Posts Tagged ‘Sade’

Sade o la moral revelada (14)

19 junio, 2017

En agosto de 1790 Sade, de 50 años de edad, conoce a Constance Quesnet, 32 años, con un hijo de 5 y un marido desaparecido “en América”. A partir de enero de 1791 comparten techo, llevando una vida tranquila, burguesa y doméstica y dedicándose Sade a su pasión, la literatura. La relación es ambigua, y no se sabe bien si es una relación de conveniencia donde ella aporta sus dotes para llevar la casa y él a cambio la protege y cobija, lo cierto es que entre ambos surge un afecto y Sade hablará siempre de ella elogiosamente y Constance le será de gran ayuda hasta el final de sus días.

Francia vive, entre tanto, el más terrible periodo de la Revolución,, cuando 300.000 sospechosos son arrestados y se producen 17.000 ejecuciones. Empiezan de nuevo los problemas para Sade, que figura en la lista de los “emigrados” (acusados de haber huído de Francia), aunque él nunca abandona el país. Esto supone, de nuevo, una especie de muerte civil, llegando a perder no sólo sus bienes, sino incluso la patria potestad de sus hijos.

En agosto de 1793, siendo presidente de su sección, se había retirado de una votación alegando no encontrarse bien. Al respecto comentaría a su abogado que se había retirado para no tener que votar algo inhumano. Fuera lo que fuese, con su pertenencia a la Sociedad de Amigos de la Constitución Monárquica, no se puede decir que fuera a ser bien visto en el régimen fundamentalista que domina Francia. Así, en diciembre de 1793 se dicta una nueva orden de arresto contra él. ¿La causa? Haberse ofrecido como voluntario a la Guardia Constitucional del rey en 1791, lo que le hacía reo de muerte.

Sade es encerrado en la prisión de Madelonnettes. Su libertad había durado tres años y ocho meses. El 13 de enero de 1794 es trasladado a la Maison des Carmes, un convento reconvertido en prisión, compartiendo celda con seis prisioneros que padecían fiebres malignas, muriendo de ellas dos. Después era trasladado a la prisión de Saint Lazare, un lazareto convertido en cárcel correccional. Tanto en uno como en otro vive en condiciones miserables. En enero de 1794 es guillotinado su editor, Girouard. La revolución quiere matar a la palabra.

En marzo es llevado por razones de salud al hospital privado de Picpus, en el antiguo convento de las canonesas de San Agustín, “albergue de detenidos ricos que, bajo pretexto de enfermedad, eran trasladados u olvidados allí”. Hasta julio de 1794 no se formula acusación alguna contra él: el 26 de ese mes, el fiscal Fouquier-Tinville afirma que ha mantenido contacto con “enemigos de la Revolución” y de conspirar contra el gobierno. En total, los acusados suman 28, Sade incluído, de los que 23 fueron juzgados y 21 ejecutados. Sade vio las ejecuciones desde el hospital de Picpus, donde lo habían trasladado bien por las incesantes gestiones e influencias de Cosntance o por alguna negligencia burocrática.

En cualquier caso, la suerte le sonríe, pues al día siguiente de las ejecuciones le toca el turno a Robespierre y los suyos. Se acaba el Terror y Sade reclama su libertad, contando con los informes favorables de la misma sección de Picas. El 15 de octubre es puesto en libertad. Casi en la ruina, pide ser “colocado” en algún empleo de la nueva administración. Tiene que vender su propiedad de Grand-Bastide, en Saumane.

En 1795 publica La filosofía en el tocador, una de sus grandes obras y de las más audaces, pero que no le dejó ganancias, y su novela Aline y Valcour, y trabaja en la gran aventura de la nueva Justine, que dará pie a La nueva Justine o las desgracias de la virtud, seguida de la historia de Juliette, su hermana, o la prosperidad del vicio, aparecida en 1797, en diez volúmenes. Un año después ser vería obligado a negar la autoría de esta obra, a la que calificó de “libro infame” para evitar el escarnio o la muerte, pues se le acusa de infame, depravado y atentar contra la humanidad.

