Archive for abril 2020

El retorno de Fu Manchu (56)

27 abril, 2020

Dirigible Hindenburg
Cerca de Lakehurst, USA
14 de marzo de 1938

Las últimas 12 horas de vuelo fueron una pesadilla de ansiedad y búsqueda frenética. Nayland Smith y Ritter temieron que en cualquier momento se produjera la temida explosión que destrozaría el dirigible lleno de hidrógeno, incinerando los 120 pasajeros que viajaban en él. Pero las horas pasaron y, al final, los dos comenzaron a respirar un poco. No tenía sentido que Fu Manchú retrasara la explosión después de saltar en paracaídas, por que eso daría tiempo a encontrar la bomba y a desarmarla. Además, volando sobre el Atlántico daba menos probabilidad de supervivencia que sobre tierra firme, ahora que estaban volando a baja altura sobre Estados Unidos camino de su destino en Lakehurst.

Mientras tanto, muy lejos de allí…

Sentado en la confortable calidez de su cabina en el mercante griego, Fu Manchú sonreía satisfecho. Todo había salido según lo planeado, salvo por el retraso en ser encontrado, que se había demorado hasta el amanecer. Pero incluso eso estaba previsto y Fu Manchú se había hecho con una pequeña lancha hinchable y un traje de submarinista. La caída había sido eterna y se había tenido que fiar de su reloj para encontrar el momento adecuado para abrir el paracaídas. Una vez en el agua, el traje de submarinista lo había mantenido seco, aunque no demasiado caliente. Con las bengalas había ayudado al mercante a encontrarlo mientras esperaba dentro de la balsa hinchable. Aún así, había sido una larga espera. Ahora miraba su reloj esperando el momento en el que la vida de Sir Denis Nayland Smith llegaría a su fin.

En el Hindenburg, entre tanto…

El coronel Franz Ritter patrulló una vez más por las entrañas del Hindenburg mientras el proceso de amarrar el dirigible a la torre tenía lugar. No esperaba ya encontrar una bomba pero le preocupaban los fuertes vientos. Sabía que, con el dirigible anclado a tierra, el viento comenzaría a formar una carga de estática en la parte exterior del Hindenburg. Una sóla chispa, una fuga de gas… Así que se había acostumbrado a revisar el dirigible durante la maniobra de amarraje. Todo parecía estar en orden. Entonces lo vio. En la escalerilla superior, un hombre estaba usando algún tipo de herramienta en una de las bolsas de hidrógeno.

-¡Qué demonios hace! – gritó Ritter, sin provocar reacción alguna en el hombre. El coronel se lanzó a la carrera y trepó por la escalera más cercana. Para cuando llegó, el tripulante estaba cortando la piel del dirigible con un cuchillo. Mudo de horror, Ritter vio la gran brecha en la bolsa de gas, que se escapa a gran velocidad. Si salía por la abertura…

De un empujón Ritter tiró al suelo al hombre, que miraba al vacío y repetía «los ojos, los ojos». El cuchillo calló de sus dedos…

De repente, la chispa que Ritter que había temido incendió el hidrógeno. Primero fue invisible, sólo el cambio de la temperatura cerca de la dañada bolsa de gas daba una indicación de lo sucedido al alcanzar una temperatura de varios miles de grados. Así fue como Ritter y el tripulante, durante unos breve segundos, se vieron transportado al mismísimo infierno de manera inesperada.

El Muro de Vietnam

25 abril, 2020

El memorial de los veteranos de Vietnam es un monumento erigido en Washington D.C que ocupa 8.093.71 m². Está dedicado a la memoria de los miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos que sirvieron en la guerra de Vietna, que fallecieron en Vietnam o en el Sudeste Asiático a los desaparecido en combate durante el conflicto.

El 27 de abril de 1979, cuatro años después de la caída de Saigón, el Vietnam Veterans Memorial Fund, Inc. (VVMF Fondo para el Memorial de los veteranos de Vietnam) fue incorporado como una organización sin ánimo de lucro para construir un memorial para los veteranos del conflicto asiático. Detrás de la formación de este fondo estaba un veterano herido, Jan Scruggs, que se inspiró en la película El Cazador, y con el apoyo de veteranos de Vietnam como John P. Wheeler III.Scruggs, nacido en 1950, sirvió en la dotación de un mortero de la Compañía D, 4o Batallón, 12o Regimiento de Infantería, 199o Brigada de Infantería Ligera. Su unidad fue enviada a Vietnam en abril de 1969. En mayo de ese año se desplegó en el distrito de Xuân Lộc, al norte de Saigón. El 28 de mayo Scruggs fue herido en combate por la metralla de una granada en su espalda, brazos derecho y ambas piernas. Tras tres meses en el hospital, regresó al frente y fue condecorado con un Corazón Púrpura. Scruggs se apuntó para un segundo periodo de servicio. El 21 de enero, 12 de sus camaradas fallecieron al estallar por accidente tres granadas de mortero que estaban siendo descargadas de un camión, algo que le dejó una profunda marca. Se retiró del ejército en marzo de 1970 con el grado de haber y tras haber recibido cuatro medallas al valor.

