Posts Tagged ‘Carlos II’

John Wilmot, conde de Rochester (5)

18 febrero, 2018

Como podemos ver, la polémica sobre Rochester se extiende sobre su misma juventud, sobre si escribió o no aquel o tal poema. Wood, por ejemplo, duda que ninguna de las composiciones que se le atribuyen durante su estancia en Oxford le pertenezca, aunque le considera “una persona extraña, con un excelente talento natural mejorado por los estudios y su familiaridad con los autores clásicos, tanto griegos como latinos, algo extraño (si no peculiar en él) entre gente de su clase“.

Thomas Hearne comenta que Giffard, el tutor personal de Rochester, dijo de su antiguo alumno que “comprendía apenas o nada el griego y sus conocimientos del latón eran escasos, por lo que es un gran error (como Burnett y Wood han cometido) afirmar que fuera un gran maestro clásico“. Tal vez este juicio se vea teñido por un cierto despecho al no convertirse en una figura de mayor importancia para la educación de Rochester (con cierto beneficio propio en tal caso). Además, Giffard también afirmó que si su buena influencia sobre el joven conde hubiera seguido, no hubiera habido lugar para exceso alguno.

También es cierto que Rochester demostró cierto interés en la química y todo lo que la rodeaba, en especial Thomas Hobbes. Su materialismo, profundamente escéptico (o ateo) impactó en Rochester, que, por otra parte, apenas se interesó por las teorías políticas de más amplio alcance que Hobbes expuso en su Leviathan (1651).

Tras Oxford, bajo la supervisión de Andrew Balfour, Rochester partió para un “gran tour”, un gran viaje por Francia e Italia el 21 de noviembre de 1661. De este periodo de la vida de Rochester, que finalizó con su regreso a Inglaterra en 1664, es poco lo que se pueda decir con seguridad. Él mismo dio unas pinceladas al respecto en su lecho de muerte a Burnet. Dijo que aprendió a hablar francés e italiano con gran fluidez y que debía mucho más a Balfour que a sus padres, pues él le animó con sus intereses literarios. Posteriormente, Balfour escribió sobre este viaje en una “Letter to a Friend” (Carta para un amigo) que permite descubrir el itinerario de Rochester. En octubre de 1664 Rochester y Balfour están en Venecia y a finales de ese mes se apunta Rochester para estudiar en la universidad de Padua, famosa, entre otras cosas, por sus profesores de anatomía y medicina, además de por la belicosidad de sus estudiantes. A finales de ese año, retornó a Inglaterra y a la corte, presentándose en el palacio de Whitehall con una carta de Henrietta, duquesa de Orleans, hermana del rey Carlos II. Según la respuesta real a su hermana, la carta fue recibida el 25 de diciembre de 1664.

No sabemos si nuestro protagonista escribió poesía durante su viaje. Todo, como tanto en su vida, es cuestión de especulación. Es posible que algunos de sus poemas de amor líricos de corte convencional y con nombre tales como Dafne, Olinda, Strephon, Phyllis y Alexis procedan de este periodo. Estos poemas, dedicado al amor no correspondido, destacan por la habilidad compositora del poeta y su confianza, usando un “lenguaje sencillo de burla y amabilidad, ausencia e inconstancia y todos los temas típicos del cortejo artificial. Son sencillos y fáciles de leer, pero tiene poco sentimiento y escaso fondo“, dirá el doctor Johnson al respecto.

En su poema “A Dialogue between Strephon and Daphne” (un diálogo entre Strephon y Dafne) podemos detectar un astringente aroma del cinimos de Rochester que transforma el orden habitual. Strephon, acusado de mentir en el amor, se ríe de la angustia de Dafne con sus aires de superioridad, algo típico de la Inglaterra de esa época, donde, mediante bromas y arrogancia, hombres y mujeres se intentaban derrotar mutuamente. Al final del poema, Dafne abandona de manera alarmante su máscara de amante abandonada y proclama, en sus dos famosos versos finales, que

Womankind more joy discovers
Making fools, than keeping lovers.