A estas críticas se le suma su pasado, de manera que sus intentos de rehabilitarse y ser retirado de la lista de emigrados se truncan. Su mala reputación se dispara, sus numerosos enemigos y acreedores reclaman su cabeza, debido a “los espantosos preceptos” enunciados en “ese libro atroz”. Así, el 6 de marzo de 1801, la Policia del Primer Consulado irrumpe en el despacho del editor de Sade, secuestra varias de sus obras (Entre ellas Justine y Juliette) y mil ejemplares de sus libros son quemados, además de desatarse un operativo policial persiguiendo todo ejemplar que pueda existir de estos libros. En los dos días siguientes se inician contra Sade once procesos verbales.

Una vez más, Sade es arrestado y encarcelado sin juicio. La justicia de Napoleón decide castigarlo “administrativamente” y lo encarcela el 3 de abril en Sainte-Pélagie, y de allí a Bicetre, tras cometer posiblemente un escándalo de índole sexual. La intervención de su familia, que se compromete a pagar todos sus gastos, hace que sea trasladado al hospicio de Charenton el 22 de abril de 1803, y donde permanecerá hasta su muerte, el 2 de diciembre de 1814. Tachado de “enemigo de toda sumisión”, Sade protesta airadamente su encierro y continúa escribiendo en Charenton, junto a Constance, que decide acompañarlo en su prisión.

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Sade o la moral revelada (13)

16 junio, 2017

La Revolución tampoco es amable con Sade. El castillo de La Coste, como tantos otros de la nobleza, es saqueado por los revolucionarios en septiembre de 1792. Visto los aires que corren, Sade intenta congraciarse con el nuevo régimen: elimina la partícula “de”de su apellido y declara ante el Comité de Seguridad Nacional no ser noble, sino descendiente de “ancestros agricultores o comerciantes”. Imparcial ante revolucionarios y nobles, acabará profesando la fe revolucionaria, aunque más por conveniencia que por vocación. Pese a ello, en 1791 publicará Mensaje de un ciudadano de París al rey de los franceses donde no renuncia al gobierno monárquico. Y, sin embargo, colabora con los revolucionarios, participando en las reuniones y asambleas del nuevo gobierno, en la llamada Sección de Picas, en cuyo Consejo General figurará el mismísimo Robespierre. Fue comisionado en octubre de 1792 para la mejora de hospitales, juez en asuntos de falsificación de moneda, secretario, vicepresidente y presidente de su Sección. Ocupando este cargo ayudó a su familia política a sobrevivir. “Si hubiera dicho una palabra, estaban perdidos. Me calle”, le confesará a Gaufridy, su abogado.

El ex-marqués, que se hace llamar ahora Louis Sade, se moverá siempre por la cuerda floja. Por sus simpatías monárquicas, nunca dejará de ser sospechoso para los partidarios de la revolución. Jamás será un sans-coulotte. Él, aristócrata de sangre, siempre se sentirá superior a los demás mortales, pero sabrá poner su pluma al servicio de los revoluciones, en lo que él denomina sus “producciones cívicas” y mentirá sobre su participación en los hechos revolucionarios, aunque sus ideas igualitarias estén en las antípodas de su conciencia clasista.

En 1791 Sade publica Justine o las desgracias de la virtud usando un pseudónimo. En ella triunfa el vicio y la virtud es castigada y se satiriza a las clases altas. Juliette no triunfa debido a las convenciones sociales, sino porque se atiene a la verdad natural, mientras que su hermana Justine confía en que la virtud triunfará sobre la naturaleza de los hombres, lo que provoca su desdicha. Justine será su obra magna, la que le identifique y le persiga por el resto de su vida, como demuestra que, al publicarse su obra póstuma La Filosofía en el tocador, se presente a Donatien como “el autor de Justine”.

A pesar de las críticas, el hecho es indiscutible. Justine es todo un éxito y en diez años conocerá seis ediciones. También intenta adentrarse en el teatro con varios obras, como Jeanne Laisné o el sitio de Beauvais, que ofrece a la Comedie Francaise y que, tras varios errores diplomáticos, la obra es rechazada. Similar destino seguirá El boudoir o el marido crédulo, pero le aceptan El misántropo por amor que, sin embargo, no se representará nunca. Otra de sus obras, El Conde Oxetierra, llegará a ser estrenada por el teatro Moliére. Los disturbios causados por sus detractores, que consideran que la obra es de la “más odiosa atrocidad”, hará que, tras su estreno el 4 de noviembre de 1791, no se represente más.