Mediante donaciones privadas se reunieron 8.4 millones de dólares. El 1 de julio de 1980, el Congreso autorizó el uso de una zona de dos acres adjunta al Memorial a Lincoln para construir el monumento. Se abrió un concurso para que se presentaran diseños, de manera que, para finales de año, se habían registrado 2.573. En marzo de 1981 1.421 de ellos fueron escogidos para la deliberación y se mostraron en un hangar de la base de la Fuerza Aérea en Andrews, cubriendo una extensión de 3.000 metros cuadrados. Estaban identificados por un número para preservar el anonimato de sus autores. Los proyectos fueron examinados, pasando 232 a la siguiente ronda, y de estos 39 a la final, siendo la ganadora la propuesta número 1026, de Maya Lin.

El diseño elegido resultó controvertido por su diseño poco convencional por lo que Ross Perot y James Webb retiraron su apoyo al diseño. James Watt, secretario del interior con Reagan, rechazó inicialmente el permiso a construir este memorial por el rechazo popular. Por todo ello se llegó a un compromiso encargando a Frederick Hart (que quedó tercero en la competición) una escultura de bronca, que representaba a tres soldados y que fue colocada a un lado para no desvirtuar el diseño de Lin. El 13 de octubre de 1982 se aprobó la construcción de un mástil junto a la escultura.

El 11 de marzo de 1982 el diseño fue aprobado. La piedra para el monumento llegó desde Bangalore (India). El corte y pulido de la piedra fue llevado a cabo en Barre, Vermont. Los 57.939 nombres iniciales fueron diseñados por Datalantic, de Atlanta, Georgia. Las piedra fueron enviadas a Memphis, Tennessee, donde se grabaron los nombres. El memorial fue abierto el 13 de noviembre de 1982 durante una ceremonia que duró cinco días y comenzó el día 10, presidida por Ronald Reagan, e incluyó una procesión de decenas de miles de veteranos de Vietnam. Dos años después se inauguró el Monumento de los Tres Soldados.

Enrique IV el Impotente.

24 abril, 2020

Uno de los grandes enigmas en la historia de España es qué clase de problema tenía Enrique IV de Castilla para no poder tener un heredero. Su única hija, Juana «la Beltraneja», fue llamada así por ser el más que probable fruto de la relación adúltera de la Reina con el valido del Rey, Beltrán de la Cueva, lo que provocó una guerra civil cuando, a la muerte del Rey, se enfrentaron los partidarios de Isabel » –hermanastra del fallecido– contra los de Juana en la Guerra de Sucesión Castellana, que cobró dimensión internacional con la intervención de Francia y Portugal.

Desprestigiado por la propaganda de los futuros Reyes Católicos, Enrique IV fue acusado de homosexual y de instigar con gusto las relaciones extramatrimoniales de su segunda esposa. El objetivo era deslegitimar su reinado y dinamitar los derechos de su única hija. Dejando de lado estos prejuicios, Gregorio Marañón creyó encontrar la solución al misterio cuatro siglos después: el Rey sufrió una displasia eunucoide –definida hoy en día como una endocrinopatía– o bien los efectos asociados a un tumor hipofisario (la parte del cerebro que regula el equilibrio de la mayoría de hormonas). En ambos casos, la impotencia del Rey encontraba por fin una explicación científica.

La primera referencia a los problemas sexuales de Enrique tuvo lugar cuando, siendo Príncipe de Castilla, se casó a la edad de 15 años con Blanca de Navarra, hija de Blanca I de Navarra y de Juan II de Navarra. Enrique alegó que había sido incapaz de consumar sexualmente el matrimonio, a pesar de haberlo intentado durante más de tres años, traUno de los grandes enigmas en la historia de España es qué clase de patología o problema tenía Enrique IV de Castilla para no poder dejar un heredero. Al menos uno que resultara creíble, puesto que su única hija, Juana «la Beltraneja», fue llamada así por ser el más que probable fruto de la relación adúltera de la Reina con el valido del Rey Beltrán de la Cueva. Y lo que no pasaba de un mero cotilleo en la Corte, se convirtió en un asunto de estado cuando a la muerte del Rey se enfrentaron los partidarios de Isabel «la Católica» –hermanastra del fallecido– contra los de Juana «la Beltraneja» en la Guerra de Sucesión Castellana, que cobró dimensión internacional con la intervención de Francia y Portugal.

