Archive for 30 diciembre 2016

Celibato y asexualidad

30 diciembre, 2016

He aquí dos conceptos que no se parecen y que, si embargo, se confunden:

La asexualidad significa no experimentar atracción sexual alguna.
El celibato afecta a aquellas personas que sí sienten atracción pero prefieren, por la razón que sea, no actuar en consecuencia.

Curiosamente, estos comportamientos sexuales son considerados normales y no están patologizados, a diferencia de otros.

Tradicionalmente, el celibato ha sido el camino escogido por aquellos que, optando por centarse en las cuestiones del espíritu y apartándose así de la lujuria de la carne. También, por otra parte, las personas a quienes el sexo o las relaciones les ha causado problemas pueden elegir un
periodo de celibato como parte de un proceso de curación interna.

Algunas personas son célibes pero no por elección: las que están en la cárcel o sufren alguna enfermedad o discapacitación. O son menores de edad. Otras lo sone porque no tienen, por la razón que sea, ganas de sexo durante una temporada o de manera sexual. Sin embargo, se puede ser un “putón asexual”, pues hay infinitas maneras de relacionarse sin que el sexo intervenga (románticamente, virtulamente, domésticamente, etc).

(Se recuerda a l@s lector@s que la amistad también es una relación).

¿Qué pasa cuando una amistad se convierte en amante? ¿Se acaba la amistad? Esto suele preocupar a muchas personas (entre las que me incluyo, por experiencia) cuando se encuentran con la posibilidad de tener sexo con sus amistades por primera vez. Aunque creo que la amistad es una razón
excelente para tener sexo y que el sexo es una manera excelente de mantener la amistad, lo complicado de mantener los sentimientos aparte de la relación suele complicarlo todo.

¿Cómo aprendes a compartir intimidad sin enamorarte? ¿Creando tal vez una nueva categoría de amistad, por encima de la misma pero por debajo del amor? Pienso que, con la práctica, podemos desarrollar una intimidad basada en la cordialidad y respeto mutuo mucho más libre que la necesidad o la locura ciega de enamorarse. Si se basa en el respeto, aprecio y cariño, la amistad sexual puede ser tan válida como la asexuada.

Cada relación busca su propio nivel, sólo hay que buscarlo.

Your truly,
Jack.

Sexo y minorías sexuales

28 diciembre, 2016

A menudo estigmatizadas, incluso por otras minorías sexuales, como «homosexuales incapaces de renunciar a las ventajas heterosexuales» o «heteros explorando su lado salvaje», las personas bisexuales han desarrollado una voz propia y sus propias comunidades. Algun@s bisexuales han tenido sexo sólo con miembros de un sólo género, pero saben que dentro de sí tienen la habilidad de conectar erótica o emocionalmente con ambos sexos, y por eso se consideran bisexuales; mientras que otras pueden estar teniendo relaciones sexuales con el género opuesto y aun así considerarse heterosexuales o
gays.

La bisexualidad cuestiona muchas de nuestras suposiciones sobre el género y los roles asociados, algo que se ha reforzado por la creciente visibilidad de la bisexualidad. De repente se ha tenido que reconocer que nuestras atracciones sexuales pueden decir una cosa mientras que nuestra conducta sexual puede decir otra, y nuestra identidad sexual decir otra tercera cosa diferente, lo que lleva a romper o diluir algunos de los límites tradicionales que ponemos en torno a identidad sexual, l qoue genera o poca inseguridad, normalmente entrre aquellos heterosexcuales que ms seguros se sienten con sus propias normas.

Yours truly,
Jack

El sexo de la Antiguedad en nuestro mundo moderno.

25 diciembre, 2016

Hoy en día muchas de nuestros valores sexuales y culturales proceden del Imperio romano y la primera cristiandad. Fuera de este marco encontramos culturas en las que se practica la poliginia (varias esposas), poliandria (varios maridos), el matrimonio en grupo, el sexo ritual en grupo y cualquier otra configuración de corazones, mentes y genitales humanos que el cerebro humano pueda suponer, como la comunidad Oneida (fundada por John Humphrey Noyes en 1848 en Oneida, New York; era una comunidad religiosa que practicaba el comunalismo, el matrimonio complejo y la continencia sexual masculina; la comunidad se disolvió en 1881). Normalmente estas comunidades suelen estar impulsadas por un líder y suelen decaer cuando éste ya no está. De todos modos, sus filosofías perduran, añadiendo nuevas visiones y prácticas a la cultura mayoritaria.