Sade o la moral revelada (12)

14 junio, 2017

Aunque Sade ya escribía antes de entrar en prisión, su encarcelamiento servirá para que el marqués desate su pluma. En prisión escribe Los ciento veinte días de Sodoma, Aline y Valcour, Los infortunios de la virtud (núcleo de la futura Justine) y los cuentos que luego compondrán Los crímenes del amor, además de otras obras menores. En sus obras Sade enfrenta siempre al orden social con el natural, que es el que domina al ser humano y, por lo tanto, no existe el libre albedrío. El asesinato, el crímen, el incesto, la crueldad y la sodomía son naturales y, por tanto, legítimos según la filosofía sadiana. La naturaleza sólo quiere el bien en compensación del mal, y si éste existe, es porque la naturaleza lo requiere y lo necesita. Lo mejor que los hombres pueden hacer, dada su condición y naturaleza, es buscar el placer. La reivindicación del cuerpo se vuelve esencial en Sade.

El estallido de la Rebvolución Francesa casi pilla a Sade en La Bastilla, a dónde había sido trasladado en febrero de 1784. Tras ser castigado (se le prohíbe pasear por el patio) y provocar un tumulto gritando por la ventana de su celda que los presos de la Bastilla están siendo degollados y pidiendo a los parisinos que los socorran, Sade es trasladado el 4 de julio de 1789 al hospital mental de Charenton. No puede llevarse nada con él, ni sus obras, que se perderán cuando la fortaleza-prisión sea asaltada diez días después e incendiada.

En marzo de 1790, el nuevo orden anula las lettres de cachet y ordena que todos los que han sido arrestados sin haber sido legalmente condenadas o sin mediar un juicio, que sean liberados inmediatamente. Es el caso de Sade. El 2 de abril de 1790, solo (su mujer ya no soporta sus agravios y se niega a recibirle) y sin casa, tras trece años de encierro, sale por fín a la calle.

Sade no volvería a cometer ningún exceso, pero tampoco se iba a arrepentir de lo hecho y sus obras reflejarán fielmente sus principios. Su pasado se volvió tema de estudio y escritura. El ciudadano Sade intentará abrirse un hueco en el nuevo orden social, tanto a través del arte como de la política.

Sade o la moral revelada (11)

12 junio, 2017

El 7 de septiembre de 1778 Sade es encerrado en la celda número seis de de la torre de la fortaleza de Vincennes. La causa de tal encierro permanece un tanto confusa, una vez revocada la sentencia dictada por el parlamento de Provenza. Según Paul Baudin, primer editor de las cartas de Sade y heredero de los documentos del notario Gaudifry, se debió a la desaparición de las mujeres que habitaron La Coste. Sade dijo “he hecho lo que hacen todos los libertinos, pero no soy un criminal“. En realidad, no consta que mujer alguna desapareciera del castillo. Todas, de hecho, continuaron con vida.

No huno proceso ni sentencia que dijera cuánto iba a durar el encierro, y esa indeterminación pesa más que cualquier otra condena sobre Sade, lo que exacerba su furor, que se estrella contra sus carceleros y sus compañeros de prisión, e injuria a su hijo y a su esposa, la única que está de su lado. Se procura alivios sexuales y le pide a Renée´consoladores de distintos tipos destinados a reproducir el juego de la sodomía pasiva. Sus pulsiones lo exigen abrasivamente.

Este encierro provoca en Sade una manía neurótica que se manifiesta en ver signos ocultos por todas partes y en transcribirlos en una extraña arimética que le permiten aventurar, mediante particulares cálculos, la fecha de su liberación. Esta manía, que sólo se manifiesta durante sus periodos de prisión, desconcierta a los expertos en el tema, que desconocen su orígen y sentido.