Desprestigiado por la propaganda al servicio de los futuros Reyes Católicos y ninguneado por muchos nobles como el Primer Duque de Alba, quien explotó como nadie las debilidades del Monarca, Enrique IV fue acusado de homosexual y de instigar con gusto las relaciones extramatrimoniales de su segunda esposa. El objetivo era deslegitimar su reinado y dinamitar los derechos de su única hija. Lejos de las intoxicaciones políticas de entonces, el prestigioso médico Gregorio Marañón creyó encontrar la solución al misterio cuatro siglos después: el Rey sufrió una displasia eunucoide –definida hoy en día como una endocrinopatía– o bien los efectos asociados a un tumor hipofisario (la parte del cerebro que regula el equilibrio de la mayoría de hormonas). En ambos casos, la impotencia del Rey encontraba por fin una explicación científica.

Se declaró nulo el matrimonio por «la impotencia perpetua» provocada por un maleficio
La primera referencia a los problemas sexuales de Enrique tuvo lugar cuando siendo Príncipe de Castilla se casó a la edad de 15 años con la Infanta Blanca de Navarra, hija de Blanca I de Navarra y de Juan II de Navarra. Enrique alegó que había sido incapaz de consumar sexualmente el matrimonio, a pesar de haberlo intentado durante más de tres años, el periodo mínimo exigido por la Iglesia, y en mayo de 1453, un obispo declaró nulo el matrimonio a causa de «la impotencia sexual perpetua» que un maleficio había provocado en el castellano.

Evidentemente, la nulidad respondía a cuestiones políticas. Enrique, intuyendo la inminente muerte de su padre, buscaba una excusa para romper su alianza con Navarra y acercarse a Portugal a través de un matrimonio con Juana, la hija de los reyes lusos. Un maleficio transitorio justificaría porque la impotencia solo afectaba al matrimonio con la navarra y no a relaciones futuras. La petición iba acompañada del testimonio de varias prostitutas de Segovia que declaraban haber mantenido relaciones sexuales con el castellano. No en vano, era cierto que sus intentos de dejarla encinta habían fracasado estrepitosamente. Aparte de los auxilios espirituales –devotas oraciones y ofrendas–, el futuro Rey recurrió a todos los remedios posibles, desde brebajes y pócimas con presuntos efectos vigorizantes enviados por sus embajadores en Italia –por aquel entonces considerada la metrópoli de la ciencia erótica–, hasta la financiación de exóticas expediciones a África en busca del cuerno de un unicornio.

El 20 de julio de 1454 falleció Juan II y al día siguiente Enrique fue proclamado Rey. Una de sus primeras preocupaciones fue sellar la alianza con Portugal, que se materializó en 1455 casándose en segundas nupcias con Juana. Su reinado (1454-1474), donde el rey fue el juguete de muchos nobles, que hicieron y deshicieron a sus anchas, consta en las crónicas como uno de los más calamitosos de la historia castellana. La autoridad y justicia en Castilla, brillaban por su ausencia pues la mayoría de nobles no reconocía el poder real, lo que llevó a la creación de ejércitos privados por todo el territorio, de manera similar a lo acaecido en la Inglaterra de Enrique VI en sus días previos a la Guerra de las Dos Rosas.

Sin embargo, los historiadores actuales consideran que gran parte de toda esta historia forma parte de la leyenda negra sobre Enrique IV, parte de la campaña urdida contra su imagen por los Reyes Católicos. Pero los problemas médicos son reales, y el completo diagnostico de Gregorio Marañón en 1931 y de otros posteriormente planteaban una posible respuesta: una «displásico eunucoide con reacción acromegálica» de carácter hereditario, que no solo entorpeció el completo desarrollo sexual del Rey sino que le provocó esterilidad. Dada su contextura biológica, Marañón también veía factible, como sostenían las crónicas de sus detractores, que el castellano tuviera tendencias homosexuales.

El urólogo Emilio Maganto Pavón –en su obra «Enrique IV de Castilla (1454-1474). Un singular enfermo urológico»– considera que el diagnóstico del célebre médico es incompleto y señala que el origen del desorden hormonal era más bien un síndrome de neoplasia endocrina múltiple (MEN) producido por un tumor hipofisario productor de la hormona del crecimiento y la prolactina.

