Archive for julio 2019

El retrato de la señora Canals

30 julio, 2019

Cuando Picasso se instala en París en 1904 ya de manera definitiva mantiene el contacto con varios de sus amigos de Barcelona, entre ellos Ricard Canals. En Bateau-Lavoir viven los dos pintores y sus respectivas parejas —Picasso y Fernande Olivier, Canals y Benedetta Bianco—, surgiendo entre ellos una a relación muy cercana: según Fernande, Picasso se pasaba los días en el estudio de Canals y Benedetta cocinaba mágicamente para todos cuando los recursos económicos eran escasos. De ahí surgió el retrato de Benedetta.


Pablo Picasso.
La señora Canals [Benedetta Bianco].
París, [otoño de] 1905.
Óleo y carboncillo sobre tela. 90 x 70 cm.
Museu Picasso, Barcelona.
Aportación del Ayuntamiento de Barcelona, 1963.

Benedetta Bianco nació en 1870 en Cervaro, una localidad de Frosinone, región de Lacio, a unos 150 km al sur de Roma. De ella sólo sabemos que a principios del siglo XX se instala en París, «donde se convierte en modelo para artistas como el pintor impresionista Edgar Degas y el escultor Albert Bartholomé, y donde conoce a Ricard Canals» (1), su futuro marido, con el que se casaría en 1906. Canals, por cierto, había llegado a la capital francesa en 1897. Pronto su estudio en el Boulevard de Clichy se convirtió en la residencia de la pareja, cerca del legendario cabaret Le Chat Noir. «Después se trasladaron a la calle de Víctor Massé y, más tarde, a la de Girardon; siempre cerca de Montmartre. Naturalmente, también frecuentaban el famoso Bateau-Lavoir, donde se concentraba la bohemia parisina: fue allí donde Canals y Bianco se convirtieron en amigos íntimos de Pablo Picasso y Fernande Olivier».

Benedetta «hacía de todo» en esa época: además de posar para Canals y sus amigos, buscaba compradores de cuadros, grabados y dibujos, y asumía el papel de ama de casa y secretaria»(2). Ella «confortaba, animaba y estimulaba a Canals hasta el punto de convencerlo de seguir pintando después de largas jornadas de trabajo» (3). La pareja se casó en 1906 y poco después tuvo un hijo, a quien llamaron Octavi. Viuda desde 1931, Benedetta murió a los 88 años en Barcelona, en 1958.

Pintado durante el otoño de 1905, este retrato se encabalga entre el final del periodo azul y la época rosa del pintor malagueño. Sin embargo, el retrato de Benedetta «es muy diferente tanto en la temática de esta etapa del pintor, centrada en el mundo circense, aunque mantiene el estilo y los colores pastel cálidos. En el retrato predomina el rostro serio y distante de la protagonista, con elementos típicos del tipismo español, característicos de la obra de Canals» (4). Asimismo, este retrato es parte del diario personal de Picasso. Como ya hiciera durante su visita a Horta de Sant Joan, el pintor refleja sus vivencias en sus cuadros.

Así mismo, las influencias de dos grandes maestros de la pintura son muy apreciables en esta obra en particular: «la armoniosa espiritualidad que desprende el retrato de Benedetta, que evoca a La dama del abanico de Velázquez», (5), que introduce a Picasso en el retrato psicológico.

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Diego Velázquez
La dama del abanico
c.1635
Óleo sobre lienzo, 95 cm × 70 cm
Localización: Colección Wallace, Londres.

Sin embargo, mientras que la mirada de Vélázquez se centra en toda la figura femenina, el interés del genio malagueño de centra en el rostro de Benedetta, dejando el resto de su figura por perfilar, llegando incluso a una ligera desproporción de sus formas.

Asimismo, la ubicación del foco de atención en el rostro del personaje, que contraste con el fondo apenas trabajado «rememora a Jean Auguste Dominique Ingres, cuyos lienzos Picasso descubrió un año antes de retratar a Benedetta, cuando durante su viaje definitivo a París […] Este acontecimiento está recogido en la serie de dibujos realizados por Picasso […]. Al año siguiente volvería a encontrarse con la obra del genio francés, dado que una de sus pinturas estaba expuesta en la muestra anual del Salón de Otoño de París» (6).

