Archive for 29 junio 2017

La prostitución en la historia (2): La antigua Roma

29 junio, 2017

La situación de las prostitutas romana era de todo menos buena, lo que no deja de ser irónico si considramos uno de los mitos fundacionaels de la Ciudad Eterna: Puede que la encargada de amamantar a los gemelos Rómulo y Remo fuese una prostituta en lugar de una loba, ya que la palabra lupanar (cuyo significado era prostíbulo) surgió en la propia Roma, a raíz el término “lupa” (loba), utilizado para designar tanto al animal como a la mujer dedicada a tal oficio. Las meretrices romanas, las lupae, desarrollaban sus actividades en los denominados lupanares.

La de la prostituta era una vida dura, cuando no desesperada, ya fuesen esclavas o mujeres libres. La propia palabra prostituta viene de pro statuere, esto es, estar colocado delante, mostrarse. Los burdeles eran antros de vicio, relativamente baratos, a los que podían acceder las clases medias. Las tarifas que se cobraban por un servicio podían equivaler a las de una copa en un taberna. Pero el sexo, también, tenía lugar en las calles, en los pórticos de los antiguos teatros, o en las termas, que en la edad imperial se convierten en un lugar promiscuo al desaparecer la separación entre sexos, incluso también en los cementerios. A la larga, parece que muchas meretrices eran libertas, así que no solo habrían ganado lo suficiente para comprar su libertad, sino que continuaban en el oficio una vez libres. Otras se convertían en madames y seguían en la profesión de manera indirecta.

La prostitución en la antigua Roma era considerada una vergüenza, y así lo reflejaba la ley, la cual, en la República tardía y principios del Principado, clasifica a sus practicantes como «infames» —traducido como «falta de reputación»— y les dejaba sin ciertos derechos: no podían contraer matrimonio con romanos libres (probrosae), y tampoco podían redactar testamento ni recibir herencia (infamia). Los fragmentos de fuentes legales sobre la prostitución proceden primariamente del Cuerpo de Derecho Civil, fue compilado en los primeros años del siglo VI. Está certificado que quienes se dedicaban a la prostitución no tenían permitido hablar por otros en un tribunal. Generalmente tampoco podían realizar acusaciones y no tenían permitido tener candidaturas a magistraturas. Podían ser golpeados, mutilados o violados con impunidad. Cuando la afluencia de esclavas germanas de largas cabelleras rubias excitaba la curiosidad de los romanos, se extendió la costumbre de distinguir a las meretrices por el color de su pelo, siendo obligadas por ley a lucir pelucas rubias para diferenciarse. A mediados del siglo I sus servicios comenzaron a ser gravados de manera que tenían que abonar un impuesto. Además de pagar sus impuestos, las prostitutas tenían que inscribirse en los registros para ofrecer su actividad y hasta tenían su propio día de fiesta anual que celebraban el 23 de diciembre.

El estado de prostituta/o tenía que ser registrado legalmente. A pesar de la probable existencia de tal registro de prostitución, eruditos sugieren que el límite entre prostitutas y mujeres respetables no estaba claro. Por ejemplo, la ley estipulaba la infamia en «no solamente una mujer que practica la prostitución, pero también quien lo ha hecho aunque haya cesado la práctica; la desgracia no es eliminada aunque se discontinúe la actividad». La infamia era una importante herramienta cultural para la regulación del buen comportamiento. Era la pérdida formal de la buena reputación (fama). Esta pérdida a través de comportamiento vergonzoso, como la prostitución, significaba un estigma legal que privaba a los ciudadanos de muchos privilegios legales. El miedo a la vergüenza en los ojos de la comunidad era claramente una fuerza importante en la regulación del comportamiento.

En la Antigua Roma existia una aguda distinción entre dos tipos de mujeres: la bien educada, virgen y libre que puede desposarse y la prostituta, que está por debajo del ciudadano. Muchas obras literarias y teatrales apuntan a la dificultad que sucede cuando el objeto del afecto y matrimonio de un joven pertenece al segundo grupo y se resuelve cuando se da cuenta de que es lo contrario, girando la tensión dramática en torno al estado de la mujer: se piensa que es una esclava y prostituta pero resulta ser casta y libre. El típico argumento de comedias era usado para reforzar los estigmas de las prostitutas, reflejando la idea de que la mayoría de las prostitutas era esclavas, esclavas liberadas o extranjeras. La idea de una ciudadana libre de buena familia ejerciendo la prostitución era abominable.