En ambos casos, el estudio de la momia de Enrique IV, perfectamente conservada, sirvió para corroborar las graves carencias hormonales que mostraba el cuerpo del fallecido monarca. Así se pudo observar que Enrique tenía una frente amplia, que las manos (de un tamaño desproporcionado) tenían largos y recios dedos, y que había un pie desviado. Esas manos gigantes pudieron originar, a su vez, la fobia al contacto humano que las crónicas identifican como un rasgo de su antipatía y problemas para relacionarse. Y la deformación de uno de sus pies explicaría la torpeza de movimientos del Monarca descrita en casi todos los escritos.

Estos rasgos anómalos y los síntomas no pudieron ser identificados por los médicos de la época en su conjunto, ni nadie pudo darse cuenta del grave proceso del que era objeto el castellano. Ni siquiera hoy es posible hacer un diagnóstico definitivo sobre el génesis del desorden hormonal que sufrió el Rey desde la pubertad. Tan solo es fiable enumerar los síntomas descritos en los textos históricos. Enrique IV padeció impotencia, anomalía peneana, infertilidad, malformación en sus genitales, litiasis renal crónica (mal de ijada, de piedra y dolor de costado) y hematuria (flujo de sangre por la orina). Precisamente, estos problemas urológicos pudieron estar detrás de su fallecimiento el 11 de diciembre de 1474 a causa de una obstrucción de la orina.

Asimismo, el principal síntoma urológico de su afección fue el principal argumento usado por los partidarios de los Reyes Católicos para lograr sus propósitos en torno a la sucesión. Puesto que el Rey había tenido graves dificultades para engendrar un hijo a su primera esposa –e iba por el mismo camino en su segundo matrimonio–, el nacimiento de una heredera el 28 de febrero de 1462 despertó toda clase de suspicacias. La niña nacida fue considerada como el fruto de una relación ilícita de la reina con Beltrán de la Cueva, el favorito del Rey, el cual no solo estaba enterado del asunto sino que supuestamente lo había incentivado para acallar por fin las acusaciones sobre su impotencia.

Sin embargo, sigue sin encontrarse ningún documento ni prueba que pueda demostrar que Juana «la Beltraneja» no fuera hija del rey. Sus restos fueron perdidos y no es posible hacer una prueba de DNA. Y tampoco las investigaciones médicas recientes, como la de Emilio Maganto Pavón, descartan al cien por cien la posibilidad de que Enrique IV fuera capaz de superar su impotencia de alguna manera. De hecho, pocos meses después del nacimiento de Juana, la Reina anunció que estaba de nuevo encinta, en esta ocasión de un varón, aunque el embarazo se malogró a los siete meses. Las crónicas de Hieronymus Münzer sugieren una remota posibilidad sobre esta transitoria fertilidad del Monarca: usó una precaria fecundación in vitro. Según especifica en sus textos, «los médicos fabricaron una cánula de oro que introdujeron en la vulva de la Reina. Que intentaron después que a través de su luz el semen del tey penetrara en la vagina de su esposa pero que éste no pudo y que hubo que recurrir a otros métodos para recoger el semen».

El propio Enrique debía tener dudas sobre la paternidad pues, tras enormes vacilaciones a la hora de defender los derechos dinásticos de Juana, su firma en el pacto de Guisando (1468) la desheredaba definitivamente en favor de Isabel. La razón esgrimida para dejar a Juana de lado no era su condición de hija de otro hombre, sino la dudosa legalidad del matrimonio de Enrique con su madre y el mal comportamiento reciente de ésta, a la que se acusa de infidelidad durante su cautiverio. Y aunque el pacto fue posteriormente incumplido por ambas partes, las dudas del monarca dividieron aún más a la nobleza castellana, que a la muerte de «El Impotente» se pusieron de forma mayoritaria del lado de Isabel y Fernando durante la Guerra de Sucesión Castellana. El conflicto concluyó en 1479 con la firma del Tratado de Alcáçovas, que reconocía a Isabel y Fernando como Reyes de Castilla y obligaba a Juana a renunciar a sus derechos al trono y permanecer en Portugal hasta su muerte.

Un neoryorquino en Madrid

21 abril, 2020

Cuando a Patrick le informaron que le destinaban a Madrid, sonrió efusivamente. Iba poner en práctica sus conocimientos y actualizar ese país tan atrasado. El cambio de destino incluía casa, coche, chófer, gastos de representación, etc., por supuesto.

Nada más aterrizar, nuestro protagonista quiso implantar en tierras hispanas las normas de funcionamiento anglosajonas que tanto éxito le habían reportado en su tierra natal, por lo que le espetó a Encarna, su nueva secretaria:

-Perdone, señorita Encarna, dígale al presidente y al propietario de la cadena de grandes almacenes que tengo que hablar con ellos y que se pasen por mi despacho, por favor. Que acuerden con usted el día y la hora y sírvase apuntarmelo en la agenda.

