Archive for 29 enero 2018

Barcelona y su muralla montañosa: Collserola

29 enero, 2018

La Ciudad Condal está protegida y limitada por una de las murallas más formidables del mundo: las montañas que la rodean. Desde lo alto de Collserola se puede ver la inmensa concentración humana que se extiende desde su falda hasta el mar. Sus dos millones de árboles son el pulmón gigantesco de la ciudad.

Su nombre procede de Coll s’Erola o de Coll de l’Erola, que viene a significar “la llanura situada en la cima de la montaña”. En su cumbre más alta se encuentra el Tibidabo. Originalmente se la conocía como el puig de l’Aliga (cerro del Águila), pero los monjes del monasterio de Sant Jeroni, en el Vall d’Ebrón, la rebautizaron como Tibidabo posteriormente, cuando América era la fuente de riquezas para los comerciantes catalanes. La referencia al bíblico Tibi dabo es inevitable.

“…et dixit illi haec tibi omnia dabo si cadens adoraveris me”— “Y le dijo: Todo esto te daré si te postras y me adoras” (Mateo 4:9);

“…et ait ei tibi dabo potestatem hanc universam et gloriam illorum quia mihi tradita sunt et cui volo do illa” — “Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregado y se lo doy a quien quiero.” (Lucas 4:6).

Es fácil imaginar a algún ambicioso mercader barcelonés vislumbrando algún negocio futuro en las azules aguas del Mediterráneo. Tal vez desde allí alguno de ellos tuvo la idea de conquistar Mallorca y se la sugirió al rey Jaime I, pues en un buen día, claro y despejado (de los que ya no tenemos gracias a la maldita contaminación), se puede ver desde el Tibidabo la lejana y preciosa isla de Mallorca, uno de mis amores eternos.

Y así, coronado por el Cristo de los brazos abiertos que corona el Templo Expiatorio del Sagrado Corazón, nos vigila el Tibidabo a todos los barceloneses.

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Barcelona, la ciudad de los dos deltas

28 enero, 2018

En la antigüedad, el perfil litoral de lo que hoy es Barcelona era muy diferente del actual. La costa estaba mucho más atrás de la de hoy en día de manera que Montjuic, el Mons Iovis (Monte de Júpiter) de Pomponio Mela, era poco más que una ínsula conectada por una estrecha franja de tierra con tierra firme. A ambos lados, los ríos Llobregat y Besòs iban aportando los sedimentos que, gradualmente, fueron ganando terreno al mar y dieron pie a la ciudad.

En esa época, la desembocadura del río Besòs formaba un pequeño estuario y la costa estaba formada, en su mayoría, por marismas y lagunas. El viento formaba dunas que se formaban entre las marismas y la costa. Como ya he dicho los ríos fueron trayendo los materiales que hicieron avanzar la costa, y en los márgenes de los ríos se alzaban bosques.

Hoy en día, las paradas de metro de Llacuna (laguna) y Gorg (Poza) recuerdan levemente ese pasado remoto. La Verneda, que se encuentra ubicada en el núcleo originario del antiguo pueblo de San Martín de Provensals y que data del año 1052, hace referencia a los árboles que crecían al margen de los ríos, el aliso (en catalán, vern), aunque se aplica generalmente a los bosques situados en las riberas.

La plaza de las ratas, Barcelona

26 enero, 2018

Nadie encontrará con este nombre dicha plaza en el callejero de Barcelona. Y, sin embargo, existe. Está formada por el cruce de cuatro calles en el barrio de La Sagrera.

Las calles Filipinas, Coll, Antilles, Vallès i Ribot dejan en un su interior un amplio espacio que, originalmente, fue conocido como Camp d’en Patau (el campo de Patau).

Fue sede de un campo de fútbol, completamente inaccesible ya que estaba vallado y que servía como almacén de restos de materiales de construcción y hasta como improvisado vertedero de basuras domesticas.

En este campo de fútbol habitaba una colonia de ratas muy activa que campaba a sus anchas entre matorrales y basuras y que constituían el terror de los chiquillos del barrio. Algunos vecinos relatan que a finales de los años 60, el deporte local era la caza de las ratas, aunque sólo fuera para intentar mantenerlas dentro del terreno cercado.

