Archive for 31 agosto 2017

Crecy, 1346 (2)

31 agosto, 2017

Siguiente el estallido de la guerra en 1337, la Batalla de Sluys fue la gran primera conforntación de la Guerra de los Cien Años, ocurrida el 23 de junio de 1340. En los años que siguen a esta batalla, Eduardo invade Francia desde Flandes, pero falla debido a dificultades financieras y alianzas inestables. Seis años más tarde, Eduardo planea una ruta diferente, y ataca Normandía, venciendo en Caen – 26 de julio – y en Blanchetaque – 24 de agosto- . Un plan francés para atrapar a la fuerza inglesa entre el Sena y el Somme falla, y los inglses logran escapar, perseguidos por el ejército francés, lo que causa la batalla de Crécy, la seungda de las grandes batallas de la guerra.

Como en las batallas previas contra los escoceses, Eduardo III dispuso sus fuerzas en un área de la tierra plana, rodeada por obstáculos naturales en los flancos. El rey se instaló con su guardia personal en un molino de viento en una colina pequeña en la retaguardia, desde donde podría controlar el curso de la batalla.

En una posición defensiva fuerte, Eduardo III ordenó que todos sus caballeros lucharan a pie, y distribuidos en tres divisiones, una de ellas al mando de su hijo de dieciséis años, Eduardo, el Príncipe Negro. Los arqueros se despliegan en una formación con forma de V por la cresta de la colina, mientras se construye un sistema de zanjas, los hoyos y trampas para destrozar la carga de la caballería enemiga.

La batalla.

El ejército francés de Felipe VI, estaba desorganizado, debido al exceso de confianza en la parte de sus caballeros y a su excesivo tamaño. Felipe puso a sus ballesteros genoveses, mercenarios bajo el mando de Ottone Doria, en la primera línea, con la caballería en la espalda. Eran cerca de 15.000, se cree, pero estaban muy fatigados, pues habían a pie cerca de seis leguas ese día, completamente armados. Avisaron de que no estaban en condiciones de luchar, a lo que el conde de Alençon, oyendo esto, replicó, “Esto es lo que uno obtiene empleando esta canalla, que fallan cuando hay necesidad de ellos.”

Los franceses, como he dicho, no avanzaban en orden, confiados de su superioridad no ya numerica, sino combativa, según ellos.

El ataque francés empezó tarde, después que las 4 P.M., con los ballesteros mercenarios de Génova, atacando en malas condiciones, que favorecían a los ingleses, que desencadenaron una lluvia de flechas que arrasaron a los genoveses y los desmoralizó y les hicieron huir. Además de los arcos de los 3.000 arqueros ingleses, que dispararan unas 10-20 flechas por minuto, Eduardo tuvo algunos cañones primitivos con él y su ruido se añadieron a la confusión de la batalla

La retirada genovesa enfureció a los caballeros franceses, que, liderados por Alençón, cargaron primero contra los mercenarios, y luego contra los ingleses. Bajo el fuego de los arcos ingleses, fracasaron, pese a la llegada de Jean de Luxembourg y sus hombres de armas. Pese al valor francés, no se logró romper en ningún momento la línea, aunque se estuvo cerca de ello y el mismo príncipe Eduardo tuvo que ser socorrido por sir Richard Fitzimon.

Muertos Alençón y Luxembourg, los franceses cargaron hasta 13 veces con idéntico resultado, de manera espamódica y descoordinada, hasta que cayó la noche. Entonces cargaron los ingleses y el ejército francés huyó, pese a la resistencia presentada por el mismo Felipe VI, que tuvo dos caballos muertos bajo él.

Las pérdidas fueron enormes para Francia y muy reducidas para Inglaterra. Los cronistas de Londres, posiblemente exagerando a favor de Eduardo, escriben que Crecy terminó con solamente entre 150 y 250 ingleses muertos o heridos. La cifra de 1.000 o 1.200 es seguramente más probable, pero aún así es decenas de veces inferior a la de muertos y heridos franceses.

A pesar de que 12.000 muertos franceses y genoveses parece un número razonable, las diferentes fuentes lo hacen oscilar entre 10.000 y 30.000. Al igual que en Agincourt, la corte francesa fue descabezada ese día. Murieron 11 príncipes y más de 1.200 hombres de armas de la nobleza. Entre los más importantes de los muertos en Crecy las fuentes informan al hermano del propio rey Felipe, Carlos II, conde de Alençon (nacido en 1297). También murió el rey de Bohemia y conde de Luxemburgo, Juan I. Juan era ciego y, haciendo gala de gran coraje, fue a la batalla atado a otros dos caballeros que le hacían de lazarillos. En el momento de cargar con la caballería, Juan montó y atacó con los demás, mientras otro jinete le llevaba el caballo de la brida. Junto con los anteriores murieron Luis I, conde de Flandes y el duque de Lorena, Rodolfo.

