Archive for junio 2021

El caso Barret (1918)

30 junio, 2021

El martes 8 de enero de 1918  Josep Albert Barret Moner, empresario del metal, ingeniero industrial, profesor y presidente de la Sociedad de Industriales Mecánicos, se dirigía a dar clases en la Escuela Industrial, ubicada en la antigua fábrica de Can Batlló, en la calle Urgell, en compañía de Francisco Pastor, profesor de francés. En mitad de la calle un grupo de desconocidos les asaltaron sin mediar palabra, abriendo fuego contra ambos.

Ante los disparos, alumnos y agentes de seguridad de la Escuela salieron en ayuda de los dos profesores, que fueron trasladados al cercano Hospital Clínico, donde Barret, que había recibido 17 disparos, ingresó cadaver. Pastor resultó herido por un disparo en la pierna, lo que confirmó que Barret era el objetivo del atentado, pues era gerente de una importante empresa metalúrgia, la Casa Antúnez.

Todo hizo pensar que se trataba de otro atentado anarquista y se procedió a detener a cinco obreros a los que acusaron del crímen. La investigación, sin embargo, dio un resultado sorprendente, pues los acusados no tenían nada que ver con lo sucedido. En plena Primera Guerra Mundial la empresa de Barret había estado produciendo munición para los aliados y la inteligencia alemana, ayudada por el comisario Bravo Portillo, organizó el atentado.

Bravo Portillo fue condenado y expulsado del cuerpo de policía.

En 1975 Eduardo Mendoza publicó «La verdad del caso Savolta», inspirada en estos hechos.

Restos del pasado marinero barcelonés

29 junio, 2021

Hace años, a la derecha de lo que hoy es el paseo Juan de Borbón, se alzaban los almacenes del antiguo puerto, listos para aceptar los productos de los barcos que descargaban en los muelles. Al final del paseo se encontraba una de las instituciones del barrio: los baños de San Sebastián, legado de la gran cantidad de casas de baños del siglo XIX. En el extremo noroeste, donde hoy se encuentra la plaza de la Barceloneta, se alzaba la plaza de toros conocida como «El Torín», construida en 1834 para conseguir fondos para la Casa de Caridad y que fue derruida en 1946. En esta plaza tuvo lugar el incidente que provocó los disturbios de 1835, que acabó con el incendio de varios conventos y dejó varios muertos y heridos.

Aunque parezca mentira, Barcelona todavía cuenta con un muelle para pescadores, muy cerca de la Barceloneta y al lado del de las Baleares, donde se encuentra la sede de la cofraría, que agrupa a más de 40 embarcaciones. En el muelle todavía es visible la torre del reloj, el antiguo faro de 1772, punto de entrada en el puerto hasta su ampliación a mediados del siglo XIX.

Paseando por la Ciutat Vella

27 junio, 2021

Si seguimos la calle Regomir en dirección al mar pasaremos por el lugar donde se encontraba otra de las puertas de la antigua muralla romana (la del mar, valga la redundancia) y llegaremos al carrer Ample (calle Ancha), una de esas ironías que tiene el Casco Antiguo de la Ciudad Condal. Anteriormente llamada calle General Primo de Riverae, Antonio Maura, Mar i Cel y Calle Ancha, para diferenciarlo de las calles adyacentes, fue abierta en el siglo XIV y comenzaba en la ya citada «puerta del mar», donde hoy está el edificio de Correos. Un lugar con historia, por cierto, pues allí comenzó el famoso Corpus de Sang del 7 de junio de 1640, con un enfrentamiento violento entre milicianos barceloneses y campesinos que habían venido a la ciudad porque se habían quedado sin trabajo.