La vida de la plaza se reactivó con la llegada de los inquilinos de los pisos que el Ministerio de la Vivienda construyó durante el año 1967 en la calle Vallés i Ribot. La llegada de inmigrantes a Barcelona propició la construcción de gran cantidad de viviendas destinadas para los trabajadores de barrios como la Sagrera.

La Pegaso, que hoy en día es un gran parque por el que paseé cuando viví en esa zona, era la fábrica más importante de la zona y contribuyó a la perfecta adaptación de la población autóctona integrada por inmigrantes extremeños, castellanos, andaluces, gallegos…etc… Era normal ya que todos ellos trabajaban en las fábricas. Además de en el lugar de trabajo, se reunían en los centros recreativos y bares de esta zona.

Más tarde la especulación inmobiliaria se empeñó en edificar viviendas en los antiguos terrenos del campo de fútbol abandonado, pero los vecinos pretendían que su plaza se destinase a una zona verde pública que fuese útil a todo el mundo y se enfrentaron al Ayuntamiento planteando sus reivindicaciones de una manera muy clara y directa. Sentadas, recogidas de firmas, manifestaciones…, incluso se llevó a cabo una plantada de árboles realizada por los vecinos, que, al final, disuadieron al Ayuntamiento. Éste terminó aceptando las reclamaciones de los vecinos de convertir los antiguos terrenos del campo de fútbol en una auténtica plaza.

Limpio el terreno, con árboles plantados… la tarea se tomó su tiempo. Hasta 1980 no se inician las obras de reordenación de la plaza. La plaza existe hoy casi como la soñaron los vecinos…….pero con otro nombre. El nombre popular de “la plaza de las Ratas” ha sido cambiado por el Ayuntamiento, siendo reemplazado en 1982 por otro más rimbombante: plaza de la Asamblea de Catalunya.

Pero para los vecinos siempre será la “Plaza de las ratas”.

La Huelga de la Canadiense (1919)

25 enero, 2018

La huelga de la Canadiense fue ante todo una huelga solidaria sin precedentes en la que prácticamente participó toda Barcelona, pese a la gran represión que el Ejército llevó a cabo y la hambruna que provocaba la burguesía catalana con sus cierres patronales.

En febrero de 1919 comenzó esta huelga, que posteriormente se denominaría la Huelga de la Canadiense porque empieza en la empresa eléctrica Riegos y fuerzas del Ebro, perteneciente a Barcelona Traction, Light and Power Company, limited, más conocida como La Canadiense, llamada así porque el principal accionista de la compañía era el Canadian Bank of Commerce of Toronto. Todo comenzó cuando el personal de oficinas se empezó a crear un sindicato independiente que no el gerente de La Canadiense, Frase Lawton, nunca aceptó, por lo que empleó como estrategia hacer fijos a ocho trabajadores eventuales pero con menor sueldo. Éstos protestaron, obviamente. Mismo trabajo, mismo sueldo. Esas ocho personas, precisamente, eran las que habían organizado el sindicato independiente dentro de la empresa, y fueron despedidas inmediatamente por Lawton. Cinco de los sancionados eran miembros de la sección de facturación, y sus compañeros, en solidaridad con los despedidos, se declararon en huelga el 5 de febrero de 1919. Los 117 empleados de la sección se fueron a protestar a Gobernación para hablar con el titular, que les prometió que intercedería por ellos si volvían a su trabajo. Al volver se encontraron con la policía cerrándoles el paso e impidiéndoles acceder a su trabajo, siendo informados que estaban todos despedidos, produciéndose diversos incidentes.

Los huelguistas recurrieron a la CNT, que se puso al frente de la huelga y formó un Comité de Huelga, integrado por varios de los despedidos y por miembros de la CN, siendo su cabeza principal Simó Piera. Pronto la huelga se fue extendiendo a otros sectores de La Canadiense.

Esta huelga no tardó en convertirse en una huelga popular, de modo que los huelguistas pudieron recoger 50.000 pesetas en una semana para apoyar a los los obreros que participaban en ellas. Viendo la popularidad de la protesta, Lawton propuso sentarse a la mesa el 17 de febrero de 1919 en el mismo edificio de La Canadiense. Cinco delegados acudieron a entrevistarse con Lawton, que, al saber que entre ellos estaba un miembro de la CNT, se negó a negociar y se marchó sin llegar a entablarse una negociación. Ese mismo día, al calor de esta situación, se declara la huelga en el sector textil.