Una vez que se convenció de que todo estaba perdido, el rey francés abandonó el campo de batalla con una pequeña comitiva, y se dirigió al norte para pedir asilo en el castillo amigo de Labroye. Aplastado el enemigo, Eduardo III puso rumbo a Calais.

Había nacido un mito.

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Crecy, 1346

31 agosto, 2017

La batalla de Crécy tuvo lugar el 26 de agosto de 1346, cerca de Crécy, en el norte de Francia. La combinación de nuevas armas y tácticas ha causado que muchos historiadores consideraran esta batalla como el principio del fin de la caballerosidad.

En Crécy un mucho ejército inglés de entre 8.000 y 12.000 hombres, al mando de Eduardo III de Inglaterra, menos numeroso que el de Felipe VI de Francia ,de entre 30.000 y 40.000, vencía como resultado del uso de unas armas y tácticas superiores a las del rival, demostrando la importancia del poder del fuego. La eficacia del arco inglés, utilizado en masa contra los caballeros blindados, hizo cambiar la opinión convencional del día según la que los arqueros serían ineficaces cuando las unidades blindadas cargaran.

En la batalla, los caballeros franceses, protegidos por sus armaduras y casi agotados por tener que andar por un pantano de barro para cargar cuesta arriba contra los ingleses bajo una tempestad de flechas, fueron aniquilados. El resultado era fue de una tremenda mortandad para los franceses (las estimaciones varían considerablemente, dependiendo de la fuente).

El blindaje de caballeros tuvo no fue obstáculo que los arcos no pudieran penetrar, y los caballos apenas estaban protegidos, de manera que la tempestad de flechas mató o incapacitó las monturas de los caballeros, y dejó a éstos teniendo que andar en un marasmo de fango frente a la incesante descarga inglesa.

La batalla es vista por muchos historiadores como el principio del fin de la caballerosidad; durante la batalla, muchos de los presos y heridos fueron muertos, lo que estaba contra los códigos caballerescos de la guerra. La batalla vio, asimismo vio también el primer uso verdadero del cañón en el campo de batalla europeo, que fue utilizado sólo en número pequeño por unos pocos estados durante la década de 1340.

Las consecuencias políticas de la batalla fueron significativas para Eduardo III especialmente, que había financiado y enviado su expedición a Normandía con políticas cada vez más impopulares para sus súbditos. El amplio uso del abastecimiento y la confiscación de barcos para proporcionar transporte para sus ejércitos había dejado al Rey con fuentes potenciales del descontento en su reino. Igualmente, el bravo e inaudito paso de ampliar el servicio obligatorio, generalmente sólo requerido para la defensa de las costas, para la campaña de Francia resultó profundamente impopular entre sus súbditos, pero los éxitos de la campaña enmudecieron a la oposición cuando el Parlamento inglés fue llamado el 11 – 20 septiembre de 1346.

Poema de mierda

29 agosto, 2017

Estáis avisad@s. Esto es una mierda de poema que, seguramente, haría llorar de risa a García Lorca, que luego se cagaría en mis muertos para sus adentros.

Verde que te quiero verde.
bien desnuda sobre la cama
te voy a dar por detrás
esta noche, y también mañana.
Te agarraré por la cintura
y te meteré toda mi tranca,
verde sexo, semen verde,
y bien abiertas las patas.
Verde que te quiero verde.
Te comes mi banana
que luego te estará enculando
para que bien puedas saborearla.

Verde que te quiero verde.
Grandes manguerazos de leche
te cubren la cara de plata
mientras te fornico con la luz del alba.
De tu higo se escapa un lamento
mientras a fondo me la mamas,
y tu culo, gato lobuno,
se alza sobre tus ancas.
¿Pero quién te follará? ¿Y por dónde…?
Ella sigue con su mamada,
verde boca, pezón verde,
y mi polla que la taladra.

La naturaleza del crímen (2)

27 agosto, 2017

Espera. ¿Qué sucede? Me acerco a la puerta caminando de espaldas. ¡Pero es que el resto de la gente hace lo mismo! ¿Qué clase de broma es esta? Meto la llave y la giro en el sentido contrario para abrirla. La cierro, me parece y, sin embargo, la puerta, tras un chasquido, se abre. Entro rápidamente y me acerco a su dormitorio. La casa está tal y como la había dejado. ¿O como la dejaré? No lo sé, no lo tengo muy claro. A fuera el sol se va alzando lentamente, en un extraño amanecer que parece hacer retroceder el atardecer.