El horror que encarna sintió al escuchar estas palabras no pude ser descrito con palabras humanas. Pero en lugar de suicidarse y explicarse a su jefe que eso no era posible, optó por informar de lo sucedido al jefe de ventas y confirmar con que él lo arreglara todo. Y fue ese caballero, llamado Javier, el que el dijo a Patrick que en España las cosas no iban así, que tenía que ser él el que pidiera día hora y con esos señores tan augustos.

A Patrick se le ocurrió entonces una idea que le pareció brillante, sobre todo porque era suya. En una reunión de empresa anunció lo siguiente:

-Encarna, vamos a organizar una comida de empresa, desde el botones hasta el director general, para este fin de semana. Encárgate de organizarlo todo. El cattering, el local, todo.

Encarna miró al demonio de jefe que le habían enviado desde los infiernos pero, a pesar de sus encarecidos ruegos, la tierra no se lo tragó para devolverlo al inframundo.

Pese a todo, la comida de empresa se llevó a cabo, aunque a nadie le hacía ni la más mínima gracia, aunque eso no lo sabía Patrick. Encarna hizo bien su trabajo. Más que bien, de hecho, pero aún así, el evento fue un rotundo fiasco.

-No entiendo que la gente no vaya -dijo Patrick en la siguiente reunión- y más si es gratis. Encarna, ¿informaste a todo el mundo que la comida era gratis?

-Sí, claro -dijo ella, temiéndose que la culparan del fracaso.

-Pues no lo entiendo. ¿Por qué la gente no fue?

Al final, alguien se armó de valor y optó por explicarle la verdad.

-Verá usted, Patrick -empezó Javier, el jefe de ventas-. En España el fin de semana es sagrado. Son para la familia, no para actos de empresa. Ni aunque sean gratis -añadió, determinante, al ver el creciente asombro de su superior.

Patrick tomó nota mental de lo que acababa de decirle Javier y dio por finalizada la reunión. Antes de abandonar la sala, sin embargo, se volvió hacia su secretaria y para pedirle que fuera a su despacho.

Allí le encargó dos cosas. Una, que averiguara porqué la gente no fue a la comida gratis de empresa y, la otra, que arreglara con el departamento de personal el traslado de Javier a la sucursal de Omán con carácter urgente. Ese chico, comentó Patrick, necesitaba ver mundo.

Franz Stiegler, el caballero de la Luftwaffe (2a parte)

19 abril, 2020

El bombardero de Brown fue avistado desde tierra. Franz Stigler (entonces con 27 victorias en su haber), que estaba repostando y rearmando en un aeródromo, despegó con su Messerschmitt Bf 109 G-6 (que tenía una bala de calibre 50 incrustada en el radiador, lo que ponía en riesgo de sobrecalentamiento al motor) y rápidamente alcanzó el avión de Brown. A través del fuselaje dañado del bombardero, Stigler pudo ver a la tripulación herida e incapacitada. Para sorpresa del piloto estadounidense, Stigler no abrió fuego contra el indefenso bombardero. Recordó las palabras de uno de sus oficiales de la JG 27, Gustav Rödel, cuando estuvo en el norte de África: «Si alguna vez veo o escucho que disparas a un hombre en paracaídas, te dispararé yo mismo». Stigler luego comentó: «Para mí, era como si estuvieran en un paracaídas. Los vi y no pude derribarlos».

Stigler se acercó al costado del avión y vio a Brown intentado controlar desesperadamente el avión. Cuando la tripulación se dio cuenta de la presencia del Bf 109, el pánico les invadió. Entonces sucedió algo inesperado.

Stigler intentó dos veces que Brown aterrizara su avión en un campo de aviación alemán y se rindiera, o se desviara a la cercana neutral Suecia, donde él y su tripulación recibirían tratamiento médico y serían internados el resto de la guerra. Brown se negó, y así continuaron. Así que siguieron volando, con el Bf 109 cerca del avión de Brownpara que las unidades antiaéreas alemanas no atacaran al bombardero; escoltó al B-17 dañado sobre la costa hasta que llegaron a aguas abiertas. Brown, inseguro de las intenciones de Stigler en ese momento, ordenó a su artillero de la torreta dorsal que apuntara a Stigler pero sin abrir fuego. Seguro de que el bombardero estaba fuera del espacio aéreo alemán, Stigler partió con un saludo.