A partir de ese momento, los huelguistas de La Canadiense comenzaron a interrumpir el fluido eléctrico, de manera que, para las 4 de la tarde del 21 de febrero, la ciudad quedó prácticamente paralizada aunque la otra compañía eléctrica de la ciudad, de capital alemán, la Energía Eléctrica de Cataluña, seguía suministrado energía a sus abonados. A la mañana siguiente, el paro ya era casi general.

De esta manera el 70% de la industria catalana, los tranvías o diarios se vieron afectados provocando su paro forzoso. Tras hablar con la embajada inglesa, el gobierno del Conde de Romanones se incauta de la empresa y envía a algunos elementos del cuerpo de ingenieros y de la armada. Los técnicos militares, consideraron que necesitarían cuatro días para restablecer el servicio. Milans del Bosch, capitán general de Barcelona, consideraba, al contrario del gobernador, necesario declarar el estado de guerra. El 27 de febrero la huelga en las compañías de electricidad, gas y agua es ya general​. Romanones declara ese mismo día que dimitirá cuando se restablezca el orden en Barcelona.

Ese día, el coronel Madrid, al mando del 4o Regimiento de Zapadores, ocupó la sede de la empresa en el Paralelo y llegó a Barcelona el general Martínez Anido para convertirse en el nuevo gobernador militar. El 23 de febrero, los trabajadores de la Energía Eléctrica de Cataluña se sumaron a la huelga. El paro entre las compañías eléctricas ya era total. El 26 se sumaron los trabajadores de las compañías de Agua y del Gas, una de las cuales, Gas Lebon, era de capital francés. La prensa burguesa cargaba sus tintas contra a los huelguistas, y por ello el Sindicato de Artes Gráficas de la CNT determinó impedir la publicación de los amenazantes bandos militares. Era la llamada “censura roja”.

El 1 de marzo el gobierno se incautó del servicio de aguas y el alcalde se puso en contacto con el comité de huelga. Este presentó sus condiciones, dando un plazo de dos días para contestar. Las condiciones eran: libertad de los presos encarcelados desde el 16 de enero, la apertura de los sindicatos y la inmunidad del comité de huelga. Las propuestas fueron rechazadas por el Gobierno y las compañías publicaron que todos aquellos trabajadores que no volviesen a trabajar el 6 de marzo serían despedidos.

El 3 de marzo se suman los trabajadores de la central eléctrica de Sant Adriá del Besòs. El 5 de marzo el general Milans del Bosch moviliza a todos los hombres de 21 a 38 años del ramo de la electricidad, pero el bando correspondiente, que debía aparecer en todos los diarios de la ciudad, sólo es publicado en el Diario de Barcelona. Este bando dictaba una pena de cuatro años de cárcel para aquellos que no se presentasen en sus zonas de reclutamiento.

Tras largas discusiones los cenetistas convocados a movilizarse se presentan el 7 de marzo para incorporarse a filas, pero, acto seguido, se niegan a obedecer las ordenes del capital General, pero lo que, en largas cuerdas de presos, fueron conducidos al castillo de Montjuïc, donde fueron confinados tres mil de ellos. Ese mismo día empezó una huelga en el sector ferroviario que el 12 del mismo mes ya era general.

El 13 de marzo, mientras las tropas ocupan la ciudad, llegan los negociadores enviados por el gobierno: José Morete, subsecretario de la presidencia; Carlos Montañés, ingeniero de simpatías catalanistas, es nombrado gobernador civil y Gerardo Doval es nombrado jefe de policía. A la vez se declara el estado de guerra y se mantiene la censura de prensa. El Gobierno estaba preocupado por varios motivos: la extensión de la huelga a otras zonas de influencia cenetista como Valencia, Zaragoza o Andalucía y la amenaza de la UGT de solidarizarse El 14 Montañés y Lawton se reúnen. El británico es persuadido para que acepte negociar con el Conité de huelga, que estaba en la clandestinidad. El encuentro tuvo lugar en al sede del Instituto de Reformas Sociales, junto al Borne. Se aceptaron las condiciones de los huelguistas y se firmó, esa misma noche, el convenio, que incluye las siguientes cláusulas: el final de la huelga, libertad para todo preso que no estuviera sometido a proceso, readmisión de todo huelguista sin represalias, aumento general y proporcional de los salarios de los obreros de La Canadiense, jornada máxima de ocho horas y el pago de la mitad del mes que se estuvo en huelga. Para que este acuerdo se pudiese llevar a cabo se tendría que contar con el consentimiento de los trabajadores, para ello se llevó a cabo un mitin en la plaza de toros de Las Arenas al que asistieron alrededor de 20.000 obreros. En este mitin, tras la intervención de Seguí se aceptó finalizar la huelga. La huelga había durado 45 días.

