Archive for junio 2019

El retorno de Fu Manchu (27)

30 junio, 2019

Whitehall, Londres
2 de febrero 1937

-Verá, sir Dennis, no es que no me tome en serio lo que usted me dice -dijo sir Stanley Baldwin con firmeza-, porque lo hago. Como todos los nuevos primeros ministros desde 1914, he leído los protocolos Fu Manchu, y me es familiar la amenaza que representa. Estoy muy preocupado al verle activo de nuevo, tras creer que había muerto tanto tiempo atrás que esa enfermedad suya que proporciona al Quomitang me resulta muy preocupante, pues apunta a una colaboración entre el gobierno de Chiang Kai-Chek y el Si-Fan. Pero realmente no hay mucho que yo pueda hacer.

-Pero, seguramente, reforzar nuestras fuerzas armadas…

-Nos estamos rearmando, de eso puede estar seguro, pero no podemos hacer nada demasiado obvio para no probocar a los alemanes. Además existen otros problemas ara este gobierno.

-¿Así que no va a hacer nada? replicó Nayland Smith con desánimo.

-No he dicho eso. Lo que voy a hacer es ponerle a usted al frente de una subdivisión especial del Servicio Secreto que responderá directamente ante el Primer Ministro. No estoy demasiado impresionado con Sir Hugh, pero ahora no puedo destituirle y, desde luego, necesito información sobre Fu Manchú. Podrá disponer de todo lo que necesite, dentro de unos límites, por supuesto… ¿Tiene algún lugar en mente como base de operaciones?

– Obviamente, Hong Kong, porque tendremos que movernos por China para investigar, pero no puedo trabajar desde las oficinas del Servicuo Secreto.

-Queda autorizado para hacerse con cualquier local que le sea necesario. ¿Ha pensando en alguien para formar parte de su gente?

-Me gustaría mantener a mi secretaria del MI6, Miss Monneypenny, y al alférez James Bond. Y como un experto asociado… a un arqueólogo americano llamado Henry Jones. que me ha ayudado mucho en mis investigaciones. Creo que un buen historiador y etnólogo como él podría serme muy útil para comprender los motivos de Fu Manchú, ademas de sus conocimiento de lenguas asiáticas. Asimismo, necesitaré un equipo de forenses, científicos, criptógrafos…

-Los tendrá. Ahora, dejemos de perder el tiempo, sir Dennis. El futuro del Imperio puede depender de ello.

Microcuento #2

28 junio, 2019

Gabriel Rufián ha sido detenido con dos miembros de su banda cuando intentaban asaltar el Banco de España por segunda vez en dieciocho meses.

Microcuento #1

26 junio, 2019

Alberto Carlos Rivera, el conocido galán de culebrones como «Los ciudadanos también lloran», se ha ido de vacaciones a Marrakech con su novio Mohammed.

Feeling Good

23 junio, 2019

Esta semana la he pasado inmerso en una idea ajena que me encantaba. Una amiga mía, MC, quería apoyar a su manera a un comedor social y por ello, por mi conocimiento del tema (fui voluntario durante tres meses en uno, hará unos cuatro años), me reclutó para tal fin. Que sea rubia y tenga un tipazo no me influyó para nada (jaquenoniná)

Así que me he pasado los últimos seis días ayudándola a recoger comida y encontrar voluntarios para dar de comer a aquellos que están al borde de la exclusión social. Con el apoyo de un verdadero experto en el tema, W, y un cocinero único (The One), logramos encontrar un local enorme y llenarlo de sillas y mesas.

Teníamos tres horas nada más, porque luego el local debía volver a su función original y debía ser reacondicionado de nuevo (una sorpresa de última hora). Así que hemos improvisado y, tras un comienzo realmente catastrófico que casi lo mando todo al cuerno, nos hemos dividido en dos mitades, una haciendo las veces de comedor de urgencia y la otra de banco de comida. Así, entre comidas servidas y paquetes alimenticios repartidos, puedo decir que hoy ciento catorce personas han comido caliente gracias a esta pequeña acción nuestra.

Y, citando a Nina Simone, I’m feeling good.