Tanto Velázquez como Ingres serán fuente de inspiración para Picasso a lo largo de su carrera, tal y como demuestran el retrato de Felipe IV de 1897-1898 y la serie Las Meninas, ambos parte de la colección del Museo Picasso, y la famosa Las señoritas de Avignon, actualmente en el MoMA de Nueva York.

Hacia verano de 1905 Picasso adopta un estilo más sobrio y clásico. El retrato de Benedetta constituye, pues, una obra extraordinaria que no sólo «ejemplifica esta nueva dirección y las influencias de otros artistas en Picasso, sino que, junto con el retrato de Fernande con mantilla negra (Guggenheim Museum, Nueva York), compone un fantástico testimonio visual de la estrecha relación que existía entre Picasso y Canals, así como con sus respectivas parejas, en aquellos duros pero emocionantes primeros años de Picasso en la capital francesa» (7).

(1) http://www.blogmuseupicassobcn.org/2018/07/habitants-museu-benedetta-bianco-senyora-canals/?lang=es, julio de 2019
(2) Ídem.
(3) Ídem.
(4) http://www.blogmuseupicassobcn.org/2016/06/sra-canals-benedetta-bianco-picasso/?lang=es, julio de 2019
(5) Ídem.
(6) Ídem.
(7) Ídem.

microcuento #8

29 julio, 2019

Han Solo y Chewbacca fueron arrestados en un motel de carreteras por delitos contra la moral. Mientras que la Protectora de Animales se ha llevado a Chewbacca a uno de sus albergues, Solo continúa en estos momentos detenido en comisaría a la espera de pasar a disposición del juez.

Amar al diablo (II)

27 julio, 2019

Se había ido cuando la mañana se asomaba en el horizonte, la hora en la que los amantes se deslizan por las sombras y se marchan a casa. Estaba muy tocada, muy hundida, como si le fallaran las fuerzas para llegar a la calle. Había jurado que se iba para siempre.

-¿Me devuelves las llaves? – le dije como mezquindad de despedida.

-Claro, no las voy a volver a necesitar – me dijo con aquella sonrisa triste que tantas veces le había visto en la cara, cuando ella me desconcertaba y me dejaba lleno de dudas.

Me las lanzó. Las vi volar con una grácil curva por el aire y caer a mis pies, pero no le di el gusto de verme agacharme a recogerlas. En su cara se había fijado esa sonrisa triste, tibia, que se llevó consigo cuando bajó por las escaleras.

El retorno de Fu Manchú (31)

25 julio, 2019

Mukden, Manchukuo
Cuartel general del ejército expedicionario imperial nipón en China
15 de septiembre de 1937

James Bond pensó que su nuevo uniforme de la Royal Navy le sentaba de maravilla, aunque no pudo evitar sonreír al tener que dejarlo en el armario para la próxima misión que le había llevado a Mukden: conseguir un ejemplo dela fiebre de Jade. No debería ser difícil conseguir una muestra de sangre de un soldado infactado con el virus, puesto que el principal hospital de campaña nipón estaba en Mukden, junto con el cuartel del general Shunroku Hata. Sabía que Nayland Smith y el doctor Jones (su padre… pensó, todavía reacio a admitir ese hecho), estaban llevando a cabo una misión paralela al otro lado de las líneas, simulando ser corresponsales de guerra, para hacerse con un ejemplar de la droa del Alma del Dragón.

El papeleo necesario para conseguir que el subteniente Bond actuara como observador militar para el Imperio Británico había costado muchísimo, y, aún así, Bond tenía un acceso limitado. Algunas zonas, simplemente, eran demasiado secretas para que se acercara siquiera. Eso importaba poco, pues no espiaba a los japoneses. Lo único que le interesaba eran sus enfermo, lo que no era, precisamente un gran secreto militar.

Escoltado por el capitán de infantería Koji Kabuto, Bond caminaba por una de las fangosas calles de Mukden camino del hospital. Kabuto era un hombre decente, y habían charlado bastante durante sus excursiones por la vida nocturna de los burdeles militares nipones, aunque Bond había esquivado por los pelos entrar en ellos. No le atraían especialmente.

