Archive for the ‘Relatos’ Category

El retorno de Fu Manchú (34)

18 agosto, 2019

El control de carreteras estaba justo al norte de las afueras de la pequeña ciudad polvorienta y estaba compuesto por una barrera que cortaba la carretera, dos nidos de ametralladoras y una caseta de corte alemán, con los colores rojo, blanco y negro. Un teniente chino cumplía con celo su deber y comprobando cada uno de los fuertemente escoltados camiones que cruzaban su puesto. Este fue el lugar escogido por los agentes del servicio secreto para atacar.

Aproximándose al control, Nayland Smith comprobó con grandes gestos y aspavientos su libreta y los lápices y plumas agrupados en el bolsillo de su chaqueta mientras Indy trasteaba con su cámara de fotos con igual entusiasmo. Antes de alcanzar el control, todos los soldados les miraban fijamente.

-Buenos días -exclamó Indy-. Somos Smith y Jones, del South China Morning Post. Quisieramos entrevistrle capital. Vamos a tomar algunas fotos… ¡justo ahí! ¡Estupendo! ¡Va a ser una estupenda foto de portada, capitán…

-Wang. Teniente Wang, de hecho… Son del periódico de Hong Kong…?

-¡Por supuesto! -contestó Nayland Smith – Ahora, quiero que se concentren en las preguntas que voy a hacer… sólo diga la verdad, ¿de acuerdo?

-Eeeh… sí, claro, por supuesto.

-Genial. ¿Han usado los japoneses gases contra ustedes en este sector?

-¿Gas? -Wang contestó perplejo- No, para nada.

-¿Seguro? ¿Nada de gas mostaza? ¿Ningún tipo de gas venenoso?

-¡Sí, estoy seguro! -contestó Wang con un creciente tono de alarma en su voz- ¿Por qué pregunta esto? ¿Han usado gas en otras partes?

Ignorando las preguntas de Wang, Nayland Smith escribió en su libreta.

-Bien, me alegro por usted. El gas es algo maldito, diabólico. Los soldados que les pilló sin máscaras de gas… pobrecillos. Esas pieles quemadas, las pústulas… Esos gritos incesantes… por cierto, teniente Wang… ¿dónde está su máscara de gas?

-¡No! -aulló Wang, claramente aterrado.

Cuando se marcharon los dos espías, el pobre teniente temblaba de puro terror.

Más tarde, wang detuvo a una caravana de cuatro camiones Opel Blitz. Sus soldados, claramente nerviosos por lo que les había contado su teniente sobre el gas, se acercaron a investigar los camiones. Entonces pasó.

Sonaron varias explosiones ahogadas y un humo blanco comenzó a aparecer alrededor del puesto de control, aproximándose al teniente Wang y sus hombres. Durante un segundo reinó el silencio mientras los soldados chinos observaban aterrados el humo que se les acercaban. Entonces su oficial gritó:

-¡GAAAAAAAAAAAAAAS! -Incluso los conductores y los soldados de los camiones salieron corriendo tan deprisa como sus piernas se lo permitían, temiendo a cada segundo caer víctimas del gas venenosos con sus pulmones deshechos. En un minuto el control de carreteras estaba desierto.

Dos hombres aparecieron tranquilamente entre el humor que sus bombas habían desatado. Indiana Jones sonrió maliciosamente.

-Sí que saben correr estos chicos, sí…

Subiéndose a la cabina del último camión, “Smith y Jones” buscaron con rapidez y pronto encontraron lo que estaban buscando entre las cajas de municiones apiladas por doquier.

-Interesante -exclamó Indy-. Suplemento de vitaminas… cuatro inyecciones…

-Seguro que sí… vitaminas… -replico Nayland Smith con una sonrisa burlona.

Media hora después, ambos espías abandonaban Weichang en un Ford negro con rumbo al norte.

Anuncios

El retorno de Fu Manchú (33)

8 agosto, 2019

Weichang, Manchukuo
15 de septiembre 1937

Era una pequeña ciudad de la Manchuria ocupada por los japoneses en la que predominaban los tonos grises y marrones. A comienzos de la guerra la había recuperado las tropas chinas que había avanzando victoriosamente por la zona.

Pero también habían tenido problemas. La caballería del general Ming había sido expulsada de Fuxi y el II Ejército había sido retirado para enfrentarse a la invasión nipona al norte de Shanghai, que había forzado a los chinos a pasar a la defensiva en Manchuria. Y ayer llegaron las peores noticias: rumores sobre una gran invasión japonesa en Xiamen.