La huelga constituyó uno de los mayores éxitos del movimiento obrero español, destacando la Confederación Nacional del Trabajo, pues tras el fin de la huelga se consiguieron mejoras salariales, la readmisión de los obreros despedidos, la liberación de miles de obreros detenidos durante la huelga y el Decreto de la jornada de ocho horas de trabajo, convirtiendo a España en el primer país que promulgaba esta reivindicación obrera.

Sin embargo, el 22 de marzo, cinco personas continuaban encarceladas como consecuencia de la huelga, por lo que los militantes anarquistas reclamaron su libertad en los sindicatos, recordando a Salvador Seguí las palabras que éste había pronunciado en su mítin desde Las Arenas, celebrado el 19 de marzo, donde, además de Seguí, habían intervenido Simó Piera y Francisco Miranda. Seguí había prometido ese día en convocar una nueva Huelga General si no se liberaban a todos los trabajadores, pero ahora el dirigente sindical no estaba dispuesto a ello, pues consideraba que, tras tan larga huelga, los trabajadores estaban demasiado debilitados. Pero los más radicales formaron un nuevo Comité de Huelga, que decidió ir al paro en la noche del 23 de marzo.

Al día siguiente Barcelona amaneció nuevamente ocupada por el Ejército y por el recién constituido Somatén de Barcelona, que sería conocido por los barceloneses como la “Guardia Blanca”, que se dedicaba a cachear a los transeúntes y a romper los carnets de la CNT que encontraran entre sus pertenencias. Tres días después, la huelga termina en fracaso y los obreros intentan finalizarla, pero el gobernador civil, Montañés, en concordancia con la patronal, se niega a mediar en el conflicto, en espera de la ansiada derrota de los obreros. Se suspenden las garantías constitucionales y de nuevo dos cenetistas son encarcelados.

El 31 de marzo de 1919 se aplica por primera vez la Ley de Fugas a Miguel Burgos, secretario del Ramo de Curtidos de la CNT, que es ejecutado por las fuerzas del orden. En la primera semana de marzo de 1919 se forma la Federación Patronal Española; su primer acuerdo consistía en que para que un obrero fuera aceptado de nuevo en su trabajo, éste primero debía romper su carnet de la CNT y negociar su nuevo salario. Esta humillante medida fue rechazada y la huelga continuó.

El 4 de abril en la fábrica Gas Lebon los obreros se presenta al trabajo, pero los encargados hacen una selección de personal y los obreros, disconformes, se niegan a reincorporarse. El 12 de abril termina la huelga.
El 1 de diciembre, la patronal intenta de nuevo lograr el enfrentamiento con la CNT y la sumisión de los trabajadores, provocando un cierre patronal en Barcelona que afecta a 150.000 trabajadores y a sus familias. El 26 de enero de 1920, a petición de la patronal, se levanta el cierre, que había durado siete semanas, sin que ninguno de los obreros de la CNT entregara su carnet, que era uno de los puntos requeridos por la patronal.

La Matanza de Atocha (1977)

24 enero, 2018

El 24 de enero de 1977 tuvo lugar uno de los asesinatos más conocidos del terrorismo tardofranquista cuando cinco abogados laboralistas fueron asesinados y otros cuatro heridos en su despacho madrileño por un comando de ultraderecha.

Los fallecidos fueron Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco; el estudiante de derecho Serafín Holgado; y el administrativo Ángel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y Dolores González Ruiz, casada con Sauquillo.

Cabe añadir que una de las abogadas del bufete, Manuela Carmena, pudo evitar el atentado porque Benavides le había pedido usar su despacho para una reunión.​ Carmena es, por cierto, la alcaldesa de Madrid desde 2015.