En la cama está ella, destrozada, tal y como la dejé. Cojo una toalla ensangrentada y procedo a cubrirme cuidadosamente las manos y los dedos de sangre, acción que repito en mi mejilla derecha, hasta dejar la toalla inmaculadamente blanca. Así, de esta guisa, me acerco al cadáver y lo observo con una decreciente sensación de tristeza. Apenas puedo reconocer su cara, destrozada por los violentos tajos que recuerdo haberle dado hace apenas unos minutos. Veo como la luz del atardecer retrocede, y empiezo a sospechar que, por algún extraño milagro, el mundo entero va hacia atrás.

Retrocedo hasta la cama y, para mi sorpresa, me siento junto al cadáver destrozado de Mary y me tapo la cara con ambas manos. Las lagrimas se separan de la sangre que hay en la palma de mis manos y vuelven a mis ojos, y los sollozos crecen y decrecen hasta que mis cara vuelve a estar seca y sin mancha de sangre, concentrada toda en mis manos. Salto con furia hacia atrás y me quedo sentado a horcajadas sobre el cuerpo destrozado. La habitación, la cama, su carne, todo es rojo.

Saco (¿o me guardo?) el cuchillo de mi chaqueta y voy agarrando trozos de carne que he esparcido por el suelo y los muebles. La sangre salta del suelo y de las paredes y vuelve a la carne. Con violentos golpes, mi cuchillo va cosiendo la carne de nuevo al cuerpo. Agarro un trozo de carne y la aprieto contra su muslo, tapando los huesos, usando mi cuchillo con energía demoníaca para coserselo a la piel, aunque para mi sorpresa no uso ningún hilo y todavía menos una aguja. Pero la coso de nuevo, a base de cuchilladas. La carne se funde con el resto del cuerpo sin dejar cicatriz alguna y me maravillo tanto de este milagro como de la creciente luz del atardecer. De repente, se ha apoderado de mí una furia feroz y un pezón surge de la nada y la afilada hoja de mi arma, con un molinete, lo cose al pecho al que pertenece. Hundo la hoja en su cuello y en su vientre, el hogar de toda la mentira, con ferocidad, logrando que la sangre vuelva a su interior y que, por fin, sus heridas se cierren. Un violento chorro de sangre salta de la pared y vuela a su cuello y rápidamente suturo la herida deslizando la hoja de mi arma a lo largo de su garganta. Si no estuviera tan furioso me sorprendería que la pared escupa sangre de tal manera y con tanta puntería.

Pero esta tarde nada parece ser normal.

Sus ojos, que estaban inmóviles como los de una muñeca, cobran vida y se reaniman como una bombilla. De repente retiro con furia mi cuchillo de su corazón y sus ojos se tiñen de alegría que reemplaza a la sorpresa. Cuando lo retiro y me lo guardo discretamente en el gabán, Mary me observa desconcertada, ajena al arma que acaba de devolverle la vida.

-No puedo ser el padre, porque soy estéril -me escucho decirle- Una gripe mal curada.

Ella sonríe más y más, completamente feliz y yo siento un tremendo frío recorriéndome el cuerpo a la vez que mis sospechas se desvanecen con un estallido brutal y mi mano abandona el mango del cuchillo.

-Estoy embarazada, John, por eso tenía esos mareos.

Nos besamos mientras acaricio su vientre y sus pechos. Los besos se tornan feroces mientras voy abrochando su blusa.

-Me moría de ganas de verte -le digo mientras me deshago de su abrazo y ella sonríe más todavía-. ¿Qué es eso tan importante que tenías que contarme?

-¡Hola, mi amor! -me canta su cristalina voz.

Con una sonrisa le doy la espalda y me acerco a mirar por la ventana mientras ella se dirige (¡de espaldas!) a la puerta y sale. En la calle, los coches van marcha atrás. Espero un buen rato y al final también me voy. Esto de caminar de espaldas no parece tan difícil, porque lo hago con gran soltura, aunque no recuerdo haberlo hecho antes en toda mi vida.

Voy otra vez hacia mi coche, pero antes me cruzo con una vecina y su hija. Él, con una sonrisa que va despareciendo de su cara, me ofrece su juguete y yo me lo quedo. Me alejo diciéndoles “hola, señora Brown, hola Peter” y doblo la esquina. Un poco más allá entro en una esquina de juguetes y entrego el osito, y el dependiente me da unos cuantos billetes. Estoy muy contento, pero no puedo decir que el motivo. Quizás porque he devuelto la vida a Mary y ya no soy un asesino. Creo que ella me engaña con otro. Sí, lo creo, estoy seguro.

