Barcelona y Picasso (1)

El Museo Picasso de Barcelona ocupa hoy una superficie cinco veces mayor que cuando fue inaugurado en 1963, recibiendo y es uno de los más populares de la ciudad condal, con más de millón y medio de visitantes al año.

Para que el primer museo monográfico del mundo dedicado a Picasso se abriera en Barcelona en pleno franquismo, cuando el artista era todavía persona non grata para la dictadura, hizo falta una intrincada red de diplomacia y relaciones públicas llevada a cabo por políticos, familiares, amigos y conocidos del artista. Pero la pieza angular de este singular esfuerzo fue a sólida amista de Pablo Picasso y Jaume Sabartés.

Picasso y Sabartés tenían la misma edad, pues apenas se llevaban cuatro meses. Con dieciocho años se conocieron en la Barcelona de 1899, cuando Sabartés estudiaba en la Llotja de Barcelona donde el padre de Picasso impartía clases de dibujo y de la que el propio artista malagueño había sido alumno. Ambos eran clientes habituales de Els Quatre Gats, y allí nació su amistad.

Ese año Picasso pintó por primera vez a Sabartés, repitiendo en 1900 con su «Sabartés: Poeta Decadente»;​ y en 1901, cuando Sabartés dejó Barcelona y se trasladó a París, hizo dos pinturas más de su amigo. En 1901 Sabartés, como todo aspirante a artista que se precie, viaja a París, y se reúne con Picasso a finales de octubre de ese año. Defraudado por su fracaso para consolidarse como escritor en la capital gala, Sabartés regresa en la primavera de 1902 a Barcelona y se reintegra a su círculo de “Els Quatre Gats”.

En marzo de 1903 se anunció como Jacobus Sabartés y dio una lectura en prosa en “Els Quatre Gats”, que no fue satisfactoria. En noviembre alquiló un par de habitaciones no muy lejos de las de Picasso, enfrente de Llotja. Ese mismo año Picasso lo retrató una vez más.

En abril de 1904 Picasso regresó a París y Sabartés organizó su viaje a Guatemala, a donde llegó el 21 de julio, permaneciendo allí hasta que en 1935 recibe una carta de Picasso que le cambiará la vida. El artista, que ya es una celebridad consagrada, le ofrece un empleo como secretario personal. Sabartés acepta el puesto. Tras veinte años trabajando junto al genio, Sabartés, dueño de más de trescientos grabados, una escultura y varios dibujos y pinturas, toma la decisión de donar su colección. Y, por consejo del propio Picasso, se decide a donarla a la ciudad de Barcelona.

¿Por qué Barcelona y no Málaga? Barcelona era el escenario de sus recuerdos comunes, el lugar donde habían emprendido juntos sus primeras aventuras artísticas. Allí seguían viviendo familiares de Picasso y numerosos amigos de juventud.

(continuará)

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