El proxeneta (conocido como leno) en la antigua Roma también era sujeto de «infamia». El proxenetismo era el acto de obtener ganancia por las acciones de la prostituta. Esto era mediante el manejo de las mismas, buscando clientes o siendo dueños de un burdel. Estos tipos de asociaciones con la prostitución eran mirados con desdén y estigmatizados por la sociedad romana. Esto era reflejado claramente en la ley romana: «La ocupación de un proxeneta no es menos degradante que la práctica de la prostitución y el crimen por ello es incluido en las Leges Juliae, como una pena preservada contra el marido que tenga ganancias monetarias por el adulterio de su esposa».

Curiosamente, en las fuentes antiguas aparecen testimonios explícitos de la existencia, también, de prostitutos quienes, presumiblemente, prestaban sus servicios tanto a hombres como a mujeres. Alrededor del año 200 d.C. había una calzada donde se reunían los prostitutos, especializándose en los papeles de activo y pasivo. El prestigioso jurista Paulo, señala que un prostituto podía ser asesinado por un marido si éste lo sorprendía practicando sexo con su mujer. De hecho, las prostitutas romanas llegaron a quejarse de la competencia que suponían para ellas estos jóvenes prostitutos, cuyos servicios eran mejor pagados por los clientes.

En la antigua sociedad romana el peor crimen que podía cometer una mujer era el adulterio. Sometida a los dictados del pater familias (cabeza de familia), éste podía repudiarla si la sorprendía y hasta hacerla ejecutar. Por contra, los esposos podían echar “una canita al aire” en los lupanares, auténticos prostíbulos y antros de vicio que, en gran medida, contribuían al desahogo de los más bajos instintos sexuales, evitando muchas infidelidades. Durante aquella época, la innegable función social de los burdeles o lupanares, en ocasiones, se ocultaba en los templos, donde las sacerdotisas, generalmente avezadas bailarinas, ejercían la prostitución sagrada como servicio a los dioses, cobrando sus favores en ofrendas para el templo.

Ya lo decía Catón el Viejo: “Es bueno que los jóvenes poseídos por la lujuria vayan a los burdeles en vez de tener que molestar a las esposas de otros hombres”

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El susto de una noche de verano (1)

27 junio, 2017

“¿Cómo coño -me dije- han terminado esas bragas en el ventilador de mi casa si mi casa no tiene?”

La resaca brillaba por su ausencia, y mi frente, que se comenzaba a perlar de sudor por los calores matutinos (era mediodía, pero da igual), se arrugó intentando recordar lo sucedido hasta que, de repente, la fría planta de un pie hizo contacto con mi muslo, enviando un escalofrío a lo largo de mi columna.

“Oh, oh”. No recordaba haber dormido acompañado… ni nada de la noche anterior. Con los ojos fijos en las bragas que daban vueltas por encima de mi cabeza, musité una plegaria a todos los dioses habidos y por haber y me dije “por favor, que no sea ella”.

Pero lo era, y vamos que lo era. Sus ojos seguían cerrados y ella, presa del sueño, había cruzado una de sus dos piernas sobre las mías. Su carne bronceada se escapaba por encima de las sabanas mostrando sus hombros. A lo lejos me llegaba una sutil mezcla de olores que combinaban en mi paladar el recuerdo de la cerveza, los porros y el helado de chocolate.

Con la máxima discreción para no despertarla tragué saliva mientras me repetía “no ha pasado nada, aquí no ha pasado nada”. Me fui moviendo con cuidado para intentarla salir de la cama y entonces, al mirar por encima de su cabeza, ví algo que me paralizó de puro horror.

En la mesita se acumulaban varios condones, usados (a juzgar por su contenido, la juerga había sido del quince). Ella seguía dormida, y mi corazón retumbaba en mi pecho con la fuerza de una carga de húsares napoleónicos. En mi afán para no despertarla fui retrocediendo hasta que mis nalgas toparon con otras y volví mi cabeza, esperando lo peor. Y lo era. Allí estaba una espalda pecosa que yo recordaba demasiado bien.