Los terroristas llamaron al timbre del piso, stiaudo en el 55 de la calle Atocha de Madrid, entre las 22:30 y 22:45. Su objetivo era, según parece, el dirigente comunista Joaquín Navarro, secretario general del Sindicato de Transportes de Comisiones Obreras (CC. OO.) en Madrid, convocante de unas huelgas anteriores que, en buena medida, habían desarticulado la que llamaban mafia franquista del transporte. No lo encontraron, pues Navarro había abandonado el edificio un poco antes. Los asaltantes eran dos jóvenes armados más un tercero encargado de cortar los cables del teléfono y registrar los despachos.

Al no encontrar su objetivo, abrieron fuego contra los abogados. Los tres asesinos, que militaban en grupos de extrema derecha, eran José Fernández Cerrá, de 31 años; Carlos García Juliá, de 21, y Fernando Lerdo de Tejada, de 23.

Esa misma noche, varios individuos asaltaron también un despacho del sindicato UGT, en la calle Fernando VI, que se hallaba vacío.

Comisiones Obreras surgió en 1962 aprovechando los resquicios de la ley sindical franquista. El objetivo de los pistoleros, Joaquín Navarro –que fue elegido como representante de los trabajadores ante el espanto de la dirección del sindicato vertical del transporte–, celebraba asambleas en el despacho de Atocha para convocar huelgas. Por eso fueron a buscarlo allí.

Los asesinos, creyéndose bien amparados por sus contactos políticos, no se tomaron la molestia de huir de Madrid. Desconocían que para el gobierno era una prioridad capturarlos, pues su acto vertía una gran sombra y un tremendo desprestigio sobre el proceso de transición democrática.

En pocos días, la Policía Armada detuvo a Cerrá, Juliá y Lerdo de Tejada como autores materiales de los hechos, y a Francisco Albadalejo Corredera —secretario provincial del Sindicato Vertical del transporte, estrechamente vinculado con la mafia del transporte— como autor intelectual. También fueron detenidos Leocadio Jiménez Caravaca y Simón Ramón Fernández Palacios, excombatientes de la División Azul, que suministraron las armas a los asesinos, y Gloria Herguedas, novia de Cerrá, como cómplice.

El juez de la Audiencia Nacional encargado del caso, Rafael Gómez Chaparro, se negó a investigar más allá de los encausados citados. La fuga antes del juicio de Lerdo de Tejada, que continúa en paradero desconocido a pesar de que su delito prescribió en 1997, durante un permiso penitencirio que Gómez Chaparro le concedió en abril de 1979, contribuyó a profundizar estas dudas que han perdurado hasta la actualidad.La mayoría de los criminales estaban próximos a Falange Española.

La Audiencia Nacional condenó a José Fernández Cerrá y a Carlos García Juliá, autores materiales de los hechos a 193 años de prisión cada uno; 63 años a Francisco Albadalejo Corredera (fallecido en prisión en 1985); 4 años a Leocadio Jiménez Caravaca (fallecido en 1985), y a Gloria Herguedas Herrando, a un año. Era la primera vez que la extrema derecha era sentada en un banquillo, juzgada y condenada.

García Juliá se fugó 14 años después, al serle concedida la libertad condicional con todavía pendientes unos 10 años de prisión.​ Sería detenido a los dos años en Bolivia, esta vez por narcotráfico, y allí permanece en prisión, requerido por las autoridades judiciales españolas.

Por aquel entonces el PCE seguía siendo ilegal. Su secretario general, Santiago Carrillo, había regresado clandestinamente del exilio en febrero de 1976. Sin embargo, meses después su presencia era vox populi y su detención sirvió para forzar el reconocimiento y legalización del PCE. Fue detenido el 20 de diciembre de 1976 y, al no existir motivos legales para mantenerlo en prisión ni expulsarlo de España, fue puesto en libertad días después.

El día antes, otro pistolero fascista había matado de un disparo al granadino Arturo Ruiz García, estudiante de BUP de diecinueve años y natural de Granada, y sin antecedentes de ningún tipo. Arturo se encontraba en la calle de La Estrella en compañía de una joven. Al parecer, habían tomado parte en la manifestación convocada en la plaza de España y desautorizada por el Gobierno Civil. Este asesinato fue reivindicado por la banda terrorista Triple A, Alianza Apostólica Anticomunista.