Aún tengo los ojos llenos de ese extraño milagro en las Ramblas de la semana pasada, con esa furgoneta blanca lanzada a toda velocidad, marcha atrás (¡cómo no!), y la gente tirada en el suelo que saltaba violentamente contra el vehículo, estrellándose contra él para luego irse andando tranquilamente y mucha otra gente salía corriendo de tiendas y lugares varios para ponerse a pasear de nuevo tranquilamente. No entiendo tanta prisa. Entonces me doy cuenta de algo. Es curioso, pienso todavía, que si no hubiera sido porque la furgoneta se puso marcha atrás y se fue Ramblas arriba, la gente no hubiera podido volver a pasear con calma y el caos hubiera imperado en el centro del paseo durante horas. Pero la furgoneta, al retroceder, hizo que todo volviera a la calma, curando heridas y sanando cuerpos como yo acababa de hacer con a Mary con mi cuchillo. Todo estaba en calma menos yo, que seguía pensando en que Mary me engañaba. Seguro que mañana la prensa hablará de cómo ese conductor, al poner la marcha atrás, le devolvió la vida a todas esas personas.

Mientras me dirijo hacia el bar, me pregunto si la vida va a seguir marcha atrás durante mucho rato más, porque ya no entiendo nada. Y menos aún cuando me siento, sin hambre. Doy unas pocas monedas y me devuelven unos cuantos billetes que me guardo en la cartera. No me gustan las tarjetas de crédito, son un engañabobos. Espero un poco, y me ponen un plato que voy llenando con comida que sale de mi boca. Primero un flan y luego carne que primero mastico en mi boca y que luego recompongo con mi cuchillo en el plato tras rescatarla con el tenedor del masaje que le dan mis dientes. Bueno, lo del cuchillo, al menos, es familiar, visto lo visto, pero llenar el vaso con vino que saco de mi estómago me parece algo asqueroso. Así voy llenando una de las dos botellas que tengo vacías delante de mí. Y, de repente, me he sacado todo un filete del estómago y está, con sus patatas, mirándome desde el plato.

Supongo, que, al final, alguien me explicará de qué va todo esto.

FIN.

La naturaleza del crímen.

26 agosto, 2017

Primero siento un golpe en el pecho y luego veo el fogonazo, mientras un trueno lejano estalla de golpe. El desconocido, sin mediar palabra, se guarda la pistola debajo de su cazadora y comienza a alejarse rapidamente de mí, caminando de espaldas, sin perderme de vista. Si su aspecto ya me resulta extraño su comportamiento me parece todavía más absurdo en tan desolado lugar.

¿Ve algo que los demás no aciertan a ver? ¿Se ha dado cuenta de lo que yo soy en realidad, un asesino? ¿Qué ha pasado? ¿Estoy bien? Empiezo a caminar, y, para mi sorpresa, también voy de espaldas, sin ver a dónde me dirigo. ¿Esto es normal? Mientras camino me saco las llaves del coche del bolsillo de mi cazadora y de repente, sin dejar de caminar de espaldas, bajo a la calzada y me detengo frente a la puerta de mi vehículo. ¿Dónde estoy? No reconozco el lugar, así que me meto en el coche y me sorprendo cuando, al meter la llave en el contacto, el motor permanece silencioso un momento. La hago girar varias veces y el coche, con el motor todavía en silencio, se pone en marcha, hacia atrás de nuevo. A los pocos segundos el motor cobra vida con un extraño sonido que se asemeja a una tos. Ganamos velocidad mientras la tos del coche aumenta de vigor y yo aflojo un poco la presión sobre el acelerador. Y, de repente, el ronoroneo normal de la máquina reemplaza a los sonidos extraños y todo parece volver a la normalidad.

Pero, de nuevo, vamos de espaldas, marcha atrás. ¿Qué pasa? ¿Cuál es el sentido de este viaje? ¿Por qué la radio suena tan extraña cuando cobra vida al apretar el botón de apagado? Cuando al final del viaje, me detengo frente a la casa de Mary, me pregunto qué va a pasar ahora. Con ella muerta mi mundo se ha terminado. Y de nuevo, caminando de espaldas, me dirijo hacia la puerta, sabiendo muy bien el horrendo espectáculo que me espera al otro lado.

