Archive for 31 octubre 2017

La Guerra de Sucesión Española (45)

31 octubre, 2017

Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El final de la batalla

Ala Derecha

Tras el costoso y fallido contraataque del Pla d’en Llull Villana no pudo mantener lo ganado por el sector de los huertos, pues había sufrido bajas que no podía reemplazar y el general Sans Miquel no tenía reservas que enviarle. En tal momento los borbónicos calaron bayonetas y, reforzados por otros batallones, centraron desde el Pla d’en Llull una triple embestida contra las calles del noroeste, que constituían una cuña entre el centro y la izquierda borbónicas; contra el Born y la calle de Bon Aire, para llegar a la iglesia de Santa María del Mar y a la plaza de Palau; y, finalmente, contra la calle de la Ribera, cruzar l’Arbeda, tomar el Carnalatge y la Peixateria y asalta la plaza de Palau por este lado. Se trataba, pues, de conquistar todo el barrio de Ribera y forzar los pasos de la Rambla de Santa Mónica y las Atarazanas.

Con efectivos muy escasos, la defensa catalana pudo rechazar los dos primeros intentos iniciales. El comienzo de la calle del Pla d’En Llull habían estado bloqueados por barricadas improvisadas, que fueron defendidas desesperadamente, combatiéndose casa por casa. Los atacantes fracasaron y se mantuvieron las posiciones. Por los accesos del Born y de la calle de Bonaire se siguió combatiendo, hasta que, tras tremenda carnicería, los borbónicos se retiraron a sus posiciones iniciales, las cercanas al convento de Santa Clara, manteniendo un fuego muy vivo, pero sin hacer más movimientos.

En la amplia salida de la calle de Ribera el ataque encontraba más facilidades, pese a que tuvieron los felipistas que luchar con gran dureza. Sobrados de efectivos, asaltaban a los defensores en un amplio frente, sometiéndoles a una tremenda presión en el centro y la izquierda, con la derecha desbordada por falta de efectivos.

Villana, con tremenda sangre fría y gran coraje, se replegó muy lentamente, conservando la cohesión de su fuerza. Sin poder cortar la infiltración por la derecha, pensó en reforzar el baluarte de Migdia, desgastado por los combates contra Chateaufort y sin poder recibir refuerzos. Por eso Vilana envió 40 de sus hombres al baluarte, para ayudar en la defensa. Informado entonces por un mensajero de la apurada situación de Paperoles en el baluarte, le envió 20 hombres más con alguna munición.

Villa prefirió retirarse sin más lucha de los huertos y la travesera menor, mientras reorganizaba a sus hombres y se retiraba procurando evitar los combates cuerpo a cuerpo, defendiendo el Carnalatge y las calles que desembocaban en el de Ribera. Tan determinada era la defensa que los borbónicos se retiraron a los huertos y desistieron a atacar.

El repliegue de Vilana dotó e tiempo para que el general Sans mejorase sus posibilidades defensivas antes de sufrir un ataque directo. Bellver, atento a reforzar los puntos más débiles y a prevenir infiltraciones, le envió refuerzos al mando del teniente coronel del regimiento de Santa Eulàlia, Eudald Mas i Duran, junto con otros destacamentos procedentes de sectores menos amenazados.

Por cierto, al llegar las noticias de los combates a los hospitales de Barcelona, se vivió la angustiosa circunstancia de ver a más de 500 pacientes abandonando sus lechos para tomar las armas, siendo dirigidos al Pla de Palau, a donde llegaron con gran ánimo. Disponía así el general Sans de una fuerza muy heterogénea pero importante. En poco rato finalizó la gran barricada, que resultó muy solida, a la que se añadieron cuatro cañones traidos por el general Basset. Parte de los efectivos tomaron posiciones en las calles de los alrededores de la plaza y a los más cercanos de los perpendiculares al de la Ribera, de manera que se estableció contacto con las fuerzas de Vilana.

En el Pla d’en Llull, tras la vivísima lucha y nuevas embestidas, los esfuerzos del atacante no consiguieron gran cosa, salvo aumentar el número de victimas por tan prolongada lucha. Contenidos en el sector de la montaña, los borbónicos habían logrado ligeros avances por la parte de poniente mediante a sus ataques en masa, pero sin conseguir cambios sustanciales. Tomaron la primeras casas de la calle Bonaire, y lograron penetrar en algunos edificios del Pla d’en Llull por la parte de las calles de Bonaire y del Born, pero todo fue cosa de unos pocos metros. Pero las fuerzas del teniente coronel Bordes, aferrándose tenazmente a sus barricadas, resistieron con gran vigor, de manera que, poco antes del mediodía, cedieron los borbónicos en su empeño.

Después de más de 7 horas de combates, ambos bandos estaban agotados.

En los otros puntos de la derecha había aún más movimiento, si cabe. El avance borbónico por la calle de la Ribera había sido detenido por las defensas de Vilana, fracasando los intentos lanzados desde los huertos de romperlas. La extensión del combate provocado por estos intentos llevó nuevamente la lucha hasta el baluarte de Migdia y la caserna, así como el Carnalatge, que cayó después de dura lucha, pudiendo replegarse sus defensores a las defensas de la calle Ribera por la Arbreda. Perdido el edificio, se mantenían, sin embargo, los puntos por donde los borbónicos intentaban entrar en el barrio.

Mientras tanto, a pesar de su debilidad, el baluarte de Migdia resistía denonadamente, pese a la muerte de su bravo comandante, el corajoso Anton Paperoles, coronel de los fusileros de Ribera d’Ebre. En la caserna, los defensores fueron cediendo palmo a palmo en medio de una lucha feroz, durante horas de esfuerzos constantes de los borbónicos, que consiguieron tomar la caserna y parte de las caballerizas, donde resistieron los catalanes hasta el final de la baalla.

Dominada la caserna y ganado el Carnalatge, se quiso forzar la entrada a la plaza de Palau, pese a que el baluarte de Migdia resistía inexpugnable. Los asaltos se encontraron con la firme resistencia de la barricada organizada por Basset y Sans Miquel, cuyos cañones vomitaban fuego constantemente contra los asaltantes, que dispusieron de los suyos para bombardear la barricada, sometida asimismo a un fuego intensísimo de fusilería. Pese a todo, pese al valor de los atacantes y sus denodados esfuerzos, todos sus intentos fracasaron en medio de una lucha cruenta. A mediodía los borbónicos suspendieron sus ataques y el fuego fue decayendo, agotadas sus energías.