El supuesto asesino de Arturo Ruiz, un hombre vinculado a las fuerzas de seguridad, escapó a Francia. La familia de Ruiz y su abogado recibieron amenazas por investigar: “Acabarás como los de Atocha”. A día de hoy, la justicia se niega a reabrir el caso.

El mismo día 24, durante las protestas por el asesinato de Arturo Ruiz, un bote de humo lanzado por las fuerzas antidisturbios hirió mortalmente a Mari Luz Nájera, de 21 años de edad, era estudiante de Ciencia Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Y ese mismo día En el mismo día el grupo terrorista de ideollgía maoísta GRAPO, secuestra al Teniente General Emilio Villaescusa Quilis, Presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar (CSJM), que causó una honda impresión al estar reciente el secuestro de Antonio María de Oriol (también por el GRAPO). Villaescusa y Oriol fueron liberados por la policía el 11 de febrero.

Al entierro de las víctimas de Atocha asistieron más de cien mil personas. Fue la primera manifestación multitudinaria de la izquierda después de la muerte de Franco, y transcurrió en silencio y sin incidentes. Le siguieron importantes huelgas y muestras de solidaridad por todo el país, además de un paro nacional de trabajadores el día después del atentado.

En abril, tres meses después, la legalización del PCE se oficializó en el denominado Sábado Santo Rojo, por ese día era sábado de la Semana Santa.

El periódico italiano Il Messaggero publicó en marzo de 1984 que neofascistas italianos habían participado en la matanza,​ tesis que fue respaldada en 1990, cuando un informe oficial italiano relató que Carlo Cicuttini, un neofascista italiano próximo a la organización Gladio (una red clandestina anticomunista dirigida por la CIA), había participado en la matanza. Cicuttini había escapado a España, donde adquirió la nacionalidad española, después del atentado de Peteano de 1972, hecho con Vincenzo Vinciguerra.

La Matanza de Atocha inspiró a Juan Antonio Bardem una película, Siete días de Enero, estrenada en 1979.

Érase una vez…

21 enero, 2018

Érase una vez un niño al que nadie quería y estaba completamente solo en el mundo.

Por eso una mañana metió una manzana, un libro y un lápiz en su mochila y se puso a andar, sin saber muy bien a dónde iba, pero con una idea muy clara en su mente: encontrarla.

Pasó por muchas ciudades y conoció a mucha gente, pero no la encontraba. Pese a ello, no desesperó y siguió su búsqueda. Y un día, cuando menos lo esperaba, ella lo encontró.

Estaba sentado en los escalones de piedra de una iglesia, pensando, mordisqueando el cuarto de manzana que le quedaba. De repente, una sombra le tapó el sol, y allí estaba ella, mirándole.

Su sonrisa era luminosa, más que el sol que perfilaba su figura, pero sus ojos eran serios. Casi tristes.

-Te he buscado durante mucho tiempo, mamá.

-Lo se -le replicó ella, moviendo la cabeza con pesar-. No pude venir antes.

-¿Me puedo ir contigo, por favor?

La sonrisa de ella le llenó de calor el alma. Ella alzó la mano y cogió la del niño entre las suyas.

-Claro.

Más tarde, el párroco del pueblo se encontró al niño durmiendo en las escaleras, con la cabeza apoyada gentilmente en la mochila y el cuarto de manzana todavía en la mano.

Por más que lo intentó, no pudo despertarlo.

La “Desbandá” de Málaga (1937) (4)

19 enero, 2018

El terror lanza a miles de persona a la carretera. La mayoría de pueblos en el camino hacia Almería no les ayudaron ante el miedo a las represalias posteriores por parte de los sublevados, que continuaban avanzando. Sin embargo este mismo miedo hizo también abandonar sus casas a muchos de los vecinos de estos pueblos situados en la costa malagueña; tal es el caso de Lagos, en el término municipal de Vélez-Málaga, donde algunos supervivientes ubican los primeros bombardeos de barcos y aviación contra la población.