Así que, atrapado entre ellas dos, confié en haber follado lo que no estaba escrito porque, seguramente, cuando ellas se despertaran y me vieran, o me mataban o se morían del susto. De una manera o de otra, de una visita al tanatorio no me libraba nadie.

Entonces, primero una y luego otra, las dos fueron despertando y pestañeando. Y ahí comenzó la verdadera fiesta.

La prostitución en la historia (1): De los orígenes a la Grecia Clásica

25 junio, 2017

Se dice de ella que es la profesión más antigua del mundo. Lo cierto es que ya se realizaba en la antigüedad por motivos religiosos, practicada inicialmente en Sumeria. En el siglo XVIII a.C. en la antigua Mesopotamia, ya existían “leyes” que protegían a las mujeres que realizaban este trabajo. El famoso Código de Hammurabi ya regulaba los derechos de herencia de todas las prostitutas, por citar un ejemplo.

Sobre Babilonia, Heródoto y Tucídides comentan que en esta ciudad se obligaba a todas las mujeres a prostituirse al menos una vez en sus vidas con un extranjero como muestra de la hospitalidad, acto que se hacía en el Templo de Ishtar. A cambio, recibía un pago simbólico. Si bien puede ser considerado un acto “bárbaro” por obligar a alguien a hacerlo, debemos tener en cuenta que no estaba mal visto en absoluto. El contexto histórico cambia absolutamente todo.

Los fenicios y griegos de la Edad del Bronce también la practicaban en honor a Astarté, la diosa de la fertilidad y la naturaleza. Incluso en Israel se realizaba, aunque estaba prohibida por el Talmud. La Biblia también hace una referencia en el Génesis, 38, donde Tamar se hace pasar por prostituta en una carretera y es contratada por Judá, aunque en esta alegoría no lo hace por otro motivo que el quedar embarazada de éste.

En Fenicia se daba una situación un tanto compleja y que atendía a las creencias religiosas de esa civilización mediterránea. Según la tradición, solían realizarse ciertas ceremonias en honor a la diosa de la fecundidad, donde las mujeres se golpeaban a sí mismas y luego ofrecían sus cabellos a la diosa. Quien no quería perderla, debía acudir a un “mercado”, por así llamarlo, donde sólo podían entrar ellas y personas extranjeras. En ese sitio estaban obligadas a entregarse la cantidad de veces que fuesen requeridas, y con la recaudación obtenida se adquirían diferentes ofrendas para la misma diosa. Sin embargo, el alcance y la naturaleza de este fenómeno está en disputa entre los historiadores.

La Grecia Arcáica vio a la prostitución convertirse en un trabajo legal más y constituía una actividad económica de primer nivel. Ejercida tanto por hombres jóvenes como por mujeres de todas las edades, la clientela era mayoritariamente masculina. Las prostitutas griegas pertenecían a distintas categorías, dependiendo de diversos factores relacionados con su trabajo: las pornai, que, normalmente, eran esclavas y pertenecían a un proxeneta, que podía ser un ciudadano; en cualquier caso, al constituir ese negocio una fuente de ingresos como cualquier otra, su propietario se veía obligado a pagar sus impuestos. En la época clásica muchas pornai dejarán de ser esclavas al ser adoptadas por sus amos.

Otra clase de prostitutas eran las independientes, que trabajaban directamente en la calle. Procedentes de de orígenes diversos, debían de estar registradas y pagar un impuesto, por ejemplo en Atenas. En esta categoría se incluyen a los músicos y bailarinas que ofician en los banquetes masculinos. Aristóteles, en la Constitución de los atenienses, deja claro que los servicios sexuales eran claramente parte del servicio prestado por músicos y bailarinas.

Las heteras constituyen la categoría más alta entre las prostitutas. A diferencia de las otras, no ofrecen sólo servicios sexuales y sus prestaciones no son puntuales. Comparables en cierto modo a las geishas japonesas, poseen una educación esmerada y son capaces de tomar parte en las conversaciones de la gente cultivada. Únicas entre todas las mujeres de Grecia, eran independientes y pueden administrar sus bienes.

