La última batalla de Custer (10)

Las tropas de Custer entraron sin encontrar resistencia en las Black Hills. El 27 de julio los dos mineros se pusieron manos a la obra, hallando una veta cinco días después. No era muy grande y no merecía demasiados esfuerzos. Pero la fiebre del oro atacó el campamento. Durante dos días los soldados estuvieron buscando oro antes de que Custer pusiera fin a estas actividades. El máximo hallazgo fueron unas cuantas pepitas que no valían más de dos o tres centavos de oro por batea.

El 7 de agosto un explorador llevó un informe de Custer a Sheridan en el que el primero elogiaba el potencial de las Black Hills como terreno forestal y para cría de ganado. En cuanto al oro, Custer fue muy prudente, pero el explorador entregó las notas de los periodistas, algunas de las cuales anunciaban a bombo y platillo que habían encontrado “yacimientos a ras de suelo”. Esto, en el país sumido por la crisis causada por el pánico de 1873, desató el furor. Pronto se organizaron expediciones de prospección a lo largo y ancho de la frontera. Algunos escritores imaginativos empezaron a producir guías sobre el “Nuevo El Dorado”.

El 31 de agosto Custer volvió a Fort Abraham Lincoln. Su búsqueda de un lugar para construir el nuevo fuerte de Sheridan no tuvo éxito. Nadie le dio importancia. Apenas hubo retornado al fuerte, Custer comenzó a anunciar que los informes sobre la bonanza de las Black Hills no sólo eran ciertos, sino que las perspectivas eran todavía mejores. Mientras Custer avivaba los enfrebrecidos sueños de los desempleados, Sheridan intentaba calmar la histeria. “El color del oro se puede encontrar en cualquier parte de los actuales territorios del Oeste, pero, con frecuencia, su cantidad se reduce a unas cuantas partículas que son las que le dan el color”.

No todo el mundo creyó las historias de Custer. Tanto el geólogo de la expedición, un eminente profesor, como el hijo del presidente, Fred Grant, no habían visto oro y recelaban de los hallazgos de los buscadores. Los periódicos de la Costa Este ridiculizaron la oromanía como un engaño de los especuladores para resucitar la Northern Pacific Railway. Era inútil. Los buscadores de oro ya llegaban a decenas a las Black Hills. Sheridan carecía de la autoridad para expulsarlos y aquellos a los que las patrullas de la caballería escoltaban hasta más allá de las colinas, volvían a colarse de hurtadillas.

Hacia la primavera de 1875 el gobierno necesitaba una respuesta definitiva sobre el debate, pues en el caso de que las Black Hills contuvieran una gran riqueza, se debía iniciar el proceso para derogar el título de propiedad indio. O dicho de otro modo, para arrebatar a los lakotas parte de la reserva que se les había prometido a perpetuidad. Para ello el geólogo Walter P. Jenney entró en la zona para investigar, lo que enfureció a Sheridan, pues frustraba sus esfuerzos por alejar a los buscadores de oro, casi unos mil, según los cálculos de Jenney.

El 8 de noviembre de 1875 Jenney presentó sus informes. No había suficiente oro para que los buscadores batearan el lecho del rio, pero se podía obtener un buen beneficio a través de acequias y con una inversión moderada de capital. Sin embargo, cinco días antes de recibir el informe, la Administración Grant decidió en secreto el destino de las colinas negras. Antes incluso de que el profesor hubiera llegado allí, el gobierno había comenzado a dar los primeros pasos para desposeer a los indios de sus tierras. Cuando Nube Roja llegó a Washington con intención de hablar del problema de las raciones, se escuchó con que el Gran Padre no quería escuchar las quejas de sus hijos. Grant les dijo a los jefes que si recibían raciones era sólo por su generosidad, pues no tenían ya ninguna obligación. Además, debían ceder ante los mineros o arriesgarse a perder sus raciones. Incluso les sugirió que abandonaran su reserva y se mudaran al Territorio Indio. Nube Roja y los demás jefes se fueron “enojados e insatisfechos” tras tres semanas de conversaciones inútiles.

Sheridan, por su parte, decidió que un fuerte en las Black Hills sería insuficiente en caso de guerra. Quería que los fuertes estuvieran más próximos a algún río, de modo que envió a su ayudante militar Yellowstone arriba, para que buscara un emplazamiento adecuado.

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