Después de todo, soy yo el que la ha matado.

Lo que viene a continuación

25 agosto, 2017

Una de mis lecturas universitarias que dejaron una cierta impronta en mi tierna y venturosa alma fue Time’s Arrow, de Martin Amis. Es, básciamente, la historia de un criminal de guerra, un doctor alemán cómplice del Holocausto, explicada hacia atrás. Recuerdo especialmente esa extraña imagen al “ver” el humo retroceder hacia el interior de las chimeneas, el escuchar los golpes procedentes de las duchas ir ganando fuerza hasta, de repente, detenerse, abrirse las mismas y salir vivos sus ocupantes, que marchaban hacia sus barracones para luego ser enviados de vuelta en trenes a sus casas. Y, al día siguiente, el humo regresaba a las chimeneas y de las instalaciones volvían a salir seres vivos desnudos.

Auschwitz se había convertido en una fábrica de seres humanos por obra y gracia de Amis.

Eso es lo que planeo hacer. Contar una historia hacia atrás.

A ver qué y cómo me sale.

Que lo disfrutes, mi querido lector, mon semblable, mon frère!

Yours truly,
Jack.

El vuelo final del “Lady Be Good” (9)

25 agosto, 2017

William J. Hatton; Robert F. Toner; Dp Hays; John S. Woravka; Harold J. Ripslinger; Robert E. LaMotte; Guy E. Shelley; Vernon L. Moore; Samuel E. Adams.
Tripulación
Nombre, rango y Lugar de nacimiento
Teniente William J. Hatton, Piloto, Whitestone, New York
Teniente Robert F. Toner, Copiloto, North Attelboro, Massachusetts
Subteniente Dp Hays, Navegador, Lee’s Summit, Missouri
Subteniente John S. Woravka, Bombardero, Cleveland, Ohio
Sargento Harold J. Ripslinger, Ingeniero de Vuelo, Saginaw, Michigan
Sargento Robert E. LaMotte, Radio Operador, Lake Linden, Michigan
Sargento Guy E. Shelley, Ametrallador/Asistente del Ingeniero de Vuelo, New Cumberland, Pennsylvania
Sargento Vernon L. Moore, Ametrallador/Asistente del Ingeniero de Vuelo, New Boston, Ohio
Sargento Samuel R. Adams, Ametrallador de Cola, Eureka, Illinois

El vuelo final del “Lady Be Good” (8)

24 agosto, 2017

El descubrimiento del “Lady Be Good” y los esfuerzos de sus tripulantes para sobrevivir en el desierto libio recibió gran cobertura periodística. La revista Life publicó un artículo sobre el “Lady Be Good” el 7 de marzo de 1960.

En abril de 1968 un Equipo de Rescate de la RAF visitó el sitio del choque y recuperó 21 artículos, inclusive un motor, para el estudio por McDonnell-Douglas. A comienzos de los años 70 El “Lady Be Good” había sido saqueado por equipos de exploración de petróleo y varios cazadores de recuerdos. Los restos del avión fueron retirados del desierto en agosto de 1994 por el gobierno libio, bajo la dirección de Dr. Fadel Ali Mohamed, el Director de Antigüedades, Cyrene, y guardado en Tobruk.

La Base aérea de Wheelus, Libia, que sostuvo las operaciones de la búsqueda y la recuperación, dedicó una bella vidriera en su capilla al “Lady Be Good” y su tripulación. Los fondos para el diseño y fabrica de la ventana fueron donados por el personal de USAF del Ala 7272 estacionada en Wheelus AFB. La ventana, diseñado por el artista alemán Peter Hess, feu inagurada en enero 1961. Con el cierre de Wheelus AFB en 1971 la ventana fue mandado a los EE.UU, al Museo de la Fuerza aérea en Wright Patterson, Ohio.

Los restos de Vernon Moore nunca fueron encontrados, a pesar de repetidas búsquedas en el área del desierto libio en el que él pudo haber perecido. Por el momento, dónde falleció él en el Mar de la Arena de Calanscio es un misterio. El resto de la tripulación fue encontrada en 1959 y 1960 en dos sitios: en la superficie de una llanura de grava y en el Mar de la Arena de Calanscio. Uno de los cuerpos fue encontrado por un equipo de la búsqueda de EE.UU., y los demás fueron encontrados accidentalmente por ingleses y por hombres canadienses de petróleo.