El 10 de marzo de 1908 comenzaron las obras de abertura de la Gran Via A, la futura Via Layetana, que iba a comunicar el puerto con el Eixample. Los derribos comenzaron en la que hoy es la plaza de Antonio Lopez y, durante los años que duraron las obras, se derribaron un millar de casas, la primera tocando el carrer Ample, donde hoy está el edificio de Correos. El rey Alfonso XII en persona derrocó simbólicamente la puerta del edificio del 71 de la calle Ample en compañía del alcalde Domingo Sanllehy. Los trabajos de apertura de la parte alta comenzaron en la calle Comtal hasta la plaza Urquinaona, donde se amplió la acutal calle de Bilbao, desaparecido con la abertura total de la Via. Al lado circulava el torrente de Jonqueres, nombre que conserva la calle adyacente urbanizado sober la anaterior. Más bajo desaparecieron las calles de Bon de Déu, Bou de la Plaça Nova, Burguès, Fenosa, Aymerich, Donzelles (tan estrecho como el de las Moscas) y otros, como el de la Bòria, perdieron la mitad de su trazado y las calles Carders y Corders continuaron estando trazado sobre la calzada romana conocido como Via Augusta, que llevaba desde los Pirineos hasta Tarraco.

Cuando la VI Flota invadió Barcelona

25 junio, 2021

Las calles Escudellers (con el Kit-Kat) y Arc del Teatra (con el Kentucky) fueron algunas de las calles que vivieron una época dorada en los años 60 a causa de la «invasión» de los marineros norteamericanos que llenaron los bares, cabaretes y restaurantes de la zona portuaria. Desde 1951 a 1987, miles de marineros e infantes de marina ocuparon la parte baja de la Rambla, el infame Barrio Chino, y, en menor medida, la parte baja de la Vía Laietana. Las borracheras, las broncas y algún que otro muerto se convirtieron en algo típico de estos años, convirtiendo Barcelona en la típica ciudad portuaria que recibía a la «flor y nata» de la marinería internacional.

En su relato de aquellos años, Xavier Theros explica en su libro «La Sisena Flota a Barcelona», editado por La Campana y el Ayuntamiento de Barcelona, como aquella zona se vio regada con mucho dinero en sus locales y gran cantidad de historias truculentas. Una de las más trágicas y recordadas fue el naufragio de una lancha cargada de soldados y marineros del barco de transporte Trenton y del portahelicópteros Guam a eso de las dos de la mañana del 17 de enero de 1977. Posiblemente debido a lo sobrecargada que iba la lancha, ésta se hundió, provocando la muerte a veinticuatro marineros e infantes de marina, en las aguas del moll de la Fusta.

Sin embargo, lo que alejó a la VI Flota de Barcelona fue el atentado del bar Iruña (26 de diciembre de 1987), en el que murió el suboficial de tercera clase Ronald Strong, de 22 años, que fue victima de un atentado cuando se lanzaron dos granadas contra el bar Iruña, plaza del Duque de Medinaceli, 2, donde tomaba unas copas. El atentado, que causó también nueve heridos, fue reclamado tanto por Terra Lliure como por un extraño grupo llamado el Ejército Rojo Catalán de Liberación  –Exèrcit Roig Català d’Alliberament, ERCA– reivindicaron la autoría del incidente, y los vecinos afirmaron que los eslóganes y grafitis antiamericanos presentes en el entorno del bar en aquel tiempo sugerían que pudo estar relacionado con la extensión del tratado militar hispano-estadounidense​. Los norteamericanos dudaron de la autoria, obviamente, y supusieron que estaba relacionada con sus problemas en el Oriente Medio, pero lo cierto es que la VI Flota no volvió a usar la Ciudad Condal como lugar de descanso para sus tripulaciones.

La Barcelona obrera (6)

22 junio, 2021

La unificación de diversas poblaciones y la creación de la nueva Barcelona no fue sólo el resultado de la expansión inmobiliaria y del crecimiento demográfico. Uno de los factores fue el naciente mundo profesional y adminstrativo moderno, que, siguiendo el eje central del Ensanche, ascendió hacia Gracia. Así se creó un centro burgués moderno que combinaba el despacho profesional, la vivienda burguesa y el lujo de la categoría.. Estas casas comenzaron a situarse en el Paseo de Gracia, la Rambla de Cataluña y las calles Bruc, Pau Clarís y Balmes. De igual manera, la plaza Cataluña y las primeras manzanas del nuevo Paseo comenzarpn a llenarse de cafés, restaurantes y espectáculos de primera categoría, reemplazando a los viejos y tradiciones espectáculos de feria que durante décadas habían ocupado el camino de Gracia. Un símbolo de estos tiempos fue la reconstrucción del teatro Tívoli y el Novedadeds, cerca de la plaza de Cataluña.

