Archive for febrero 2020

Caligula (XVIII)

27 febrero, 2020

Las primeras medidas de Caligula tras desmontar la conspiración fue reorganizar las tropas estacionadas en Germania. Se licenció a un buen número de centuriones -el núcleo organizativo del ejército romano- por motivos de edad o de salud. Algunos generales de otras partes del Imperio a los que se había ordenado acudir a Germania fueron degradados y privados de sus funciones por llegar con demasiado retraso. Evidentemente existía la sospecha de que se habían mantenido intencionadamente a la expectativa, esperando ver el resultado de la conspiración de Getúlico. Galba, que no había estimado su apoyo al emperador, fue recompensado por ello y asumió el mando de las tropas del Alto Rin. En el Bajo Rin, el general Lucio Apronio fue sustituido por Publio Gabinio Segundo. Apronio era familiar de Getúlico y se le hizo responsable de algunos errores militares cometidos en la guerra contra los frisios.

Mientras Galba se enfrentaba con éxito a los germanos, Calígula se retiró a Lyon, capital de la Galia Lugdunensis, donde se dedicó a conseguir fondos para la campaña, vendiendo las pertenencias de sus hermanas y grandes cantidades del rico inventario de las casas de la familia real en Romna. Pero no sólo se dedicó a recaudar dinero, sino a gastar a lo grande en suntuosas festividades y espectáculos teatrales y circenses. En Roma los temores aumentaron cunado el emperador asumió, el 1 de enero del año 40, in absentia, su tercer consulado. Hacía poco que había muerto su colega consular y los encargados de nombrar a un sucesor no se atrevía a moverse sin haber recibido el encargo de Calígula. Hasta el 12 de enero, cuando llegó la dimisión del cargo de Calígula, todas las acciones del Senado quedaron congeladas.

Por la misma época, se aplazó la campaña de Germania y se intentó, en vez de ello, la conquista de Bretaña. A la vista de la más o menos fracasada política romana en Germania, que arrancaba con el desastre de Teoteburgo del año 9, no puede sorprender que, tras liquidar la conspiración, Caligula buscara un gran triunfo militar. Un motivo par escoger Bretaña como objetivo eran las disputas por el trono que se habían desencadenado en el reino de Cynobellinus. Además, la conquista de Bretaña se antojaba como una empresa sumamente prestigiosa. Desde las expediciones de Julio Cesar en los años 55 y 54 aC, ningún Romano había vuelto a pisar el país, y dos años después de la muerte de Calígula, Claudio volvería a mostrar que una empresa como la conquista de Bretaña tenía muchas posibilidades de éxito y resultaba muy positivo para estabilizar el trono imperial.

Varios indicios apuntan a que el fin de las acciones militares y el retorno de Calígula tenían que ver con nuevas amenazas de la aristocracia. Asimismo, este final de las operaciones iba vinculada a una agudización extrema de la animosidad del emperador hacia la aristocracia en general de las que las fuentes no dan ninguna explicación convincente. Cuando, de vuelta a Roma, una embajada del Senado le rogara que se diera priesa -cosa que apunta a una necesidad imperiosa de intervenir en la capital del Imperio-, Caligula habría replicado «¡Ya llegaré, ya llegaré, y ésta conmigo!» mientras golpeaba repetidamente la empuñadura de su espada. Al mismo tiempo, había hecho pregonar en un edicto que «él volvía, pero sólo para aquellos que lo deseaban, los caballeros y el pueblo, pues para el Senado yo ya no seré, en el futuro, ni César ni ciudadano» (Suetonio, De vita Caersarum,. «Caligula», IL, 1). Asimismo, prohibió que los senadores le salieran al encuentro y que se celebrara un triunfo, rompiendo de forma global todo contacto con los miembros de su misma clase aristocrática.