La ofrenda a las divinidades en forma de mujeres-prostitutas no alcanzó en Grecia una amplitud comparable a la que existió en el Próximo Oriente antiguo; no obstante, se conocen varios casos. Por un lado, dentro del propio mundo griego, hubo prostitución sagrada en Sicilia, en Chipre, en el reino del Ponto y en Capadocia; por otro, la hubo también en Corinto, cuyo templo de Afrodita alojaba una importante tropa servil, al menos después de la época clásica. Así, en 464 a. C., un tal Jenofonte, ciudadano de Corinto y vencedor de la carrera a pie y del pentatlón en los Juegos Olímpicos, dedicó a Afrodita, en signo de agradecimiento, cien jóvenes mujeres al templo de la diosa.

Sade o la moral revelada (15)

21 junio, 2017

Sade, el “prisionero político” de Charenton, goza de una existencia privilegiada, tanto por las condiciones de vida como por un cierto grado de libertad de movimientos. Sin embargo, las nuevas autoridades, como las antiguas, le castigarán de tanto en tanto con las habituales restricciones para acceder a libros, pasear o conseguir material de escrituras, lo que hará que Sade retorne a sus hábitos de lenguaje críptico en su Diario. Mientras tanto, se vuelve a su vieja pasión, el teatro, y todo el manicomio se vuelve su escenario.

La actividad teatral era algo habitual en el manicomio de Charenton, pues era considerada una buena terapia para los enfermos, que de ese modo olvidan sus patologías. Además del teatro también se daban conciertos y banquetes, lo que provoca duras críticas contra el director de la institución, Coulmier, al que se acusa de ser excesivamente permisivo. El alma de los espectáculos no es otro que Sade, que no sólo compone, actúa y dirige, sino que además también se ocupa de los decorados y la puesta en escena y hace las veces de anfitrión del público, pues se trataba de un verdadero teatro, para el que se había construido una sala siguiendo las indicaciones del marqués).

Para escándalo de muchos, cuando comienzan las representaciones teatrales en 1805, no tardan en ponerse de moda, atrayendo a no pocos morbosos que quieren conocer al “diabólico” marqués de Sade. Los recelos y desconfianzas, a la par que la envidia, que suscitaba la hiperbólica y arrogante personalidad del marqués hará que se prohíban las representaciones teatrales en Charenton el 6 de mayo de 1813.

Mientras, Sade sigue escribiendo de todo y sobre todo, como la Historia secreta de Isabel de Baviera y Adelaida de Brunswick, que nunca llegaron a editarse. En 1813 publica La marquesa de Gange, cruce entre la novela galante de corte clásico y la pseudo historia con toques de novela negra, por entonces de moda.

El anciano marqués sigue irreductible, como prueban su pluma y sus actos, pues se relaciona con Madeleine Leclerc, que contaba 18 años a la muerte de Sade, hija de una enfermera del hospital, que, con el beneplácito materno, cederá a los requerimientos sexuales de Sade, que, a cambio, le proporcionará educación y algo de ayuda económica. Mientras, el médico de Charenton intenta que trasladen a Sade a otra cárcel, pues, asegura él ”

Sade continúa siendo un prisionero incómodo para las autoridades, que en 1808 valoran su traslado a la prisión de la antigua fortaleza de Ham, por considerarle un corruptor moral más allá de toda recuperación social posible. La intervención de una sobrina, la marquesa de Talardu, pondrá fin a tales planes. En 1809 Sade se dirige por carta al mismísimo Napoleón reclamando su libertad. El emperador, tras hacerlo interrogar varias veces, confirmará su prisión en 1811. El famoso conquistador y promulgador de la legislación de la era moderna mantiene en la cárcel a un anciano a quien nadie se ha atrevido a juzgar.

En 1814, el abad de Montesquiou, ministro del interior del recién coronado Luis XVIII, valora trasladarlo al castillo de If, en las afueras de Marsella. Que Sade no diera con sus huesos en la famosa cárcel que vio las desdichas de Edmundo Dantés no se debió esta vez a los buenos actos de su familia, si no a su muerte, acaecida el 2 de diciembre de 1814.

En su testamento solicitó ser enterrado sin ataúd y que no queden rastros de su tumba, como su nombre debía borrarse de la memoria de los hombres.