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La Guerra de Sucesión Española (44)

30 octubre, 2017

Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

Los contraataques -4-

Contraataque por el centro -2-

Poco después tuvo lugar un combate realmente formidable. En unos minutos los borbónicos lanzaron a la lucha diversos batallones completos, lo que hizo que los combates de generalizaran en una bárbara lucha cuerpo a cuerpo sin cuartel, especialmente en el terraplén de la muralla. Los refuerzos borbónicos, que avanzaban a paso de carga, eran fogueados desde el convento de Sant Pere y desde las parte posterior de las casas de la calle de Sant Pere més Alt, donde los tiradores de Bellver se convirtieron en un flagelo implacable.

Después de un largo forcejeo entre los baluartes de Jonqueres y San Pere, el furor de los catalanes rompió la contención borbónica y, encabezado por Casanova, y el grupo que rodeaba la bandera, llegaron ante el baluarte de Sant Pere, precipitándose sobre el Portal Nou, donde hubo una terrible asalto de las apresuradas defensas borbónicas, que también estaban bajo el ataque de los defensores del convento de Sant Pere, que hicieron una salida a la bayoneta y barrieron totalmente al adversario de estas posiciones, causando gran mortandad y tomando cuatro banderas.

Nuevos refuerzos felipistas se lanzaron a la muralla, obligando a ceder, en lucha durísima, gran parte de la cortina situada entre los baluartes de Sant Pere y del Portal Nou. Mientras se desarrollaba esta pugna, se luchaba en el baluarte de Sant Pere, donde los borbónicos se defendían denondadamente, animados por el repliegue catalán en la cortina. Nuevamente, intervino el destino: un polvorín estalló en la batería del Portal Nou, que causó no pocos muertos y un lógico desconcierto, aprovechado por los catalanes para un nuevo asalto, que arrasaron con los borbónicos hacia el Portal Nou. Se combatió encarnizadamente, cambiando la batería de manos en dos ocasiones. Al mismo tiempo, la línea principal de contacto tomó la gola del baluarte de Sant Pere, siendo pasados por la bayoneta los defensores borbónicos. Pese a todo, los refuerzos de los asaltantes continuaron afluyendo en aquella zona comprometida. Y toda la derecha de Berwick quedó comprimida sobre la derecha de Dillon.

En el foso se dio un forcejeo terrible, cubirneodse de un rio de bayonetas. El mariscal del Castillo y el brigadier vizconde de Puierto forzaron al máximo las tropas disponibles, reforzados por batallones del centro destinados a cubrir las bajas. Así, los catalanes tuvieron que ceder unos metros, afectados por la terrible carnicería.

Casanova es herido

El combate seguía al arma blanca, con disparos a bocajarro, llegando a su máxima ferocidad, cuando, en el terraplén situado entre los baluartes del Portal Nou y Sant Pere, cayó herido, con el muslo atravesado por una bala, el Conseller en Cap Rafael Casanova. Jacinto Oliver, que luchaba a su lado, tomó la bandera en su lugar. El honor, sin embargo, tocaba ahora al alférez mayor, el protector del Brazo Militar, Joan de Lanuza, el viejo conte que, enloquecido por la muerte de su hijo, luchaba como un león en aquella pugna encarnizada. Lanuza tomó la enseña y con el grupo de protección de la bandera, se adentró en el combate.

Pese a todo, debido a la violencia del combate y a la inenarrable carnicería, este decayó, con ambos bandos agotados. Retrocedieron los catalanes hasta el baluarte de Sant Pere, y los borbónicos se metieron en el portal Nou, abandonando ambos bandos tan violento cuerpo a cuerpo. En la parte de los huertos, los catalanes abandonaron las barricadas que habían tomado, siendo perseguidos por grandes masas de enemigos, que tomaron el convento.

Todo esto sucedía entorno a las 9.15 o 9.30 de la mañana, a las cuatro horas del comienzo de la batalla. Los catalanes habían perdido el convento de Sant Pere, pero habían reconquistado el baluarte del mismo nombre y la cortina que iba hasta el de Jonquers, quedando como tierra de nadie el que llevaba al Portal Nou. Entre las tropas borbónicas predominaba un sentimiento de horror ante la carnicería sufrida, que hacía problemática una posible penetración de gran estilo por este lado, como se había esperado al comienzo de la batalla.

La Guerra de Sucesión Española (43)

29 octubre, 2017

Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

Los contraataques -2-

Contraataque por la derecha

Advertido Villaroel que Casanova era por Jonqueres cin intención de atacar al enemigo, ordenó que comenzara el contraataque por la deerecha. Mientras el coronel Paperoles alargaba el tiro de los cañones del baluarte de Migdia, para batir el huerto de Passa-pertot y las inmediaciones del baluarte de Levante, las dos columnas comenzaron el contraataque.

La acción del marqués de Vilana por la parte de Ribera

Una de las columnas, a las órdenes del valeroso marqués de Vilana , tenioente coronel de la Coronela i artífice de la exitosa defensa de la derecha de la ciudad, avanzó para reconquistar la travesera menor y ominar los accesos meridionales del Plà d’En Llull. Contaba con 300 hombres, con un puñado de buenos oficiales.

Vilana avanzó con resolución, topando, cerca del Plà d’En Llull, con tropas borbónicas, a las que arrolló. Entonces bloqueó los accesos a la plaza, tal y como estaba previsto, y giró hacia la derecha para expulsar al enemigo de la travesera en un feroz combate cuerpo a cuerpo. Los catalanes tomaron posiciones en la trinchera, apoyados por las baterías del baluarte de Migdia, manteniendo a raya a los borbónicos. La operación concluía con un éxito completo.

Villarroel en el Plà d’En Llull

Villarroel se proponía desalojar al enemigo de los edificios de levante del Plà d’En Llull, y tomar, si era posible, las ruines del convento de Santa Clara. Para este ataque contaba con personal selecto: el general Miquel de Ramon i Tord, su teniente coronel Martín de Zubiría y el teniente coronel Josep Comes, además de un grupo de oficiales.

La columna inició su avance hacia el Plà d’En Llull, donde los catalanes se mantenían en los edifícios de la parte de poniente, al mando del teniente coronel Bordes, y de la parte de montaña, al mando del valenciano Maians. Tan pronto la columna llegó a la plaza fue acogida por un fuego infernal por parte de los excelentes tiradores de la Vielle Marine, cayendo segadas las primeras secciones de atacantes por aquella espantosa fusilería.