En febrero de 1953, 10 años después que el “Lady Be Good” despareció, en unas maniobras por el desierto, un convoy de vehículos pasó a unas 700 millas al sur de Bengasi. Al cruzar al oeste a al este de una llanura de grava a otro por el Mar de la Arena de Calanscio, se hallaron un esqueleto —se pensó que era el de un árabe—. Los restos fueron fotografiados y enterrados. No se marcó la tumba. Alrededor del cuerpo no había signos de la ropa ni otros medios de identificación—apenas un esqueleto, algo momificado, en parte cubierto por la arena, el cráneo blanqueado por el sol. Es desconcertante la manera apresurada y poco ceremoniosa en la que el cuerpo se enterró; quizás, se hizo así para evitar las complicaciones de una indagación larga que habría tomado tiempo y demorado el convoy, pues sólo veinte minutos pasaron entre el descubrimiento y el entierro del cuerpo.

Se duda de que fuera un árabe; ningun árabe, ni nómada ni otro, viajó jamás los desechos áridos de la región del Mar de la Arena de Calanscio, y en ningún caso los principios de Islam no permiten que el abandono de un musulmán por otros musulmanes.

Una pregunta central es: en qué latitud se encontró el cadaver del Mar de la Arena de Calanscio? SE calcula que si la latitud era cercana 28° el norte, podrían tratarse de los restos de Moore. Pues los cadáveres de Ripslinger y Shelley fueron hallados cerca de esta latitud, y Moore se supo haber estado con ellos cerca del fin.
El mapa en el informe que muestra la ruta viajada de Benghazi a Kufra no da líneas de la latitud ni la longitud; “el punto de la entrada de duna” al sur de la latitud 28° el norte cerca de 25,30, en un lugar llamó Bi el Harasc, donde la anchura de las dunas era lejos menos de 80 millas.

¿A qué latitud septentrional el convoy entró el Mar de la Arena de Calanscio? Era claro que el convoy estaba a 6 días de Benghazi, con Argelia al oeste, y con el Mar de la Arena de Calanscio a la vista a su este, el convoy amrchaba hacia el al sur en un monótona la llanura de grava. El convoy giró al este, y encontró un espacio en las dunas, penetrando en el Mar de la Arena de Calanscio y zigzaguearon a través de 80 millas antes de toparse con otra llanura de grava, el este de la cual estaba Egipto. Es claro que estaba en algún lugar a medio camino en este cruce fueron encontrados los restos. ¿Estaba el punto de la entrada en las dunas alrededor de la latitud 28°, dónde el Mar de Arena de Calanscio se extendía por 80 millas, o era más al sur, como el informe sugirió?

El vuelo final del “Lady Be Good” (7)

23 agosto, 2017

El hallazgo del “Lady Be Good”

El “Lady Be Good” fue localizado desde el aire el 16 de mayo de 1958 por un equipo aéreo de reconocimiento de la D’Arcy Exploration, un filial de British Petroleum Oil Company. El avión ue hizo el avistamiento era el DC-3 “Silver City Airways, pilotado por el Capitán Charles P. Hellewell, de 35 años. El Primer Oficial era Tony G. Cace, 34. El Oficial de Radio era C, Colvin, de 28. El hombre que descubrió al “Lady Be Good” era Ronald G. MacLean, de 33 años, geólogo. Hunt y MacLean fijaron la posición del bombardero dentro de 4 millas de su ubicación verdadera. Se informó del avistamiento al oficial del deber en la base aérea de EEUU Wheelus, Trípoli, y se dieron detalles al respecto.

Ninguna acción fue tomada por los americanos inicialmente. Un segundo avistamiento por trabajadores de D’Arcy el 15 de junio, 1958, (Hellewell era otra vez el piloto y Ken W. Honey era el primer oficial) envió otro informe, esta vez a la RAF, y otra vez, no se hizo nada. Honey, de 29 años, fijó la posición del bombardero dentro de una milla de su ubicación verdadera. En febrero, 1959, un partida de exploradores efectuaba una inspección del suelo en las cercanías del “Lady Be Good”. Ellos estaban enterados de la existencia; ellos tuvieron la información de Honey —pasado en a ellos por Hellewell—y salieron a encontrarlo. El grupo comprendía a los doctores Don Sheridan, 29 años, A. John Martin, 26, —ambos geólogos— y F. Gordon Bowerman, 27, un agrimensor, y varios ayudantes libios. Bowerman era el primero de divisar el bombardero a lo lejos.

La expedición cogió artículos del avión -incluso brújulas, el agua, una radio, las armas, engranaje de navegación y numerosas otras cosas. Bowerman no permitió el olvido del asunto del asunto. Visitó al Lt. Col. Walter B. Kolbus, un amigo suyo estacionado en base aérea de Wheelus, y, encontrando que Kolbus estaba lejos, prosiguió la visita con una carta. Esta carta es lo que chispeó la investigación de EEUU en junio 1959—4 meses después que el aparato fuera encontrado en el desierto y 14 meses después que fuera visto desde el aire.