Caligula (XVII)

25 febrero, 2020

En el año 39 Calígula se vuelve a casar. La elección de la esposa, Milonia Cesonia, deja claro que el propósito es aclarar la situación dinástica mediante algún descendiente. Milonia, que no era ni joven ni hermosa, había demostrado ser fértil (había dado a luz a tres hijos) y se encontraba en una fase avanzada de embarazo. Una vez dio a luz, Caligula la designó como esposa suya y garantizó que el bebé, una niña, que recibió el nombre como Julia Drusila. Esta nacimiento deja fuera de la sucesión a Agripina y Livia, las hermanas del César. Año y medio antes Agripina había demorando sus ambiciones. Cuando tuvo un hijo -el futuro emperador Nerón- de su marido Gneo Domicio Ahenobardo, de muy noble cuna, le pidió a Calígula que le diera un nombre a su hiojo, esperando que le diera el suyo, Gayo, asignando así al niño un lugar especial dentro de la dinastía. Sin embargo, se vio frustrada cuando Calgiula se decidió por el nombre de su tío, Claudio Nerón, a quien nadie consideraba un miembro cabal de la familiar imperial. Con el nacimiento de la hija de su hermano, las posibilidades de Agripina de convertirse en la madre de un emperador eran casi nulas. Su situación era similar a la de Emilio Lépido.

Poco después Calígula tuvo que hacer frente a una gran conspiración formada por Lépido y Gneo Cornelio Léntulo Getúlico, comandante en jefe del Alto Rin. En ella participaba hasta el círculo familiar más intimo del Calígula: sus dos hermanas.También estaban implicados amplios círculos del cuerpo senatorial, como por ejemplo, los dos cónsules. De modo que los conspiradores contaban con un considerable apoyo militar y de la aristocracia, además de miembros destacados de la familiar imperial.

No se sabe quien traicionó a los conspiradores. Al principio se sospechó de Getúlico y de determinados círculos senatoriales. A comienzos de septiembre son destituidos los dos senadores y son reemplazados por personas cercanas al emperador. Luego quita al Senado la última formación militar que todavía administraba, que pasa a depender de un delegado del emperador, y a continuación se pone en camino hacia Germania. Con él viajan Lépido, Agripina y Livila. Getúlico es sorprendido por el movimiento y no tuvo tiempo de incitar a sus legiones a rebelarse. Fue ejecutado y sustituido por Servio Suplicio Galba. Getúlico, antes de morir, delató a sus cómplices, lo que llevó al arresto de Agripina, Livia y Lépido. Él es ejecutado y ellas exiliadas.

Que sus propias hermanas conspiraran contra él tuvo que suponer un duro golpe para Calígula. Su condena a muerte, que, por cierto, habría evitado el ascenso de Nerón, no hubiera sido una reacción exagerada. A partir de este momento, ¿en quién podía confiar el emperador?

Caligula (XVI)

23 febrero, 2020

Caligula pronunció un discurso ante el Senado en el que hizo un ajuste de cuentas con las formas de comportarse del estamento senatorial en los últimos decenios y reprendía al Senado y al pueblo por la crítica -que el mismo había compartido anteriormente- contra Tiberio.

Usando las actas que había afirmado destruir, el emperador lanzó un ataque frontal contra los senadores, dejando claro que ellos habían colaborado, por oportunismo, en la represión y las purgas lanzadas por le anterior emperador, siendo ellos mimos los que habían dictado las penas de muerte contra sus compañeros. Al echarles en cara tanto sus honores rendidos al difunto emperador y a Sejano como su comportamiento posterior dejaba clara cuál era la base de sus relaciones con el emperador: hipocresía, adulación y mentira. Antes de dejar el Senado, Caligula informó de la reanudación de los juicios por lesa majestad.

Caligula le quitó así la mascara a la nobleza y había dejado claro lo que se encontraba detrás: la no aceptación del poder imperial, su odio hacia el emperador y su disposición a arremeter contra él si la situación les era favorable. Los senadores se veían impotentes y humillados. Además, Caligula había anunciado el final de las maneras del principado de Augsuto. El delicado equilibrio entre república y monarquía se había roto: Caligula se inclinaba por lo segundo.

