La última batalla de Custer (8)

Seis días de constante búsqueda condujeron al destacamento de Custer hasta la orilla norte del turbulento río Yellowestone, cerca de su confluencia con el río Bighorn, sin lograr dar caza a Toro Sentado. Cuando las tropas de caballería intentaron cruzar el río, la fuerte corriente casi los arrastra río abajo. De milagro no se ahogó nadie. Esa noche, Custer acampó en un lago campo de arena junto a la orilla norte, con la intención de intentarlo de nuevo a la mañana siguiente, antes de que los lakotas estuvieran demasiado lejos para alcanzarlos.

Toro Sentado había dejado de correr. Tras convocar a todos los guerreros de los poblados lakotas y cheyennes situados a un día de camino a caballo, Toro Sentado regresó al río con 500 guerreros a primeras horas del 11 de agosto. Los guerreros no fueron demasiado discretos. El teniente Charles Braden, al mando de los centinelas nocturnos, estaba seguro de haber escuchado el galope de caballos en la oscuridad. Un explorador crow le advirtió que los indios atacarían al amanecer y Braden advirtió a Custer, que subestimó sus palabras con aire de superioridad.

El alba le dio la razón a Braden. Con los primeros rayos del sol, los indios abrieron fuego contra nosotros. Custer reaccionó con tino, envió dos compañías río abajo y dos río arriba para impedir que los indios cruzaran más allá de sus flancos. Mientras, Braden subió con 20 hombres para vigilarlos.

Los lakotas, en efecto, atravesaron el Yellowestone para sorprender a Custer en ambas orillas. Mientras, Braden se vio en problemas cuando subió la cresta pues se encontró con un gran números de lakotas. En la refriega siguiente, Braden fue herido en la pierna izquierda, destrozando su hueso y quedando lisiado de por vida. Custer envió a un escuadrón para dispersar a los indios, que escaparon hacia el río.

En el banco de arena el 7º de Caballería repelió un ataque proveniente del sur justo cuando resonó un cañonazo anunciando la llega de Stanley. Los nidios se retiraron, perseguidos por el 7º de Caballería durante 13 kilómetros hasta que los indios se dispersaron por completo, mientras Toro Sentado y las familias congregatas en la otra orilla del río huían.

A coste de cuatro muertos y tres heridos, Custer rechazó dos cargas indias y causó 40 bajas al enemigo. Su osadía y su suerte legendaria se hicieron famosas otra vez.

Finalizada la incursión de Stanely, los lakotas y los cheyennes volvieron a su actividad principal: guerrear con los crow.

El resto de la expedición del Yellowstone fue rutinario. Los agrimensores lograron su objetivo al completar el trabajo que Baker había dejado abandonado. Pero el comisionado de Asuntos Indios temía que la incapacidad del ejército para lograr una victoria envalentonara a los indios. Sherman también lamentó que no se hubiera producido un golpe decisivo, pero por el momento no se pudo hacer más, pues la falta de efectivos en el Departamento de Dakota impedía lanzar una campaña de invierno. Así le dijo a Sheridan: “me imagino que es mejor que dejemos que las cosas sigan su curso natural hasta que el conjunto de indios cometa algún ato que justifique una guerra final“.

Irónicamente, la expedición del Yellowstone no sólo no logró nada de una importancia duradera, sino que aceleró además el fin de la Northern Pacific Railway y la fortuna de Jay Cooke. La resistencia lakota espantó a los inversores, y la Jay Cooke & Company cerró sus puertas, lo que precipitaría el Pánico de 1873 .

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