Las Ramblas, el eje de la vida social en el siglo XIX, empezaron a perder parte de su esplendor frente al centro del Ensanche y poco a poco fueron adquiriendo una fisonomía cosmopolita y abigarrada, interclasista. En el centro de las Ramblas, por cierto, especialmente en la del centro, se encontraban los mejores cafés, los mejores hoteles y restaurantes y los mejores teatros (el Teatro Principal, el Gran Teatro del Liceo, el Hotel Oriente y el Café del Liceo, por ejemplo). A principios del siglo XX se popularizaron las Ramblas, así como la ascensión hacia Canaletas y la plaza Catalunya de hoteles y cafés más escogidos (el Hotel Continental -sede de una famosa y burguesa peña intelectual) o el Hotel Colón. Por su parte, la popularización partió de la Rambla de Santa mónica y Sana Madrona, cerca del puerto, sede entonces de las principales cervecerías de Barcelona, que lograron una gran implantanción popular, extendiéndose en di rección al Paralelo.

El Paralelo, y no las Ramblas, sería el lugar de encuentro de la burgesía y los obreros. Su aparición fue reciente, de comienzos de siglo XX. La calle, como tal, no fue inaugurada hasta 1894 y los primeros edificios no fueron construiodos hasta ifnales del siglo. Enre 1890 y 1903 el Paralelo estuvo lleno de descampados y patios, con algún edificio aislado. Dominaban entonces las tabernas, los barracones y el naciente submundo extramuros de la ciudad. Fue entre 1903 y 1914 que la calle se configuró como un importante element ourbano para la unificación moral y cutlura de la nueva Barcelona, la época dorada de la época de la zarzuela y el género clásico, de la óperatea, la revista, el café, de las primeras copletistas y «pulgueras», artistas líricos, dramaturgos, revolucionarios y bohemios. Fue la época de la europeización y la modernidad, mitad parisina, mitad americana, los salones de baile, el tango, las orquistas y, a partir de 1917, el jazz y los cabarets. Llegan al Paralelo nuevas bebidas, como el gin y el whisky, y escritores, músicos, deportistas. En cierto modo, el Paralelo se volvió una continuación del Raval que pronto Paco adrid, un peridosita, denominó «Barrio Chino», centrado en la calle Conde de Asalto y sus bares y mueblés.

La Barcelona obrera (5)

20 junio, 2021

Entre 1887 y 1920 Barcelona multiplicó por 2,6 el total de su población, pasando de 272.000 habitantes a 710.000, superando en 1930 el millón de residentes. En 1897 se produjo la anexión de la mayor parte de las poblaciones del Llano, entre la sierra de Collserola y el mar. Y el primer y gran evite de la nueva ciudad fue integrar todas aquellas poblaciones a la nueva realidad ciudadana: los viejos pueblos se convierten en nuevas barriadas obreras y aparecen nuevos núcleos de vida social que impulsan decisivamente el proeceso de unificación e integración.

En este aspecto se perfiló de manera más o menos clara un reparto de papeles. Frente a un nuevo centro burgués se consolidó otro centro ciudadano más popular y obrero. Esta Barcelona quedaría perfilada durante los años de la Gran Guerra, heredera pero muy diferente de la Barcelona del siglo XVIII.

El crecimiento de la población tuvo un carácter multipolar. No se trató de una simple expansión a partir del Casco Antiguo. Esa explica sólo el primer mapa efectivo del Ensache, que parte de la plaza de Cataluña y las rondas de Universidad y de Sant Pere, siguiendo el eje del paseo de Gracia. Al lado de esta expansión, el crecimiento afectó a Sants, al oeste, y a Sant Martí de Provençals, al noroeste. El caso de Gracia, al noroeste, fue especial al partir de una población alta y consolidada. Más tardíos, en los años 20, fueron los crecimientos de Sant Andreu, Horta, Sant Gervasi, Sarrià, etc. En gran medida, la nueva Barcelona de principios de siglo fue deudora de la expansión de los nucleos de trabajadores de los ex-municipios del Llano, los cuales perdieron paulatinamente sus relaciones con el campo y adquieron un marcado caracter de barrio obrero. Esta reconversión se vio favorecida, lógicamente por la multiplicación de las grandes fábricas en los espacios externos de dichos pueblos y el consiguienten asentamiento de población obrera inmigrada. También, al mismo ttiempo,, se produce la concentración de las profesionales liberales y de la nueva clase adminsitrativa en algunas zonas del Casco Antiguo y del centro del Ensanche, lejos de los municipios agregados.

