Otoño Sangriento: La historia de Jack el Destripador (19)

Carl Ferdinand Feigenbaum, alias Antón Zahn, fue un marino mercante y florista ocasional de origen alemán que fue electrocutado en la prisión de Sing Sing, Estados Unidos, en 1896 por el asesinato de Juliana Hoffman.

El único crímen que cometió Feigenbaum y que le costó la vida fue el degollamiento de Juliana Hoffman, viuda de cincuenta y seis años, asesinada el 1 de septiembre de 1894. Vivía junto con su hijo, de 16 años, en la calle Sexta Oriente, en Nueva York, en el segundo piso de un vetusto edificio en cuya planta baja se emplazaba un almacén. Había arrendado una habitación a Feigenbaun, de cincuenta y cuatro años, que residía en la misma desde 29 de agosto de ese. Se identificó como marinero sin ocupación actual pero que al día siguiente comenzaba a trabajar de florista en una tienda local.

Hacia las 22 horas del 31 de agosto, Feigenbaum entró sigilosamente a la habitación donde dormía la señora Hoffman y comenzó a apuñalarla en el cuello. No se percató de que el hijo de ella también dormía allí, y éste comenzó a gritar pidiendo auxilio, tras lo cual llegó la policía y arrestó al agresor. Pese a que las pruebas eran irrefutables, el proceso duró dos años.

Carl Feigenbang sin duda fue el asesino de Juliana Hoffman, pero además ¿también fue Jack el Destripador? Eso pensaba uno de sus dos abogados, William Sandford Lawton. Fallecido su defendido y liberado de su voto de confidencialidad, el abogado declaró a la prensa norteamericana su convencimiento de que Feigenbaum y el Destripador eran la misma persona. Esta sospecha rebrotó recientemente gracias a una extensa pesquisa del ex policía británico Trevor Marriott, que se encuentra condensada en los tres últimos capítulos de su libro Jack the Ripper: The 21st century investigation, publicado en 2005. Según Marriott, el marino Feigenbaum pudo estar en Inglaterra pues podría haber viajado a bordo del buque mercante alemán Reiher, que recaló en puertos británicos próximos a Whitechapel en el otoño de 1888.

El investigador británico tambié natribuyó a nustro protagonista una serie de muertes acaecidas en diferentes puntos geográficos. El marino alemán, dada la movilidad que su actividad náutica le permitía, pudo encontrase en todos estos lugares al tiempo de los óbitos. En su listado de posibles víctimas de este sospechoso, Trevor Marriott le atribuye un crimen cometido en julio de 1889 con una prostituta en Flensburg, en el Báltico, ciudad a la cual arribaban barcos mercantes germanos procedentes de los puertos de Bremen y Hamburgo, y sugiere que el marino podría estar presente allí en la fecha del homicidio. También le atribuye la muerte de Laura Whittlesay, alias Lottie Morgan, meretriz asesinada con un hacha el 11 de abril de 1890 en Wisconsin, EEUU; la muerte, acaecida el 4 de septiembre de ese año, en Berna, Suiza, de una joven campesina que era esposa de un sastre local, que es degollada y mutilada post-mortem. Posteriormente, el 24 de abril de 1891 en Nueva Jersey, EEUU, Carrie Brown, prostituta, es asesinada y mutilada en un mísero hotel situado en la esquina sureste de las calles Catherine Slip y Walter. El 25 de octubre de ese año en Berlín, Alemania, una mujer apellidada Nitsche fue apuñalada cuando entraba al hotel en que residía, expirando en el acto. El atacante fue perseguido pero logró escapar.