Más notas dispersas sobre el Raval

20 junio, 2017

Querid@ lector/a,

En http://wp.me/p5Qvf-W6 he añadido una foto tomada en 1921 de la calle Migdia en su cruce con Arc del Teatre y un mapa de 1933 donde se muestra el recorrido de esta calle, desaparecida en los años cincuenta con la construcción de lo avenida Joaquín Morato (actual avenida de Drassanes/Atarazanas). He añadido, ya puestos, una foto del portal de la casa del marqués de Camps, en la calle Canuda, que juega un papel en la historia relatada en http://wp.me/p5Qvf-WQ.

Como puedes ver, además de Sade, sigo con mi pasión con el Raval, como buen ratón de biblioteca unas veces, explorador de campo otras.

Yours truly,
Jack.

Sade o la moral revelada (14)

19 junio, 2017

En agosto de 1790 Sade, de 50 años de edad, conoce a Constance Quesnet, 32 años, con un hijo de 5 y un marido desaparecido “en América”. A partir de enero de 1791 comparten techo, llevando una vida tranquila, burguesa y doméstica y dedicándose Sade a su pasión, la literatura. La relación es ambigua, y no se sabe bien si es una relación de conveniencia donde ella aporta sus dotes para llevar la casa y él a cambio la protege y cobija, lo cierto es que entre ambos surge un afecto y Sade hablará siempre de ella elogiosamente y Constance le será de gran ayuda hasta el final de sus días.

Francia vive, entre tanto, el más terrible periodo de la Revolución,, cuando 300.000 sospechosos son arrestados y se producen 17.000 ejecuciones. Empiezan de nuevo los problemas para Sade, que figura en la lista de los “emigrados” (acusados de haber huído de Francia), aunque él nunca abandona el país. Esto supone, de nuevo, una especie de muerte civil, llegando a perder no sólo sus bienes, sino incluso la patria potestad de sus hijos.

En agosto de 1793, siendo presidente de su sección, se había retirado de una votación alegando no encontrarse bien. Al respecto comentaría a su abogado que se había retirado para no tener que votar algo inhumano. Fuera lo que fuese, con su pertenencia a la Sociedad de Amigos de la Constitución Monárquica, no se puede decir que fuera a ser bien visto en el régimen fundamentalista que domina Francia. Así, en diciembre de 1793 se dicta una nueva orden de arresto contra él. ¿La causa? Haberse ofrecido como voluntario a la Guardia Constitucional del rey en 1791, lo que le hacía reo de muerte.

Sade es encerrado en la prisión de Madelonnettes. Su libertad había durado tres años y ocho meses. El 13 de enero de 1794 es trasladado a la Maison des Carmes, un convento reconvertido en prisión, compartiendo celda con seis prisioneros que padecían fiebres malignas, muriendo de ellas dos. Después era trasladado a la prisión de Saint Lazare, un lazareto convertido en cárcel correccional. Tanto en uno como en otro vive en condiciones miserables. En enero de 1794 es guillotinado su editor, Girouard. La revolución quiere matar a la palabra.

En marzo es llevado por razones de salud al hospital privado de Picpus, en el antiguo convento de las canonesas de San Agustín, “albergue de detenidos ricos que, bajo pretexto de enfermedad, eran trasladados u olvidados allí”. Hasta julio de 1794 no se formula acusación alguna contra él: el 26 de ese mes, el fiscal Fouquier-Tinville afirma que ha mantenido contacto con “enemigos de la Revolución” y de conspirar contra el gobierno. En total, los acusados suman 28, Sade incluído, de los que 23 fueron juzgados y 21 ejecutados. Sade vio las ejecuciones desde el hospital de Picpus, donde lo habían trasladado bien por las incesantes gestiones e influencias de Cosntance o por alguna negligencia burocrática.

En cualquier caso, la suerte le sonríe, pues al día siguiente de las ejecuciones le toca el turno a Robespierre y los suyos. Se acaba el Terror y Sade reclama su libertad, contando con los informes favorables de la misma sección de Picas. El 15 de octubre es puesto en libertad. Casi en la ruina, pide ser “colocado” en algún empleo de la nueva administración. Tiene que vender su propiedad de Grand-Bastide, en Saumane.

En 1795 publica La filosofía en el tocador, una de sus grandes obras y de las más audaces, pero que no le dejó ganancias, y su novela Aline y Valcour, y trabaja en la gran aventura de la nueva Justine, que dará pie a La nueva Justine o las desgracias de la virtud, seguida de la historia de Juliette, su hermana, o la prosperidad del vicio, aparecida en 1797, en diez volúmenes. Un año después ser vería obligado a negar la autoría de esta obra, a la que calificó de “libro infame” para evitar el escarnio o la muerte, pues se le acusa de infame, depravado y atentar contra la humanidad.