Villarroel se puso al frente de sus fuerzas para intentar pasar a través del terrible fuego de barrera, que hacía flaquear el animo de sus hombres ante tanta carnicería. Pese a los intentos del mismo Villarroel, el fuego de cientos de fusiles impedía cualquier avance. En esos intentos cayó muerto Comes y Villarroel y Ramón fueron heridos. La columna se retiró, arrastrando los heridos, por donde habían venido, formando parapetos y barricadas sucesivas. Zubiría resultó herido en el proceso.

Había fracasado el ataque, pero, al menos, se había logrado consolidar la defensa de la parte de poniente de la plaza.

Contraataque por el centro

El coronel Thoar conservaba algunas dependencias del convento de Sant Agustí, además de algunas casas occidentales de la calle del Rec y el comienzo de las calles que finalizaban en la plaza de Sant Agustí. Desde estas posiciones mantenía violentísimos combates. Tras estos, pasó al contraataque, que se inició en el recinto de Sant Agustí, donde los borbónicos tenían una ventaja de 10 a 1. Poco a poco, mediante rabiosos combates a la bayoneta, los edificios adyacentes, el claustro y el huerto fueron limpiados, mientras dentro del convento los adversarios se disputaban una a una las celdas, contraatacándose por salas y corredores.

Los combates fueron de una aterradora vilencia, termiandno con la expulsión de los borbónicos del claustro y de la iglesia, asi como de la mayor parte del convento, donde los asediados tomaron el piso superior, continuandose los combates con tiros y granadas por las escaleras. Thoar fue superando las resistencia pese a las perdidas y rechazó los contraataques borbónicos, hasta que, exhaustos por la durísima lucha, se detuvieron los combates en este sector, con los catalanes en poder de la mayor parte del recinto de Sant Agustí.

El contraataque más espectacular fue el de la izquierda, donde los borbónicos tenían fuerzas particularmente numerosas, que podía evolucionar por un frente relativamente amplio y que todavía podía llegar a los portales y abrirlos a la caballería.

Rafael Casanova lo intuía y por ello lideró el contraataque, aunque no era hombre de armas. Sereno y lúcido, no había esperado un milagro que salvara a la ciudad, y había sido partidario de la obertura de negociaciones. Ahora, su aceptación de la opinión de la mayoría le lelvaba a darlo todo, con un coraje casi temerario.

Casanova llevaba la bandera de Santa Eulàlia, especie de revulsivo para las ocasiones más difíciles, y que los barceloneses reverenciaban con un fervor que multiplicaría las fuerzas disponibles. El jefe militar del ataque era el general Bellver, y las fuerza principal de este cuerpo era de la Coronela: las compañías de Mercers i Botiguers de Teles (Comerciantes de Telas) del capitán Antoni Berenguer i Gabriel; los pocos Blanquers que quedaban, con el capitán Josep de Ramon i Magarola, supervivientes heroicos de los combates del Carnalatge, y los restos de Guerrers -capitán Berardo- que habían luchado en la brecha de Sant Daniel. Cabe sumar a estos efectivos algunos efectivos regulares, junto a numerosos civiles y treinta jinetes, éstos últimos al mando del bravo aragonés Cayetano Antillón, sargento mayor del regimiento de la Fe, enviado al sector por orden de Villaroel.

Estos efectivos se concentraron en el huerto d’En Favà, y avanzaron, salvo los caballos, hacia la muralla de Jonqueres, y, desde llí, a la cortina en dirección al baluarte de Sant Pere.

Novedades desde Barcelona

28 octubre, 2017

Escribo esto por si tengo algún o alguna lectora (hola Mel…) preocupada por mis andanzas en estos días histéricos de declaraciones unilaterales de independencia varias.

Es irónico, porque, cada vez que se ha producido un hecho relacionado con este proceso me ha pillado siempre en compañía de mi dama favorita, dedicados ambos a nuestro vicio mútuo y común.

 

 

… que no es ese en el que estáis pensando, panda de golf@s.

Para mí que los políticos lo hacen expresamente…

Pues nada, querid@s mi@s, sigo aquí, bien de salud y sin meterme en más líos de los que mi seso puede o quiera manejar.

No os preocupéis, ¿vale?

Yours trully,
Jack.

La Guerra de Sucesión Española (42)

28 octubre, 2017

Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto -7-

Centro e izquierda

Aunque las posiciones volvían a ser las mismas, el contraataque había dejado a los borbónicos incapaces de perseguir a los catalanes. Había ido aumentado el numero de tiradores en las casas de delante de la muralla, y arrojaban un fuego espantoso. Los invasores no pudieron resistirlo y se retiraron del terraplén que habían ocupado sobre la cortina que iba a Jonqueres. La guarnición que pusieron en el baluarte de Sant Pere tuvo que adoptar precauciones para cubrirse del fuego enemigo. Quedaba así cerrada la vía de entrada enemiga.

Verboom ordenó que se tirara abajo la puerta del baluarte para que pudieran comunicarse con la resta de las fuerzas borbónicas a través del foso. Medida providencial, pues debido al fuego catalán estalló una reserva de pólvora en el baluarte, sufriendo su guarnición -integrada por el batallón de Saboya y uno de Guardias Valones- un penoso desastre. Creyendo que se trataba de una mina, los supervivientes abandonaron el baluarte y huyeron por el foso.

Era tan elevada la moral de los defensores que pasaron inmediatamente al contraataque para retomar el baluarte. Eran pocos, pero no se pudieron mantener mucho tiempo, teniendo que retirarse. Recuperado el baluarte, los borbónicos intentaron extenderse por Jonqueres, tarea imposible de hacer en masa, por el fuego defensor, ya que las descargas procedentes de las ventanas dominaban por completo el campo de tiro, que pronto quedó cubierto de cadáveres.

Los contraataques

Pese a su aplastante superioridad numérica, el ejército borbónico pasó un tiempo de desfallecimiento durante la batalla. La intensidad de la resistencia había superado los temores iniciales de Berwick. Las bajas eran ya importantes, y muchos batallones estaban tan diezmados que no podían continuar la lucha. La penetración, una vez logrados los primeros progresos, parecía haber llegado a un punto muerto.

A las 7 de la mañana, con el asalto detenido, la batalla conoció un momento aparentemente sin sentido: el contraataque de los defensores, una fase de iniciativa catalana, cuyo orígen podemos encontrar en las acciones sostenidas entre Sant Pere y Jonqueres.