Al día siguiente los senadores se reunieron y siguieron con la adulación que había sido denunciada tan brutalmente el día anterior, llamando al emperador recto y justo y declarando que realizarían sacrificios en su honor todos los años por su benevolencia. No tenían otra opción, pero su autoenvilecimiento había llegado a su máximo paroxismo.

Fue por entonces cuando quiso nombrar cónsul a su caballo de carreras preferido, Incitatus («Vehemente»). El propósito de esta acción, que puede parecer una insensatez, se puede colegir por el relato de Suetonio. Era claramente una indirecta hacia los senadores. Conseguir el consulado y los honores supremos vinculados al cargo, había sido siempre la meta más importante de todo aristócrata romano. Al distinguir a un caballo con los signos característicos del cargo, lo parodiaba y ponía en duda los fundamentos de la vida aristocrática. Aparte de esto, había un significado más profundo: el emperador podía nombrar cónsul a quien él quisiera. Los consulares lo eran por la gracia del César. La verdad última de este gesto tenía que ser muy desagradable para las clases altas romanas: el puesto que cada uno ocupara en el seno de la sociedad estaba sujeto a la voluntad del emperador.

El retorno de Fu Manchú (49)

22 febrero, 2020

Limehouse, Londres
20 de febrero de 1938

La oficina estaba decorada en una mezcla de viejo estilos británicos y chino, rojo y dorado frente la madera oscura pulida del mobiliario isabelino. Se decía que lo mejor de dos estilos se mezclan muy bien, pero en esta caso Nayland Smith sospechaba que era la excepción de la regla. El cadáver en el suelo tampoco ayudaba a mejorar la impresión general. En vida, se había llamado Jian Shen, uno de los jefes de la tríada más notables de Londres. Ahora sólo era sesenta kilos de carne ennegrecida con una cara contorsionada en un gesto de agonía terrible.

Un mes antes, en Hong Kong, mientras escuchaba en la BBC los detalles del escándalo Blomberg en Alemania, Nayland Smith había recibido una llamada de un viejo amigo suyo de Scotland Yard, el inspector Wade, que le había informado de un rumor que corría por los callejones de Limehouse: ¡Mr King había vuelto! El señor del crímen que había dado esquinazo a Sherlock Holmes y había desaparecido poco antes del comienzo de la Gran Guerra había vuelto para reclamar su mando sobre las triadas, algo que no había parecido hacerlas feliz. Una guerra de bandas iba a estallar en breve.

Nayland Smith no se creía que Fu Manchú (al que había coonocido primero con su alias de Mr King) se hubiera atrevido a volver a Gran Bretaña, pero la guerra entre Japón y China no parecía ir del lado chino. Tal vez Fu Manchu había decidido reconstruir al Si-Fan en Londres como un medio de escapar una victoria total nipona. Por ello Nayland Smith había decidido salir de dudas él mismo y había tomado el primer vuelo de Imperial Airways a Londres. Tras un mes de investigaciones, no había rastro de King/Fu Manchú. Nadie sabía nada. Hasta esa misma tarde.

Irónicamente, lo que apuntaba a la participación de Fu Manchu en el asesinato de Jian Shen era la falta de pruebas salvo por el arma usada, veneno. Examinando el cadáver del difunto, Nayland Smith vio claramente que había muerto asfixiado. Posiblemente algún animal exótico había sido utilizado para tal fin, un método típico de Fu Manchú. El primer encuentro de Nayland Smith con Fu Manchú, antes de la Gran Guerra, había includo el uso de un insecto venenoso, cuyo mortal mordisco había sido bautizado por los conductores de caravana como el Beso de Zayat (un Zayat era el campo o lugar de descanso para las caravanas). Al examinar el cadáver, Nayland Smith lpudo observar dos pequeños pinchazos con los bordes ennegrecidos sobre el labio superior.

-¡Que nadie se mueva!- gritó Nayland Smith, y Wade, y los tres policías se quedaron inmóviles al momento – La victima ha sido mordida por una serpiente, que aún tiene que estar dentro de esta habitación. Ese animal debe ser muy tóxico. ¡Sean cuidadosos en la búsqueda!

Caligula (XV)

21 febrero, 2020

Escalada de los conflictos.