(Las mujeres encontramos mayor placer
en volveros idiotas que en manteneros como amantes)

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John Wilmot, conde de Rochester (2)

6 febrero, 2018

La vida de Rochester transcurría entre estancias en el campo y desenfreno en la corte. Formaba parte de lo que el poeta Andrew Marvell, contemporáneo suyo, describió como “the Merry Gang” (la banda feliz) y que incluía a Henry Jermyn; Charles Sackville, conde de Dorset; John Sheffield, conde de Mulgrave; Henry Killigrew; Sir Charles Sedley; los dramaturgos William Wycherley y George Etherege; y George Villiers, duque de Buckingham. Gilbert Burnet dijo de Rochester: “durante los cinco años que pasamos untos estaba siempre borracho … [y] no … exactamente dueño de sí mismo … [lo que] le llevó a cometer … muchas barbaridades que no se pueden contar.” En 1669 a raíz de un incidente con Thomas Killigrew a la vista del rey, fue expulsado de la corte resal, aunque el rey no tardó en volver a llamarlo a su lado.

En 1673 Rochester comenzó a dar clases a la actriz Elizabeth Barry, que, con el tiempo, se convertiría en la actriz más famosa de su época. En 1675 la convirtió en su amante, relación que duraría los cinco años siguientes y de la que nacería una hija, hasta que, por los reproches causados por los celos de Rochester ante el éxito de ella, los amantes se separaron. Posteriormente Rochester escribía, “With what face can I incline/To damn you to be only mine? … Live up to thy might mind/And be the mistress of mankind” (“¿Cómo puedo osar a / maldecirte a ser sólo mía? … Vive acorde a tu alta mente / se la amante de la humanidad”).

Cuando el principal consejero del rey y amigo de Rochester, George Villiers cayó en desgracia en 1674, la suerte de Rochester también se eclipsó. Durante las festividades navideñas de 1673 que se celebraron en Whitehall, Rochester presentó una sátira a Carlos II “In the Isle of Britain” (En la isla de Britania) que criticaba la obsesión del rey por el sexo, lo que le llevaba a descuidar su reino. Este retrato satírico hizo que el rey lo expulsara de la corte hasta febrero, retirándose Rochester a su residencia en Adderbury. Tras muchas demandas y ruegos, en febrero el rey le nombraría Vigilante del parque de Woodstock.

En junio de 1675, a su regreso de una de sus excursiones de placer acompañado por Charles Sachville, Lord Buckhurst, y Fleetwood Sheppard, la emprendió a golpes con el reloj de sol que se encontraba en el Jardín Privado del palacio real y que era considerado “como uno de los mejores de Europa”. Así fue como Rochester tuvo ue abandonar la corte otra vez.

Rochester cayó en desgracia nuevamente en 1676. Durante una pelea nocturna el 17 de junio de ese año con la guardia de noche, uno de los compañeros de Rochester fue herido mortalmente al interponerse entre él y la gurdia. Se dijo que nuestro protagonista huyó del lugar, con lo que el héroe de guerra se convirtió de repente en un cobarde y las simpatías del rey se enfriaron considerablemente y él huyó a Tower Hill, donde, bajo la personalidad de un tal “doctor Bendo”, se dedicaría a curar la infertilidad y otros problemas ginecológicos. Gilbert Burnet afirmaría que Rochester logró un cierto éxito aunque para ello tuviera que hacer de donante de esperma. Se cuenta que, en otras ocasiones, Rochester se hizo pasar por la señora Bendo, supuestamente para poder “revisar” a sus clientas sin que sus maridos sospecharan.

Rochester falleció a los 33 años. Se dice que la causa fue la sífilis, la gonorrea u otro tipo de enfermedad venérea, sumada a su alcoholismo, aunque también se ha afirmado que murió por un fallo renal causada por la nefritis degenerativa aguda o crónica. Su madre lo acompañó durante sus últimas semanas junto con diversos religiosos cercanos a la dama, en especial Gilbert Burnet, que llegaría a ser obispo de Salisbury.

Se dice que, al enterarse de la partida de Burnet, Rochester dijo sus últimas palabras: “Has my friend left me? then I shall die shortly.” (“¡Me ha dejado mi amigo? Entonces moriré pronto.”). A primeras horas de la mañana del 26 de julio de 1680, Rochester murió “sin hacer un sonido o lamento”. Fue enterrado en la iglesia de Spelsbury ,en Oxfordshire.

Posteriormente se publicó una renuncia de Rochester a su libertinaje y su conversión a la religión anglicana, que apareció en Some Passages of the Life and Death of the Honourable John Wilmot Earl of Rochester (Algunos pasajes de la vida y la muerte del honorable John Wlmont, conde de Rochester), escrita por el reverendo Burnet. Se sospecha que todo fue un invento de Burnet para aumentar su reputación, pero Graham Greene, en su biografía de Rochester, afirma que Burnet le resultó convincente.