El retorno de Fu Manchu (26)

19 junio, 2019

Un monasterio shaolin
en algún lugar de China
31 de enero de 1937

Shang, monje shaolin desde su infancia y ahora Maestro del Monasterio, caminaba junto a uno de sus monjes,uno llamado Zhong, por el bosque de pagodas. La nieve crujía bajo sus sandalias mientras conducían al demonio extranjero a su destino. Vestido con los ropajes simples de un chino, el demonio se dejaba llevar dócilmente, pese al amenazador aspecto que la cicatriz de su rostro le confería. Shang agradecía su mansedumbre, aunque no dudaba de que podría reducirlo con sus conocimientos del Kung-Fu, pues no le apetecía tener que arrastrar semejante corpachón. Cuatro acólitos del Shi Fan lo acababan de dejar en el monasterio, junto con una carta en el que Fu Manchu explicaba sus deseos respecto a ese hombre.

-¡Quién es, Maestro? – preguntó Zhong, mirando la cara del hombre con expresión inquisitiva.

-El señor Fu lo ha enviado para que lo entrenemos. Creo que piensa que podemos convertirlo en un asesino.

-¡Bah! – Zhang exclamó con disgusto – El señor Fu debería saber que es demasiado viejo para ser entrenado.

-De hecho, NOSOTROS no vamos a hacerlo. Las instrucciones del señor Fu nos indinan que debemos entregárselo al maestro Chiun. Tal vez sea el discípulo que estaba esperando.

-¿Chiun? ¡Ese loco coreano? Que ke vaya bien… no deja de molestarnos con sus charadas sobre la superioridad de todos los coreanos en general y la suya en particular sobre los chinos. Y todavía no le he visto enfrentarse con los estudiantes en el patio.

-Mejor no. El Maestro Chiun es el único que conoce diversas tradiciones diferentes a las nuestras, una de ellas poco apropiadas para un monje. En pocas palabras, alguien podía salir herido con facilidad.

-¿Va a poder poner en forma a este viejo? Tendré que verlo para creerlo -exclamo Zhang negando con la cabeza.

***​

Otto Skorzeny se despertó tumbado en un suelo de madera primorosamente pulido y dentro de una habitación perfumada con incenso y decorado según un antiguo estilo chino. Los panales de madera estaban cerrados y la luz llegaba de unos braseros encendidos en varios puntos. No estaba solo.

Un pequeño hombre oriental, tal vez de uno 60 años y vestido con unos pantalones negros y una túnica estaba sentado frente a él, aparentemente perdido en sus meditaciones.

Skorzeny recordaba las interminables horas, días y semanas de cruel tortura hasta que había confesado su amor por Fah Lo Sue y admitió su culpa. ¿Por qué le había costado tanto? Por supuesto que amaba a Fah Lo Sue. Siempre lo había hecho. Era increíblemente bella, inteligente y educada, además de completamente dura, decidida y carente de debilidad alguna, además de una amante incansable… ¿Por qué tuvieron que torturarle tanto para que reconociera lo obvio?

-Porque soy el mayor dumkopf en la historia del hombre, por eso – murmuro para si mismo.

-¡Por supuesto que lo eres! -exclamó el anciano chino en un alemán cargado de acento extranjero -Pero eso no altera que ahora eres mi aprendiz, ya que esa es la voluntad de mi actual jefe, el señor Fu. El buen señor Fu. Le he dicho cientos de veces que para entrenar a un discípulo en el arte del Sinanju se necesitan quince años, no menos. ¿Me ha hecho caso el señor Fu? ¡Nooooo! ¡Un año, me dijo! ¡Un año y ni un día más es lo que tengo para convertirte, montón de mierda de caballo viejo en un noble luchador del arte del Sinanju! Y no eres coreano siquiera…

Skorzeny miró al anciano con cara de pasmo: – ¿Sinanju? ¿Qué es Sinanju?

Chiun suspiró:

-No eres muy listo, que digamos… ¿los torturadores de Fu te han dado demasiados golpes? A partir de ahora me llamarás Maestro, so imbécil.

Furioso, Skorzeny comenzó a levantarse, pero rápidamente fue derribado, inconsciente, por el anciano. Apenas pudo ver venir a Chiun. Sacudiendo la cabeza, volvió a incorporarse.

-Lo vas a lamentar, pequeño chino… -lanzó varios golpes salvajes con sus puños, pero no tardó en caer de nuevo, derribado por un golpe del coreano que lo dejó rugiendo de dolor. Chiun presionó su cuello con dos dedos y el dolor cesó.

-Bien, aprendiz, pregunta de nuevo, pero esta vez con educación.