Hoy en día hay personas sexuadas de tantas formas y estilos como existen seres humanos, religiones y culturas en todas partes del mundo, con formación académica o sin ella. Pero son pocas las personas conscientes sde su condición sexuada (aunque cada vez hayan más). Algunos se organizan en grupos para romper su aislamiento y ampliar sus horizontes, más o menos abiertamente, más o menos clandestinamente, aunque cada vez menos de lo segundo.

En nuestra cultura mayoritaria monógamocéntrica se puede aprender mucho de estudiar otras culturas, otros lugares y otras épocas. No es precisamente una novedad, hay muchos ejemplos de ello. Y es tan peligroso como leer los comentarios de Julio Cesar sobre la guerra de las galias. Las subculturas sexuales con amplias historias documentadas y no documentadas incluye las comunidades de gays y lesbianas, grupos transgénero, bisexuales, las comunidades BDSM, los swinger y los liberales (no confundir con la política), que nos pueden ayudar a dar un vistazo sobre nuestras propias opciones

Yours truly,
Jack

Amor y sexo como medio, no como fin

24 diciembre, 2016

Releyendo el primer escrito de una dama a la que adoro (si aún no has leído PENSAMIENTOS estás tardando demasiado, si aún no la sigues, es que algo no estás haciendo bien), me quedé pensando en su frase final:

El deseo…, esa consecuencia prioritaria para cualquier relación entre dos personas.

Y me hizo sonreír pensando en uno de mis temas favoritos (el deseo). Estamos acostumbrados a pensar que el propósito y fin último de toda relación —y por ennde, del sexo— es una relación de pareja a largo plazo, y que cualquier relación que no alcance ese objetivo ha sido un fracaso, y que el placer sólo contribuye, de manera casi secundaria, a estabilizar dicho compromiso a través del amor.

Como si no se pudiera valorar una relación por lo valiosa que es o por lo que nos aporta. Una relación puede ser valiosa simplemente por lo que nos aporta, sin tener el sexo que tomar parte. Sentarse en la terraza de un bar con una amiga a tomar una cerveza y disfrutar de la conversación y la compañía, por ejemplo, haga sol o lluevan chuzos de punta.

Pero incluso aunque la relación se base en el deseo, en el sexo por el sexo. Tampoco es malo, porque incluye elementos valiosos como intimidad,
conexión, compañía, felicidad, etc. Una relación sexual también es una relación, aunque dure menos que un matrimonio (por otra parte, también puede ser más sincera que eso).

La duración no es un buen criterio para juzgar el éxito o fracaso de una relación. Los encuentros de una sola noche pueden ser intensos, enriquecer nuestra vida y ser satisfactorios; se puede estar casado toda una vida y que eso no te aporte nada.

Todas las relaciones tienen el potencial para enseñarnos, emocionarnos y, sobre todo, proporcionarnos placer, independientemente de su duración. Es la calidad lo que cuenta, no la cantidad.

Yours truly,
Jack

Leyendas sexuales (4)

20 diciembre, 2016

Los celos, a fuerza ser publicitados y mantenidos por la literatura como algo común, ha convertido lo atroz en normal y ha orillado a los márgenes de la rareza a aquellos que no los sienten.

Pero, como siempre, no todos reacciones igual ante las mismas situaciones. Lo que causaría unos intensos celos a una persona puede no ser algo tan importante para otra.

Alguna gente cree también que los celos son una emoción, que rendirse a ellos es terrible. Otros, para evitarlo, crean historias secretas para evitar que su pareja experimente una emoción tan extremadamente difícil. O simplemente para escapar del castigo…

Los celos pueden ser «desaprendidos» y que desaprenderlos es a menudo un proceso útil. Pero eso lo explicaré otro día.