Esta criptomanía se traduce en sus cartas, pues conoce que éstas son abiertas y leídas por sus captores, lo que le lleva a adoptar un código y a dirigirse a un doble destinatario: por un lado, el censor carcelario, y, por otro, el destinatario final de la misiva. Para ello empleará todo tipo de pseudónimos y procedimientos estilísticos que le permitan explotar las ambigüedades del lenguaje.

En las cartas podemos observar los diferentes estados emocionales que Donatien experimentan. Vemos en su correspondencia con su esposa como usa un tono que va de la deprecación y el despotismo hasta el del amante celoso y cariñoso; con su abogado Gaufridy se comporta con una exigencia absoluta, llegando al insulto, lo que ocasionará la ruptura entre ambos.

Pero la gran pasión de Sade por la literatura permanece, y devorará incontables libros, disponiendo de una biblioteca representativa de su tiempo. Y escribe, sobre todo escribe. Encarcelado, a partir de 1780 Sade culmina el análisis de lo vivido, la inferencia de principios enterrados por la conciencia pero determinados en los actos humanos y pone por escrito su filosofía. En sus cartas ya se perfila ésta: reconoce en ellas el carácter “inconveniente” ya no sólo de sus actos, sino también de su pensamiento, de los escritos que había ido concibiendo. Había una guerra entre su vida y el mundo, entre lo que él descubría y lo que los hombres estaban dispuestos a aceptar y admitir. La naturaleza sólo quiere el bien como compensación del mal, radicado en ella; maldita como está, determina el destino de todos. La destrucción es una de sus primeras leyes, Por eso, el hombre tiene instintos que sólo se pueden satisfacer con el mal, la destrucción o la crueldad, y el dolor, y poco o nada pueden contra eso la religión, la educación y las leyes.

Sade o la moral revelada (10)

10 junio, 2017

A partir de este momento Sade comenzará a elaborar su teoría filosófica, encaminada a conocer su propia conducta y descubrir que su naturaleza, sus impulsos y sus actos o eran sustancialmente diferentes al del resto de los hombres, pues todos obedecemos a la naturaleza, madre de la crueldad.

Se abre ahora un paréntesis carcelario que se prolonga durante el resto de la vida de Donatien. El encarcelamiento es posible por la rápida acción de la Presidente. La muerte de Luis XV había dejado sin valor todas las lettres de cachet, incluída la que fijaba que el marqués fuera retenido en Vincennes. Pero su suegra logra, tras pagar una cuantiosa suma, que el nuevo monarca, Luis XVI, firme otra que mantenga la pena. También intenta la Presidenta anular la sentencia dictada tras lo sucedido en Marsella, aunque ello supone intentar hacer pasar a Donatien por loco para evitar que declare ante el parlamento marsellés. Pero Sade no sólo se niega a ello, sino que además escribe una larga lista de Objecciones, reflexiones y peticiones articuladas en 27 artículos.

Desde Vincennes Sade escribe a Renée para que logre, por cualquier medio posible, que el rey le conceda la libertad. Su mayor preocupación es recuperar los papeles contenidos en un portafolio abandonado en el hotel Danemark en el momento de su detención. Se trata de “tres objetos contra mí”, tal y como el mismo marqués confiesa a su esposa en la llamada “Gran Carta”, refiriéndose a documentos que podían alimentar gravísimas acusaciones.

Las dudas crecen respecto a este tema cuando Madame de Montreuil fur informada por Gaufridy, el notario de Sade, acerca de objetos encontrados en la biblioteca del castillo, sobre los cuales ella no sólo pidió la máxima discreción, sino además su destrucción inmediata. Se insinuó entonces que se trataban de huellas de los crímenes cometidos y de objetos e instrumentos de uso frecuente entre los libertinos de la época. Nada de ello se ha aclarado nunca, ni ha aparecido nada incriminador contra Sade. Alice Laborde apunta a la posibilidad de que lo que la Presidenta tratara de recuperar fueran las cartas de Sade.