«En los primeros años, Cayo llevó los asuntos del gobierno con suma magnanimidad, ganándose, con su moderación, la simpatía de los romanos y de sus súbditos», dice Flavio Josefo. Hasta el año 39 constan las muestras de respeto del emperador hacia el Senado. Y, de repente, algo cambió tras dos años de gobierno. Casio Dion nos dice que, a comienzos del año 39 y de manera repentina, muchos de los hombres de primer rango encontraron la muerte por una condena judicial.

¿Que pasó? ¿Qué lleva a la ejecución de numeroso «hombres de primer orden» (protoí), como los llama Casio Dion, refiriéndose al supremo rango senatorial, así como «muchos otros». Al parecer, algunos de ellos y8a habían sido perseguidos por delito similares bajo Tiberio y dejados en libertad por Calígula apunta a delitos de lesa majestad en su vertiente más grave, la conspiración. Todo apunta a que la condenad de estos conspiradores se llevó a efecto mediante procedimientos acordes con el Derecho, es decir, ante el tribunal senatorial. Pero sólo Casio Dión nos intenta realizar una descripción cronológica de los hechos, auqnue no dedica ni una sola palabra sobre si la conspiración tuvo lugar o no ni cuándo sucedieron exactamente los hechos. Es como si quisiera privarnos del transfondo de lo sucedido.

Las fuentes restantes tampoco ayunda. Suetonio habla, en general, de distintas conspiraciones, enmarcando en su contexto únicamente a la última, la que tuvo éxito. Séneca y Filón, contemporáneo de estos sucesos, no muestran interés por ello. Así pues, los primeros meses del año 39, en los que se produce un cambio fundamental en la relación entre el emperador y la aristocracia, permanecen ocultos ante nuestros ojos.

Lo que sabemos por Casio Dión es la existencia de desavenencias. La multitud se habría manifestado, en un coro de gritos, contra los denunciantes, pidiendo que se les entregaran. Esto prueba que, por primera vez en el gobierno de Calígula. habían sido acusados y llevados ante los tribunales un número considerable de miembros de alto rango que contaban con algún apoyo en el pueblo. Cuando, poco después, Calígula se dirigó al Senado, los senadores le dieron las gracias «por no haber encontrados ellos, como los otros, la muerte», lo que nos hace ver que muchos otros fueron declarados culpables del mismo delito. Se decidió, que en adelante, se harían sacrificios a los dioses por su clemencia y de tributar al emperador una ovatio, esto es, una pequeña entrada triunfal, como era habitual en las victorias, como si hubiera vencido a algunos enemigos.

Podemos decir con seguridad que, en el año 39, el 1 de enero, Calígula es investido con su segundo consulado, que declina 30 días después, actuando como cualqujier otro senador. Cuando Calígula deja su consulado, hacia el 30 de enero, se descubre una conspiración contra él en la que participa un número elevado de miembros de la aristocracia senatorial. Lo singular de esto es que entre los líderes no figuraban enemigos de la familia de Germánico ni los antiguos partidarios de Gemelo, contra los que ya se había procedido al recuperarse el emperador de su enfermedad. Por eso, no podemos suponer que se tratara de un ajuste de cuentas. Además, se trataba de «hombres de primer rango», personas hacia las que Calígula había mostrado leal y complaciente. Luego, los conspiradores fueron acusados y condenados en un proceso judicial. Casio Dión menciona que, en la primera mitad del año 39, antiguos cargos senatoriales fueron juzgados por corrupción. Con ayuda del senador Gneo Domicio Córbulo, Calígula arremetió contra todos aquellos que, como curatores viarum, se habían embolsado el dinero que, en teoría, deberían haber gastado en las vías romanas. Por ello fueron obligados a devolver el dinero recibido. Cinco senadores son nombrados por Casio Dión como víctimas de la persecución del emperador. Pero estos casos no aportan prueba alguna de que Calígula hubiera llevado a cargo una purga senatorial a gran escala. Aparte de la condena de los conspiradores y las medidas tomadas contra los magistrados corruptos apenas hay indicios que nos permitan constatar una persecución de la aristocracia de la época.