Se calcula que entre 15.000 y 150.000 (otras fuentes elevan la cifra hasta 300.000) civiles huyen de Málaga. El corresponsal del Daily Worker (New York City), Arthur Koestler, escribió en su libro “Dialogue with the death”:

La carretera es un río de coches, camiones, mulas, carros, gente asustada que riñe entre ellos. Esta riada lo arrasa todo […]. Corren algunos extraños rumores por Málaga: que los rebeldes han ocupado ya Vélez, la siguiente población hacia el este, a unos 50 kms; el río de refugiados se dirige hacia una trampa mortal. Según otro rumor, la carretera está abierta pero bajo el fuego de los barcos de guerra y de aviones que ametrallan a los refugiados“.

Gamel Woolsey, esposa del hispanista Gerald Brenan, describió de este modo el horror de aquellas jornadas en su libro El otro reino de la muerte: “Un siniestro rumor que nos hizo olvidar a todos la quema de casas se propagó por el pueblo: ¡El tercio, que viene el tercio! Por el tono de las voces que oímos en la calle, era como si hubieran dicho: ‘Se ha abierto el infierno, Lucifer y su legión están sobre nosotros. Esta legión, digna de Lucifer, era lo que esperaban y la expectativa corría como una ola fría de horror sobre el campo. Nadie se acostó, todos estaban fuera en la carretera, viendo la llamarada roja de Málaga e intentando escuchar a lo lejos los pasos del enemigo que acercaba“.

Estos rumores desatan el miedo y ya nada puede detener la huída generalizada. El 8 llegan los refugiados a Torre del Mar, donde se reúnen con los que escapan del interior. Comienzan los bombardeos por parte de los cruceros Almirante Cervera, Baleares y Canarias y de la aviación nacional, que castigan sin piedad a la masa aterrada. Testigos cuentan cómo los barcos acompañaban desde el margen derecho al camino a los civiles mientras les bombardeaban.

Famélicos, aterrados, heridos, la masa de refugiados huye desesperadamente. Faltos de asistencia, arrasan con todo lo que encuentran a su paso buscando comida y arrojan sus enseres, que dificultan su marcha. El terror es absoluto.

El doctor canadiense Norman Bethune, que se desplazó expresamente desde Valencia hacia Málaga con su unidad de transfusión de sangre para socorrer a la población civil que estaba siendo masacrada. Durante tres días él y sus ayudantes Hazen Sise y Thomas Worsley socorrieron a los heridos y ayudaron en el traslado de refugiados hacia la capital almeriense.​ Esta traumática experiencia le llevaría a escribir el relato El crimen de la carretera Málaga-Almería.

“…Lo que quiero contaros es lo que yo mismo vi en esta marcha forzada, la más grande, la más horrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros tiempos….”

El diario británico The Manchester Guardian, catalogó esta huida masiva como “cataclismo humano desconocido en la historia de Europa“.

Así, entre 3,000 y 5,000 personas perdieron su vida en la “Desbandá”.

Podrían haber sido muchos más de no ser por Anselmo Vilar, el farero de Torre del Mar, natural de Lugo e hijo del que fuese a su vez primer farero de la población, que durante dos días mantuvo apagado el faro, lo que dificultó que los aviones y los barcos pudiesen ubicarse y localizar a la población que huía en este punto de la costa.

Vilar salvó a muchas personas de las ametralladoras y las bombas de esta manera, pero este acto le costó la vida, ya que pocos días después de la entrada de las tropas nacionales fue fusilado.

Ante la falta de referencia, los barcos utilizaron el faro de Torrox, que sí funcionó en los días en los que se produjo la Desbandá y se ubicaron frente a este punto del litoral, que recibió el grueso de los bombardeos.

La “Desbandá” de Málaga (1937) (3)

17 enero, 2018

El 3 de febrero comenzó el ataque contra Málaga desde Ronda, encontrando los franquistas una fuerte resistencia. En Málaga cundió el pánico entre los defensores y los civiles por el miedo a quedar aislados. El 6 de febrero los italianos tomaron las cumbres de Ventas de Zafarraya, desde donde dominaban cualquier posible retirada por la carretera de Almería. Ese mismo día se ordenaba la evacuación de Málaga y, al día siguiente, las tropas italianas entraban en los suburbios. El día 8 toda la capital estaba en poder del Ejército sublevado.