Pronto llegaron al hospital y vieron las interminables hileras de tiendas, cada una conteniendo en su interior a un centenar de pacientes. La enfermedad causada por el virus había sido devastadora, tanto por la enorme cantidad de casos críticos como de pacientes debilitados. Los japoneses tenían un problema enorme.

Kabuto iba en cabeza, atravesando los controles de seguridad facilmente con el pase firmado por el general Hata hastau na de las tiendas. Dentro las filas de camas se extendían de punta a punta. Los enfermos tenían un péismo aspecto y se escuchaban murmullos y lamentos por doquier. El olor a miembros gangrenados, vomitos y desinfectante eran sofocantes.

Mientras Kabuto maldecía a los chinos por usar unas armas tan poco «deportivas», Bond observaba con atención a las bellas enfermeras que atendían a los heridos. No era dificil imaginar un hospital en Flandes, durante otra guerra…

-¿Se encuentra bien, teniente Bond -preguntó Kabuto al ver palidecer al británico. Había escuchado que los occidentales eran unos flojos, y al parecer era cierto.

-Sí, sí… es el olor… ¿podemos infectarnos con esta fiebre de Jade? – Aunque no fuera mortal, el virus planteaba unos problemas tan obvios que enfermar era una perspectiva poco agradable.

-No se preocupe, teniente – contestó Kabuto con una sonrisa condescendiente-. Nuestro doctores están seguros de que la fiebre no es contagiosa. Sólo el patógeno puede transmitirla. De otro modo, sería inútil, pues podría contagiar a los mismos soldados chinos. ¿Seguimos?

-Un momento, quiero hablar con los doctores -dijo Bond aproximándose a las batas blancas, que estaban examinando un caso-. Buenas tardes, caballeros, soy el sub-teniente Bond, James Bond, de la Royal Navy. ¿Les puedo hacer algunas preguntas?

El doctor de más rango sonrió:

-Caramba, teniente, su japonés es bastante bueno, pero no hace falta que sea tan formal. Este paciente está en la etapa terminal de su enfermedad, y no creemos que pase de esta noche.

-¿Sería posible obtener una muestra de sangre? -preguntó Bond – Quizás nuestros doctores podría nencontrar una cura para esta enfer…

-¡No! -gritó Kabuto- ¡Para eso necesita el permiso expreso del general Hata! Él es el único que puede darle ese permiso, señor.

Bond suspiró. Tocaba visitar al general…

Amar al diablo (I)

23 julio, 2019

Me he negado a verla. En la misma puerta del depósito de cadáveres me he dado la vuelta. Ella lo habría comprendido. Prefiero recordarla viva, incluso cuando se fue, con aquella expresión en su cara, el sábado, cuando apenas amanecía. Había jurado que se iba para no volver.

No me imaginaba que iba a cumplir su promesa al pie de la letra.

Así que le he dado la espalda al hospital y me he metido en el coche. No he llegado a poner los pies en el vestíbulo. Creo que he aguantado la respiración hasta que he llegado a casa. Ahí es cuando he dejado ir mi desesperación.

Joder, que no he dejado un mueble entero. El salón ha quedado convertido en un pequeño Beirut, pero el resto de la casa ha quedado escrupulosamente intacto.

El retorno de Fu Manchú (30)

21 julio, 2019

Hong Kong,
20 de julio de 1937

Dennis Nayland Smith dejó su ejemplar del South China Morning Post sobre la mesa de café, al lado de su gin tonic

-El gato ha salido a cazar ratones, me temo. Guerra con Japón… Dios mío.

Él y James Bond, recién ascendido a subteniente, estaban sentados en la terraza de un bar de Kowloon, no demasiado lejos de la casa, de apariencia común, donde se alzaba el cuartel del servicio secreto para la «operación FM». La mayoría de los presentes, chinos, creía que Nayland-Smith y Bond eran amantes, lo que divertía al primero y no tanto al segundo. Dado que les daba una excusa para que les vieran juntos sin levantar sospechas, ninguno de los dos intentó aclarar el malentendido.