Brown logró volar los 250 millas (402 km) a través del Mar del Norte y aterrizar su avión en RAF Seething, base del 448º Grupo de Bombarderos, y en el informe posterior al vuelo informó a sus oficiales sobre cómo un piloto de combate alemán lo había dejado ir. Se le dijo que no repitiera esto al resto de la unidad para no generar ningún sentimiento positivo sobre los pilotos enemigos. Brown comentó: «Alguien decidió que no puedes ser humano y volar en una cabina de mando alemana». Stigler informó que había derribado al bombardero enemigo, sabiendo que un piloto alemán que evitara al enemigo mientras estaba en combate se arriesgaba a la ejecución.

Brown Completó su turno de servicio y regresó a su hogar en Virginia Occidental. Voló 29 misiones sobre Europa, 24 de ellas sobre Alemania, siendo heridos dos veces. De vuelta en EEUU, fue instructor de vuelo. Posteriormente pilotó un C-54 sobre China, India y Birmania. Serviría en la recién establecida Fuerza Aérea de los Estados Unidos hasta 1965. Más tarde, como Oficial del Servicio Exterior del Departamento de Estado, realizó numerosos viajes a Laos y Vietnam. En 1972 se retiró del servicio gubernamental y se mudó a Miami para convertirse en inventor.

Stigler se mudó a Canadá en 1953 y se convirtió en un exitoso hombre de negocios. Cuarenta años después, Stigler y Brown se encontraron. Brown lo había estado buscando y se reencontraron en 1989, en una reunión de veteranos. Cuando le preguntaron a Stigler porqué no lo derribó, el piloto alemán dijo que no había tenido corazón para disparar. «Ellos estaban luchando desesperadamente para volver a su base. Dispararles», dijo Stigler, «hubiera sido como abrir fuego contra un piloto colgando en paracaídas».

La amistad entre ambos pilotos duraría hasta la muerte de ambos pilotos. Stigler consideraría a Brown como a un hermano. Stigler había perdido a su hermano August durante la guerra, que fue derribado sobre el Canal de la Mancha.

Stigler voló un total 487 misiones durante la guerra, derribado 17 veces y herido siete. Derribó 28 aviones más 30 probables.

Franz Stiegler, el caballero de la Luftwaffe (1a parte)

18 abril, 2020

El segundo teniente Charles L. «Charlie» Brown pilotaba un B-17F, «Ye Olde Pub» con el 379º Grupo de Bombardeo de la 8ª Fuerza Aérea de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos (USAAF), estacionada en RAF Kimbolton, Inglaterra.

Franz Stigler (1915-2008), un expiloto de la aerolínea Lufthansa de Baviera, era un veterano piloto de combate de la Luftwaffe de la Jagdgeschwader 27. ​Sirvió en Europa y en África del Norte y formaría parte de la mítica JV 44.

La primera misión del «Ye Olde Pub» sería atacar el complejo de Focke-Wulf en Bremen. Los hombres del 527º Escuadrón de Bombardeo fueron informados en la sesión informativa previa a la misión de que podrían encontrarse con gran cantidad de cazas alemanes. Bremen estaba defendido por 250 cañones antiaéreos. Para esta misión, la tripulación estaba formada por

2º Teniente Charlie Brown: piloto y comandante de la aeronave
2º Teniente Spencer «Pinky» Luke: copiloto
2º Teniente Al «Doc» Sadok: navegante
2º Teniente Robert «Andy» Andrews: bombardero
Sargento Bertrand «Frenchy» Coulombe: artillero de torreta superior e ingeniero de vuelo
Sargento Dick Pechout: operador de radio
Sargento Hugh «Ecky» Eckenrode: artillero de cola
Sargento Lloyd Jennings: artillero de cintura izquierda
Sargento Alex «Ruso» Yelesanko: artillero de cintura derecha
Sargento Sam «Blackie» Blackford: artillero de torreta esférica

El B-17 comenzó su bombardeo a 8320 metros. Antes de que el bombardero lanzara su carga de bombas, el preciso fuego antiaéreo destrozó el morro de la aeronave, dejó fuera de combate al motor 2 y dañó al 4, lo que ralentizó al bombardero, por lo que Brown no pudo permanecer con su formación y quedó rezagado, sufriendo continuados ataques enemigos.