El “Lady Be Good” se había deslizado tras el aterrizaje forzoso casi 700 yardas, y el choque había roto el avión por detrás de las alas. El avión estaba intacto a pesar del choque y se encontraba en un estado excelente de la conservación. Un ejemplo de esto era que los rescatadores pudieran disparar una de las ametralladoras de calibre 50 del bombardero. Se tomó una radio del “Lady Be Good” , que fue instalada en un C-47 implicado en la operación. La radio de C 47 había fallado en el vuelo al sitio del choque, y, una vez instalada, funcionó perfectamente.

La escotilla de salvamento trasera y las puertas del compartimiento de bombas del avión estaban abiertos y ningun paracaídas ni salvavidas “Mae West” fueron hallados en el bombardero. Se asumió que la tripulación había saltado en paracaídas antes de que el aparato se estrellara.

El 11 de febrero 1960 los restos de cinco miembros de la tripulación fueron encontrados en una meseta dentro del Mar de la Arena de Calanscio por petroleros ingleses buscaban para el petróleo. Los cinco fueron hallados en una area cubierta por cantimploras, linternas, pedazos de paracaídas, chaquetas de vuelo, y otros pedacitos prontamente identificables del equipo y los efectos personales.

El diario del teniente Robert Toner fue hallado entre los efectos. Sus entradas -breves, aunque tremendamente intensas- que cubrieron del 5 al 12 abril 1943 dieron una narración notable del valor de aviadores y esfuerzos sobrehumanos para sobrevivir. Determinó que la tripulación se lanzó en paracaìdas a las 2:00 de la mañana del 5 de abril 1943; el Teniente John S. Woravka, el bombardero, no se unió a los otros después del aterrizaje; que ocho de los miembros de tripulación viajaron arduamente 85 millas al norte hasta donde murieron; que los sargentos Shelley, Moore y Ripslinger continuaron en busca de ayuda mientras los tenientes Hatton, Toner, Hayns y los sargentos Adán y LaMotte esperaron, demasiado agotados para continuar. Los ocho hombres tuvieron sólo media una cantimplora de agua entre ellos durante su cruce de un desierto que alcanzó 130 grados Fahrenheit al mediodía. Los expertos de superviviencia en el desierto habían teorizado que los aviadores podían haber avanzado tan sólo 25 o 30 millas a pie.

El capitán Fuller y su equipo volvieron a Libia unos pocos días después que el descubrimiento y los cinco miembros del equipo y sus efectos personales se reunieron y fueron enviados al Centro Mortuorio del Ejército en Fráncfurt, Alemania, para para establecer una identificación positiva.

Pero faltaba un miembro de la tripulación.

Después del descubrimiento de los cinco aviadores se lanzó otra operación de búsqueda. Incluía una partida de rescate de 19 miembros con seis vehículos y dos helicópteros para buscar los cuatro miembros del equipo restantes. La acompañaba un miembro del servicio de información del Ejército de EEUU para tomar fotografías y un RF-101 de reconocimiento de la USAF tomó fotos a alta altitud de las áreas de la búsqueda para delimitar el esfuerzo de la búsqueda. La partida de rescate voló al desierto en un transporte C-130.

El 12 de mayo de 1960, un equipo inglés de la Compañía de Petróleo halló los resto del Sargento Guy E. Shelley a 21 noroeste de millas de la ubicación de los primeros cinco miembros de la tripulación. El 17 de mayo, uno los los helicópteros que realizaba un barrido aéreo halló al Sargento Técnico Harold J. Ripslinger en la cuesta oriental de una duna. Había sido localizado a unas 26 millas al norte de Sargento Shelley. El área estaba compuesta por un laberinto de dunas de 600 pies de altura.

La operación terminó a finales de mayo 1960, después de búsquedas fracasadas para hallar a los dos aviadores que faltaban.

En agosto 1960 otro equipo inglés descubrió los restos del Teniente John S. Woravka que había fallado de unirse a los otros ocho. Su restos fueron encontrados acerca a 12 millas noreste del norte del “Lady Be Good”. Parece ser que su paracaídas no se abrió y pereció al estrellarse contra el suelo. La Fuerza aérea expidió un equipo que recuperó al aviador sin ayuda de Ejército. El equipo de la Fuerza aérea enviado a recuperar al teniente Woravka encontró arreos desechados de paracaídas y la ropa usada a gran altitud de los otros miembros de la tripulación a menos de una milla al suroeste de Woravka.