La mayoría de la gente hablando de ello en la cantina eran corresponsales extranjeros. Dos de ellos estaban sentado aparte, en una sucia mesa llena de vasos, muchos de ellos sucios y necesitados de un buen lavado.

-Como te digo – exclamó Indiana Jones levantando un vaso que rebosaba de un extraño licor-, los chinos no tienen fuerzas para contener el último desembarco, salvo la milicia, que los japoneses se comerán con patatas camino del corazón de China.

Indy parecía completamente cómodo en la sucia cantina China, pero Nayland Smith, que también fingía ser un corresponsal, parecía no sólo fuera de lugar con su traje marrón y su sombrero fedora, pero también estaba claramente disgustado, mientras miraba con gesto dudoso el vaso y se bebía su contenido sin pensar demasiado.

-Quizás tenga razón, doctor Jones, pero me sorprendería mucho si Fu Manchú no tuviera una sorpresa en reserva… por cierto… ¿qué demonios es este “Tequila” ? ¡Es horrible! En fin… volviendo al tema ¿está todo listo?

Indy asintió:

-Creo que sí. En cuanto llegue la próxima columna de suministros, nos pondremos a ello. Anoche puse los explosivos. Sólo nos tendremos que ocupar de los centinelas.

-Muy bien… ¡vamos! -dijo Nayland Smith levantándose de la silla. Se detuvo para mirar los vasos sucios y murmuró: ¿cree que los lavan alguna vez, doctor Jones?

-No hace falta. el alcohol los desinfecta.

El retorno de Fu Manchú (32)

3 agosto, 2019

Esa misma noche James Bond se dirigió al despacho del general Shunroku Hata, que había aceptado verle. Pese a la diferencia de rango, el general salió de detrás de su mesa para darle la mano al oficial británico y ofrecerle un asiento.

-Es un placer verle, señor Bond. Por favor, siéntese. Yo…

Mientras se sentaba, Bond pudo ver como los ojos del general se abrían desmesuradamente y, al siguiente instante, el mando de un cuchillo pequeño asomaba de la garganta del nipón, justo por encima del cuello de su uniforme.

Bond se levantó de un salto mientras el general Hata se desplomaba sobre su mesa, consiguiendo pronunciar una única palabra con su aliento final:

-Ninj…ah!

Amar al diablo (II)

27 julio, 2019

Se había ido cuando la mañana se asomaba en el horizonte, la hora en la que los amantes se deslizan por las sombras y se marchan a casa. Estaba muy tocada, muy hundida, como si le fallaran las fuerzas para llegar a la calle. Había jurado que se iba para siempre.

-¿Me devuelves las llaves? – le dije como mezquindad de despedida.

-Claro, no las voy a volver a necesitar – me dijo con aquella sonrisa triste que tantas veces le había visto en la cara, cuando ella me desconcertaba y me dejaba lleno de dudas.

Me las lanzó. Las vi volar con una grácil curva por el aire y caer a mis pies, pero no le di el gusto de verme agacharme a recogerlas. En su cara se había fijado esa sonrisa triste, tibia, que se llevó consigo cuando bajó por las escaleras.

El retorno de Fu Manchú (31)

25 julio, 2019

Mukden, Manchukuo
Cuartel general del ejército expedicionario imperial nipón en China
15 de septiembre de 1937

James Bond pensó que su nuevo uniforme de la Royal Navy le sentaba de maravilla, aunque no pudo evitar sonreír al tener que dejarlo en el armario para la próxima misión que le había llevado a Mukden: conseguir un ejemplo dela fiebre de Jade. No debería ser difícil conseguir una muestra de sangre de un soldado infactado con el virus, puesto que el principal hospital de campaña nipón estaba en Mukden, junto con el cuartel del general Shunroku Hata. Sabía que Nayland Smith y el doctor Jones (su padre… pensó, todavía reacio a admitir ese hecho), estaban llevando a cabo una misión paralela al otro lado de las líneas, simulando ser corresponsales de guerra, para hacerse con un ejemplar de la droa del Alma del Dragón.

El papeleo necesario para conseguir que el subteniente Bond actuara como observador militar para el Imperio Británico había costado muchísimo, y, aún así, Bond tenía un acceso limitado. Algunas zonas, simplemente, eran demasiado secretas para que se acercara siquiera. Eso importaba poco, pues no espiaba a los japoneses. Lo único que le interesaba eran sus enfermo, lo que no era, precisamente un gran secreto militar.