A estas críticas se le suma su pasado, de manera que sus intentos de rehabilitarse y ser retirado de la lista de emigrados se truncan. Su mala reputación se dispara, sus numerosos enemigos y acreedores reclaman su cabeza, debido a “los espantosos preceptos” enunciados en “ese libro atroz”. Así, el 6 de marzo de 1801, la Policia del Primer Consulado irrumpe en el despacho del editor de Sade, secuestra varias de sus obras (Entre ellas Justine y Juliette) y mil ejemplares de sus libros son quemados, además de desatarse un operativo policial persiguiendo todo ejemplar que pueda existir de estos libros. En los dos días siguientes se inician contra Sade once procesos verbales.

Una vez más, Sade es arrestado y encarcelado sin juicio. La justicia de Napoleón decide castigarlo “administrativamente” y lo encarcela el 3 de abril en Sainte-Pélagie, y de allí a Bicetre, tras cometer posiblemente un escándalo de índole sexual. La intervención de su familia, que se compromete a pagar todos sus gastos, hace que sea trasladado al hospicio de Charenton el 22 de abril de 1803, y donde permanecerá hasta su muerte, el 2 de diciembre de 1814. Tachado de “enemigo de toda sumisión”, Sade protesta airadamente su encierro y continúa escribiendo en Charenton, junto a Constance, que decide acompañarlo en su prisión.

De vez en cuando…

18 junio, 2017

… es bueno parar, contemplar la vida a tu alrededor un poco y reflexionar sobre el camino recorrido y el que queda por recorrer. Es bueno recordar de dónde venimos, qué hicimos para llegar dónde estamos, quién nos ayudó a seguir adelante y que sacrificamos para conseguir nuestras metas.

Es bueno parar de vez en cuando, a pesar de las prisas de la vida moderna, de sus urgencias, de su necesidad de tenernos siempre corriendo de un lado para otro como pollos sin cabeza. Es bueno parar para recordar quién y qué somos.

Yours truly,
Jack.

Sade o la moral revelada (13)

16 junio, 2017

La Revolución tampoco es amable con Sade. El castillo de La Coste, como tantos otros de la nobleza, es saqueado por los revolucionarios en septiembre de 1792. Visto los aires que corren, Sade intenta congraciarse con el nuevo régimen: elimina la partícula “de”de su apellido y declara ante el Comité de Seguridad Nacional no ser noble, sino descendiente de “ancestros agricultores o comerciantes”. Imparcial ante revolucionarios y nobles, acabará profesando la fe revolucionaria, aunque más por conveniencia que por vocación. Pese a ello, en 1791 publicará Mensaje de un ciudadano de París al rey de los franceses donde no renuncia al gobierno monárquico. Y, sin embargo, colabora con los revolucionarios, participando en las reuniones y asambleas del nuevo gobierno, en la llamada Sección de Picas, en cuyo Consejo General figurará el mismísimo Robespierre. Fue comisionado en octubre de 1792 para la mejora de hospitales, juez en asuntos de falsificación de moneda, secretario, vicepresidente y presidente de su Sección. Ocupando este cargo ayudó a su familia política a sobrevivir. “Si hubiera dicho una palabra, estaban perdidos. Me calle”, le confesará a Gaufridy, su abogado.

El ex-marqués, que se hace llamar ahora Louis Sade, se moverá siempre por la cuerda floja. Por sus simpatías monárquicas, nunca dejará de ser sospechoso para los partidarios de la revolución. Jamás será un sans-coulotte. Él, aristócrata de sangre, siempre se sentirá superior a los demás mortales, pero sabrá poner su pluma al servicio de los revoluciones, en lo que él denomina sus “producciones cívicas” y mentirá sobre su participación en los hechos revolucionarios, aunque sus ideas igualitarias estén en las antípodas de su conciencia clasista.