En este momento, la columna Châteaufort estaba encerrada en la caserna y las caballerizas y terriblemente fogueada por los hombres de Vilana, que cubrían el Carnalatge y la Peixatería (Pescadería), y por la guarnición del baluarte de Migdia, al mando de Anton Paperoles, desde donde los cañones castigaban a los franceses a corta distancia.

Detenido el grueso borbónico más atrás por la necesidad de reorganizarse y por el fuego de barrera procedente de las casas de la Ribera, Châteaufort se encontraba aislado, y con perdidas en constante incremento. Antes de que fuera demasiado tarde, decidió retirarse. Así pues, salieron las tropas felipistas de la caserna y las caballerizas, retirándose por la muralla y los huertos, bajo el fuego de sus enemigos, logrando reunirse con el resto de las fuerzas en el huerto de Passa-pertot y en la travesera pequeña.

El éxito que comportaba la retirada de Châteaufort acabó de animar a Villarroel a lanzar un contraataque general, ambicionando expulsar a los atacantes del recinto enmurallado. A través de sus enlaces, el mariscal catalán ya tenía una idea aproximada de la situación general. Por su parte, Casanova preparaba la salida de la bandera de Santa Eulàlia con todas las fuerzas que había logrado reunir.

Desde el Born, Villaroel despachaba mensajes para coordinar y activar la reacción que se estaba incubando por todas partes. Así los contraataques tendrían una cohesión táctica y dieron una fisonomía particular a esta parte de la batalla.

Por la derecha, Villarroel atacaría con tropas procedentes de los regimientos de caballería, ahora desmontadas. Le seguiría el marqués de Vilana con los milicianos de la Coronela, soldados y fusileros que había logrado reunir. Por el centro atacaría el coronel Pau de Thoar, que con tanta dureza había contenido al enemigo por la parte de Sant Agustín. Thoar contaba con efectivos no demasiados numerosos, pero que habían sostenido una lucha ordenada y aun tenían una formación homogénea. Por la izquierda, el general Bellver atacaría con tropas de la Coronela, reforzada por la participación popular, tan generosa desde las primeras emergencias y ahora agrupada en torno a la bandera de Santa Eulàlia y dispuesta a hacer un esfuerzo supremo.

Para sostener el esfuerzo, se trajo polvora desde Montjuich, mientras se repartían alimentos y bebida, gracias a las provisiones traídas desde Mallorca por el último convoy.

Otra medida, simultánea a la preparación del contraataque, revela la trágica resolución que animaba a los defensores en aquella hora terrible: a la par que se ultimaba la reacción, se preparaban, a las ordenes del general Basset, nuevas líneas defensivas, emplazando baterías en las puertas de la vieja muralla. Era una prueba más de la determinación de defender la ciudad palmo a palmo.

La Guerra de Sucesión Española (41)

27 octubre, 2017

Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto -6-

Centro e izquierda

Por su parte, Rafael de Casanova, que había estado velando toda la noche, al conocer el asalto, una vez aseguradas las mínimas comunicaciones imprescindibles, se pone en camino. Viendo el avance del enemigo, y estupefacto por el hecho de hayan tomado las murallas, se dirige a la Casa de la Ciutat para coger la bandera de Santa Eulàlia y liderar un contraataque, idea que, como ya hemos visto, tuvo Villarroel poco después.

Mientras tanto, los granaderos borbónicos, que formaban parte de la vanguardia asaltante, una vez dominado el extremo de la travesera, se internaron por la calle del Portal Nou. El grueso de las fuerzas, mientras tanto, asaltaban el baluarte del Portal Nou, de manera idéntica a como ya se había obrado en los baluartes de la derecha, es decir, ante su inexpugnabilidad por el frente, se les asalta por la retaguardia.

Bellver, que se da cuenta de esto, y que calcula que Saavedra intentará una salida cargando a la bayoneta, contraataca sobre ese sector para colaborar en la salida. Envía una columna de 150 hombres, al mando del teniente coronel Pau Tomeu, y, desde el convento de Sant Agustí y con redoblar de tambores, se lanzan contra los asaltantes. En dura lucha, Tomeu expulsa o mata a los que han penetrado por la calle del Portal Nou y sigue avanzando hasta llegar al extremo de la travesera, donde se mantiene un durísimo combate cuerpo a cuerpo que atrae a gran parte de las fuerzas borbónicas concentradas en el baluarte, lo que permite que se escapen numerosos defensores del mismo. Conseguido este objetivo, Tomeu ordena la retirada, después de haber sostenido una lucha espantosa en aquella parte abierta y tras enfrentarse a algunos batallones completos.

La columna, diezmada, se repliega otra vez por la calle del Portal Nou, lentamente, mientras algunos hombres se instalan en las casas para hostilizar el avance enemigo. Tomeu, pese a la tremenda presión enemiga, se retiró metro a metro, para dar tiempo a Bellver a cubrir la plaza de Sant Agustí de barricadas, cerrar la calle del Rec y desplegar tiradores por las ventanas y tejados de la plaza. Finalmente tanto Tomeu como el capitán Antoni Saiol, del regimiento del Roser, acabarán muriendo en el fragor de esta lucha encarnizada. Para entonces la plaza de Sant Agustí estaba bien defendida y los asaltantes fueron contenidos.

Por su parte, en el baluarte del Portal Nou, el coronel Saavedra, como había previsto Bellver, había intentado la salida a la bayoneta, operación harto difícil por hallarse entre dos fuegos. A pesar de ello, no pocos defensores lograron retirarse por la cortina que enlazaba con el baluarte. Entre ellos no se contaba el bravo coronel Gregorio de Saavedra y Portugal, que murió en el intento.

Bajo la presión borbónica sobre el ala izquierda, donde se concentraban 10.000 soldados atacantes, las defensas catalanas parecían próximas a hundirse. Los capitanes Bassols y Catà retardaron heroicamente el avance adversario, causando graves bajas a los atacantes en los combates por las barricadas alzadas en el terraplén frente a la cortina emplazada entre los baluartes del Portal Nou y de Sant Pere, teniendo que retroceder, finalmente, hasta la tercera barricada, donde fueron apoyados por tropas de la compañía de Taverners (Taberneros) procedentes del baluarte próximo de Sant Pere.