Escoltado por el capitán de infantería Koji Kabuto, Bond caminaba por una de las fangosas calles de Mukden camino del hospital. Kabuto era un hombre decente, y habían charlado bastante durante sus excursiones por la vida nocturna de los burdeles militares nipones, aunque Bond había esquivado por los pelos entrar en ellos. No le atraían especialmente.

Pronto llegaron al hospital y vieron las interminables hileras de tiendas, cada una conteniendo en su interior a un centenar de pacientes. La enfermedad causada por el virus había sido devastadora, tanto por la enorme cantidad de casos críticos como de pacientes debilitados. Los japoneses tenían un problema enorme.

Kabuto iba en cabeza, atravesando los controles de seguridad facilmente con el pase firmado por el general Hata hastau na de las tiendas. Dentro las filas de camas se extendían de punta a punta. Los enfermos tenían un péismo aspecto y se escuchaban murmullos y lamentos por doquier. El olor a miembros gangrenados, vomitos y desinfectante eran sofocantes.

Mientras Kabuto maldecía a los chinos por usar unas armas tan poco “deportivas”, Bond observaba con atención a las bellas enfermeras que atendían a los heridos. No era dificil imaginar un hospital en Flandes, durante otra guerra…

-¿Se encuentra bien, teniente Bond -preguntó Kabuto al ver palidecer al británico. Había escuchado que los occidentales eran unos flojos, y al parecer era cierto.

-Sí, sí… es el olor… ¿podemos infectarnos con esta fiebre de Jade? – Aunque no fuera mortal, el virus planteaba unos problemas tan obvios que enfermar era una perspectiva poco agradable.

-No se preocupe, teniente – contestó Kabuto con una sonrisa condescendiente-. Nuestro doctores están seguros de que la fiebre no es contagiosa. Sólo el patógeno puede transmitirla. De otro modo, sería inútil, pues podría contagiar a los mismos soldados chinos. ¿Seguimos?

-Un momento, quiero hablar con los doctores -dijo Bond aproximándose a las batas blancas, que estaban examinando un caso-. Buenas tardes, caballeros, soy el sub-teniente Bond, James Bond, de la Royal Navy. ¿Les puedo hacer algunas preguntas?

El doctor de más rango sonrió:

-Caramba, teniente, su japonés es bastante bueno, pero no hace falta que sea tan formal. Este paciente está en la etapa terminal de su enfermedad, y no creemos que pase de esta noche.

-¿Sería posible obtener una muestra de sangre? -preguntó Bond – Quizás nuestros doctores podría nencontrar una cura para esta enfer…

-¡No! -gritó Kabuto- ¡Para eso necesita el permiso expreso del general Hata! Él es el único que puede darle ese permiso, señor.

Bond suspiró. Tocaba visitar al general…

Amar al diablo (I)

23 julio, 2019

Me he negado a verla. En la misma puerta del depósito de cadáveres me he dado la vuelta. Ella lo habría comprendido. Prefiero recordarla viva, incluso cuando se fue, con aquella expresión en su cara, el sábado, cuando apenas amanecía. Había jurado que se iba para no volver.

No me imaginaba que iba a cumplir su promesa al pie de la letra.

Así que le he dado la espalda al hospital y me he metido en el coche. No he llegado a poner los pies en el vestíbulo. Creo que he aguantado la respiración hasta que he llegado a casa. Ahí es cuando he dejado ir mi desesperación.

Joder, que no he dejado un mueble entero. El salón ha quedado convertido en un pequeño Beirut, pero el resto de la casa ha quedado escrupulosamente intacto.

El retorno de Fu Manchú (30)

21 julio, 2019

Hong Kong,
20 de julio de 1937

Dennis Nayland Smith dejó su ejemplar del South China Morning Post sobre la mesa de café, al lado de su gin tonic

-El gato ha salido a cazar ratones, me temo. Guerra con Japón… Dios mío.

Él y James Bond, recién ascendido a subteniente, estaban sentados en la terraza de un bar de Kowloon, no demasiado lejos de la casa, de apariencia común, donde se alzaba el cuartel del servicio secreto para la “operación FM”. La mayoría de los presentes, chinos, creía que Nayland-Smith y Bond eran amantes, lo que divertía al primero y no tanto al segundo. Dado que les daba una excusa para que les vieran juntos sin levantar sospechas, ninguno de los dos intentó aclarar el malentendido.