John Wilmot, conde de Rochester

3 febrero, 2018

John Wilmot, segundo conde de Rochester y barón de Adderbury en Inglaterra y vizconde de Athlone en Irlanda, fue infame en su tiempo por su vida y obra y admirado por su manera de morir. Fue la encarnación del espíritu libertino de la Inglaterra de los tiempos de la Restauración, caracterizados por ser una reacción contra el autoritario puritanismo de los tiempos de Cromwell. Por ello que fue odiado por ser una figura diabólica y a la vez adorado por su presencia seráfica, su belleza y su inteligencia desde que apareció por primera vez en la corte inglesa. Tras de sí dejó una obra literaria que su reputación empequeñece. Sus obras, que no fueron escritas para ser publicadas, son las de un cortesano aristócrata y le hacen figurar como el poeta más culto de la Restauración, lo que no le evitó ser censurado en los tiempos victorianos. Volvería a ser objeto de atención a partir de 1920 de la mano de estudiosos como Graham Greene y Ezra Pound.

Rochester era hijo de Henry, vizconde de Rochester, un firme partidario de Carlos I. Henry ayudó a su rey a escapar tras la derrota sufrida durante la batalla de Worcester, en 1651, durante la guerra civil inglesa que enfrentó al rey y al Parlamento. Su madre, Anne St. John, era una puritana procedente de una familia noble de Wiltshire.

A pesar de sus profesores y de la educación recibida, Rochester empezó a dar tempranas muestras de su carácter disoluto cuando llegó a Oxford en 1660. En 1661 Carlos II, que en agradecimiento a los servicios prestados por su padre, concedió a Rochester una pensión anual de 500 libras y lo mandó a viajar por Francia e Italia. Esto le permitió entrar en contacto con la literatura y la filosofía francesa. A su regreso a Inglaterra en 1664, tras debutar en la corte el día de Navidad, tardó poco en protagonizar el primero de sus escándalos.

La influencia casi paternal del rey indujo a Rochester a pretender la mano de una rica heredera, Elizabeth Malet, pero sus parientes no aceptar las propuestas del empobrecido favorito real, por lo que éste, en mayo de 1665, secuestró a la joven, lo que le costó a nuestro protagonista pasar tres meses prisionero en la Torre de Londres, de la que sólo salió tras escribir una sentida disculpa al monarca inglés.

Para redimirse se alistó en la marina. En esos momentos Inglaterra se enfrentaba por segunda vez a Holanda por cuestiones comerciales, y Rochester participó en la batalla de Vågen (1665), convirtiéndose en un héroe de guerra por el valor demostrado durante el enfrentamiento con la flota del tesoro holandesa que, sin embargo, se saldó con la derrota y retirada inglesa. Complacido con la actitud de Rochester, Carlos II lo nombró Caballero del Dormitorio Real, lo que le dio alojamiento en Whitehall y una pensión anual de 1.000 libras. A cambio, una vez al mes debía ayudar al rey a vestirse y desvestirse, servirle la comida y dormir a los pies de su cama.

En el verano de 1666 regresó al mar, sirviendo bajo las órdenes del almirante Sir Edward Spragge, dando nuevamente muestras de gran valor bajo el fuego enemigo. A su retorno a Inglaterra reanudó de nuevo su romance con Elizabeth, a pesar de la oposición de la familia de ella, y volvería a raptarla por segunda vez en enero de 1667. La pareja contraería matrimonio en la capilla de Knightsbridge. A pesar de este acto, su buena estrella no le abandonó y el rey le dio una dispensa para que pudiera entrar en la Cámara de los Lores a pesar de faltar siete meses para que Rochester tuviera la edad correcta para convertirse en miembro de dicha cámara. Pero a Carlos II le urgía tener mucho apoyo en el parlamento y la prioridad real benefició a nuestro protagonista.

Por esta época se convirtió en amante de la actriz Nell Gwyn, que, en abril de 1668, accedería a la cama real, siendo una de las varias amantes de Carlos II, lo que resultó beneficioso para Rochester, al aumentar así su influencia sobre el rey y la corte a través de la amistad que le unía con Nell.

Empezaba así la etapa más brillante y escandalosa de Rochester…


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