Bellver, una vez fortificada la plaza de Sant Agustí para bloquear la calle del Portal Nou e impedir el avance por el de Carders, tenía que cerrar el alud en los puntos más alejados, dejando sólo los hombres imprescindibles al coronel Thoar, que defendió admirablemente el convento de Sant Agustí. Thoar se enfrentó contra unos 3.000 asaltantes, de la punta de ataque de Guerchois, disputando el convento edifcio por edificio y habitación por habitación. Pese a su superioridad numérica, los borbónicos no lograron tomar el edificio por completo, logrando los catalanes mantenerse en los extremos, impidiendo que la presión se desbordara hasta la plaza, pese a que sus números se reducían, tanto por las bajas como por los efectivos retirados por Bellver para cubrir su izquierda.

Las operaciones por esa parte revelan un gran acierto y serenidad de Bellver. Todas las fuerzas disponibles de la reserva central fueron utilizadas con una habilidad máxima para contener el empuje de más de 10.000 soldados enemigos. Bellver organizó entonces dos columnas, una, de 70 hombres, enviada al convento de Sant Pere para ocuparlo inmediatamente, antes de que lo hiciera el enemigo. Estaba al mando de dos expertos oficiales, los capitanes Francesc Sisa, del regimiento de Santa Eulàlia, y Aleix Brusi, del de Sant Narcís, veteranos de los combates de agosto y de septiembre.

Sisa y Brusi llegaron cuando al convento cuando los borbónicos tomaban los huertos de la parte posterior. Se evacuaron a los monjes con el Santo Cristo alzado en la cabeza de la columna de monjes en medio de un tiroteo infernal de las vanguardias enfrentadas. Los catalanes no tardaron en tomar el convento, rechazando a los soldados enemigos que saqueaban el templo. Ocupado éste, tomaron posiciones y abrieron fuego para contener la penetración enemiga, consiguiendo hacerse retroceder al enemigo algunos puntos. Se bloqueó la calle del Rec Comtal, donde ya penetraban los atacantes, para proteger el ala derecha de la posición. En esta acción cayó muerto Brusi, siendo herido Sisa poco después, herida que a la postre le mataría. Pese a todo, se mantenía el fuego desde el convento en medio de terribles combates.

La segunda columna fue enviada al mismo sector, de menores efectivos, y flanqueó Sant Pere para reforzar el baluarte del mismo nombre. Estaba mandada por el sargento mayor Joan Sebastià Soro, que había actuado brillantemente como capitán de los granaderos de Santa Eulàlia. Soro se encontró en los huertos con las vanguardias enemigas, teniendo que abrirse paso por la fuerza, mientras el enemigo superaba la barricada de cortina inmediata al baluarte y lo atacaba, derribando a hachazos la puerta del baluarte y penetrando en masa.

El coronel Ortiz y el capitán Lledó, con los supervivientes, se defendieron a la desesperada, muriendo el coronel valenciano con 30 de sus hombres en los salvajes combates. El resto, con Lledó, se retirar por la cortina hacia Jonqueres, donde se hallaban Bassols y Catà, con los restos de sus compañías. Agrupados, improvisaron una defensa que detuviera la penetración. La Compañía de Fadrins Sastres, del capitán Josep D’Asprer, salió en parte del baluarte de Jonqueres para ayudarles en la defensa. Con el apoyo de tiradores emplazadas en las casas de la calle de Sant Pere, se intentó contener la marea humana enemiga, tarea que parecía imposible, pues las bajas eran repuestas por el alud que avanzaba sin detener su impetu.

Soro, junto a Feliu Bellver, hijo del general, giraron dos cañones de la cortina de Jonqueres y, cargándolos con metralla, abrieron fuego cuando los borbónicos estaban a 20 pasos, con efectos devastadores, que arrasó a los atacantes y animando a los catalanes para contraatacar, haciendo retroceder al enemigo en desorden hasta la cortina del baluarte del Portal Nuevo, donde la marea de refuerzos les hizo retroceder de nuevo.

La Guerra de Sucesión Española (40)

26 octubre, 2017

Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto -5-

Centro e izquierda
Asalto a las brechas -2-

La masa de ataque contra el Portal Nou era formidable: siete batallones españoles, entre ellos uno de Guardia Valones y dos de Guardias Españoles, más uno de Asturias, de los más escogidos entre la tropas, además de siete compañías adicionales de granaderos. El objetivo era tomar el baluarte para avanzar hacia las murallas que miraban a la montaña y abriendo los sucesivos portales para permitir la entrada de la caballería, para enlazar con Cilly cerca del puerto.

Esta tremenda fuerza de asalta quedó frenada ante la furiosa resistencia del baluarte del Portal Nou, pese al valor y al coraje de los asaltantes, que fueron rechazados en cuatro ocasiones, en medio de una tremenda matanza por el fuego vivísimo de fusilería y de la artillería que barrían las aproximaciones a la brecha. Sólo tras prolongados esfuerzos y elevadas perdidas pudieron los borbónicos instalarse en la parte alta de los escombros y ganar los altos de la brecha. Pese a esto, los primeros asaltos para tomar la barricada fueron rechazados obstinadamente.

Visto el resultado de estos esfuerzos, Berwick ordenó que atacara toda la reserva (11 batallones -3 de ellos españoles- con 8 compañías de granaderos) con el evidente propósito de romper de una vez el frente y realizar la penetración. Mientras tanto, el mariscal ordenó formar una nueva reserva con unidades preparadas para tal menester, agrupándose ocho batallones más (véase la denominada reserva B), más 8 compañías de granaderos y 500 zapadores.

Asi, 11000 soldados asaltaban el portal Nou. que a pesar de ello mantuvo una épica defensa, manteniéndose tenazmente los defensores en la primera barricada. A eso de las cinco y cuarto de la madrugada cedía en la cortina principal la brecha próxima al portal de Sant Daniel, muertos buena parte de sus defensores, penetrando frente a una oposición la columna de Balincourt. En ese momento -para enlazar acontecimientos- caían la brecha de los molinos, en el ala derecha, y estaba a punto de ceder el portal del Carnalatge, como ya hemos visto.

Balincourt avanzó poco, pues los defensores le detuvieron rápidamente, lo que ocasionó una lucha violentísima. Su avance por su derecha, en el terraplen de la muralla de la cortina era lentísimo, por la resistencia de los escasos defensores y por el castigo que recibían desde la línea de la travesera. Pero poco a poco se fue limpiando la cortina central y llegaron a la gran brecha, enlazando con las compañías que hostilizaban por ese sector. Se descubrió en ese momento que las minas que tanto se temían estaban inutilizadas por las lluvias, cosa que fue comunicada a Dillon, que se lanzó inmediatamente al ataque con 6 batallones. En ese momento 26000 hombres estaban participando en el asalto.