En la zona de Sants, Hostafrancs pasó de 8.000 habitantes (1887) a 17.000 (1920) y Sants de 19.000 a unos 45.000 (más de 70.000 en 1930). Por su parte, los 30.000 habitantes de Sant Martí en 1886 más de 74.000 en 1916. Gracia, con una tradición trabajadora y una vida local propia muy acusada, pasó de 45.000 habitantes en 1888 a 62.000 en 1897 y 79.00 en 1916. No hace falta decir que estos nuevos barrios de una nueva ciudad superaban en población a muchas ciudades españolas de la época.

La Barcelona obrera (4)

19 junio, 2021

Otra imagen arquetípica de Barcelona obrera y popular es la de la ciudad de las bombas, la «rosa de fuego». Era la otra cara de una ciudad en pleno cambio. Desde hacía ya tiempo que las bombas acompañaban a los conflictos laborales. Los acontecimientos relativos al primero de mayo y a la represión gubernamental fueron acumulando resentimiento y deseos de venganza entre importantes sectores anarquistas. Fue entonces cuando se produjo el paso del petardo intimidatorio al patrón al atentando con apariencias de ejemplaridad y con una simbología más o menos explícita. Súmese a esto la oleada de atentados terroristas anarquistas en Europa, como el caso Ravachol en Francia. En España, la oleada se sintió entre 1893-1896: el atentado de Paulino Pallás contra el general Martínez Campos durante un desfile militar el 24 de septiembre de 1893; el atentado de la noche del 7 de noviembre del mismo año en el Liceo (las dos bombas Orsini lanzaqdas por Santiago Salvador de las que sólo estalló una y causó 23 muertos y 34 heridos); la bomba lanzada contra la procesión del corups de 1896 (seis muertos y 44 heridos).

Los atentados facilitaron la represión, dirigida contra todo el movimiento obrero y popular. El llamado proceso de Montjuic que siguió al atentado de 1896 significó más de 400 detenciones y un sinfín de torturas y arbitriaridades; cinco implicados fueron ejectuados, entre ellos Tomás Archeri, un anarquista italiano de origen francés, un confidente de la policía que fue acusado de ser el autor material del atentado. También hubieron numerosas condenas de cárcel.

Aquel proceso abrío una serie de campañas de protestas internacionales contra aquella España negra, católica y reaccionaria. Además, no terminó con la agitación terrorista en la ciudad. A partir de principios de siglo, en especial tras la huelga general de 1902, se produjeron nuevos estallidos y explosiones, pero ahora sin objetivos claros. A la postre, el autor de los atentados resultó ser un confidente de la policía, Joan Rull, lo que puso de manifiesto las confusas relaciones del terrorismo, las autoridades y el submundo urbano de Barcelona.

Entre antenados y atentado, se produjeron movimientos huelgísticos que escapaban da los cauces laborales y asumían objetivos de revuelta social. Barcelona fue el escenario de las huelgas generales de mayo de 1890 ol de 1902 y de la revulta popular de julio de 1909, la famosa Semana Trágica. Se trataba del nacimiento de la Barcelona obrera y popular, diferente de la ochocentistas, con un renovado republicanismo, a labusqueda de una renovación de los viejos modelos sindicales. La incacapidad de la ciudad y de sus clases dirigentes para asumir económica y políticamente el crecimiento de la población llevó a esta violencia, además del aumento de pobres y grupos poblacionales desarraigados, lo que creaba, a su vez, una Barcelona en crisis-

La Barcelona obrera (3)