El investigador también deja constancia de que el 31 de enero de 1892 se verificó un nuevo asesinato en Nueva Jersey, EEUU. La víctima fue una anciana de 73 años, Elizabeth Senior, quien murió en su casa, situada cerca de donde había sido asesinada Carrie Brown el año anterior. La garganta de la señora resultó seccionada y su cuerpo sufrió varias cuchilladas. Parece que el asesino hizo gala de gran calma, pues luego del crimen se lavó las manos y procedió al saqueo de la finca antes de retirarse (esto último que lo diferencia de Jack, en mi opinión). El colofón de esta sangrienta retahíla fue la violenta muerte de Juliana Hoffman el 31 de agosto de 1894 en Nueva York, donde aquí sí no existen dudas sobre la culpabilidad de Feigenbaum.

Ninguno de los homicidios recién indicados fue resuelto, a excepción del señalado de fecha 31 de agosto de 1894.​

Respecto de este listado de muertes y la posibilidad de que Feigenbaum fuera el causante de ellas, hay autores que destacan que si bien la constancia de la veracidad de esos violentos óbitos está dada sólo por crónicas de prensa, perse a que no quedan registros policiales o judiciales de los mismos, todo lo aquí expuesto resulta inquietante.

Otros especialistas no dan ningún crédito a la esta teoría. Se recalca que hubo ocasiones donde la víctima no falleció asesinada, sino de muerte natural; o que no se trataba de una prostituta, a diferencia de lo que informara falsamente cierta prensa, como el caso de la fallecida en la ciudad de Fleusburg en julio de 1889. Genera escepticismo y dudas la lista propuesta por Trevor Marriott también porque las víctimas no se asemejan al perfil de las del Destripador, pues se trataban de amas de casa, viudas y campesinas, además de algunas prostitutas. Por otra parte, las armas empleadas para matar no se ajustaban tampoco al modus operandi del homicida de Whitechapel, dado que el asesino, o los asesinos, se valieron de cuchillos, pero también de un hacha y de estrangulamiento. La mayoría de las muertes señaladas por tanto no parecen ser obra de Feigenbaum, y algunos de ellas ni siquiera acontecieron, sino que fueron invención de los periódicos sensacionalistas.

Asimismo, Trevor Marriott menciona el artículo del periódico New York Sun del 6 de febrero de 1889, que informó acerca de unoa crímenes similares a los del Destripador ocurridos en Managua, Nicaragua, en 1889. De acuerdo a dicha versión, seis prostitutas habrían resultado asesinadas y mutiladas en esa ciudad centroamericana. Tres años antes de salir a luz el libro del investigador británico, el escritor y periodista nicaragüense Arquímedes González Torres publicó una novela que tuvo por protagonista a Jack el Destripador perpetrando esa serie de asesinatos de mujeres. La diferencia fincaba en que el Ripper no estaba encarnado en aquella ficción por Carl Feigenbaum, sino por el también sospechoso Francis Tumblety.

Sin embargo, tal y como comenta Wolf Vanderlinden, Trevor Marriott no pudo hallar prueba alguna sobre la existencia de las supuestas muertes en Managua, y que el propio periódico que propagó esa información se retractó luego admitiendo haber recibido datos falsos.

De no haber sido por William S. Lawton, nadie recodaría a Feigenbaum. Sin embargo, nada en su modus operandi recuerda al Destripador. Parece ser que la teoría de Lawton se trató de un intento para convencer al jurado que Feigemann estaba loco. Incluso su otro abogado, Hugh Pentecost, dudó de que fuera Jack. Además, ¿cómo iba a comunicarse con sus abogados si apenas hablaba inglés? Que por ser marino mercante viajara por todo el mundo en cualquier momento no le hace estar en Whitechapel en el momento de los crímenes, por cierto. Nadie, hasta la fecha, ha podido probar esto.

¿Fue Carl Feigenbaum Jack el Destripador? No lo creo. El testimonio de Lawton, sobre el que se basa todo el “caso”, no es de confianza. No hay nada que conecte a Feigenbaum con Whitechapel en 1888. Algunos de los supuestos asesinatos atribuídos a Feigenbaum no tuvieron lugar.

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