Tras pedir otro Martini seco, bebida a la que parecía haberse aficionado desde su primer encuentro, Bond preguntó:

-Esto es lo que esperábamos, ¿verdad? -Bond había perdido su costumbre de saludar según la etiqueta militar, para alivio de Nayland Smith, que, dada las circunstancias, era feliz de no ser tomado por un practicante de juegos de amo y esclavo.

– Así es, muchacho, así es. Con cientos de miles de soldados chinos consumiendo la droga de la guerra de Fu Manchú a diario, tendrán que estar enviándose cargamentos en masa al frente. La seguridad no puede ser omnipresente, así que tenemos que aprovechar la oportunidad.

-¿Y el patógeno? -preguntó Bond.

-Ese es otro tema. No sabemos el método de propagación. Bombas, artillería, viento… -replicó Nayland Smith encogiéndose de homros.

-No creo que sean las bombas. Los chinos apenas tienen una fuerza aérea -replicó Bond

-Cierto, pero tal vez sólo hagan falta unas pocas bombas para extender la infección. Tenemos que investigar, tanto detrás de las líneas chinas, como periodistas, y de las japonesas… ¿como observadores internacionales, tal vez?

Nayland Smith suspiró de repente, sonriendo con tristeza.

-¿Parece irreal, no es cierto? Aquí estamos, bebiendo tranquilamente en la terraza de un bar, cuando, a unos pocos kilómetros ,un país está en guerra, luchando por su existencia. Por una vez podría simpatizar con Fu Manchú… los japoneses son un enemigo brutal, y si él está ayudando a los chinos, quizás tengan una oportunidad.

Bond asintió.

-La ofensiva ha pillado por sorpresa a Tokio, ciertamente. ¿Cree que Fú está manejando sus hilos?

-Tal vez. Una pena que Shangai esté a punto de caer. Tal vez incluso Nanking.

-¿Qué se esperaban? -replicó Bond mirando la primera página del South China Morning- Concentraron todas sus mejores divisiones al norte de Beijing. Es lógico que los japos les ataquen en cualquier lugar desprotegido.

-Supongo que intentan recuperar la iniciativa de manos japonesas. Aunque también es verdad que no todas sus mejores tropas están en el norte. Tienen el 3er Ejército de Campaña en Zhanjiang. Debería poder detener cualquier avance hacia Hainan.

Bond guardó silencio por un tiempo.

-Supongo que será una guerra larga. Los chinos son más fuertes de lo que los japoneses esperaban, pero tampoco para derrotar a sus enemigos, así que esto puede eternizarse.

Terminando su bebida, Nayland Smith se puso en pie. Fuera a durar mucho o poco, ellos tenían dos misiones por cumplir.

El retorno de Fu Manchu (29)

14 julio, 2019

Manchuria,
frontera chino-japanesa
12 de julio de 1937

Todo empezó cuatro días después. En las horas que precedieron a la declaración de guerra nipona contra la República de China, una extraña enfermedad se extendió entre las divisiones japoneses acampadas a lo largo de la frontera chino-machuriana. Las caras se volvías verdes o del color de la ceniza mientras una fiebre ardiente se apoderaba de los enfermos. Cuando llegó la orden de avanzar, los soldados japoneses lo hicieron, pero sin su habitual vigor. Los “banzai” que acompañaban a la escucha de las órdenes del día eran menos potentes.

Entonces los chinos atacaron: diecisiete divisiones de infantería avanzaron en un ataque en masa contra Zhangjiakou. Estaban bien equipadas y bien entrenadas, con adecuado apoyo artillero, en lugar de los habituales ataques de la milicia. Loa japoneses, enfermos o no, defendieron el terreno encarnizadamente, abatiendo a centenares de soldados atacantes con sus ametralladoras, morteros y cañones. Pero los chinos continuaron avanzando contra las líneas enemigas. Fue una carnicería. Como animales salvajes, los soldados nipones destriparon con sus bayonetas al enemigo. Los japoneses, a pesar de estar debilitados por la fiebre jade, lucharon con valentía y murieron sin retroceder un paso, causando grandes bajas a los chinos.

El general von Falkenhausen y el generalísimo Chiang-Kai Chek estaban en el puesto de mando del germano, recibiendo los primeros informes. El puesto de mando era una simple tienda con una mesa sobre la que se desplegaban los mapas, rodeada por radios y sus operadores. El general tenía un estado mayor principalmente alemán, con sólo algunos oficiales chinos actuando como enlaes.