El 20 de junio, escoltado por el inspector Marais, Sade viaja a Marsella para la revisión del juicio, que se produce el día 30 en el convento de los jacobinos y ante una gran multitud atraída por la leyenda negra que se ha formado alrededor del marqués. La pena de muerte dictada en 1772 fue anulada y, por las acusaciones de libertinaje y pederastia, el acusado sólo fue amonestado y advertido de que debería “observar en el futuro mayor decencia en su conducta”. Finalmente, se le prohibió habitar y frecuenta Marsella durante tres años, además de una pena de 50 libras.

Pero esto no significó que Sade fuera puesto en libertad. De inmediato fue devuelto a Vincennes, aunque Sade logró escapar por el camino y el 18 de julio por la noche entraba en su castillo de La Coste, aunque fue arrestado a la mañana siguiente y acusado de guardar “cadáveres en la habitación oscura”. Cuando años más tarde se descubrieron osamentas en el jardín, Sade las atribuyó a las prácticas fetichistas de la bailarina Du Plain.

El 6 de diciembre de 1778 Sade fue encerrado en la celda numero 6 de la torre de la fortaleza de Vincennes. Nacía “monsieur Six”.

Sade o la moral revelada (9)

7 junio, 2017

En julio de 1775, bajo la identidad del conde de Mazan, Sade viaja por Italia con la compañía de su criado Carteron, también llamado Jeunesse y Martín Quirós, aunque la policía, con el inspector Marais en cabeza, le sigue el rastro mediante una red de espías e informadores. Pero Sade realiza un verdadero tour turístico y se pasea por Florencia, Roma, Nápoles y escribe notas de todo lo que observa para escribir la que será su gran obra. Su Viaje a Italia será la plasmación de todo ello.

El 5 de mayo de 1776 se ve forzado a revelar su verdadera identidad al ser confundido con un defraudador y emprende camino de regreso a Francia. Se instala en La Coste al entrar el verano y, despreciando la realidad de los problemas financieros, emprende la redacción de su Viaje, con el objeto de hacerse un lugar en el mundo de las letras.

En octubre está en Lyon, pidiendo a una proxeneta llamada Nanon Sablonnière que le procurara “tres o cuatro sirvientas jóvenes y bonitas” para llevarlas al castillo de La Coste. Así reclutó a cinco adolescentes a las que se sumaron la misma Nanon y un jovencísimo secretario, André. Con ellos regresa a La Coste, donde aguardaba la Gothon, una suiza voluptuosa que Sade conservaba como doméstica para su gusto desde mucho tiempo atrás.

Sade pasa el mayor tiempo en la biblioteca del castillo, cada vez más rica mediante sus aportes sustanciales. Empiezan a correr rumores sobre prácticas degeneradas y crueles, suposiciones macabras que describen el castillo, y en especial la biblioteca, como escenario de horribles hechos criminales o depósito de las pruebas de tales crímenes. Más allá de la leyenda, podemos suponer que Sade pasó 1774 con sus estudios históricos y filosóficos a la vez que ensayaba sus conocidas prácticas flagelatorias con sus cinco sirvientas, las tres chicas, la voluptuosa Nanon y su propia esposa. Los padres de tres de las muchachas interponen una denuncia contra Sade por el rapto y seducción de sus hijas. En mayo de 1775, el abad de Sade, probablemente de acuerdo con el resto de la familia, se dirige al rey y pide que capturen y encierren a su sobrino.

En julio huye de nuevo a Italia con un sirviente. Pese a estar vigilado por la policía italiana por encargo de la francesa, su viaje es galante y mundano (Turín, Parma, Florencia, Roma y Nápoles), llegándo a entrevistarse con el Papa Pio VI, según afirma el mismo Donatien. De ésta época datan los primeros rumores sobre una investigación de Donatien acerca de la psicosexualidad humana. Espoleado por sus propias pasiones violentas, Sade parece dispuesto a averiguar el lugar de los instintos en las sociedades pasadas. Para ello recopila información mediante el doctor Giuseppe Iberti sobre la lujuria en autores antiguos y en la Roma contemporánea.

