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Aktion T4, el otro holocausto nazi

27 julio, 2018

En la ciudad de Alkoven, Austria, se levanta el bucólico y encantador castillo de Hartheim. Su color blanco y su césped verde, no dan ninguna pista de lo que allí sucedió. Este castillo fue uno de los centros donde el régimen nazi llevó a cabo su programa eugenésico llamado Aktion T4, para asesinar bajo supervisión médica a enfermos y discapacitados. Se llamaba T4 porque era en la calle Tiergartenstraße 4, donde se ubicaban el departamento de la cancillería que se ocupaba de reclutar y pagar al personal implicado en esta horrenda actividad.

El programa se realizó en seis centros situados en Alemania y en la Austria anexionada: Grafeneck (Baden-Wurtemberg), Brandeburgo, Bernburg (Sajonia-Anhalt), Hartheim (Austria), Sonnenstein (cerca de Pirna, Sajonia) y Hadamar (cerca de Limburgo, Hesse).

Ya en julio de 1933 se aprobó la “Ley para la Prevención de Progenie con Enfermedades Hereditarias” con lo que se legaliza la esterilización forzosa de personas consideradas por los nazis como biológicamente inferiores” y que incluye a los afectados por enfermedades consideradas hereditarias, como la esquizofrenia, la epilepsia y otras. Este proceso también afectaba a los que sufría nde alcoholismo crónico y otras formas de “corrupciones sociales”. El Ministerio del Interior, dirigido por Wilhelm Frick, dirigió el proceso a través de sus Cortes sobre Enfermedades Hereditarias (Erbgesundheitsgerichte), que seleccionaban quién debía se esterilizado.

El régimen nazi consideraba que estos enfermos, no solo no aportaban nada a la “raza aria”, sino que conllevaban un gasto a la nación, y por cuestiones de “higiene racial”. Los enfermos eran desnudados, despojados de sus efectos personales y llevados a cámaras de gas, donde, mediante la inhalación de monóxido de carbono, eran asesinados. Posteriormente, los cadáveres eran incinerados en un crematorio y sus cenizas remitidas a los familiares con un falso certificado de defunción.

El programa Aktion T4 fue funcional a los propósitos e intereses específicos de la economía alemana en ese momento. Por ejemplo, tales recursos sanitarios (camas, personal, etc.) y los eventuales ahorros presupuestarios pudieron reocuparse o redirigirse hacia otras necesidades económicas, determinadas principalmente por la guerra y la ocupación de los países del este de Europa que comenzó poco tiempo después de iniciado el programa de eutanasia, que fue extendidos a presos de los campos de concentración que mostraban un deterioro físico especialmente marcado y no servían ni para los trabajos forzados del campo ni para la experimentación médica. Esta operación fue denominada por los nazis como Aktion 14f13, la antesala de la implementación de los campos de exterminio masivo como el de Auschwitz, donde fueron utilizados los métodos -ahora en escala ampliada- y en determinados casos también el personal médico y sanitario de la Aktion-T4. Precisamente, como se mencionó más arriba, se sostuvo e hizo hincapié reiteradamente (por ejemplo, en la propaganda respectiva) en que estos programas médicos, como el de eutanasia y el de eugenesia, constituían una higienización de la sociedad necesaria para la buena salud de la economía, pues todas estas personas eliminadas eran consideradas y presentadas como un lastre para la sociedad.

Por eso Adolf Hitler firmó el “decreto de eutanasia” en octubre de 19309 pero fechado el 1 de septiembre de 1939, y que autorizaba al Reichsleiter Philipp Bouhler, jefe de su Cancillería (no la Cancillería del Reich), y a Karl Brandt su médico personal, a llevar a cabo las muertes. Brandt sería ejecutado en Nuremberg por su participación en este crimen y Bouhler se sucidaria para evitar el juicio.

Entre las personas asesinadas se encontraban hombres y mujeres de todas las edades, desde niños —que fueron los primeros asesinados—​ hasta ancianos. Había entre ellos enfermos mentales y portadores de enfermedades o defectos hereditarios, según criterios médicos. Por ejemplo, determinados grados de epilepsia podían suponer el asesinato del enfermo.

Se estima que entre enero de 1940 y diciembre de 1944 fueron asesinados en Hartheim 18.269 enfermos y discapacitados. Aktion T4, que supondría entre 275.000 y 300.000 asesinatos, fue el ensayo para la Solución Final adoptada en la conferencia de Wannsee en 1942. Muchas víctimas procedían de asilos regidos por las autoridades protestante y católicas de los centros, que dieron su visto bueno al traslado. El Papado condenó esta acción el 2 de diciembre de 1940 por ser contraria a las leyes humanas y divinas, pero no fue hasta el verano de 1941 que algunas autoridades católicas alemanas protestaron contra el programa T4.