17 junio, 2021

La Restauración se dedicó a marginar al obrerismo y al republicanismo, lo que resultaba bastante lógico, dado su carácter conservador e inmovilistam, y los apartó de las instituciones, la adminstración y de la vida política oficial. Para ello se sirvió del uso del sufragio restringido y censitario y del caciquismo electoral operante a partir de 1890, cuando se instauró, aunque sólo de manera téorica, el sufragio universal. Sin embargo, el régimen no logró hacer desaparecer la vieja tradición republicana, federalista y sindicalista ni en Cataluña ni, todavía mucho menos, en Barcelona, pues el obrerismo y el republicanismo populares estaban demasiado vinculados con la intensa vida cultural y política no oficial, que se afirmó todavía más como reacción al mundo más conservador y burgés, corporativo y académico.

Otro motio más fue la gradación establecida por el movimiento republicano, un movimiento muy fraccionado. Una de las facciones del mismo, más moderada y posiblista, se unió al nuevo sistema y actuó como oposición en el Ayuntamiento de Barcelona y en la diputación provincial, haciendo, conscientemente, de puente entre el régimen y el mundo popular. Eso explica su gran importancia en los años 80 y 90 del siglo XIX, En la Ciudad Condal. Este republicanismo moderado mantenía estrechos vinculos con importantes sectores del obrerismo más sindicalistas y cooperativista. Su prensa era sin duda la más popular de la ciudad. El diario La Publicidad era su órgano más oficial y se disputaba la hegemonía con otro gran diario republicano local, El Diluvio. En la prensa satírica no tenía en cambio rivales importantes: La Campana de Gràcia y L’Esquela de la Torratxa, semanarios en catalán, fueron, hasta bien entrada la década de 1930, los periódicos de mayor tirada e influencia popular de la ciudad.

Los cambios finiseculares implicaron el agotamient odel posbilismo, y el republicanismo moderado fue reemplazado por el lerrouxismo, que emerge a la par que crece la nueva ciudad, la nueva realidad urbana que integra a las diversas poblaciones del Llano de Barcelona y asumir la aluvial inmigración.

La Barcelona obrera (2)

16 junio, 2021

Una guía de la ciudad de 1888 decía que el barcelonés era «trabajador, infatigable, entusiasta del progreso, amigode las innovaciones útiles y muy capacitado para cualquier tipo de labor. Tenaz en sus empresas, movido por los sentimientos, es un poco rudo en su forma de hablar, pero es franco y de corazón bondadoso«. Respecto alos obreros, otra guía, de 1900, añadía: «el obrero se distingue por su inteligencia, por su instrucción y por lo morigerado de sus costumbres, de tal modo que varios publicistas extranjeros lo presentan como modelo entre todos los de Europa. Frecuenta el café mucho más que la taberna y a los oradores de club; prefiere las orquestas ambulantes que tanto atraen la atención de forastero en las calles de Barcelona, por lo bien que ejecutan hasta piezas clásicas.«

No hay duda de que para Barcelona también valía los clichés establecido para el catalán: Serio, huraño, poco expansivo, reflexivo, intersado en la instrucción, muy celoso de su lengua y cultura catalan, autodidacta ,antimonárquico y pro-republicano. Obrerista e interesado en una emancipación orgullosa y respetable. Una emancipación que entendía como el fruto de un esfuerzo al mismo tiempo individual y mutual. Dspecivo y muy crítico ante la vida desordenada del proletario recién inmigrado o del proletario de taberna.

El arquetipo perduraba.

Frente a la taberna y el alcohol, el obrero catalán prefería el centro y el café. La historia venía de lejos, de los orígenes asociacionista del obrerismo barcelonés. Eran multitud los pequeños locales alqulados, dsedesde de las mávas variads asociaciones. Asociacione excursionistas, centro de liberpresandores, centros espiritistas, casinos republicanos, grupos corales, ateneos populares… Los sindicatos, faltos de medios y muy perseguidos, tendían a guarecerse en los centros republicanos, cooperativa o en pequeños cafés y cervecerías. Algunos de estos centros articularon la vida política de la ciudad, aunque el régimen de la Restauración pusiera todas las trabas posibles al establecimiento de grandes centros obreros. El peseo del pequeño barrio y de los antiguos núcleos municipales continujaron siendo funadmentales. La construcción, a partir de 1903, de una casa del Pueblo en el Ensanche por iniciativa de lerrouxismo, no alteró demasiado la situación, aunque supuso un cierto avance hacia la centralización de la vida republicana barcelonesa. Un papel semejante iba a desempeñar años después el Centro Obrero de la calle de Mercaders, en el barrio de Santa Catalina, para el sindicalismo anarcosindicalista.