El B-17 de Brown fue atacado entonces por más de una docena de cazas Messerschmitt Bf 109 y Focke-Wulf Fw 190 de la JG 11 durante más de diez minutos, sufriendo daños adicionales, incluido daños al motor número 3, que quedó reducido a la mitad de potencia (lo que significa que el avión tendría, en el mejor de los casos, el 40% de su potencia total). Los sistemas internos de oxígeno, hidráulicos y eléctricos del bombardero también sufrieron daños, y perdió la mitad de su timón y su elevador de babor (lado izquierdo), así como su cono del morro. Muchas de las armas de los artilleros se atascaron, probablemente como resultado de la pérdida de los sistemas a bordo que conducen a mecanismos congelados (la tripulación de tierra no engrasó las armas correctamente), dejando al bombardero con solo dos armas de torreta dorsal y una de tres cañones de tiro delantero (de 11 disponibles) para defensa.

La mayoría de la tripulación resultó herida: el artillero de cola, Eckenrode, había sido decapitado por un impacto directo de un proyectil de cañón, mientras que Yelesanko fue gravemente herido en la pierna por metralla; los pies de Blackford se congelaron debido a los cables de calefacción en cortocircuito de su uniforme; Pechout había sido alcanzado en el ojo por un proyectil de cañón y Brown resultó herido en su hombro derecho. Los inyectables de morfina de a bordo se congelaron, complicando los esfuerzos de primeros auxilios de la tripulación, mientras que la radio fue destruida y el exterior del bombardero sufrió graves daños. Milagrosamente, todos menos Eckenrode sobrevivieron.

El retorno de Fu Manchu (55)

17 abril, 2020

Dirigible Hindenburg
13 de marzo de 1938

Nayland Smith estaba seguro de que dormiría con un tronco esa noche. Con su eterno enemigo derrotado y la misión de su vida cumplida, todo debía haner quedado solucionado y los problemas restantes reducidos a trivialidades. Pero en lugar de ello se había pasado toda la noche pensando y con un creciente temor subiendo por su columna vertebral.

¿Cómo había podido Fu rellenar su pipa con explosivo si siempre estaba bajo la guardia de los hombres de Ritter? Ninguno habría notado que se había deslizado dentro de la cabina de Nayland Smith? ¿Y porqué no habían encontrado explosivo alguno en la cabina de Fu? Obviamente lo habría ocultado en cualquier lugar… peor todavía, aún podía haber una cantidad dec0onocida a bordo del barco. Y ahora que Fu ya no estaba a bordo, ¿qué le impedía hacerlo detonar?

Tras afeitarse y ponerse ropas limpias, fue a ver al jefe de seguridad, que no había tenido problemas para dormir. Ritter, aunque irritado por ser despertado en mitad de la noche, pronto estuvo de acuerdo con las sospechas de Nayland Smith y, tras vestirse, comenzaron a reunir a todos los tres tripulantes que habían vigilado los aposentos de Fu Manchu. Los tres confirmaron que Fu no había abandonado su habitación y que siempre había estado a la vista sin acercarse a la cabina de Nayland Smith, lo que irritó a Ritter, pues eso era obviamente imposible, dadas las consecuencias. Entonces, Nayland Smith preguntó si habían visto a alguien hablando con Fu Manchu. Cierto. Fu solía llamar a uno de los camareros, con el que solía quedarse a solas en su habitación durante unos pocos minutos y que, al poco rato, regresaba con una sabana extra, tras lo cual volvía a salir al cabo de cierto tiempo. Recordando que ese camarero había colaborado en el examen de las posesiones de Fu, Nayland Smith y Ritter se miraron con preocupación y se fueron en búsqueda de ese hombre.

El camarero, un hombre rotundo llamado Scheike, era completamente calvo y llevaba el bigote mutilado puesto de moda por Hitler. Estaba en la cocina, preparando el desayuno para la condesa von Fürstenberg y no pareció intimidad por las preguntas de Nayland Smith y el coronel Ritter. A diferencia de Ritter, Scheika hablaba en inglés con un fuerte acento alemán.

-Si, esto es corrrrrrecto, Herr Oberst. Herr Fu Manchu me pidió una sábana extrrra. Lo rrrrecuerdo bien, porque me sorrrprrendio lo bueno que errrra su alemán, siendo chino el caballero.

-¿Y que hizo usted, aparte de ir a por la sábana? ¿Entró en otra cabina?

-¡Por supuesto que nein, Herr Kommissar!

Nayland Smith se rascó la barbilla. El hombre hablaba con toda sinceridad, pero aún así…

-Coronel, den mi carrera profesional he comprobado que Fu Manchu tiene la habilidad de influir en otras personas a través de la hipnosis. Para Fu y su hija Fah Lo Sue es apenas un juego dominar con su mente de hierro a quienes caen bajo su influjo, aún en contra de su voluntad. Me temo, señor Scheike, que voy a tener que hipnotizarle para hacer lagunas preguntas.

Unos minutos después, tras usar su reloj de bolsillo, Nayland Smith sumió a Scheike en un profundo sueño.