Caligula (XIV)

18 febrero, 2020

Desde que Augusto visitara las Galias, habían pasado 50 años desde el último viaje de un emperador a las provincias. Pocas semanas después de la muerte de Drusila, a mediados del año 38, emprendía un viaje a Sicilia, donde ordenó la construcción de un gran complejo portuario, que comprendía silos para el grano, en la ciudad de Reggio, para que los navíos procedentes de Egipto pudieran descargar allí, lo cual servía para el suministro de todo el sur de Italia y resultó ser, según Flavio Josefo, la acción de mayor utilidad de todo el reinado de Calígula. En Sircausa organizó unos para celebrar su visita y mandó reconstruir los viejos templos y murallas de la ciudad. De toda esta actividad, Séneca, Suetonio y Casio Dion apenas mencionan el viaje a Sicilia de pasada. No les interesaba dejar constancia de ello. Rompía su relato de un emperador enajenado e incompetente.

Así el César perfilaba su figura de benefactor. En octubre tomó parte personalmente junto con sus pretorianos en extinguir un incendio e inició la construcción de dos acueductos para el abastecimiento de la metrópolis, el Aqua Claudia y el Anio Novus, que traían agua desde Tívoli. Estas dos construcciones serían finalizadas en tiempos de su sucesor, Claudio. Ese año, también, comenzaron los preparativos para la campaña de Germania. De los informes que tenemos del año 39 se deduce que se trataba de una gran operación en el que tomarían parte entre 200.000 y 250.000 hombres, entre legiones y tropas auxiliares y para el que se requería construir una ciudad en los Alpes, como menciona Suetonio. El pretexto eran los ataques de las tribus germánicas contra la Galia. Pero el motivo real era seguir con la tradición paterna, la conquista de Germania. El éxito militar había sido siempre la fuente de prestigio más importante en la sociedad, entre los soldados y la aristocracia. Además, así se evitaban conflictos internos.

Estos preparativos corrían parejos con las medidas tomadas en la parte greco-oriental del imperio, con los reinos-clientes bajo influencia romana que Tiberio había puesto bajo administración imperial. Ya en el 37 Calígula había entronizado a dos reyes: Julio Agripa en Judea y Antíoco IV Epifane en Comagene. Ambos habían pasado parte de su juventud en Roma, donde siguieron residiendo, al principio, una vez conseguido el trono. A finales del año 38 Clígula entronizó a otros señores en el Asia Menor y el Cercano Oriente. Las entronaciones, aprovadas por el senado, fueron llevadas a cabo con vistosas ceremonias en el Foro romano. Es posible que todo ello formaba parte de una serie de planes de mayor alcance para la parte oriental del Imperio, como la apertura del itsmo de Corinto, como ya intentara, en su día, Julio César. Más tarde hablaremos de los planes de Calígula de viajar a Alejandría y al Oriente del Imperio, concretados 2 años más tarde y que seguían el modelo de su padre, Germánico.

Caligula (XIII)

15 febrero, 2020

Calígula llevó la transgresión de las normas al máximo. Era su manera de romper con la tradición y de humillar a la aristocracia senatorial. Ya Macro le había exhortado a no demostrar tanto entusiasmo en el teatro, sin demasiado éxito. No sólo menospreciaba el ceremonial en el teatro, sino en los tradicionales banquetes, en los que realiza gastos exhorbitantes, como servir comida cubierta con láminas de oro o beber perlas disueltas en su bebida, como hiciera en su día Cleopatra (para ganar una apuesta en la que dijo que era capaz de gastarse diez millones de sestercios en una comida). Así pues, Calígula le demostró a la nobleza senatorial que ni en su último reducto, los banquetes, podían competir con él, el emperador. El mismo Tácito, que comenta algunos de estos episodios, afirma que muchas familias nobles se habían arruinado en los tiempos del Principado en su empeño en competir con tanto dispendio. En su pasión por las carreras no era muy diferente de los jóvenes de su edad, pues Augusto había autorizado a muchos jóvenes miembros de las más altas familias a participar en las carreras e incluso en la lucha en la arena contra fieras.