Viendo que estaba completamente fuera de su nivel, Skorzeny obedeció: ¿Qué es el Sinanju, maestro Chiun?

-¡Muy bien! Ya has empezado a ganar en sabiduría, aprendiz. Qu{e es el Sinanju, preguntas… fácil: Sinanju es Sinanju. No es Ninjutsu. No es Kung Fu. No es Karate. No es Jiu Jitsu. No es Tae Kwon Do. Y, desde luego, no es Savate, algo sólo digno de los franceses, que son peores que los blancos.

-Pero los franceses son blancos -protestó Skorzeny.

-Silencio, destructor del bello silencio. El Sinanju es la base de todos estos artes, salvo del Savate, cuyos orígenes están, afortunadamente, perdidos para siempre para la civilización, es decir, para Corea. Sinanju es el gran arte marcial, los otros meros reflejos. Sinanju es el todo. Sinanju es la perfección. Tú, aprendiz, ¿tienes algún conocimiento de las artes marciales?

-Bueno… tras la guerra se prohibió que Austria tuviera un ejército regular, así que no he recibido entrenamiento militar, aunque puedo disparar muy bien.

Chiun hizo una mueca de dolor.

-Me temo que este va a ser un año muy largo, aprendiz…

Ocio

16 junio, 2019

Tú, que eres
descostunbrado ocio de mi carne,
una sombra que a sí misma se delata,
no más cierta que este desierto
que pone distancia entre
nuestros dos sexos.

Valmont, el seductor, segunda parte

13 junio, 2019

Con Madame de Tourveil, Valmont hará lo mismo. La perversión en este caso consiste en lograr que ella misma se entregue tras, como con la joven pupila, desarmarla con su avasalladora palabra, hasta que la dama se rinda, agotada por el asedio implacable del vizconde. Así arrasará la voluntad de la dama para imponerle su voz. No es sólo su cuerpo el que desea, es también su ser. Para ello la mortifica de con un sutil sadismo que el Divino Marqués hubiera aprobado, por cuanto pone en jaque la hipocresía social que Tourveil representa (el deseo sojuzgado por los prejucios morales y religiosos).

Al final Valmont saldrá victorioso, por supuesto, mediante su estrategia, digna del más breado general en campaña, que no se detendrá ante nada para lograr su objetivo. Valmont es el guerrero vencedor, el dominante, que no se ata a su víctima. La voluntad de goce, la satisfacción sin freno que domina al vizconde tiene un problema, sin embargo: su actividad no está siempre encaminada a satisfacer su propio deseo, sino el de otra persona.

Irónicamente, Valmont, que ha impuesto su voz sobre Cecilia y Tourveil, terminará cediendo la suya a Madame de Merteuil, cuando copiará y rubricará con su firma la carta que ésta le exige que presente a Tourveil informándola de que su amante la abandona. La gran «empresa» de Madame de Merteuil no era tan sólo vengarse de su ex amante, sino también en reducir a Valmont a la función de mero instrumento: el vizconde se convierte en el falo de la de Merteuil y así, él, que se ha desvivido en sus empresas asegurando el goce de la marquesa, una vez el instrumento ya no es necesario, la marquesa se deshace de él de la manera más simple: publicando la correspondencia que tan imprudentemente el vizconde le hizo entrega, cosa que, eventualmente, terminará con la muerte en duelo de Valmont.

Pero, ¡jugada maestra!, un moribundo Valmont cerrará el círculo y, al entregar su correspondencia a Danceny, su matador y también amante de la de Merteuil, ocasionará el derrumbe social de la dama, que terminará desfigurada por la viruela (¿la cara es el reflejo del alma?).

Así el duelo final entre los dos libertinos termina por destruirlos. Los grandes secretos que tan celosamente han guardado por mutuo interés son desvelados, dejándolos indefensos ante la sanción moral y social.

Sin embargo, esto no llevará el triunfo y la satisfacción a sus víctimas. Todo lo contrario. En un final que me recuerda al de la Justine sadiana, la virtud no es recompensada. Valmont no es tan severamente castigado como su cómplice y enemiga, pues, en su venganza, hace suya la defensa de sus víctimas silenciadas y así les devuelve su voz que les había sido arrebatada durante la seducción, reduciéndolas al silencio. Sin embargo, la de Tourveil muere de dolor al saberse abandonada y engañada por Valmont y ser consciente de su degradación moral, Cécile volverá a ingresar en un convento y allí terminará sus días. A los supervivientes de la tragedia no les va mejor: Madame de Rosemonde, Madame de Volanges y Danceny pierden a sus seres queridos.