En 1791 Sade publica Justine o las desgracias de la virtud usando un pseudónimo. En ella triunfa el vicio y la virtud es castigada y se satiriza a las clases altas. Juliette no triunfa debido a las convenciones sociales, sino porque se atiene a la verdad natural, mientras que su hermana Justine confía en que la virtud triunfará sobre la naturaleza de los hombres, lo que provoca su desdicha. Justine será su obra magna, la que le identifique y le persiga por el resto de su vida, como demuestra que, al publicarse su obra póstuma La Filosofía en el tocador, se presente a Donatien como “el autor de Justine”.

A pesar de las críticas, el hecho es indiscutible. Justine es todo un éxito y en diez años conocerá seis ediciones. También intenta adentrarse en el teatro con varios obras, como Jeanne Laisné o el sitio de Beauvais, que ofrece a la Comedie Francaise y que, tras varios errores diplomáticos, la obra es rechazada. Similar destino seguirá El boudoir o el marido crédulo, pero le aceptan El misántropo por amor que, sin embargo, no se representará nunca. Otra de sus obras, El Conde Oxetierra, llegará a ser estrenada por el teatro Moliére. Los disturbios causados por sus detractores, que consideran que la obra es de la “más odiosa atrocidad”, hará que, tras su estreno el 4 de noviembre de 1791, no se represente más.

Sade o la moral revelada (12)

14 junio, 2017

Aunque Sade ya escribía antes de entrar en prisión, su encarcelamiento servirá para que el marqués desate su pluma. En prisión escribe Los ciento veinte días de Sodoma, Aline y Valcour, Los infortunios de la virtud (núcleo de la futura Justine) y los cuentos que luego compondrán Los crímenes del amor, además de otras obras menores. En sus obras Sade enfrenta siempre al orden social con el natural, que es el que domina al ser humano y, por lo tanto, no existe el libre albedrío. El asesinato, el crímen, el incesto, la crueldad y la sodomía son naturales y, por tanto, legítimos según la filosofía sadiana. La naturaleza sólo quiere el bien en compensación del mal, y si éste existe, es porque la naturaleza lo requiere y lo necesita. Lo mejor que los hombres pueden hacer, dada su condición y naturaleza, es buscar el placer. La reivindicación del cuerpo se vuelve esencial en Sade.

El estallido de la Rebvolución Francesa casi pilla a Sade en La Bastilla, a dónde había sido trasladado en febrero de 1784. Tras ser castigado (se le prohíbe pasear por el patio) y provocar un tumulto gritando por la ventana de su celda que los presos de la Bastilla están siendo degollados y pidiendo a los parisinos que los socorran, Sade es trasladado el 4 de julio de 1789 al hospital mental de Charenton. No puede llevarse nada con él, ni sus obras, que se perderán cuando la fortaleza-prisión sea asaltada diez días después e incendiada.

En marzo de 1790, el nuevo orden anula las lettres de cachet y ordena que todos los que han sido arrestados sin haber sido legalmente condenadas o sin mediar un juicio, que sean liberados inmediatamente. Es el caso de Sade. El 2 de abril de 1790, solo (su mujer ya no soporta sus agravios y se niega a recibirle) y sin casa, tras trece años de encierro, sale por fín a la calle.

Sade no volvería a cometer ningún exceso, pero tampoco se iba a arrepentir de lo hecho y sus obras reflejarán fielmente sus principios. Su pasado se volvió tema de estudio y escritura. El ciudadano Sade intentará abrirse un hueco en el nuevo orden social, tanto a través del arte como de la política.

Sade o la moral revelada (11)

12 junio, 2017

El 7 de septiembre de 1778 Sade es encerrado en la celda número seis de de la torre de la fortaleza de Vincennes. La causa de tal encierro permanece un tanto confusa, una vez revocada la sentencia dictada por el parlamento de Provenza. Según Paul Baudin, primer editor de las cartas de Sade y heredero de los documentos del notario Gaudifry, se debió a la desaparición de las mujeres que habitaron La Coste. Sade dijo “he hecho lo que hacen todos los libertinos, pero no soy un criminal“. En realidad, no consta que mujer alguna desapareciera del castillo. Todas, de hecho, continuaron con vida.

No huno proceso ni sentencia que dijera cuánto iba a durar el encierro, y esa indeterminación pesa más que cualquier otra condena sobre Sade, lo que exacerba su furor, que se estrella contra sus carceleros y sus compañeros de prisión, e injuria a su hijo y a su esposa, la única que está de su lado. Se procura alivios sexuales y le pide a Renée´consoladores de distintos tipos destinados a reproducir el juego de la sodomía pasiva. Sus pulsiones lo exigen abrasivamente.