Los mismos médicos de estos centros de la muerte participaron en el Holocausto, utilizando equipos y sistemas parecidos a los que usaban en sus labores. Sirva como ejemplo el médico Irmfried Eberl, psiquiatra austríaco y director de los centros de eutanasia de Brandenburg y Bernburg. El SS-Obersturmführer Irmfried Eberl llegó a ser comandante del campo de Treblinka. ¿Existe peor aberración que la de un nombramiento de un médico como comandante de un centro para asesinar?

En Hartheim, hubo 436 españoles procedentes del cercano Mauthausen. El asesinato de estos españoles se llevó a cabo dentro de la operación 14f13: los médicos iban a los campos y se llevaban a los centros T4 a los que estaban en peor estado. Así asesinaron a 10.000 personas. Manuel Herruso García fue uno de estos españoles asesinados en el infierno de Hartheim.

Cuando los nazis vieron la guerra casi perdida, encargaron a un español en Hartheim a hacer desaparecer las pruebas. Para ellos, los nazis mandaron a una brigada de albañiles a tapiar las puertas de las cámaras de gas. E entre estos albañiles, estaba Miguel Yuste. Miguel escribió una nota que decía: “Esta puerta la cerró el español Miguel Yuste, prisionero en Mauthausen. 18/12/44”. Escondió la nota dentro del muro que levantaron para tapiar la cámara de gas.

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Der Widerstand: la resistencia alemana contra Hitler (7)

23 noviembre, 2017

La batalla final: el 20 de Julio de 1944

Tras el arresto de los socialistas, Stauffenberg quería salvar a Leber y Reichwein de ser ejecutados y tenían que hacer frente a la crítica situación bélica. Los aliados habían desembarcado en Normandía y era cuestión de tiempo que el frente occidental se viniera abajo. En el este, con la destrucción del Grupo de Ejércitos Centro la situación era peor, pues nada podía parar a los rusos, de manera que hizo pensar a Beck y a Treskow que el Ejército Rojo llegaría a Berlín en 10 días. Los conspiradores sabían que debían acabar con el régimen de Hitler antes de que el ejército alemán se colapsara. Debía salvarse a Alemania y demostrar al mundo que todavía existían alemanes “buenos” y debía detenerse al holocausto judío, además del terror nazi en los países ocupados. Tenían que hacerlo rápidamente, pues se les acababa el tiempo.

Mientras Stauffenberg buscaba una oportunidad para matar a Hitler, Beck comenzó a planear un nuevo gobierno mientras Goerdeler viajaba por toda Alemania y los frentes, buscando aliados para el movimiento, planeando y formando gobiernos en la sombra, de manera que, a finales de junio, algo parecido a un gobierno oculto estaba listo. Beck sería la cabeza del estado y Goerdeler su primer ministro. Leber sería ministro del Interior, Popitz de educación, el general Olbricht de la guerra; Stauffenberg sería secretario de estado en el consejo de guerra, y Yorck secretario de estado en la oficina del primer ministro. Luchner, socialista, sería vice canciller y Witzleben se convertirá en el comandante en jefe del ejército, recibiendo Hoeppner el mando del ejército de reserva. Para el ministerio de asuntos exteriores, se dudaba entre Ulrich von Hassel, por sus conexiones con el oeste, o por el conde von der Schulenburg, por sus contactos con la URSS. Este fue un dilema que nunca tuvo solución.

Entonces, dos desastres golpearon duramente a la resistencia. La GESTAPO recibió ordenes de arrestar a Carl Goerdeler (tras enviarle una carta a Hitler pidiéndole el cese de la represión contra judíos y la iglesia) y el líder anti nazi tuvo que esconderse. Peor aún, Rommel fue herido gravemente y no podría apoyar la revuelta con sus fuerzas. ¿Cómo podría la revuelta seguir adelante sin su primer ministro ni uno de sus comandantes más importantes?

Los conpsiradores decidieron seguir adelante. El 11 y el 15 de julio Stauffenberg es invitado a un encuentro militar con Hitler. No activa la bomba por que no está presente Himmler, y Stauffenberg creía que debía ser asesinado junto a Hitle. En otra ocasión no la activa porque es incapaz de hacerlo. El 20 de julio participa en otro, habiendose confesado el día antes con el obispo católico de Berlín. Esa noche se entrenó en cómo activar la bomba. El destino de Alemania, pues, dependía ahora de él. Se levantó pronto al día siguiente. Así, a las 06.00 del 20 de julio de 1944 el conde Claus Schenk von Stauffenberg se dirigía en coche al aeropuerto de Berlín. Junto a él, su amigo y asistente, el teniente Werner von Haeften, intimamente ligado con la conspiración.

