Safo de Lesbos, la musa censurada.

Safo de Mitilene, también conocida como Safo de Lesbos o simplemente Safo, fue una de las grandes poetisas clásicas griegas, de tal nivel que Platón llegó a denominarla la “décima musa”.

Nació en la pequeña aldea de Eresos situada en la isla de Lesbos, cercana a la costa de Asia Menor, donde pasó toda su vida en Lesbos, con la excepción de un corto exilio en Siracusa (Sicilia) en el año 593 a. C., motivada por las luchas aristocráticas en las que probablemente se encontraba comprometida su familia, perteneciente a la oligarquía local. Su padre Skamandar era un rico comerciante de vinos; tenía tres hermanos menores que ella. Su padre murió en la guerra entre Lesbos y Atenas con motivo de las disputa por Sigui, una pequeña colonia situada cerca del estrecho de los Dardanelos, estratégica para el comercio griego. Por ello Safo se tuvo que ocupar del negocio familiar, que alcanzó gran esplendor con ella.

En Lesbos, a diferencia del resto de Grecia, las mujeres tenían derecho a la educación y no estaban reducidas a las labores domésticas. Lesbos, además, era zona de tránsito comercial que recibía la influencia de diversas culturas, lo que la convirtió en un lugar muy liberal y cosmopolita. Que Safo se saliera del típico marco “clásico”, como el de Atenas, donde las mujeres estaban poco más que recluídas en casa, haría que la poetisa fuera muy criticada.

Perteneció a una sociedad llamada thiasos en donde se preparaba a las jóvenes para el matrimonio. Más adelante funda en Mitlene la llamada «Casa de las servidoras de las Musas». Allí sus discípulas aprendían a recitar poesía, a cantarla, a confeccionar coronas y colgantes de flores, etc. A partir de sus poemas se deduce que Safo se enamoraba de sus discípulas y mantenía relaciones con muchas de ellas, aunque también las tuvo con hombres, como el poeta Alceo, del que habla en sus poemas, que había participado, como ella, en la conspiración contra el tirano Pitaco. Lo primero lo convirtió en un símbolo del amor entre mujeres, reforzado este hecho por la propia producción literaria de Safista, como el fragmento 2D, donde Safo establece una conversación con Afrodita, la diosa con la que más se identifica.

Destacó sobre todas sus amadas, Atthi. Cuando la familia de ésta la retiraron de la academia para poderla casar, Safo escribió el doloroso poema “el adiós a Atthi”.

Atthi no ha regresado.
En verdad, me gustaría estar muerta.
Al abandonarme, ella lloraba.
“¡Ah Safo! Mi dolor es inmenso.
Me voy a pesar de ti……”
Y yo le respondí,
“Ve feliz, recuérdame.
¡Ah ¡Tú sabes bien cuánto te quiero”.

Safo era una mujer de corazón ardiente, y se enamoró en muchas ocasiones de forma apasionada. Embriagada de gozo una veces, y otra desgarrada por el dolor, dedica a las mujeres unas odas de calidad sublime y de incomparable sentimiento.

Pero el amor que refleja Safo no era para todas sus alumnas. Desde luego, no se trataba de una orgia, ni mucho menos, pues ella amaba a una especial de su corazón y le enseñaba importantes lecciones sobre el Amor. La unión de lo terrenal con lo divino va muy ligado a Safo, pues esta mantenía una estrecha comunicación con Afrodita, como ya he dicho, lo cual repercutió de una manera notable en la personalidad de esta poetisa. Podríamos describirla como una mujer muy femenina, delicada y espiritual, que trascendió en la historia gracias a esa naturalidad y pureza de sus versos.

Participó activamente en las luchas políticas que tenían lugar en Lesbos, y mostró su oposición al tirano que gobernaba la isla, Pitaco. Estuvo implicada en una conspiración para matarlo, y junto a otros fue detenida al ser descubierta dicha conspiración. Pitaco perdonó la vida a los conspiradores, pero tuvieron que exiliarse en torno al año 593 a. C.

Salió camino de Siracusa, donde permaneció unos seis años. En su estancia en dicha ciudad se casó con el rico mercader Kerkilos, que era mucho mayor que ella, con la que tuvo una hija llamada Kleis. Durante su estancia en Siracusa desarrolló una vida intelectual muy intensa, estuvo en contacto con las otras culturas mediterráneas, que le enriquecieron muchísimo a nivelo personal.

En esta época, Safo se convirtió en el centro de la vida cultural y artística de la ciudad siciliana. Su marido falleció al poco tiempo del matrimonio, dejándole una gran fortuna económica. Seis años después, Pitaco levantó el castigo a sus conspiradores y Safo pudo regresar a Lesbos. Pitaco, que era un buen gobernante, se ganó el respeto de las gentes, incluso de sus antiguos conspiradores. Cuando éste falleció, Safo en su entierro tuvo palabras de elogios para él.

No existen muchos datos biográficos sobre ella, y sólo se conocen algunos poemas y fragmentos extraídos de citas tardías (tradición indirecta) y de papiros. De la obra poética, que nos queda de Safo, destacan las poesías dedicadas a las mujeres y alguna a sus tres hermanos. Escribió nueve libros de odas, epitalamios o canciones nupciales, elegías e himnos, pero se conservan una mínima parte de ellos. Escribió sus obras en el dialecto aeólico y sus poemas alcanzaron una gran difusión en el mundo griego, romano y bizantino. Prácticamente todo lo que sabemos de su vida lo deducimos de sus poemas. El contenido amoroso de sus poemas propició toda clase de habladurías y rumores sobre su vida. Sus poemas se recitaban y conocían en la Atenas del s. V a. C. Más tarde, en Roma, los poetas latinos alaban sus poemas. Ha sido probablemente la poetisa más traducida y más imitada de la antigüedad clásica.