Con el desastre consumado, con Valmont redimido y Merteuil arruïnada, la lección parece ser: no dejes testimonio de tus actos. Se perverso, se cruel, pero que nadie pueda probsrlo.

El retorno de Fu Manchu (25)

12 junio, 2019

Cuarteles del MI6,
Londres, Regent’s Park
7 de enero de 1937

Sir Hugh Sinclair, más conocido en el Servicio Secreto como “C”, se reclinó en su asiento y desapareció tras una nube de humo de su puro. Tenía unos 65 años, cabello banco como la nieve y bigote, lo que le daba un aspecto similar al de Papa Noel y no al de un agudo director de operaciones de inteligencia. En lo que se refería a Dennis Nayland Smith, no le parecía ni lo uno ni lo otro.

-Pero Sir… -comenzó Nayland Smith, intentando contra toda esperanza que su mensaje se escucha.ra

-No, no, Dennis. Ya he tenido suficiente de sus fantasías hasta ahora. No voy a tomar como válida la palabra de un nazi renegado austríaco sobre el canciller alemán siendo el esclavo de algún gangster chino. ¡Qué le podría explicar al primer ministro? ¡Baldwin se pensaría que me he vuelto loco!

-¿Algún gangster chino? -Nayland Smith enrojeció mientras luchaba por no ponerse furioso – ¡Señor, estamos hablando de Fu Manchú!

Apenas unos meses atrás, la solida evidencia de que el maligno doctor estaba vivo le hubiera enviado directo a encontrarse con el primer ministro. Ahora, los cambios sufridos por la política internacional habían cambiado las prioridades del gobierno.

C suspiró de nuevo.

-Verá, Dennis, esa obsesión suya con ese chino no es saludable.El Peligro Amarillo es cosa del pasado. China no es un peligro para nada desde hace siglos, y ahora está en ruinas. Hoy tenemos grandes problemas con los que tratar, como por ejemplo lo que está sucediendo en España y esa espantosa revolución. Es obvio que no podemos permitir que los bolcheviques se nos cuelen por la puerta de atrás, ¿verdad que no?

Nayland Smith apenas podía creer lo que estaba escuchando.

-¿No le preocupa por lo que está haciendo Hitler? Dios sabe lo que estará planeando, pero por lo que conozco a Fu Manchu y su odio hacia nosotros, con Hitler en su bolsillo, sólo puede significar una cosa: ¡GUERRA!

C se inclinó hacia adelante, con aire amenazar.

-Escuche, y escúcheme bien, Sir Dennis: Hitler no es una amenaza para este país. Todas las sugerencias al repecto sólo son propaganda de los rojos y de los judíos, y no quiero escuchar nada más. La Rusia bolchevique y el Comintern son nuestras verdaderas amenazas, no Alemania y no con un coolie ignorante que se hace llamar doctor.

-¿Downing Street piensa como usted respecto a la amenaza alemana, señor? preguntó Nayland Smith con tranquilidad.

-No ,por desgracia no -replicó sir Hugh con tono sombrío.- Ese idiota de Eden no para de hablar de la amenaza alemana. No le podemos dar más munición desde el servicio secreto. El primer ministro no puede perder el tiempo con nada que no sea la crisis española.

-Ya veo. Bien, entonces ya tengo claro lo que debo hacer, sir Hugh. Gracias por recibirme – Nayland Smith se levantó con rigidez de su asiento.

-Es un placer, caballero – exclamó C con voz afable, ofreciéndole la caja de puros -. Coja un par. ¡Son Montecristos! Es un regalo del “Caudillo” español, el general Franco, por un favor que le estamos haciendo en Gibraltar. ¿Muy amable por su parte, no cree?

Nayland Smith rechazó educadamente la oferta con un gesto de la mano y se retiró sin más palabra. De vuelta a su oficina, se dirigió a su secretaria, una rubia preciosa. Desde que trabajaba para él, había dejado claro que era tan eficiente y experta como la más veterana de todas.

-¿Sí, Sir Dennis?

-¿Podría llamar a la oficina del primer ministro para conseguir que me den día y hora para un encuentro con él, por favor?

