto de la situación geográfica del lugar como por su condición económica. Así aparece descrito el barrio cuando un periodista llamado Enrique Mistral publicó una monografía en 1919 titulada “Los Bajos Fondos de Barcelona”, en el que mezcla narraciones y descripciones de indudable matiz real con historias más difusas claramente novelísticas.

En marzo de 1927 ya se hablaba de la reforma de Drassanes (Atarazanas) y del derribo del cuartel. También se hablaba de prolongar la calle Muntaner desde su terminación en la calle Sepúlveda hasta su cruce con la calle Nou de la Rambla. La vía, de unos treinta metros de ancho, se dividiría en dos, una de las cuales establecería comunicación con la Porta de la Pau (Portal de la Paz) y la otra desembocaría en el Paralelo.

De la calle Cid dijo Francisco Madrid que “era el corazón del Barrio Chino”, y no le faltaba razón. Era una calle muy animada en las primeras horas de la noche, pese a la suciedad, en la que se mezclaba trozos de fruta y hortalizas con prostitutas y homosexuales buscando clientes, montando un gran escándalo por su feroz competencia. Si en algo se caracterizaba esta calle era por el número de gays que se paseaban por ella.

Cuatro establecimientos sobresalen en esa calle. En el 14, el bar Chino; en el 8, La Taurina, un humilde colmado flamenco donde se podía escuchar verdadero cante jondo y ver bailar excelentes cuadros. El bar Nou, más conocido como casa Sacristá, estaba en el 7, fue uno de los locales más concurridos del barrio. En origen fue una posada que se convirtió en lugar de reunión de contrabandistas, homosexuales y de comerciantes y compradores de cocaína y otros narcóticos. En 1934 se convirtió en el music-hall Wu-Li-Chang.

Pero, sin lugar a dudas, el más famoso de todos fue el situado en el número 10: el cabaret dancing Criolla. Para los amantes de la vida nocturna desbocada, era un pilar indiscutible que duró mientras siguió en pie. Nunca el Barrio Chino fue tan chino ni tan canallesco como en la Criolla, cuyo extraño magnetismo fue cantada y loada por periodistas y escritores, llegando su fama a ser internacional.

Fue inaugurado en 1922, en los bajos de una antigua fábrica de hilos y tejidos que luego fue, de 1881 a 1908, ocupada por la Sociedad Española de Electricidad.. En apariencia el local no era gran cosa, pero su jaranero colorido, su ambiente, la fusión de sujetos de tan diversas procedencia social que se veían hermanados en un desenfreno social era lo que le dio fama inmortal. Hacia los años 30 los homosexuales habían reemplazado a las mujeres que trabajaban allí, y en verdad tenían el savoir faire de una tanguista profesional.

Era fuente inagotable de reportajes. Escritores y periodistas nacionales y extranjeros quedaban fascinados por su ambiente. La Criolla era una tentación para los noctámbulos que perseguían emociones fuertes. Gozaba de un gran prestigio como lugar peligroso, pues, por el motivo más absurdo, en cualquier momento, podía estallar un altercado. Aunque algunos pensaron que dichas peleas eran espectáculos organizados para el publico visitante, lo cierto es que las trifulcas eran poco menos que periódicos. Entre sus muros la venta de narcóticos y de armas era algo habitual.

El encargado era José Márquez Soria, conocido popularmente como Pepe el de La Criolla, con una extraña capacidad para hacerse respetar y acabar con las peleas. Moriría en extrañas circunstancias el 29 de abril de 1936. Sin Pepe y con la Guerra Civil, La Criolla cayó en decadencia que acabó definitivamente cuando, durante uno de los bombarderos de la aviación italiana, el local fue destruido el 24 de septiembre de 1938, junto con parte del barrio. Esta destrucción sería aprovechada por el franquismo para abrir la avenida de García Morato, la actual avenida de las Atarazanas.

La invasión de los ladrones de ropa (1)

22 agosto, 2016

Nota: En julio de 2015 escribí sobre las desventuras de un superhéroe llamado Barman (véase http://wp.me/p5Qvf-FG). Barman, el pobre, es un poco torpe tirando a muy inùtil, putero, borracho y vago rematado, pero con grandes intenciones heoicas. Por eso he decidido resucitarlo para esta gansada humorística que se me ha pasado por la mente.

La invasión de los ladrones de ropa

Barman, el héroe adicto a ir de bares y a la cerveza, entre otras cosas, se había visto obligado a volver a salvar a la humanidad, muy a su pesar, pues todo el merdé había empezado apenas el pobre había comenzado sus vacaciones de verano. Todo había empezado el día en el que dos supervillanos, el perverso Raj-Hoy y el maquiavélico Naranjito, pusieron en marcha un plan completamente horrible que idearon en el castillo del primer, en la inhóspita Galicivania.

Porque, de la noche a la mañana, toda la ropa de la buena gente de Hispañistán desapareció como por ensalmo. Al pobre Barman, por suerte, le quedó su uniforme de superhéroe, que tenía bien escondido en su escondite secreto.

-Bueno -se dijo algo cariacontecido-. Será cuestión de ponerse a trabajar y darle su merecido a esos dos villanos…

Pero el primer problema fue llegar a la calle. Como tenía la capa en el tinte, no podía salir volando, lo que tampoco era un problema demasiado grande, pues Barman, de tanta cerveza, empezaba a tener algo de vértigo y las alturas le sentaban fatal. Gracias a sus vuelo etílicos la expresión “lluvia dorada” había adquirido un matiz inesperado. Barman, además, no era partidario de coger el ascensor, pues no le parecía serio ver a un superhéroe como él bajando en ascensor. Y mucho menos colgarse por las tuberías del agua. Entoncse tuvo una idea.

¡Iría a la Barcueva a por una capa de repuesto!

Además, en la Barcueva aún le quedaban unas cuantas cervezas. Pero el problema persistía. ¿cómo llegar hasta allí? Porque salir en pelotas de su casa, no le parecía serio.


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