Safo y su compatriota Alceo son considerados los poetas más sobresalientes de la poesía lírica griega arcaica, de la que Terpandro y Arión son precedentes. Son, además, los únicos representantes de una producción literaria lesbia. De su obra, se han conservado también ejemplos de lírica popular en algunos epitalamios, cantos nupciales —adaptaciones de canciones populares propias de los amigos del novio y de la novia que se improvisaban en las bodas—. Estas canciones se diferenciaban del resto de sus poemas, más intimistas y cultos, para los cuales creó un ritmo propio y un metro nuevo, que pasó a denominarse la estrofa sáfica.

En la poesía de Safo, que se caracteriza se caracteriza por su sencillez expresiva, su intimismo y su profundo sentimiento, no se puede encontrar una visión sistemática ni por lo menos definida de la sociedad griega; lo más probable sea que la política y la historia hayan sido para Safo temáticas demasiado masculinas. Su obra plasma solamente su visión del estrecho círculo social en que ella vivía, que se reducía a sus alumnas y a su familia, y del cual no describe prioritariamente su estilo de vida sino sus vivencias interiores. Esto hace que la obra de Safo carezca de una perspectiva histórica y crítica de la sociedad griega. La sensibilidad y delicadeza propias del mundo femenino son las protagonistas de sus poemas; sentimientos encontrados con su círculo de alumnas, como los celos, el amor, la decepción, la alegría y la rivalidad; no son censurados sino que son plasmados en su total extensión. El mundo sáfico es un mundo femenino, la rudeza y fuerza son descartadas totalmente de sus poemas aunque la figura masculina está presente en algunos de éstos, quizá solamente como un complemento de la femenina.

Cabe considerar la obra poética de Safo como revolucionaria, en cuanto que da una visión del mundo, desde la óptica femenina, en contraposición a la visión dominante masculina, donde el mundo heroico, la violencia, la poesía épica del momento y las gestas militares son las dominantes en aquel mundo.

Safo habla en sus poemas de la pasión amorosa que se apodera del ser humano y se manifiesta en diversas formas, como los celos, el deseo o una intangible nostalgia. Ejemplo de esto se encuentra en el Himno en honor a Afrodita, el único poema que nos ha llegado completo de toda su obra. Podría considerarse como una oración, una súplica dirigida a la diosa del amor para conseguir su ayuda y lograr así el amor de su enamorada. Parece que no es la primera vez que Safo invocaba a la diosa para esto mismo, en el poema Afrodita habla directamente a Safo y le pregunta por los motivos por los que la llama de nuevo. La descripción de la diosa bajando del cielo en su carro rodeada de alegres gorriones, sonriendo responde a una de las imágenes más evocadoras de la diosa.

Su poesía sirvió de fuente de inspiración a poetas, como los latinos Catulo y Horacio. A partir de la época alejandrina se intentó conservar su obra y descubrir nuevas partes. En 2004 se encontraron nuevos fragmentos de Safo​ que amplían y mejoran sustancialmente uno de los que ya se existían de ella. En este nuevo fragmento ampliado, Safo se lamenta del paso de tiempo y plasma de forma magistral los efectos de la vejez en su cuerpo y carácter utilizando el mito de Titono, el enamorado de Eos, la Aurora, la diosa de dedos rosados, quien pidió a los dioses que convirtieran a Titono en inmortal, pero olvidando pedir para él la eterna juventud. Como consecuencia de ello, Titono es el eterno viejo, no se muere nunca, pero siempre se va haciendo más viejo. Se trata de un símil con el que Safo se identifica, puesto que en su calidad de educadora se ve como Titono frente a sus alumnas siempre de la misma edad, siempre inmortales de alguna forma.

Casi todos sus poemas nos han llegado lamentablemente de forma fragmentaria por vía indirecta, es decir, gracias al testimonio de otros autores que los mencionan. Uno de entre ellos es aquel en el que describe lo que podrían considerarse «síntomas de la enfermedad del enamoramiento», aplicable a todo enamorado, del que contamos con una maravillosa versión del poeta latino Catulo, y el fragmento en el que dice que no hay en el mundo nada más maravilloso que el ser a quien uno ama.

Safo ha adquirido el nombre de «la décima musa» por su resonancia e importancia dentro del mundo de la poesía. De su producción literaria son pocos los fragmentos que se han podido rescatar, pues su obra comenzó a desaparecer cuando, en 1073, el Papa Gregorio VII ordenó quemar todos los manuscritos con los poemas sáficos, considerados inmorales y pecaminosos, con lo que se perdió para siempre una parte muy importante de su obre poética. Antes ya se habían destruido obras suyas, tal y como sucedió en Constantinopla en el siglo IV d.C.

Se sabe que Safo murió ya madura en el año 570 a C. En sus últimos poemas muestra un estado de ánimo placentero, feliz consigo misma y con las cosas que le rodean.

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Una respuesta to “Safo de Lesbos, la musa censurada.”

  1. pippobunorrotri Says:

    ME GUSTA

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