-Inemdiatamente señor -replicó ella mientras cogía el teléfono.

-Ni una palabra de esto a nadie del edificio, ¿entendido?

-Por supuesto, Sir Dennis -replicó la secretaria con firmeza

Divertido por la seriedad de sus gestos, Nayland Smith sonrió

-Muy bien, señorita Monneypenny. Siga, por favor.

El retorno de Fu Manchu (24)

10 junio, 2019

En alguna parte de las montañas del sur de China
Fortaleza secreta de Fu Manchú
Enero de 1937

Fah Lo Suee, cuya figura estaba deliciosamente resaltada por su ceñido vestido de seda, azul y plata, se arrodilló ante el trono de Fu Manchú. La habitación eran grande, espaciosa, y oscura, pura piedra iluminada por los débiles rayos del sol que entraba por algunas pequeñas ventanas situadas en lo alto de la sala. Sólo el rugido del viento en las montañas, apagado por los gruesos muros de piedra, rompía el silencio.

-Padre, me has llamado.

-Así es, mi hija favorita. Has probado ser muy útil, más que ninguno de los otros tres miembros del Consejo de los Siete. Casi estoy dispuesto a confiar, sino fuera porque aprendí en su idea lo peligrosa que es esa locura. Ahora mismo no puedo ni imaginar que estás planeando detrás de esa bella mirada, aunque estoy muy seguro que se trata de destronarme y asesinarme. Estoy muy orgulloso de tí.

-Gracias, padre. Eres muy amable – Fah Lo Sue hizo otra reverencia.

-En absoluto. Tengo una tarea para tí, una que estoy seguro que no vas a disfrutar. Pero primero, dime cómo progresan los prisioneros alemanes.

-Austriacos, padre. Son austriacos, no alemanes – Fah Lo Sue corrigió suavemente a su temible progenitor.

-¡Austriacos, alemanes, qué me importa eso! -Replicó Fu Manchú- ¡He dicho que me informes!

-Sí, padre. No he tenido problemas para convertir a la mujer, porque tiene una debilidad inherente en su personalidad. Es una devota católica y a la vez una ardiente nazi. Sólo tenía que reforzar ese lado de su personalidad de manera que no puede pensar que su gran Führer es el esclavo de nadie. También usé la hipnosis para borrar todo rastro de cualquier investigación que hubiera hecho sobre el doctor Morrel. Hannah Reitsch cree ahora que Morrel tuvo algún sordido asunto con una prostituta china…

-¡Esa eres tú! -interrumpió Fu Manchú interrumpió bruscamente a su hija, buscando provocarla. Pero ella no pestañeó siquiera.

-Sí, padre. En esencia, ella cree que no encontró nada extraño en su investigación, que es lo que dirá a sus jefes, Himmler y Göring. Fue fácil convencerla de esto ya que eso era lo que ella quería creer de todos modos. Morrel y su poder sobre Hitler no será descubierto. También cree que su camarada, Otto Skorzeny, quiso quedarse en China a estudiar artes marciales, lo que no es del todo falso, ¿verdad, padre?

-No, no lo es. ¿Has logrado romperle, por fin? No voy a hacer esperar a los reverendos monjes.

-Eso creo, padre. Fue difícil de derrotar. Mis poderes hipnóticos no tenían más que efectos limitados sobre el, y como es un completo nihilista, había poco que hacer por mi parte en términos de valores o debilidades. Para ser un occidental, tiene ideas muy sólidas sobre el poder el más fuerte, pero no están acompañadas por el respeto de la sabiduría, la edad y la tradición, como sería en el caso de un chino. Más allá de un cariño un tanto romántico y mal definido por la cultura alemana, en la que él se incluye con el resto de sus camaradas austriacos, nada le importa salvo él mismo.

-Intersante… ¿cómo conseguir que tal hombre nos sirva¿ ¿Qué hiciste, hija favorita?

-Tuve que usar los estímulos más elementales: el dolor. Le sometí a las más refinadas torturas, sin dañar su cuerpo permanentemente. Al principio estaba dispuesto a cooperar, pero era obvio que todo era una mentira destinada a darle una oportunidad para escapar. Cuando continuamos con la tortura, preguntó qué queríamos de él. Eso se lo expliqué después de cada sesión. Le inyecté tu suero de la verdad y le pregunté que sentía por mí y si consideraba que se merecía su sufrimiento. Si respondía que me quería y que él era responsable de su situación, la tortura terminaría.