Desgraciadamente, un miembro de tripulación, El sargento Vernon L. Moore, no fue hallado. Al final de esta operación masiva de la búsqueda, los equipos de la búsqueda habían cubierto un área de aproximadamente 6.300 millas cuadradas.

El vuelo final del “Lady Be Good” (6)

22 agosto, 2017

Aun sin darse cuenta, sin alcance de radio para comunicarse y con un combustible escaseando, el teniente Hatton toma la decisión de abandonar el avión y saltar, descartando el aterrizaje forzoso por los riesgos que ello conllevaría. Los 9 tripulantes del ”Lady be Good” saltan del avión con sus paracaídas y sus flotadores salvavidas puestos, pues creían que lo hacian sobre el mar. Para su sorpresa, aterrizan sobre la arena del desierto y se percatan que en 300km a la redonda no había mas que arena. En el mismo sitio donde cayeron pasaron la noche abrigados por sus paracaídas. A la mañana siguiente se levantaron los 8 supervivientes, pues faltaba Woravka, al que no habían visto descender, pese a buscarlo por los alrededores durante la mañana.

En esa búsqueda habían encontrado rodadas de cinco vehículos que se dirigían al norte, posiblemente hacia Bengasi. Animados por el hallazgo siguieron las rodadas marcando su lugar donde habían ciado con sus paracaídas y también iban marcando la ruta que seguían, únicamente llevaban consigo una botella de agua cada uno y sus paracaídas.

El teniente Toner anotó en su diario: ”Domingo 5. Comenzamos a andar hacia el noroeste. Aun sin John. Solo unas pocas raciones, media cantimplora de agua y una cucharada llena al ida. Algo de brisa del noroeste. Noche muy fría; no dormí. Descansamos y caminamos”

Diario de Ripslinger: ”Domingo 5 de abril. Todos menos Woravka no encontramos al amanecer. Esperamos un rato y comenzamos a andar. Solo medio sandwich, un caramelo y una taza de agua en las últimas 36 horas”

Abandonando los salvavidas y marcando la dirección seguida, haciendo flechas con trozos de los paracaídas cada 15km. Hacia el noroeste, con buena moral y bajo un calor infernal, los aviadores cubrieron los primeros 40km. distancia en la que habían encontrado el rastro de unos vehículos (encontradas el día 6) que seguían otra dirección. Marcaron la bifurcación, y el teniente Hayes y el sargento Adams siguieron los nuevos rastros pero al perderse el rastro en una duna y ante el temor de perderse aún mas, decidieron retroceder y reunirse con los otros. Leemos en el diario de Toner: ”La misma rutina. Nos estamos debilitando y no iremos mucho mas lejos. Rezamos todo el tiempo. Estamos es un infierno de calor. No puedo dormir…”

Alternaron la marcha con el descanso, sedientos, soportando abrasadores días y frías noches, escudriñando el cielo en busca de un avión de rescate que no llegaba. El viernes cambió el paisaje, de rocas y arena a interminables dunas. En el diario de Ripslinger puede leerse: ” Viernes 9 de abril, ya es el quinto día, y todos pensamos que todo ha acabado. A mediodía hacía tanto calor que todos deseábamos dormir. La mañana y la noche ok” Aquella tarde, tras haber recorrido 105km desde el lugar del salto, los tenientes Hatton, Toner y Haves y los sargentos Adams y La Mote, este ultimo ya ciego, no pudieron mas y se sentaron a esperar la muerte.

Los tres que se encontraban en mejores condiciones físicas, Ripslinger, Moore y Shelley siguieron adelante. Toner escribió en su diario: ” Domingo 11. Aun esperamos ayuda, aun rezamos. Los ojos mal, he perdido peso… todo me duele… Podríamos lograrlo de tener agua; tan solo queda para mojar la lengua. Esperamos tener ayuda muy pronto. No descansamos. Aun en el mismo sitio. Lunes 12. Aun no llega el auxilio Muy… (ilegible)… fría noche” Fin del diario de Toner.

Treinta kilómetros al norte de Toner en el mar de arena de Calasancio, perecieron Moore y Ripslinger, que termino su diario el día 11: ”Domingo 11 de Abril. Aun peleamos para salir de las dunas y encontrar agua” El hombre que mas distancia recorrió fue Shelley, un joven de 26 años, de Ohio. Anduvo unos tres días mas sin nada de agua, murió tras haber recorrido 140km.


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