Construirme o destruirme.

“La mayor desgracia de un ser humano es apuntar bajo y que le vaya bien”.
Michellangelo Buonarotti.

Es cierto. Algunos actos nos descolocan completamente. El factor miedo al que me referí en una entrada pasada. La sensación de impotencia que surge en nuestras mentes también es determinante.

Todo esto hace que no podamos usar todas nuestras capacidades. Y esto no son meras palabras, sino la constatación de un hecho. Tenemos que abandonar esta excusa típica, “soy como soy y no puedo cambiar”. Nos tenemos que quitar este lastre y probar de qué somos capaces.

¿Que me limita? Hay que identificarlas, porque si no sabemos lo que nos limita no nos podemos liberar.

Es malo creer que vivimos en un mundo hostil y no en uno benevolente. Si confiamos (llámale Dios, llámale Motor Inmóvil Aristotélico), dejaremos atrás un gran peso. Si nos liberamos de los pensamientos pesimistas e inmovilistas, podremos avanzar, ni mejor ni peor, simplemente podremos avanzar y dejar atrás las sombras en las que nos hallábamos, la mal llamada zona de confort que, en realidad, es un pequeño infierno que, como nuevos Sísifos, nos encadenan a nuestros miedos y nos impiden mejorar, porque una actitud defensiva nos limita.

El mundo real es mucho mejor que cualquier de nuestras representaciones mentales. Pero primero tenemos que darnos cuenta de ello. Por eso debemos explorar, indagar, reflexionar y abandonar nuestros esquemas mentales previos. Hay que confiar más en nosotros y explorar más allá de nuestros confines.

“Nuestros juicios son la expresión de una percepción profundamente limitada, pero para nosotros no hay cosa más amplia”. Juzgamos sin saber, sin conocer el contexto, sin preguntar. Seamos inteligentes.

Así aprovecharemos mejor nuestras oportunidades.

Si algo falla, analicemos qué es lo que no funciona e intentemos mejorarlo. ¿Que te has equivocado? Pues vuelve a intentarlo tantas veces como haga falta. ¿Que alguien te dice que no sirves para eso? Escúchate a tí mismo, no a quien no te conoce, porque si crees lo que otro te dice, que no vales, eso va a ser real.

Busca algo que te inspire, que te anime. No podemos hacerlo todo, pero sí algunas cosas. Confía en que el mundo es más bondadoso de lo que piensas; actúa con la seguridad de que puedes hacer más de lo que piensas. Y ves probando. Investiga y comprueba, no cojas nada como si fuera el evangelio. Investiga por tí mismo y verifica lo que puedes hacer. Si puedes, no importa lo que puedan decir los demás.

Valemos, sin importar si te ven los otros o no. Si los otros no ven lo que vales, es problema de su vista. Si sabes que vales, eso no determina como te sientes. No es cuestión de decir “yo valgo más que nadie”. Yo valgo.

Tú vales. Ella vale. Nosotros valemos. Vosotros valéis. Ellos valen.

Si esperamos a que las cosas no vayan bien, no irán. Espera que te vayan bien, adaptándose al ritmo natural de las cosas. Así te moverás de otra manera, con otro ritmo, otra energía. ¿Que tropiezas? Pues aprende y sigue adelante. Si te detienes y te desanimas te quedarás atascado para siempre.

Hártate de estar harto. Enfoca tus valores y tus energías a tu favor. No te desanimes, no pierdas la confianza. Si te fijas un objetivo que crees que puedes y te esfuerzas, puedes lograrlo, aunque sea tras mil intentos.

Gracias, doctor.
Gracias, E.

Yours truly,
Jack.

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