-No corren o se rinden, generalísimo – comentó von Falkenhausen-. ¿No les afecta la Fiebre Jade?

-No les afecta tanto como a la chusma con la que combatimos en Sinkiang. Son soldados del Ejécito Imperial japonés, educados con el código del Bushido. No hay nadie más valiente o fanática en el mundo que ellos – declaró Chiang con admiración, si bien a su pesar.

-¿De verdad? -Falkenhausen levantó una ceja – Pensaba que su reputación había sido exagerada por sus tropas para excusar sus derrotas anteriores.

Ignorando el ofensivo comentario, Chiang prosiguió.

-No se rendirán bajo ninguna circunstancia y combatirán y morirán sin ceder un paso. Cuando pierdan toda esperanza, calarán bayonetas y se lanzarán a la carga. Sí, sentirán la enfermedad debilitandoles, pero no cederán a ella.

-Interesante. Lo que los japoneses tienen es el equivalente a la droga del Alma del Dragón, sólo que sus logros proceden del adiestramiento en lugar de la medicina.

-¡Herr General, la primera línea enemiga ha caído, nuestras tropas asalta la segunda!’ informó uno de los operadores de radio alemanes.

-¿Bajas? -preguntó von Falkenhausen con el mismo tono con el que hubiera preguntado por el precio de un periódico.

.Muy graves en las compañías de vanguardia, de un veinte a un treinta por ciento, igeras en el resto… – la radio cobró vida de repente, mientras el operador guardaba silencio-. ¡Herr general, el enemigo retrocede!

-Ahí va el mito del invencible ejército japonés, generalísimo. Al general Ming: ¡lance la caballería a la carga!

Detrás de la infantería china esperaban ocho divisiones de caballería mongol, esplendidamente equipadas con sables, subfusiles, ametralladoras ligeras y artillería remolcada por cañones, que habían avanzado al ritmo de los soldados de a pie. Ahora, al llegar la orden de ataque, una masa de caballos y hombres se lanzaron al ataque en la carga de caballería más grande de la historia: 96.000 jinetes y sus monturas cayeron sobre los nipones en retirada como un tsunami. Sus líneas se disolvieron bajo los cascos de los atacantes y pronto los jinetes chinos empezaron a prender fuego a camiones, lanzando granadas a posiciones de artillería y arrasando posiciones de retaguardia. Los salvajes de la estepa no mostraron misericordia ni con los heridos ni con los que se rendían, aunque de estos últimos hubieron muy pocos casos.

-¡Una ruptura completa, herr general!-gritó un jubiloso operador de radio. La victoria había tardado menos de dos horas en llegar. Las divisiones de Terauchi se retiraban en completo desorden.

-¡Gut, gut! Llame a Ming. ¡Que no se detenga hasta que lleguen a Fuxi!”

Chiang Kai-Chek sonrió feliz. El sueño de toda su vida, expulsar a los invasores y devolver a China su poder, grandeza y prosperidad era por fin posible. Los japoneses habían sido derrotados. No eran superhombres, después de todo.

Una noticia rompió el buen humor: los japoneses habían desembarcado en Hainan y en Nantong. Apenas unas pocas unidades de la milicia se oponían a los invasores, que avanzaban bajo la cobertura de la artillería naval.

Nantong estaba al otro lado del río Amarillo, que lo separaba de Shanghai y Nanking, la capital provisional. Quizás, pensó Chiang el precio de la victoria iba ser más alto de lo previsto.

Microcuento #3

1 julio, 2019

Mariano Rajoy, el que fuera guardameta del Real Madrid y suplente de Del Bosque, ha anunciado su fichaje como preparador físico por el Deportivo de La Coruña.

El retorno de Fu Manchu (27)

30 junio, 2019

Whitehall, Londres
2 de febrero 1937

-Verá, sir Dennis, no es que no me tome en serio lo que usted me dice -dijo sir Stanley Baldwin con firmeza-, porque lo hago. Como todos los nuevos primeros ministros desde 1914, he leído los protocolos Fu Manchu, y me es familiar la amenaza que representa. Estoy muy preocupado al verle activo de nuevo, tras creer que había muerto tanto tiempo atrás que esa enfermedad suya que proporciona al Quomitang me resulta muy preocupante, pues apunta a una colaboración entre el gobierno de Chiang Kai-Chek y el Si-Fan. Pero realmente no hay mucho que yo pueda hacer.