El 20 de julio amaneció luminosos entre las ruinas del una vez hermoso Berlín. Ambos, Stauffenberg y Haeften llevaban una bomba de origen inglés cada uno. A las 10:00 su avión aterrizaba en Rastenburg, Prusia Oriental, donde un coche les llevó al cuartel de Hitler. Superados los puestos de control, se dirigieron a la oficina del comandante de la base. A las 12:00 la reunión está a punto de comenzar. Stauffenberg marcha para entrevistarse con Keitel. Al llegar a la habitación donde va a tener lugar la reunión, Stauffenberg le dice Keitel que se ha dejado algo y que tiene que pedírselo a Haeften. Cuando están a solas, activan las bombas. Pasa un minuto, Stauffenberg activa su bomba, que estallará en diez minutos, pero, cuando von Haeften está a punto de activar la suya, un oficial les hace apresurarse.
Stauffenberg, que se da cuenta de que no hay modo de activar la bomba, marcha hacia la reunión con una sola. Desafortunadamente, él no sabía que si su bomba estallaba, activaría la segunda, y el efecto sería devastador, matando a todos los reunidos en la sala. Cuando entra, la reunión ya ha empezado. Hitler escucha el resumen que Heusinger del frente del Este. Stauffenberg saluda a Hitler, y Keitel detiene a Heusinger para explicar la naturaleza del informe de Stauffenberg. Hitler responde que ya lo escuchará luego y Keitel se sienta cerca del Führer. Stauffenberg pone su cartera con la bomba debajo de la mesa. Son las 12:35, y Heusinger continúa con su informe. Stauffenberg se marcha de la habitación y se reúne con el general Fellgiebel, jefe de las comunicaciones y miembro de la resistencia. Están fumando un cigarrillo cuando estalla la bomba. Antes, el coronel Brandt, al inclinarse para ver mejor el mapa, ha apartado la bomba de Stauffenberg. Ahora una pesada mesa de madera se interpone entre Hitler y la muerte. El trueno de la explosión retumba en la habitación.

La habitación es un manojo de ruinas. Berger, Korten, Schmundt y Brandt mueren instantaneamente. Jodl es herido en la cabeza y Hitler tiene un brazo paralizado, el pelo quemado, los pantalones rotos y ligeramente ensordecido. Pese a estar en estado de shock, trabaja con normalidad las siguientes 4 o 5 horas. Stauffenberg ve la explosión y oye los gritos. Cree que nadie puede haber sobrevivido. Entonces, ordena a Fellgiebel que informe de la muerte de Hitler a los líderes de la resistencia, que corte las comunicaciones y que lance la palabra clave, Tras esto marcha a Berlin, donde se encuentra el general Freidrich Olbricht, que debe poner del lado rebelde a las unidades militares que deben detener a los líderes nazis y a las SS, ocupar las comunicaciones y detener las actividades de los campos de concentración. Beck formará su gobierno antinazi en Berlín y tratará de alcanzar una paz honorable con los aliados.

Mientras Stauffenberg va camino del aeropuerto, Fellgiebel descubre que Hitler está vivo. Avisa a Olbricht y a Hoeppner, que no le acaban de entender por problemas en la comunicación, por lo que deciden esperar a Stauffenberg. Así se pierden unas valiosas horas mientras Hitler está fuera de contacto con el mundo. Simplemente se sientan y esperan a Stauffenberg. No se hace nada hasta que Stauffenberg llega a Berlin a las 3:45.

Der Widerstand: la resistencia alemana contra Hitler (3)

15 noviembre, 2017

En el verano de 1941, Treskow fue asignado al estado mayor del grupo de ejércitos central en el frente ruso. Contrario a la invasión de Rusia – que para él era una locura- estaba, sin embargo, feliz con ésta, pues significaría la derrota de Hitler y, con ella, el momento adecuado para deponer al nazismo. Con la ayuda de von Schlabrendorff (por aquel entonces teniente), y su oficial de inteligencia, el coronel Rudolf Christoph Freiherr Von Gersdorff, Treskow organizó una fuerte célula de resistencia con conexiones con el Abwehr. Beck daba la órdenes, Oster se las pasaba a Treskow, el cual las llevaba a cabo. Intentó convencer a los comandantes del frente de este que se unieran a la resistencia pero sin éxito. Fedor Von Bock, comandante en jefe del grupo de ejércitos centro, se negó a cooperar pues, pese a que no le gustaba el nazismo, estaba bajo la influencia de Hitler. Generales como Paulus, Manstein y Guderian se negaron asimismo a colaborar. Entonces, un incidente hirió a Treskow en lo más profundo de su alma, tal y como describe Fabian Von Schlabrendorf:

Una unidad especial de las SS llegó a Borisow. Rodearon el barrio judío. Esas pobres mujeres y hombres fueron arrastrados al bosque, divididos en grupos, sin consideración de edad, sexo o familia, y se les ordenó cavar agujeros en el suelo. Una vez hubieron acabado, los SS les acribillaron con fuego automático. Cuando las noticias llegaron a nosotros, quedé profundamente afectado, e igual Treskow. Algunos oficiales hablaron con von Bock y le rogaron que usara sus tropas para detener la masacre, pero Bock se negó a usar sus soldados contra las SS”.