Los pocos oficiales agregados que quedaban con vida disputaron aun el paso de la brecha real y retrocedieron combatiendo, muriendo en su mayoría. Ahora los asaltantes dominaba completamente la travesera a cusa del angulo favorable de su amplio frente. Esto ya había sido previsto por Bellver y Thoar, por lo que ordenaron replegarse a Sant Agustí y a las casas vecinas, desde donde mantuvieron el fuego. Guerchois avanzó y tomó la travesara, luchando encarnizadamente contra la retaguardia que cubría la retirada.

A partir de este momento los borbónicos, que habían entrado más allá de las murallas, comenzaron a dividir sus esfuerzos entre el centro y la izquierda catalana, atacándose el convento de Sant Agustí y edificios anexos, defendidos por el coronel Thoar con gran energía y fuerzas bastante nutridas, pese a la desventaja numérica. Asimismo, los felipistas se colocaron detrás del baluarte del Portal Nuevo, donde continuaba la defensa a ultranza, sin cambios respecto a lo narrado anteriormente. Entraron por la brecha real buena parte de las tropas españolas que componían la derecha borbónica, dispuestas para asaltar el Portal Nou por detrás y acabar de una vez con la resistencia inversenblante. Los catalanes tuvieron que retirarse, lanzando mortales descargas en el proceso, que detuvieron por un momento al enemigo.

(Nota: si hablo de tropas españolas en el bando borbónico para diferenciarlas de las francesas, no para sugerir un enfrentamiento Catalunya vs España.)

La Guerra de Sucesión Española (39)

25 octubre, 2017

Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto -4-

Derecha
Villarroel retoma el mando

Mientras se produce la reacción de los defensores, Antoni de Villarroel retoma el mando de la plaza. Éste, poco después de escuchar el clamor de las iglesias y la gran alarma, había recibido la visita de un ayundante del general Bellver, que le confirma que ha comenzado el asalto. Villarroel convoca a sus ayudantes y a los soldados que tenía de escolta y los utiliza de enlace. Poco después sale camino del barrio de Ribera, donde recibe las nuevas sobre el curso de la batalla. Conocedor de la profundidad de la penetración enemiga, asume el mando y comienza a enviar instrucciones a los jefes militares.

En la plaza del Born, y en torno a las seis, se encuentra con Lanuza y Pinòs, con los que conferencia. Mientras tanto, Vilana está organizando la línea de defensa con el éxito ya mencionado anteriormente. Villarroel pide entonces a Lanuza y Pinòs que vayan a la Casa de la Ciudad para exponer la conveniencia de sacar la bandera de Santa Eulàlia, y reunir a todos los efectivos disponibles para contener el ataque, mientras el mismo Villarroel recibe los refuerzos de caballería, desplegados en diversos puntos, y planea un contraataque general.

Centro e izquierda
Asalto a las brechas

El ataque contra las brecha real fue retrasado por Berwick, que, como ya hemos dicho, temía que los defensores pudieran detonar las minas preparadas bajo la amplia vía de entrada. Temía, asimismo, el fuego combinado de la travesera y de los baluartes de Santa Clara y Portal Nou. Se limitó, entonces, a asegurarse estas posiciones y a mantenerse a la expectativa en el centro.

Por ello, como ya se ha tratado del asalto al baluarte de Santa Clara, hablaremos ahora del ataque contra la posición de al lado, la brecha pequeña de la cortina principal. Se le llama “pequeña” por comparación con la brecha real, ya que medía 42 metros. Estaba defendida por una sola compañía de la Coronelal, integrada por los integrantes de los gremios de Gerrers, Ollers, Matalassers y Perxers, ostentando el mando Antoni de Berardo i Morera, que había sido herido por una bomba el 1 de agosto, pese a lo cual participó, once días después, en los terribles combates del baluarte de Santa Clara, en cuyo transcurso su compañía había quedado muy desgastada. Tenía el refuerzo de 25 fusileros y 20 jinetes desmontados. Se las tenía que ver, en mala posición, con la punta de ataque del brigadier Balincourt.

Además Berardo no podía esperar demasiada ayuda de la guarnición de la travesera, totalmente pendiente de la penetración por la vía central, que podía pasar en cualquier momento. La guarnición de la travesera era relativamente fuerte: siete compañías del quinto batallón de la Coronela, 80 jinetes desmontados y 40 fusileros, además de lo que quedaba de la compañía de voluntarios de Jaume Mestres. Detrás, en el convento de Sant Agustí, el teniente coronel Pau Tomeu, de Sant Narcís, con 200 soldados más, que incluían los restos de los regimientos regulares. El general Bellver también se encontraba en la travesera. Sin embargo, todos los esfuerzos eran pocos para defender la tremenda brecha real de 145 metros.

La izquierda catalana estaba constituida por los baluartes de Sant Pere y del Portal Nou, con las cortinas adyacentes al ultimo. El baluarte de Sant Pere, sin brechas, no era objeto propiamente del asalto, pero apoyaba la defensa del Portal Nuevo, que dominaba parcialmente de flanco. Estaba guarnecido por una compañía de la Coronela, la de Taverners, del capitán Antoni Lledó i Matalí, ostentando el mando general el coronel valenciano de fusileros Josep Ortiz.

El Baluarte del Portal Nou tenía una brecha de 25 metros, junto otra en el angulo entrante de la derecha, que afectaba la gola, y estaba protegido por dos barricadas sucesivas. Cinco cañones miraban a la gola y, al pie del terraplén de la muralla, detrás del baluarte y con el alza elevada, se había colocado una batería de morteros. Era comandante fijo del baluarte el coronel Gregorio de Saavedra y Portugal, anterior jefe del regimiento de la Concepción y ahora titular del Roser. La guarnición era de dos compañías de la Coronela. No había reserva para este sector, pues en el momento del ataque estaba empleada en las diversas emergencias surgidas por la noche.