Este encierro provoca en Sade una manía neurótica que se manifiesta en ver signos ocultos por todas partes y en transcribirlos en una extraña arimética que le permiten aventurar, mediante particulares cálculos, la fecha de su liberación. Esta manía, que sólo se manifiesta durante sus periodos de prisión, desconcierta a los expertos en el tema, que desconocen su orígen y sentido.

Esta criptomanía se traduce en sus cartas, pues conoce que éstas son abiertas y leídas por sus captores, lo que le lleva a adoptar un código y a dirigirse a un doble destinatario: por un lado, el censor carcelario, y, por otro, el destinatario final de la misiva. Para ello empleará todo tipo de pseudónimos y procedimientos estilísticos que le permitan explotar las ambigüedades del lenguaje.

En las cartas podemos observar los diferentes estados emocionales que Donatien experimentan. Vemos en su correspondencia con su esposa como usa un tono que va de la deprecación y el despotismo hasta el del amante celoso y cariñoso; con su abogado Gaufridy se comporta con una exigencia absoluta, llegando al insulto, lo que ocasionará la ruptura entre ambos.

Pero la gran pasión de Sade por la literatura permanece, y devorará incontables libros, disponiendo de una biblioteca representativa de su tiempo. Y escribe, sobre todo escribe. Encarcelado, a partir de 1780 Sade culmina el análisis de lo vivido, la inferencia de principios enterrados por la conciencia pero determinados en los actos humanos y pone por escrito su filosofía. En sus cartas ya se perfila ésta: reconoce en ellas el carácter “inconveniente” ya no sólo de sus actos, sino también de su pensamiento, de los escritos que había ido concibiendo. Había una guerra entre su vida y el mundo, entre lo que él descubría y lo que los hombres estaban dispuestos a aceptar y admitir. La naturaleza sólo quiere el bien como compensación del mal, radicado en ella; maldita como está, determina el destino de todos. La destrucción es una de sus primeras leyes, Por eso, el hombre tiene instintos que sólo se pueden satisfacer con el mal, la destrucción o la crueldad, y el dolor, y poco o nada pueden contra eso la religión, la educación y las leyes.


Oh, Loth.

Soy metáfora de guitarra desafinada, por eso escribo.

Cambra 333

Parella d'amants de la vida. Entra amb nosaltres a la nostra cambra. Aquí qualsevol desig està permés i qualsevol fantasia la farem realitat.

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Hablamos de todo aquello que nos inspira en la música.

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Compendio de pensamientos, opiniones, manias y sueños de esta alma mistica.

El Desgranante

Despertador de sentimientos.

Entre pechos y espalda

TeTas poniendo fina

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Cloesencia

Diseñadora con impulsos de escritora.

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Sentimientos plasmados en poesía...

Y entonces la Plumilla decidió volar

"Dicen que el amor es solo un juego y una estúpida ilusión y el estúpido resulta ser aquel que no ama a nadie de corazón"

Serendipia

Blog dedicado a compartir un pedacito de mí misma.

vam8os

La Vuelta al Mundo en 80 Sueños, un ambicioso proyecto viajando por todo el planeta para estudiar el modo en que el ser humano, a pesar de las circunstancias, sueña en busca de la felicidad. #fotografía #documental #investigación #artículos #voluntariados

Letras de una noche en vela.

Poemas y memorias de un navegante llamado tiempo

PUNTO APARTE

¿Cómo puedo hacerte feliz?

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“Love recognizes no barriers. It jumps hurdles, leaps fences, penetrates walls to arrive at its destination full of hope.” — Maya Angelou

María Lago

Soy amante del arte; a los versos rotos y a los gritos en silencio.

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CONSEJOS E HISTORIAS DE UNA CHICA VIAJERA

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Los caminos del azar son inescrutables

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Somos un medió o un movimiento que sin pretensiones busca: cambiar la manera en la que vemos el mundo. Te invitamos a Des-Ombligarte!

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Un rincón personal, dónde escribo en alto mis pensamientos y emociones, esperando aprender, cada día un poco más.

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Describir esto? Ni idea, lo que vaya pintando