Tras estas y otras masacres perpetradas por las SS, Treskow intentó persuadir a von Bock por ultima vez, contando en esta ocasión con el apoyo de su oficial de inteligencia, Gersdorff. Gersdorff dijo posteriormente Treskow le comentó que si Von Bock se negaba a cooperar y a pedir a Hitler el fin de las masacres, el honor del ejército alemán se desvanecería para siempre. Von Bock le replicó que si hacía eso, Hitler le destituiría, a lo que Treskow replicó, con sus ojos brillando por la furia: “¡Al menos se conduciría como un hombre de honor!”. Treskow tuvo escaso éxito y, con el tiempo, von Bock fue reemplazado por el Feldmarschal Günther von Kluge, que detestaba a los nazis, pero que, debido a su débil carácter, se negó en los primeros meses a cooperar con la resistencia., Finalmente, fue persuadido gracias a los esfuerzos coordinados de Schlabrendorff y von Trestkow. Kluge fue incluso visitado por Goerdeler, e, inicialmente, Kluge parecía que estaba convencido, pero, una vez Goerdeler se hubo marchado, Kluge retornó a sus dudas, pese a los esfuerzos de Treskow. Lo máximo que logró fue que Kluge estuviera de acuerdo con los principios de los miembros de la resistencia pero se negó a implicarse en acciones reales. Treskow y Schlabrendorff comprendieron que Kluge no cooperaría hasta que Hitler estuviera muerto. Habría que conseguirlo sin él.

Tras hablar con los líderes de la resistencia en Berlin, Treskow preparó un plan para deponer a Hitler, cuya muerte detonaría el golpe. Para asegurar que Kluge colaborara, debía matar a Hitler, para lo que se le invitó repetidas veces para que visitara el cuartel de von Kluge. Tras varios intentos rechazados por Hitler, Treskow logró convencerlo con la ayuda del general Schmundt (que no sabía nada de los planes): la visita tendría lugar el 13 de marzo. Treskow, con la ayuda de Schlabrendorff, acabaría con el Führer mediante una bomba. Si Kluge hubiera cooperado, todo hubiera sido muy simple, pero la negativa del mariscal obligó a Treskow y Schlabrendorff a actuar ellos solos. Gersdorff les proporcionó la bomba y estuvieron ensayando para el momento de la acción, que sería durante la comida o el encuentro de Hitler con los generales. Como Kluge estaría presente, y los conspiradores no quería causar su muerte, se optó por poner la bomba en el coche de Hitler, pero este estaba demasiado protegido. Por ello, decidieron ponerlo en el avión de Hitler, y Schlabrendorff empaquetó la bomba en dos botellas, que, en teoría, eran enviadas por Treskow a un amigo suyo en Berlin, el general Stieff. Así pues, Treskow le pidió a un oficial que iba a viajar con Hitler, el coronel Brandt, que se llevara consigo las botellas, cosa que Brandt aceptó sin sospechar. La bomba subió al avión. Hitler estaba condenado.

Pero no pasó nada. Hitler llegó sano y salvo a Prusia oriental y se anuló el golpe de estado. El mejor plan de la resistencia se hundía por culpa de un fallo técnica de los explosivos. Pero ni Treskow ni sus amigos se rindieron, y lo volvieron a intentar, buscando esta vze un hombre capaz de sacrificar su vida para asegurar la muerte de Hitler y la salvación de Alemania. Esta vez, una bomba humana haría el trabajo.

El hombre que aceptó a hacer esto fue un amigo íntimo de Treskow, el coronel Rudolph Freiherr von Gersdorff. ¿Cuándo tendría lugar el intento? El Grupo de Ejércitos del Centro organizó una exhibición de banderas tomadas al ejército rojo, que tendría lugar en Berlin y a la que asistiría Hitler. Gersdorff solicitó estar presente y fue autorizado, viajando con las bombas que debían matar a Hitler. Llegado el momento, Hitler entró en la habitación donde estaba Gersdorff, pero, en lugar de estar los 20 minutos previstos, Hitler sólo permaneció 8 minutos. Las bombas necesitaban 10 minutos para que el detonador funcionara, así que se tuvo que suspender el atentado. Este fue el último intento de von Treskow.


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