La Guerra de Sucesión Española (38)

24 octubre, 2017

Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto -3-

Derecha
Intervención del Marques de Vilana

A todo esto, la reacción comenzaba a forjarse en torno a Josep de Peguera y Vilans-Millàs, marqués de Vilana, teniente coronel de la Coronela, al frente de uno de los cuerpos de reserva, que se hallaba en la plaza de Sant Sebastián, cerca de las Atarazanas. Apenas sumaba 60 hombres, pues muchos efectivos ya habían sido enviados a reforzar la línea avanzada. Vilana envió enlaces para averiguar que pasaba y la conocer que la defensa cedía, avanzó con su tropa, a la que se le fue sumando gente – que incluía mujeres, viejos y niños-. Pasado el Carnalatge -el edificio, no la brecha-, avanzó hasta contactar con los borbónicos, ocupados en reducir los intentos de retirada de Santa Clara y Levante. Vilana les descerrajó unas cuantas descargas, que ayudaron a la retirada.

Dandose cuenta entonces de la infiltración de Châteaufort, que había seguido su avance por le interior de la muralla de mar, y que abría fuego sobre el pequeño baluarte de Migdia (Mediodía). Vilana temió que la posición no pudiera resistir, apenas defendida por 100 hombres, a la ordenes del coronel de fusileros de la Ribera d’Ebre Anton Paperoles. Vilana, que en medio del desastre parecía conservar intacta una serenidad extraordinaria, ordenó a 30 de sus hombres que fuera a reforzar el baluarte de Migdia, tarea que efectuaron rapidamente y a tiempo. Este continente estaba mandado por un excelente oficial, el capitán Josep d’Aguilar i d’Alòs, del regimiento de la Fe, que había destacado en la jornada de Caldes d’Estrac.

Vilana, con gran coraje y sangre fría, organizaba sus fuerzas, haciendo fuego con sus pocos hombres, logró proteger la retirada de los baluartes, y fue recibiendo a los fugitivos, a los que fue desplegando, aglutinándolos, lo que creó una linea de fuego considerable, aunque los supervivientes apenas alcanzaran los 300. Llegó entonces el teniente coronel Ramon Bordes, al frente de la compañía de guardias de la quietud, junto con otros elementos sueltos, entre ellos civiles -como Josep Galceran de Pinòs, belicoso pese a su avanzada edad; Carles de Fiveller y el anciano Lanuza, que conoció entonces la muerte de su hijo.

Contención del ataque por la calle de la Ribera y el baluarte de Migdia

Con estos efectivos, Vilana cubrió la Peixateria (Pescadería), el Carnalatge. y la calle de la Ribera, impidiendo el avance a Châteaufort, que había ya sufrido muchos bajas por los violentos combates del baluarte de Migdia, desde el que Paperolas y Aguilar descargaban un fuego graneado.

Para cubrirse, Châteaufort desplegó a sus fuerzas en la caserna y las caballerízas, desde donde mantuvieron un vivo fuego contra la Peixatería, el Carnalatge y el baluarte de Migdia. Paperoles, con el baluarte muy batido por el enemigo, usó las numerosas piezas de artillería disponibles en la posición -las destinadas para la defensa de costa y una batería de refuerzo- y batió la caserna y las caballerizas con efectos devastadores. Châteaufort se encontraba, pues, en una situación peligrosa, con gran numero de bajas.

El sacrificio de la compañía de Notarios Públicos

Mientras esto sucedía, en la derecha se mantenían durísimos combates, en las ruinas del convento de Santa Clara, por donde se había escapado los pocos supervivientes de la brecha del Carnalatge, perseguidos, sin demasiado entusiasmo, por el enemigo. Esto se saldó, como ya hemos visto, con la llegada de Vilana, que aglutinó a los refugiados. Entonces, algunos batallones borbónicos quedaron disponibles para penterar a través del convento, para tomar el Pla d’En Llull, y abrirse paso por el Born hasta Santa María, sin ninguna fuerza que pudiera frenarles, salvo unos pocos supervivientes.

Procedieron pues, con poca oposición, cuando llegó al Plà d’En Llull la no muy numerosa compañía de Notarios Públicos, al mando del capitán Josep d’Oliver, conde de Camprodón. La fuerza se desplegó para cubrir el frente y sacrificarse para dar tiempo a la llegada de refuerzos. Pasaron los Notarios al convento y cargaron a la bayoneta, pese al fuego enemigo. Obligados a retirarse, los borbónicos se rehicieron con la llegada de refuerzos, y contraatacaron. Los hombres de Camprodon se pegaron al terreno, sin ceder un palmo, hasta que sucesivas oleadas de refuerzos les sumergieron en una marea humana, pese a los cual la compañía luchó hasta el exterminio, muriendo su capitán, el teniente Vicenç Durán y 46 notarios.

Este terrible sacrifício no fue estéril. Los felipistas, además de sufrir grandes pérdidas, quedaron retrasados en sus planes. Ocupado el convento, avanzaron hacia el Plà d’En Llull, sin poder cruzar la plaza por las constantes descargas que les llegaban desde las ventanas, ocupadas por hombres del marqués de Vilana, mientras que los edificios del lado de montaña eran ocupados por fuerzas del teniente coronel Maians, de Desemparats.

Hacia las 6.30 de la mañana, los borbónicos se detuvieron para reorganizarse, pues algunas de sus unidades estaban castigadísimas y sin casi oficiales. Este respiro fue aprovecha por Vilana para recorrer, con Bordes, la improvisada y eficaz línea de contención que había conseguido improvisar con las tropas supervivientes de las murallas.

La Guerra de Sucesión Española (37)

23 octubre, 2017

Barcelona, 11 de septiembre de 1714.

El Asalto -2-

Derecha
Baluartes de Santa Clara y Llevant

El baluarte de Santa Clara nos es conocido por los asaltos de los días 12, 13 y 14 de agosto. Desde entonces, los borbónicos habían perfeccionado la brecha, que ya tenía 18 metros, y los escombros y desprendimientos la hacían muy accesible, y parte de la elevación cedía. Detrás, con dos barricadas bastante consistentes, los asedidos tenía preaprada una segunda línea en la parte baja del baluarte.

Ese día el comandante del baluarte era el teniente coronel Antonio Diez d’Aux, con una guarnición relativamente fuerte, como tocaba a un baluarte tan disputado. Su base eran tres compañías de la Coronela, que incluían no pocos aragoneses, principalmente en la compañía de Freners, mandada por Josep de Lanuza i Gelabert, hijo del conde de Plasencia, protector del Brazo Militar, y descendiente de uno de los linajes más noble de Aragón. A estas unidades debemos añadir 70 soldados de infantería más una escuadra del Batallón Volante (1). Se calcula que sus efectivos no bajaban de los 300 hombres.