También existieron otros locales y asociaciones especialmente paradigmáticos para el obrero ochocentistas, moderado y respetable ya comentado, como el Centro Industrial de Cataluña, que reunía a la mayoría de los obreros directivos del téxtil -mayordomos y contramaestres-, creada en 1877 por Jpsep Roca i Gales, antiguo dirigente sindicalista en los años de la I Internacional. El Ateneno Obrero de Barcelona, impulsado en 1881 por el sindicalismo moderado agrupado en la organización denominada Las Tes Clases de Vapor. De todas formas, el ejemplo principal sea sin duda los coros poplares creados en 1851 por Josep Anselm Clavé, un político demócrata y republicano, obrerista. Clavés había traducido la Marsellesa al caatalán en 1871 y había popularizado un gan número de composiciones que represntaban al mismo tiempo una afirmación de autoestima como obrero y como catalán.

La Barcelona obrera (1)

14 junio, 2021

Los años transcurridos entre la Exposición Universal de 1888 y el estallido de la Primera Guerra Mundial es un largo cambio de siglo en el que Barcelona avanza entre sus contradicciones internas y sus costumbres populares a las que se suman el nacimiento de nuevas situaciones y formas de vida que se relacionan con el crecimiento de una renovada y más extensa clase proletaria.

Una imagen típica y tópica de la Barcelona industrial de finales de siglo son las chimeneas humeantes que se alzan sobre sus edificios. Esta visión ha sido repetida hasta la saciedad, pero sólo contiene una parte de verdad, no toda, porque ignora a los viejos trabajos y oficios, que todavía son importantes. De hecho, el oficio era el rey, con su multiplicidad de reglas y jerarquías que marcaban un camino de ascenso perfectamente tipificado. Aprendices, oficiales y maestros constituían una estructura social que, lejos de ser superada por el progreso de la historia, estaba en plena fase de desarrollo y prestigio. La nueva ciudad burgesa los necesitaba, pues demandaba trabajos bien hechos y artesanales. En un sentido paralelo, el desarrollo técnico del trabajo industrial del trabajo de gran fábrica favorecía la renovación de la impotancia del operario.

Barcelona contaba a principios del siglo XIX con medio millón de habitantes, siendo los trabajadores un 30% de la misma (unos 100.000). Los grandes sectores eran el téxtil (33.000 hombres y mujeres), la construcción y la madera (20.000), el transporte (13.000), el servicio público (10.000), el metal (10.000), etc. No debe olvidarse al servicio doméstico (24.000) y el comercio (38.000). Era en el téxtil y el metal donde mayor peso tenían las concentracionse de trabajadores industriales. Amplios nucleos proletarios, con peonaje y trabajo no especializado, se encontraban también en el trnasporte y, en parte, en la construcción.

Aquella Barcelona obrera y proletaria de finales de siglo entaba a trabajar a las cinco de la madrugada con las sirenas fabriles y las largas colas de hombres y mujeres que iban a trabajar desde los núcleos periféricos, marchando muchas veces campo a través hacia las grandes fábricas textiles, como la España Industrial de Sants o Fabra y Coats de Sant Andreu, cada una con unos dos mil trabajadores. O los que iban hacia la Barceloneta a trabajar en las fundiciones y talleres metalúrgicos, a la Maquinista Terrestre y Marítima o al os Talleres Vulcano, sin olbidar el abigarrado mundo de pequeños y medianos talleres, integrados en la vieja ciudad y en las poblaciones del Llano. En especial en la Ciutat Vella existía un tercer núcleo obrero: el de los trabajos y productos tradicionales, donde aún tenían lugar los baladrers que pregonaban oficios y mercaderías: silleros, traperos, paelleros, zapateros de portal, barberos, etc…


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