El pánico había estallado el 7, y la población huye con lo poco que puede coger. En su mayoría son, niños, mujeres y ancianos, que comienzan su huida ese mismo día por la carretera de Almería que, como ya he dicho, estaba bajo fuego enemigo. Peor todavía, cuando los italianos llegaron a las cumbres de Ventas de Zafarraya la mañana del 6 de febrero, desde ahí dominaban cualquier posible retirada por la Carretera de Almería.

El pánico cundió en parte por el miedo a quedar sitiados y en parte porque José Villalba Rubio no pudo infundir un espíritu de lucha a los milicianos de Málaga, que tampoco creyó que la población civil fuera o pudiera a defender la ciudad hasta la última gota de sangre.

La Armada sublevada apoyaba el avance de sus tropas con las baterías de los cruceros pesados Canarias y Baleares, mientras 33 cazas y 34 bombarderos dominaban el cielo. Este poderío aeronaval fue también usado para acosar a las largas columnas de civiles y milicianos que huían, provocando una gran masacre, como ya veremos.

En el intento de defensa aérea de este éxodo fue el último combate en el que participó la Escuadrilla «España» de André Malraux, la cual, a pesar de sufrir numerosas bajas durante los combates, lograron obtener algunos éxitos. A mediados de febrero Franco ordena a Queipo de Llano detener la ofensiva, lo que causó gran indignación a Queipo, ya que creía que las tropas sublevadas podrían haber conquistado Almería sin haber encontrado una resistencia organizada del Ejército republicano.

Pero eso ya es otra historia.

La “Desbandá” de Malaga (1937) (2)

15 enero, 2018

Cuando comienza la más que previsible ofensiva nacional contra Málaga, el gobierno republicano no actúa. El 17 de enero de 1937 Queipo de Llano empieza sus operaciones militares ocupando Marbella, Alhama y los territorios cercanos. En estos dos ataques simultáneos apenas hubo resistencia por parte de los republicanos y provocaron un primer éxodo de civiles hacia la capital malagueña y con ellos noticias aterradoras sobre el avance enemigo, a los que se suman las alocuciones de Queipo en la radio, que aumentan todavía más el temor en la ciudad ante la llegada inminente del enemigo. Los refugiados afluían en cascada a la ciudad y dormían sobre las losas de la catedral.

Sin embargo, las autoridades republicanas no creyeron que estos movimientos iniciaran una campaña general en el sur y no fueron enviados refuerzos. No disponían de hombres y artillería suficientes como para poder reforzar las pobres defensas de la zona, y el gobierno de Valencia tampoco podría haber enviado refuerzos y artillería ya que en ese momento la carretera costera se encontraba cortada a su paso por Motril debido a unas inundaciones. Para la defensa de Málaga sólo se contaba con con 12.000 milicianos, armados sólo con 8.000 fusiles, con poca munición y 16 piezas de artillería, y que se enfrentaban a veinte mil soldados, entre tropas del Ejército de Marruecos y los italianos del Corpo di Truppe Voluntari enviados por Mussolini para ayudar a Franco.

Peor aún es la división del mando republicano. El jefe de la zona era el coronel José Villalba Rubio, veterano de las campañas de África que había sido recientemente trasladado a la plaza andaluza desde Cataluña; contaba con el asesoramiento militar de un coronel soviético llamado Kremen, aunque existía una nula colaboración entre ellos. Tampoco la había entre Villalba y Fernando Martínez Monge, su superior como jefe del Ejército republicano del Sur, y tampoco con el jefe del Alto Estado Mayor en Valencia, Toribio​ Martínez Cabrera. Cayetano Bolívar intercambió múltiples cartas con presidente del Consejo de Ministros y ministro de la Guerra, Francisco Largo Caballero, e incluso viajó a Valencia para pedir refuerzos; pero ante sus múltiples peticiones, Largo Caballero respondió “ni un fusil ni un cartucho más para Málaga”.

¿Las autoridades republicanas dieron Málaga por perdida antes de tiempo?

Cuento corto (19)

14 enero, 2018

-Lo maté porque tenía seis dedos y porque él había matado a mi padre.
-Te apellidas Montoya, ¿verdad?
-Sí.
-Lo sabía, Iñigo. Yo soy tu padre…
-Pero si eres un ewok…


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