Tras pedir otro Martini seco, bebida a la que parecía haberse aficionado desde su primer encuentro, Bond preguntó:

-Esto es lo que esperábamos, ¿verdad? -Bond había perdido su costumbre de saludar según la etiqueta militar, para alivio de Nayland Smith, que, dada las circunstancias, era feliz de no ser tomado por un practicante de juegos de amo y esclavo.

– Así es, muchacho, así es. Con cientos de miles de soldados chinos consumiendo la droga de la guerra de Fu Manchú a diario, tendrán que estar enviándose cargamentos en masa al frente. La seguridad no puede ser omnipresente, así que tenemos que aprovechar la oportunidad.

-¿Y el patógeno? -preguntó Bond.

-Ese es otro tema. No sabemos el método de propagación. Bombas, artillería, viento… -replicó Nayland Smith encogiéndose de homros.

-No creo que sean las bombas. Los chinos apenas tienen una fuerza aérea -replicó Bond

-Cierto, pero tal vez sólo hagan falta unas pocas bombas para extender la infección. Tenemos que investigar, tanto detrás de las líneas chinas, como periodistas, y de las japonesas… ¿como observadores internacionales, tal vez?

Nayland Smith suspiró de repente, sonriendo con tristeza.

-¿Parece irreal, no es cierto? Aquí estamos, bebiendo tranquilamente en la terraza de un bar, cuando, a unos pocos kilómetros ,un país está en guerra, luchando por su existencia. Por una vez podría simpatizar con Fu Manchú… los japoneses son un enemigo brutal, y si él está ayudando a los chinos, quizás tengan una oportunidad.

Bond asintió.

-La ofensiva ha pillado por sorpresa a Tokio, ciertamente. ¿Cree que Fú está manejando sus hilos?

-Tal vez. Una pena que Shangai esté a punto de caer. Tal vez incluso Nanking.

-¿Qué se esperaban? -replicó Bond mirando la primera página del South China Morning- Concentraron todas sus mejores divisiones al norte de Beijing. Es lógico que los japos les ataquen en cualquier lugar desprotegido.

-Supongo que intentan recuperar la iniciativa de manos japonesas. Aunque también es verdad que no todas sus mejores tropas están en el norte. Tienen el 3er Ejército de Campaña en Zhanjiang. Debería poder detener cualquier avance hacia Hainan.

Bond guardó silencio por un tiempo.

-Supongo que será una guerra larga. Los chinos son más fuertes de lo que los japoneses esperaban, pero tampoco para derrotar a sus enemigos, así que esto puede eternizarse.

Terminando su bebida, Nayland Smith se puso en pie. Fuera a durar mucho o poco, ellos tenían dos misiones por cumplir.

microcuento #7

19 julio, 2019

José María Aznar, el conocido deportista, ha logrado vencer a sus problemas con el alcohol y proclamarse nuevamente campeón mundial de paddel. «Soy más fuerte que la botella», exclamó después de su victoria.

El retorno de Fu Manchu (29)

14 julio, 2019

Manchuria,
frontera chino-japanesa
12 de julio de 1937

Todo empezó cuatro días después. En las horas que precedieron a la declaración de guerra nipona contra la República de China, una extraña enfermedad se extendió entre las divisiones japoneses acampadas a lo largo de la frontera chino-machuriana. Las caras se volvías verdes o del color de la ceniza mientras una fiebre ardiente se apoderaba de los enfermos. Cuando llegó la orden de avanzar, los soldados japoneses lo hicieron, pero sin su habitual vigor. Los «banzai» que acompañaban a la escucha de las órdenes del día eran menos potentes.

Entonces los chinos atacaron: diecisiete divisiones de infantería avanzaron en un ataque en masa contra Zhangjiakou. Estaban bien equipadas y bien entrenadas, con adecuado apoyo artillero, en lugar de los habituales ataques de la milicia. Loa japoneses, enfermos o no, defendieron el terreno encarnizadamente, abatiendo a centenares de soldados atacantes con sus ametralladoras, morteros y cañones. Pero los chinos continuaron avanzando contra las líneas enemigas. Fue una carnicería. Como animales salvajes, los soldados nipones destriparon con sus bayonetas al enemigo. Los japoneses, a pesar de estar debilitados por la fiebre jade, lucharon con valentía y murieron sin retroceder un paso, causando grandes bajas a los chinos.