-Pero, seguramente, reforzar nuestras fuerzas armadas…

-Nos estamos rearmando, de eso puede estar seguro, pero no podemos hacer nada demasiado obvio para no probocar a los alemanes. Además existen otros problemas ara este gobierno.

-¿Así que no va a hacer nada? replicó Nayland Smith con desánimo.

-No he dicho eso. Lo que voy a hacer es ponerle a usted al frente de una subdivisión especial del Servicio Secreto que responderá directamente ante el Primer Ministro. No estoy demasiado impresionado con Sir Hugh, pero ahora no puedo destituirle y, desde luego, necesito información sobre Fu Manchú. Podrá disponer de todo lo que necesite, dentro de unos límites, por supuesto… ¿Tiene algún lugar en mente como base de operaciones?

– Obviamente, Hong Kong, porque tendremos que movernos por China para investigar, pero no puedo trabajar desde las oficinas del Servicuo Secreto.

-Queda autorizado para hacerse con cualquier local que le sea necesario. ¿Ha pensando en alguien para formar parte de su gente?

-Me gustaría mantener a mi secretaria del MI6, Miss Monneypenny, y al alférez James Bond. Y como un experto asociado… a un arqueólogo americano llamado Henry Jones. que me ha ayudado mucho en mis investigaciones. Creo que un buen historiador y etnólogo como él podría serme muy útil para comprender los motivos de Fu Manchú, ademas de sus conocimiento de lenguas asiáticas. Asimismo, necesitaré un equipo de forenses, científicos, criptógrafos…

-Los tendrá. Ahora, dejemos de perder el tiempo, sir Dennis. El futuro del Imperio puede depender de ello.


Entramado de sentimientos

Relatos, cuentos, historias y libros escritos por Anne Kayve

Sociología crítica

Articulos y textos para debate y análisis de la realidad social

DIARIO DE UNA SUMISA NOVATA

Poco a poco, dia a dia, contando como me he convertido en sumisa.

tececonvida

La íntima historia de una vida

Marisol escribe

Ven a leerme.

Las Gafas Moradas

Espacio feminista para todes

NO HAY UNA RUBIA BUENA

Cosas que deberían importar, o no?

TEJIENDO LAS PALABRAS

CON LOS HILOS INVISIBLES DEL ALMA

Swinger Lifestyle

Swinger Clubs, Swinger Cruise,Lifestyle .

Cuernos literarios

Palabras prohibidas a traves del 5 arte

Alejandro Huerta

blog de un nihilista

Perséfonne

Otra fanática más de la literatura

El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

Mi mente dispersa.

Recopilación de frases, diálogos o fragmentos tanto de libros como de películas.

Experimentando mi lado liberal

COMPARTIENDO MIS VIVENCIAS CONTIGO

El sexo y yo

Descubriendo el sexo

BDSM blog

El BDSM bilingüe

Con 40 y.....Salvaje!!!!!

La mujer.. la madre... Con 40 años y.... salvaje

Blue Funky Music

Grupo Musical Jazz / Funk. Hablamos de todo lo que nos inspira la música

CherriesWriter - Vietnam War website

See what War is like and how it affects our Warriors

darecadodemi

historias basadas en hechos reales ¡con dibujos!

Desgranante

Despertador de sentimientos.

salafrancablog

Loca y despeinada. Más en twitter: POEMAS DESCARRIADOS

MyLittleWorld.

My only love is my guitar, I live among books.

Serendipia

Blog dedicado a compartir un pedacito de mí misma.

AGEOFAQUARIUS

“Love recognizes no barriers. It jumps hurdles, leaps fences, penetrates walls to arrive at its destination full of hope.” — Maya Angelou

Una chica trotamundos

CONSEJOS E HISTORIAS DE UNA CHICA VIAJERA

CARLOS AYMÍ ROMERO

La literatura es la mentira en la que más creo.

Embracing Authenticity

"Don't be ashamed of your story it will inspire others!"

SIN OMBLIGO PROJECT

BY JUAN ANDRÉS FERNÁNDEZ

BerenjenoInks

Describir esto? Ni idea, lo que vaya pintando

Diamantes y Basura

Blog del escritor Ismael Villasol

Literatura, cultura y nuevas tecnologías

Este blog aporta herramientas multimedia para aprender y disfrutar de la literatura y de la cultura