-Me imagino cuáles fueron sus primeras respuestas – replicó Fu Manchú sonriendo. Su hija se puso a reir como una escolar depravada.

-Sugirió que hiciera varias cosas que son físicamente imposibles, aunque por otra parte podrían ser muy interesantes…

Fu Manchú arqueó una ceja.

-Lo podrás usar para tu placer cuando haya terminado su entrenamiento, si así lo deseas, pero no antes. Por cierto… ¿cuánto tardará tu tratamiento en empezar a funcionar? ¿Dos días? ¿Tres? ¿Una semana?

-Le estado sometiendo a sesiones de dieciséis horas al día durante los dos últimos meses, y sólo comenzó a ceder en los últimos días. Ahora afirma comprender nuestras acciones, dadas las circunstancias. Unos pocos días más y besará el suelo por el que camino y sólo se culpará así mismo por su sufrimiento.

A pesar de sus esfuerzos, Fu Manchú se estremeció al pensar en la agonía sufrida por el alemán.

-¡Bendito Buda! ¿Es ese hombre de carne, como el resto de nosotros? Estaba en lo cierto al suponer que podría sernos útil, pero empiezo a pensar que es mejor matarlo, ¿Acaso es posible convertir a un tigre en mascota?

-¿Matarlo? ¡No, padre! Será mi obra de arte, el mejor asesino que jamás haya servido al Si-Fan. ¡No podemos desperdiciar este potencial!

-Muy bien, hija, te has ganado tener algo que decir al respecto. Sobre tu siguiente misión. Confío en que tus sirvientes podrán terminar el trabajo con Skorzeny por tí…

-Eso creo, padre. Les he entrenado yo mismo y son muy capaces. ¿Qué es lo que quieres que haga?

Fu Manchú se apoyó en el respaldo de su trono.

-Me preocupan los soviéticos. Nos podrían aplastar como moscas si lo desean. Nuestros ejércitos, ni animados por el Alma del Dragón, `podrían con sus decenas de miles de tanques. Tenemos que debilitar sus fuerzas y he decidido atacar a su líderes militares. Quiero que viajes a Moscú. He arreglado que Chiang te otorgue un cargo en nuestra embajada. Quiero que te reúnas con el marsical Tuchachevsky, lo seduzcas, y, mediante tu hipnósis, que le hagas creer que hay una gran conspiración en el ejército para derrocar a Stalin, y, sobre todo, los nombres sus sus supuestos cómplices. Otros agentes están sembrando sospechas sobre el mariscal entre las filas de la NKVD, por lo que tendrás que ir deprisa. Por otra parte, nunca te ha costado desnudarte, ¿verdad?

Fah Lo Sue inclinó su cabeza para ocultar a su padre su mirada llena de ira y su tensa mandíbula. La misión estaba muy por debajo de su nivel, pero habái que obedecer la voluntad de Fu Manchú.

-Como ordenes, padre.

-Si, como yo ordene. Recuerda eso siempre, hija favorita, o el destino del austríaco podría parecerte, algún día envidiable. Ahora, ¡vete!

Mientras se retiraba y dejaba a su padre en su silenciosa meditación en el trono, Fah Lo Sue no pudo evitar un pequeño estremecimiento, sin que los aullantes vientos del exterior tuvieran nada que ver.

Valmont, el seductor, primera parte

8 junio, 2019

Leyendo este delicioso análisis que Valérie Tasso hace de la versión cinematográfica de Stephen Friars de la novela «Las Amistades Peligrosas», de Choderlos de Laclos, una frase de Valérie me ha inspirado:

Nada pone más a un seductor que la resistencia considerable del seducido y nada le enaltece más que las más hábiles estrategias para vencer, como si no se quisiera, esas resistencias.

¿Cómo seduce Valmont? ¿De qué armas se vale para ello?

Toda la novela gira en torno a las maniobras de la marquesa de Merteuil y el vizconde de Valmont para seducir y lograr sus propósitos. Ella quiere vengarse de un ex-amante, el conde de Gercourt, para lo que su amigo (y ex amante) el vizconde debe seducir a Cécile de Vollanges, la joven prometida del traidor que la abandonara La venganza de la marquesa será convertir a Gercourt en el hazmerreír de Paris.