El general von Falkenhausen y el generalísimo Chiang-Kai Chek estaban en el puesto de mando del germano, recibiendo los primeros informes. El puesto de mando era una simple tienda con una mesa sobre la que se desplegaban los mapas, rodeada por radios y sus operadores. El general tenía un estado mayor principalmente alemán, con sólo algunos oficiales chinos actuando como enlaes.

-No corren o se rinden, generalísimo – comentó von Falkenhausen-. ¿No les afecta la Fiebre Jade?

-No les afecta tanto como a la chusma con la que combatimos en Sinkiang. Son soldados del Ejécito Imperial japonés, educados con el código del Bushido. No hay nadie más valiente o fanática en el mundo que ellos – declaró Chiang con admiración, si bien a su pesar.

-¿De verdad? -Falkenhausen levantó una ceja – Pensaba que su reputación había sido exagerada por sus tropas para excusar sus derrotas anteriores.

Ignorando el ofensivo comentario, Chiang prosiguió.

-No se rendirán bajo ninguna circunstancia y combatirán y morirán sin ceder un paso. Cuando pierdan toda esperanza, calarán bayonetas y se lanzarán a la carga. Sí, sentirán la enfermedad debilitandoles, pero no cederán a ella.

-Interesante. Lo que los japoneses tienen es el equivalente a la droga del Alma del Dragón, sólo que sus logros proceden del adiestramiento en lugar de la medicina.

-¡Herr General, la primera línea enemiga ha caído, nuestras tropas asalta la segunda!’ informó uno de los operadores de radio alemanes.

-¿Bajas? -preguntó von Falkenhausen con el mismo tono con el que hubiera preguntado por el precio de un periódico.

.Muy graves en las compañías de vanguardia, de un veinte a un treinta por ciento, igeras en el resto… – la radio cobró vida de repente, mientras el operador guardaba silencio-. ¡Herr general, el enemigo retrocede!

-Ahí va el mito del invencible ejército japonés, generalísimo. Al general Ming: ¡lance la caballería a la carga!

Detrás de la infantería china esperaban ocho divisiones de caballería mongol, esplendidamente equipadas con sables, subfusiles, ametralladoras ligeras y artillería remolcada por cañones, que habían avanzado al ritmo de los soldados de a pie. Ahora, al llegar la orden de ataque, una masa de caballos y hombres se lanzaron al ataque en la carga de caballería más grande de la historia: 96.000 jinetes y sus monturas cayeron sobre los nipones en retirada como un tsunami. Sus líneas se disolvieron bajo los cascos de los atacantes y pronto los jinetes chinos empezaron a prender fuego a camiones, lanzando granadas a posiciones de artillería y arrasando posiciones de retaguardia. Los salvajes de la estepa no mostraron misericordia ni con los heridos ni con los que se rendían, aunque de estos últimos hubieron muy pocos casos.

-¡Una ruptura completa, herr general!-gritó un jubiloso operador de radio. La victoria había tardado menos de dos horas en llegar. Las divisiones de Terauchi se retiraban en completo desorden.

-¡Gut, gut! Llame a Ming. ¡Que no se detenga hasta que lleguen a Fuxi!»

Chiang Kai-Chek sonrió feliz. El sueño de toda su vida, expulsar a los invasores y devolver a China su poder, grandeza y prosperidad era por fin posible. Los japoneses habían sido derrotados. No eran superhombres, después de todo.

Una noticia rompió el buen humor: los japoneses habían desembarcado en Hainan y en Nantong. Apenas unas pocas unidades de la milicia se oponían a los invasores, que avanzaban bajo la cobertura de la artillería naval.

Nantong estaba al otro lado del río Amarillo, que lo separaba de Shanghai y Nanking, la capital provisional. Quizás, pensó Chiang el precio de la victoria iba ser más alto de lo previsto.

microcuento #6

13 julio, 2019

Era una mujer que, cuánto peor estabas, más te quería.

microcuento #5

10 julio, 2019

Pedro Almodovar ha anunciado el reparto de su nueva producción. La extraña pareja, un remake del clásico hollywoodiense, estará protagonizada por dos clásicos galanes del cine español de los años 80: Felipe González y Alfonso Guerra.


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