-¿Donde estaba usted cuando recibió la llamada de Fu Manchú?

-En el comedorrrr de la trrrrripulación. La llamada llegó a trrrrravés de la cocina y uno de los cocinerrrros me avisó.

-Muy bien. ¿Qué hizo entonces?

-Fui a la cabina de Herr Fu, por supuesto.

-¿Qué le dijo?

-Que necesitaba otra sábana?

-¿No le dijo nada más?

-Sí… él… me dijo que fuerrrrra a su habitación y pusierrrrra una pasta que me dio en su pipa. Me explicó como hacerrrlo. Entonces me dijo que no rrrrrecorrrrdarrrría nada después… ¡Sus ojos, mein Gott! ¡SUS OJOS! -dijo Schieke cada vez más agitado.

-Relájese, señor Schieke. Ahora usted está a salvo y relajado. No tiene que seguir las ordenes de Fu ni tenerle miedo. ¿Lo entiende?

Inmediatamente Scheike se relajó y sonrió beatíficamente.

-Sí.

-Fue esta la primera vez que habló Fu Manchú

-No.

-Cuando fue la primera?

-Cuando le llevé su equipaje a su habitación.

-Pero Fu subió sin nada al Hindenburg.

-Lo carrrrgamos en Tempelhof y lo pusimos en la cabina de carrrrrga.

-¿Cuál era su equipaje?

-Una maleta y una mochila muy grrrande.

Nayland Smith tuvo una sospecha inmediata.

-¿La mochila podía ser un paracaídas?

-No lo sé. Es posible.

-¿Que había en la maleta?

-No lo se. Errrra muy pesada.

-¿Dónde está la maleta ahora? -preguntó, visiblemente alarmado, el detective de Scotland Yard.

-En su habitación no estaba cuando la limpié.

Ritter y Nayland Smith se miraron alarmados.

-¿Le dijo algo más Fu Manchú?

-Que me olvidaría de su maleta y que no la vería cuando regresara a su habitación.

Después de despertar a Scheike, Nayland Smith y Ritter salieron horrorizados de la cocina.

-¡Escapó del Hindenburg con un paracaídas! ¡Un barco le estaba esperando!

-¿Sabe usted lo peligroso que es esoe? -objetó Ritter- Un fallo en los cálculos saltando en la oscuridad y equivocándose en la posición del barco significaría una muerte segura!

-Si alguien puede lograr eso, ese es Fu Machú, pero olvídese de esa cuestión. ¡Tenemos que encontrar la maleta! ¡Puede estar llena de TNT!

Campanas rebeldes

16 abril, 2020

El 11 de mayo de 1809, Julián Portet, Ramón Mas y Pedro Lastortras tocaron a rebato las campanas de la catedral de Barelona para sublevar a la ciudad contra los franceses.

Detenidos en el interior de la catedral, fueron fusilados después, aunque se les había prometido que no lo serían.

¿Sabías que…

16 abril, 2020

El puente de la calle del Bisbe que une la Generalitat con la casa dels Canonges es un lugar emblemático de Barcelona. Añadido en los años 20 del siglo XX, resiste el paso del tiempo y mantiene un secreto en sus piedras.

Si miráis su parte inferior atentamente, descubriréis una imagen curiosa: una calavera atravesada por una daga. Qué hace ahí es todavía un enigma, lo que ha dado paso a las inevitables leyendas urbanas. La más conocida apunta a que, si se retira la daga, Barcelona se derrumbará sobre sus cimientos. Otra, que si atraviesas el puente de espaldas mirando la calavera, se te concederá un deseo.

La de caídas tontas que eso ha provocado…

En resumen, que se desconoce por qué está ahí.

El puente fue diseñado en 1928 por el arquitecto de la Diputación de Barcelona Joan Rubió i Bellver, discípulo de Gaudí. En 1927, Bellver presentó en el claustro de la catedral un proyecto de rehabilitación del entorno del monte Táber que contemplaba derribar todos los edificios que no fueran góticos, añadir nuevos elementos de ese estilo y crear ornamentaciones que lo imitaran con el objetivo de crear un conjunto ornamental que visto hoy se asemejaría más a un parque temático que a un barrio gótico.

El proyecto de Bellver fue duramente criticado y descalificado por los círculos arquitectónicos barceloneses. Aunque intentó defenderlo, no consiguió que prosperara. Como consolación, le dejaron llevar adelante el actual falso puente gótico de la calle del Bisbe.

¿Sabías…

16 abril, 2020

… que Barcelona tiene, como Nueva York, una estatua de la libertad?

Está en la Biblioteca Arús, fundada en 1895.


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