Nuestro anti-héroe, por su parte, desea seducir a Madame de Tourvel, que no sólo es bella, sino además profundamente religiosa. Seducirla y, sobre todo, lograr que traicione todos sus principios es lo que realmente emociona a Valmont. Ambos son inteligentes y astutos libertinos que unen sus fuerzas para conseguir un mayor poder, centrando éste en la destrucción de unos seres inocentes.

Así que la marquesa le hace una oferta que el vizconde no puede rechazar. En cuanto haya seducido a la de Tourvel, la de Merteuil se le entregará durante una noche, pero no antes de que haya sido primero probada la seducción… por escrito. La palabra es poder, como ya comentaré luego. Que la madre de Cécile dificulte la empresa de Valmont sólo sirve para espolear su determinación y su empeño de lograr su objetivo a cualquier precio.

Para ello, usan sus armas, que son todas, siendo la principal la palabra, oral o escrita, con la que seducen, confunden y manipulan sentimentalmente a sus víctimas. Aquel que sea dueño de la palabra, posee el poder, y a su vez lo legitima. Dios es el Verbum. A aquel que tiene el poder y la palabra se le escucha y se le obedece. Si las cartas, como dice Danceny («C’est alors qu’une Lettre es précieuse«), se convierten en el bálsamo del receptor o la receptora, pues recrean a la persona que la escribe, más poder tiene la palabra directa, pues emana de la boca, de la carne, tangible y al alcance de la mano… si uno se atreve. De nuevo es Danceny quien nos confirma este extremo, aunque sea refiriéndose a una carta, cuando escribe a Cécile y deja claro el poder que tiene para un enamorado la palabra de la amada: «Ah! dites un mot, et ma félicité sera votre ouvrage. Mais, avant de prononcer, songez qu‟un mot peut aussi combler mon malheur».

Por tanto, el arma de los dos libertinos será la palabra, esgrimida con astuta y refinada crueldad; y el silencio, lo que no se dice, no sólo sirve para omitir y ocultar, sino también para engañar y manipular. Por último, el silencio ayuda a restringir la información que se transmite a la otra persona. Prueba de este poder es la carta 81, en la que la marquesa se quita la careta para mostrarse ante su cómplice tal como es, en toda su grandeza libertina, y deja claro que conoce bien el poder del silencio, hasta el punto de formar el núcleo de sus armas de mujer. El silencio permite observar, reflexionar y escuchar tanto lo que se dice como lo que se calla, además de ser el refugio donde esconder las ideas propias de los demás.

Por tanto, Cécile, desbordada por la capacidad retórica del vizconde y alentada por la propia marquesa, que no sólo es pariente de la madre de Cécile, sino además la confidente de la hija, acaba rindiéndose. Es «instruida» en los placeres del libertinaje, tal y como le dice su «profesor», que emplea un lenguaje estrictamente técnico, que, en cierto modo, demuestra que Cécile para él no es nada personal, sino, meramente, una cuestión de orgullo, de amor propio. Hay que mantener una reputación. Y Valmont le enseña a Cécile las delicias del «catecismo del libertinaje».

Una de sus argucias más retorcidas será narrar a Cécile las más escandalosas aventuras supuestamente cometidas por la propia madre de ésta. Así lo justifica Valmont: es el medio más eficaz para depravar a una joven; si no respeta a su madre, tampoco se respetará a sí misma. En cierto modo, me recuerda la tremenda escena de «La filosofía del tocador», donde otros «instructores» (Dolmancé y Madame de Saint-Ange), instruyen a a Eugénie, una adolescente virgen que acaba de salir del convento. Así «la bien nacida» terminará totalmente corrompida, como Cécile. De esta manera, cuando, en el séptimo diálogo entra en escena la madre de Eugénie para tratar de apartarla de sus «instructores», esta es sorprendida (también es traicionada, como Cécile, pero por su marido, el padre de Eugénie y gran amigo de Madame de Saint-Ange) y, con el consentimiento de su hija, torturada hasta la muerte. Dolmancé, así ultraja «al mismo tiempo la naturaleza, el cielo y las leyes más sagradas de la humanidad«.

Aunque Laclos no llega al extremo de Sade, la perversión del papel madre-hija y la erosión de la autoridad materna están también presentes, y de ello hace uso Valmont mientras seduce a Cécile con una subversión de la ley. Si para la sociedad la ley rige el deseo, Valmont, por su parte, convierte en ley a su propio deseo.

(continuará…)


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