Su participación personal demuestra que Calígula su cercanía al pueblo y quedaba sometida a una observación más precisa por parte del mismo. La pasión por el teatro no era en Roma nada especial, pero al reunir en su persona tanto el apasionamiento como la participación, Calígula sobrepasaba los límites que debía respetar un César en sus apariciones públicas. Inclluso tomaba partido a favor o en contra de determinados actores y se ponía rabioso si el pueblo no compartía sus gustos. Así pues, su comportamiento en publico no se adecuaba al papel que manifestaba en su actuación política. Su falta de convencionalismo en las formas de trato doméstico demuestra su desprecio hacia la necesidad de la aristocracia de que se manifestase el rango de cada cual en el contacto personal.

Entonces, el destino golpea.

El 10 de junio del año 38 muere inesperadamente Drusila, la hermana por la que Calígula había demostrado una preferencia especial y a la que había declarado como su única heredera. Esa pérdida, nos dicen las crónicas, le produjo un dolor tan extraordinario que ni siquiera fue capaz de participar en las costosas exequias públicas celebradas en su honor. Igual que no gozaba de las cosas según la dignidad imperial -le critica Séneca-, tampoco sufre de manera adecuada. Se retira a su quinta del monte Albano y vaga sin rumbo fijo por toda la región, dejándose crecer la barba y el pelo como señal de duelo.

Ordena que se tributen a su fallecida hermana una serie de extraordinarios honores póstumos. A todos aquellos honores prestados a Livia, añade, mediante una resolución del Senado, el de ser divinizada, algo que sólo se había otorgado a Júlio César o Augusto. En el templo de Venus se erige una estatua en su honor, tan grande como la de la propia diosa. Y debía construirse para ella un templo propio, construyéndose ex-profeso, para este fin, un colegio de sacerdotes. Séneca describe el comportamiento del César como desmedido y totalmente fuera de lugar. Incluso algunos autores modernos han constatado aquí síntomas muy raros que atestiguan la existencia de una consternación fuera de lo común. No cabe duda de que su reacción atestigua una consternación fuera de lo común. No obstante, la divinización no era nada especial. Su deificación constituye un primer caso, pero no será el único, como veremos con Livia, bajo Claudio, o a Popea Sabina, con Nerón.

La cuestión sucesoria volvió a quedar abierta, de manera que, al poco tiempo, Calígula se casó de nuevo, con Lola Paulina, de gran belleza y riqueza, casada con Publio Memmio Regulo, un consular que era gobernador de Mesia, Macedonia y Acaia. Según Suetonio,se había mostrado de acuerdo al divorcio y había entregado la mano de su esposa el mismo al emperador. Tampoco era nada extraordinario, pues los matrimonios eran en la Roma imperial parte de los planes político-familiares. Pero este matrimonio tampoco duró. Al parecer, según Casio Dión, la esposa no era fértil. Por esta razón, cuando Claudio quiso volver a casarse en el año 48, se le recomendó a esta Lola Paulina, con el argumento de que no había tenido hijos y, por ello, un matrimonio con ella no complicaría la sucesión dinástica. Podemos ver, así, que ni la boda ni el divorcio se debieron a un capricho, sino a una necesidad: la de asegurar un heredero para la dinastía.

Calígula (XII)

12 febrero, 2020

Hasta entonces, Roma había sido gobernada por hombre maduros, no por nadie tan joven como Calígula. ¿Cómo iba a afianzare en el poder alguien tan joven e inexperto como el nuevo emperador, a pesar del prestigio de su familia? ¿Cómo iba a tomarse la aristocracia senatorial el ser mandada por alguien tan joven?

Simplemente, como ya hemos visto, lo hizo adoptando el estilo de Augusto para luego eliminar a sus rivales y estabilizar su posición entre los grupos políticamente relevantes sin complacer en exceso a la aristocracia.