Yours truly,
Jack

La Brecha (3)

17 diciembre, 2016

Aterrado y tal vez no demasiado en mis cabales, ante aquella muchedumbre y el espectáculo desconocido de unas casas que habían surgido de la nada, dibujando ante mis ojos unas geografía imposible, me lancé a la carrera en dirección contraria, tan asustado que no me dí cuenta que corría entre una ciudad igualmente imposible.

Pues el espacio abierto había sido reemplazado por un muro de casas apenas roto por un par de calles estrechas, muralla que no se abría hasta alcanzar la pequeña plaza que se abría a los pies de las torres romanas, uno espacio en el que la luz podía entrar timidamente en aquel sombrío día, en el que incluso el astro sol parecía pobre y agotado, sin lustre alguno. En aquella oscuridad me lancé, corriendo como alma que lleva el diablo, sin parar mientes en las sorprendidas caras que se volvían a mi paso para observar mi veloz huída a ninguna parte y que me llevó, atravesando un dédalo de calles, de puertas colgandose sober sus goznes, de aparadores rotos y prístinamente intáctos. Y mientras corría por aquel laberinto de piedras que se retorcían y giraban sobre sí mismas, me dí cuenta de que ya no podía oler aroma alguno. Y, de repente, estaba en las Ramblas, donde me detuve, falto de aliento. A mi alrededor, la gente (otra gente, más gente) me miraba con sorpresa, sin entender que me pasaba y sin yo poder comprenderlos. Así que, tan pronto el miedo me dio las suficientes fuerzas, emprendí la carrera, Ramblas abajo, Raval adentro, perdido en un interminable laberinto de calles hasta que, de repente, el suelo cedió bajo mis pies y comencé a caer.

Y a caer.

Y a caer.

Y a caer.

Como si no fuera a hacer nada más que caer durante el resto de mis días.

Leyendas sexuales (3)

15 diciembre, 2016

Por algún motivo elogiamos a los que se sacrifican y renuncian a sus deseos y vilipendiamos a los que satisfacen sus necesidades. Es nuestro lado más puritano, que hace que odiemos a los que pueden hacer lo que nosotros no, ya sea por falta de oportunidades o de valor. Sumemos a eso que nos enseñan a sentir miedo y culpa por nuestros instintos sexuales y el cuadro queda completo.

La cultura de la renuncia, de la auto-represión nos convierte en muertos vivientes, ignorando que la manera de curarnos de los desengaños sufridos es mediante la libre interacción con otras personas. Y la sexualidad es vital para sostener y aumentar la autoestima. No conozco a nade deprimido en el momento de experimentar un orgasmo.

El sexo está bien, es bueno, pese a los posibles problemas, como las enfermedades de transmisión sexual, los embarazos no deseados, el sexo convertido en moneda de cambio, etc. Pero nada de eso cambia la premisa inicial. No hay nada en esta vida que no se pueda usar para una mala causa. Se ha matado en nombre de la religión, se ha esclavizado a pueblos enteros en nombre de la civilización, etc.

Y el chocolate engorda.

Yours truly,
Jack

Ética sexual

13 diciembre, 2016

Todos somos personas éticas, incluso cuando nos relacionamos sexualmente. Si una persona es honesta, tratará bien a la gente con la que se relacione. Si no lo hace, independientemente de si se comporta como un/a canalla en el calle o en la cama, será un psicópata, sin importar su condición sexual.

Porque lo que hacemos en la cama, nuestro “código ético sexual” deriva de nuestro propio sentido de lo que está bien y mal, y de la empatia y amor que tenemos para quienes están a nuestro alrededor. En el sexo no existe un código de etiqueta que nos diga como comportamos. Como en la vida, improvisamos. Hay vaguedades, generalidades, ideas varias ajenas que aceptamos como propias. Ser una persona sexuada y libre no significa que podemos hacer lo que nos guste cuando nos venga en gana con quien nls apetezca, exactamente igual que en el resto de las facetas que componen nuestra vida cuotidiana.

Como ya he dicho en otras partes y en otras ocasiones, las reglas son sencillas. ¿Haces algo que hiera a alguien? ¿Puedes evitarlo? ¿Te gusta lo que haces? ¿Te aporta algo? Y a partir de ahí que cada un@ se espabile. Eso, por cierto, sin olvidar el consenso y la colaboración.