La cortina de la derecha del baluarte de Santa Clara presentaba dos brechas enormes, una inmediata al portal del Carnalatge -así llamado por ser el portal donde pasaban los animales que iban a ser sacrificados en el matadero (o carnalatge) de la calle de Ribera-, de 24 metros de ancho. El segundo portal, el de los molinos -que tenía detrás-, se abría hasta las proximidadades del baluarte de Levante, midiendo la brecha 26 metros. La brecha del Carnalatge estaba protegido por unos parapetos mal hechos, debido a la dificultad del terreno. La segunda tenía una barricada regular. Las mejores defensas, le venía, en todo caso, de cuatro cañones que apuntaban a la brecha, situados cerca del baluarte de Levante. Cubriendo la brecha del Carnalatge estaba la compañía “dels Blanquers”, capitán Josep de Ramon i Magarola, con 20 fusileros, 30 soldados y una compañía del Batallón Volante. En la de molinos estaba la compañía “dels Velers”, capitán Rafael Llinàs y Riber, con 50 fusileros, 30 soldados, 25 desmontados y otra escuadra del Batallón Volante. En total, 300 hombres para toda la cortina.

El baluarte de Levante era más pequeño y en forma de flecha, con un portal de 25 metros en la cara izquierda, orientada totalmente hacia la linea enemiga. Para proteger este acceso se habían alzado dos barricadas sucesivas. Estaba al mando del teniente coronel Juan Antonio Mexicón, secundado por el sargento mayor Sebastián Rodríguez de Segovia, aragoneses ambos. La guarnición contaba con cuatro compañias de la Coronela, con cerca de 200 efectivos.

Contra los 800 defensores de la derecha de intramuros Berwick lanzó 10.000 soldados. Dos batallones de Artois contra Santa Clara, con unas 18 compañías adicionales de granaderos; contra el Carnalatge, 4 batallones; 8 contra la brecha de los molinos y, finamente, contra el baluarte de Levante, 2 batallones.

Pese a la desproporción numérica, la defensa fue prolongada. El baluarte de Santa Clara resistió victoriosamente los asaltos del enemigo, pudiendo, asimismo, dirigir un terrible fuego de flanqueo contra los asaltantes de la cortina del Carnalatge. El de Levante tampoco fue tomado por los asaltantes, que cada vez que llegaban a sus proximidades eran rechazados con gran violencia. Cilly, que mandaba la izquierda, lanzó cuatro batallones contro el baluarte, junto a dos de las compañías de refuerzo de granaderos, pero fue inutil. Los defensores, que habían recibido refuerzos, hicieron una carnicería de los atacantes, por lo que Cilly decidió concentrarse en las brechas y solicitó, como ya hemos comentado, que Chäteaufort acudiera con refuerzos.

Las brechas eran efectivamente las partes más débiles. Por ello resulta increible que resisitieran tanto tiempo los asaltos enemigos. Conscientes de su debilidad, los defensores ofrecieron una resistencia desesperada, muriendo sobre el terreno sin ceder un palmo y haciendo ceder el asalto en diversas ocasiones. Esto fue envidente en el asalto a la brecha del Carnalatge, sometida a fuego de flanco desde Santa Clara, donde los atacantes sufrían una mortandad espantosa. Los batallones de Auvergne, Normandie y La Reine, tropa magnifica, desencadernaron, pese a todo, hasta cuatro asaltos en masa, inutiles, pese a que en los ultimos intervinieran dos batallones y dos compñías de granaderos de la punta del coronel Cany.

Cilly, viendo que el tiempo pasaba y que el terreno se cubría de cadaveres, ordenó a Lecheraine que lanzara a sus hombres sobre el portal de los Molinos, que aguantaba de manera inverosímil los asaltos, gracias a la citada batería de cañones, que sembrava de metralla las aproximaciones enemigas. Asi fracasaron los asaltos de la Vieille Marine y de los veteranos suizos. Finalmente, coordinando Cilly, Lecheraine y Châteaufort sus esfuerzos, la marea humana asaltante consiguió reventar las defensas de los supervivientes a las 5:30 am. Los pocos supervivientes, al mando de Llinàs se retiraron en buen orden hasta el huerto de Passa-pertot, devolviendo un vivo fuego a sus enemigos, que se desbordó hacia la parte de la muralla de mar, por donde comenzaba a avanzar, sin que nadie pudiera detenerlo, el valiente coronel Châteaufort.

Caida la brecha de los Molinos, no tardó que caer la del Châteaufort, que era atacado ahora por el flanco. Apenas un puñado defensores, con su capitán Ramón, consiguieron escapar. Cilly ya tenia las dos brechas, y Châteaufort progresaba a buen paso hacia la ciudad. Ante las brechas, solo quedaba el grupo de Llinàs, flanqueado por Châteaufort. Cilly decidió que, antes de lanzar el grueso sobre la ciudad, reducir los baluartes, por lo que, mientras una parte de sus fuerzas perseguía a los defensores en retirada, el resto asaltó a los baluarte por detrás, rodeandolos y dejarlos sin defensa. Un pequeño grupo de refuerzo, con el coronel de fusileros Antonio Muñoz y el teniente coroel Wahlrest, del regimiento de Sant Narcís, intentaron liberar el baluarte, muriendo en el fallido intento.

Los defensores de los baluartes se vieron perdidos. No pudiendo escapar, atacaron a la bayoneta para abrirse paso. La lucha fue dantesca. Más de cien cadáveres de los defensores permanecían en los baluartes, entre ellos Lanuza. Díez D’Aux, malherido, conseguiría escaparse milagrosamente. Después de una rabiosa lucha cuerpo a cuerpo, parte de los defensores consiguieron cruzar el muro humano que les rodeaba. Llinàs, dandose cuenta de la situación, tuvo el valor de lanzar una carga para ayudar en la salida de sus compañeros de Santa Clara, ataque desesperado que fue muy util para muchos, que se salvaron gracias a el valor de Llinàs, que pagó su osadia con la vida. Escenas similares se vieron en la parte posterior del baluarte de Levante, con feroces combates a la bayoneta.

(1) Esta unidad era nueva, y englobaba a la antigua compañía “de la quietud”, más algunos payeses, fusileros que quedaban de regimientos disueltos y de las compañías de Maestros y de Voluntarios de Aragón.


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