Se dice que al morir Tiberio dejó más de 2.000 millones de sextercios (esta capacidad ahorrativa no le granjeó el amor de sus súbditos). Según Suetonio, Calígula se gastó esta fortuna en uno año, aunque según Casio Dio, lo hizo en dos. Este gasto se repartió entre los enormes regalo que hizo al comienzo de su reinado, en el mantenimiento de su casa y en una serie de grandes obras dentro y fuera de Roma.

Curiosidades de Barcelona (3)

10 febrero, 2020

En el Pla de la Boquería existió, allá por el siglo XV, una taberna de la que no queda ya ni rastro. Su dueño, apellidado Colom, debió de tener malas compañías o mala suerte, pues terminó ahorcado por sus delitos. Tenía un hijo, nacido en la casa familiar de la calle Boters (la continuación de la calle Portaferrissa) y al que llamaron Cristófol (Cristobal). Su madre, para alejarse de la mala fama que la ejecución de su marido había dado al negocio, lo trasladó a la casa familiar. Al parecer, el difunto tenía un hermano que emigró a Génova y el joven Cristófol. avergozado por los antecedentes familiares, tomó a su tio como modelo. acabando usando la versión italiana de su nombre y de su apellido, Cristoforo Colombus.

Una de tantas leyendas (posiblemente espuria) sobre el descubridor, del que se dijo que, a su regreso de su primer viaje, había sido recibido por los Reyes Católicos en el Salón del Tinell cuando en realidad lo fue en el monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, donde Fernando se encontraba recuperándose de un intento de asesinato sufrido el 7 de diciembre de 1492.

Calígula (XI)

9 febrero, 2020

Calígula decretó un impuesto general sobre la venta de productos reducido, del 0,5%, del que se beneficiaron sobre todo las capas más modestas de la población. El restablecimiento del antiguo procedimiento de lecciones a la magistratura, que había sido arrebatado bajo Tiberio y transferido al Senado, tenía como destinatario al pueblo de Roma y, de paso, facilitaba el control del emperador, además de aliviar la economía de los senadores. Este cambio no tuvo efectos políticos debido a que el número de candidatos coincidía con el de puestos en liza, por lo que el interés de los electores era reducido y, más tarde, fueron revocados de nuevo por Calígula. Finalmente, el emperador organizó juegos de gladiadores sumamente costosos y sangrientos e hizo excavar el el suelo de los Saepta y llenarlo con agua para que allí se celebraran batallas navales.

La mayor parte de las nuevas medidas políticas fueron tomadas en el contexto de la caída de Macro y Silano y encontraron una gran aceptación, cosa que se tradujo en la concesión de honores especiales al emperador. Todos estos cambios llevaban la impronta del Principado de Augusto y distanciaban más a Calígula de la época de Macro y Silano. Pero estas renovaciones superaron, en estilo conservacionista, al propio Senado, privándole de las ventajas de las que gozaba. Pero los senadores no podían criticar esto, pues hubiera quedado de manifiesto su duplicidad. Asímismo, Calígula opdía obrar así dado al apoyo popular con el que contaba.

Sus medidas fueron realizadas con prudencia y habilidad, atendiendo a los intereses de la aristocracia senatorial, del orden ecuestre, de la capa alta de la población de las provincias y del pueblo de Roma mientras que reforzaban, a la vez, la posición del emperador. Entre estas medidas destaca un episodio curioso. Un ciudadano romano, Afranio Potito, había jurado sacrificar su vida si el César recuperaba su salud, mientras que un miembro del orden ecuestre, Atanio Segundo, prometió hacerse gladiador. Una vez restablecido, Calígula exigió el cumplimiento de ambos juramentos. Así que ambos encontraron la muerte y no la recompensa que esperaban por su acción adulatoria. A diferencia de Augusto, que se había avenido a las solicitaciones adulatorias, y a Tiberio, que huyó de ellas, Calígula se la tomaba al pie de la letra. Suponía que las declaraciones habían sido hechas con sinceridad, confrontando a sus interlocutores con las consecuencias de sus acciones. Eso o admitir que la salud del emperador no era su principal interés -con las consecuencias obvias- sino su propio interés.


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