Hay que ser honesto con uno mismo y con los demás (dentro y fuera de la cama).

La Brecha (2)

12 diciembre, 2016

Una de las cosas a las que te habitúas cuando vives en la calle es la invisibilidad. No existes, porque eres un recordatorio de algo que puede pasar a cualquiera; eres un problema de conciencia, porque les haces sentir mal por no hacer nada por ayudarte. Por todo eso, no te quieren ver. Miran hacia otro lado cuando se cruzan contigo en la calle; miran al frente, a través de tí, como si no existieras.

Como ya he dicho antes, te acostumbras a ello. Un buen día, empecé a darme cuenta de que, de verdad, no me veían. Todavía iba al comedor social, y todavía las monjas y los demás sin techo me podían ver pero, al salir, desaparecía, dejaba de existir, me volvía un fantasma. Unos pocos días después, yo tampoco podía verles a ellos.

No recuerdo cuando ni dónde, pero leí una vez, después de volverme realmente invisible, que a eso le llamaban “caerse por las grietas de la acera”, “pasar al otro lado” o “cruzar la brecha”.

Los perdidos, los rechazados, los desesperados, los sin hogar, los ignorados, los alienados, los marginados, ellos y ellas, todos cruzaban la brecha y llegan a ese otro lugar, junto con la basura que ya nadie quiere o necesita, todo lo que ha sido desechado, junto con los edificios y las calles que habían desaparecido bajo la picota. Y allí, al otro lado, existía una Barcelona paralela, pero a otro nivel, con algunos puntos de contacto.

Así que un día crucé la brecha. Ni me dí cuenta. Había desayunado el almuerzo que alguien se había dejado en el claustro del Hospital de la Santa Cruz y me puse a caminar pese a la lluvia que caía de un cielo gris plomizo. A medida que lo hacía las calles estaban más y más vacías y más y más oscuras. El calor se pegaba a la ropa y a la piel, que quedaba cubierta por una pátina brillante y lustrosa.

Lentamente, el goteo de personas a las que podía ver se fue reduciendo hasta la nada, de manera que cuando llegué a las Ramblas el silencio era ensordecedor. No se veían ni coches ni transeúentes. Eso debería haberme alarmado, pues las Ramblas nunca están vacías. Pero ya me había acostumbrado a esa ausencia, ese vacío me había embotado los sentidos, aunque el silencio me seguía inquietando. Fue tras dejar atrás la Catedral, unos cuantos pasos más tarde, cuando supe que algo iba rematadamente mal. Frente a mí no se hallaba la Vía Layetana, sino un laberinto de callejuelas y casas que, siglos atrás, estuvieron allí. Incluso la iglesia de Santa María del Mar era diferente, más vieja, más oscura.

De repente empezaron a salir figuras de las calles y los portales de las casas y se me quedaron mirando. Yo podía verlos y ellos a mí, pero no estaba demasiado seguro de que eso fuera algo positivo.

Otra vez a vueltas con el deseo y los celos

11 diciembre, 2016

Creo que en este blog he hablado tantas veces del deseo y los celos como de Sade. Empieza a convertirse en una costumbre. En fin, cosas veredes.

El deseo sexual ha sido vilipendiado y considerado por muchos como una fuerza destructiva. El famoso mito de la mujer maligna y peligrosa que sólo existe
para arrastrar al hombre a la perdición (véase la historia de Lilith en http://wp.me/p5Qvf-6o). Luego en la época victoriana dieron la vuelta a esto y el hombre se convirtió en un ser voraz y depredador que debía de ser controlado por las mujeres mediante su pureza y su asexualidad.

Este tipo de razonamiento (controlador, exclusivista y excluyente)parece pensado para conseguir que la gente se sienta segura, pero a costa de controlar a otra persona adulta, lo que no es algo demasiado ético que digamos y que condena a esa persona (el/la controlador) a asumir la obligación de tener que hacer una función que tal vez no le entusiasme o, peor todavía, para la que no está cualificada.

Ese sentimiento controlador, como el de los celos, sólo son síntomas de un trastorno que pueden acarrear mucha infelicidad, tanto al trastornado como a su víctima.

Yours truly,
Jack.


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