De regreso a Francia en octubre contrata a dos chicas en Montpellier:Rosette y Adelaide, y encarga al sacerdote Dura la búsqueda de otras para el servicio de cocina, proveyendole con la Besson y la bella Catherine Trillet, de 22 años, hija de un tejedor, garantizado la honorabilidad del castillo de Sade, al que describe como “un convento”. A principios de 1777 el padre de Catherine Trillet denuncia su secuestro. El procurador general, influido por la mala fama de Sade y la alarma social, toma partido por Trillet. Sade huye a París en febrero de 1777, donde se entera de la muerte de su madre, con tres semanas de retraso (Sade intentará hacer creer a su suegra que el viaje era, precisamente, asistir al funeral).

Aparentemente, el motivo de este viaje es negociar con su enemigo implacable, Madame de Montreuil, aunque también afirma que se quería entrevistar con su moribunda madre, que agonizaba en el convento de las Carmelitas. Doantien y su esposa viajaron a la capital, llegando el 8 de febrero, siendo informados de la muerte de Marie Eléonore de Malle de Carman, condesa de Sade y madre de Donatien, que falleció el 13 de enero de 1777.

Todo quedó decidido. No hay negociación. Marais aprovecha la ocasión y detiene a Donatien el 13 de febrero, y éste acaba encerrado en Vicennes. Aunque su suegra no tuvo nada que ver con ello, no puede ocultar su alegría en la correspondencia que mantiene. Tampoco lo hace su tío, el abad, que dice “Ahora estoy más tranquilo, y creo que todo el mundo estará contento”.

La vida del marqués de Sade, a sus 37 años, da un giro espectacular, que dará nacimiento al verdadero Sade, el pensador maldito, cuyos escritos mostraron la cara oculta del hombre y que, doscientos años después, siguen provocando polémica.

Sade o la moral revelada (8)

5 junio, 2017

La sentencia no se pudo llevar a cabo porque los acusados huyeron en cuanto estalló el escándalo y fueron juzgados en rebeldía. Así que la sentencia se llevó a cabo en efigie el 12 de septiembre en la plaza de los Predicadores de Aix. Aunque simbólica, esta ejecución significaba la perdida de derechos de los condenados, su muerte civil. A partir de entonces la suegra de Donatien se centrara en anular esta condena, que tanta deshonra arroja sobre la familia y neutralizar a su díscolo yerno.

Todos estos episodios, aparte de las duras consecuencias personales para Sade, tendrán una consecuencia: la influencia que ejercen en la obra literaria del marqués, que denunciará continuamente la arbitraria justicia de la época.

Fugitivo de la justicia, Sade se escapa a Italia, donde pasa una breve temporada en compañía de su cuñada, que se convierte en su amante. Esto será un agravio que nunca le perdonará su suegra. Vuelve a Francia, parando con todo el descaro y la imprudencia del mundo en Marsella, y parte hacia Saboya con dos lacayos y una misteriosa desconocida. Allí adopta una vida tranquila, pero cae enfermo y durante diez días se debate entre la vida y la muerte. Angustiado, se cartea con su suegra, a la que primero ruega y luego exige su ayuda, llegando a amenazarla con hacer públicos documentos comprometedores para la familia. La Presidenta de Montreuil, desengañada de su díscolo yerno, se empeña en lograr su arresto, para evitar que deshonre la familia y dilapide la fortuna familiar. Por eso logra del rey de Cerdeña una orden de arresto (Cerdeña estaba anexionada a Saboya desde 1720), y Sade es encarcelado en la ciudadela de Miolans (la llamada Bastilla de Saboya) el 8 de diciembre de 1772, con todos los privilegios de su rango y sus gastos pagados religiosamente por su suegra.

Sade, altivo y arrogante, no es el prisionero ideal, como lamentan sus captores y, con la ayuda de su esposa, logra escapar de la fortaleza el 30 de abril de 1773. Se desconoce su paradero posterior, pero se encuentra en los alrededores del castillo de La Coste en otoño de 1773. Sin embargo, tiene que huir el precipitadamente el 6 de enero de 1774 al recibir noticias de que la gendarmería se prepara para detenerle. Su suegra, que intenta casar a su hija Anne-Prospere y hacerse con las cartas de su yerno, se encuentra detrás de todo. Ha conseguido una carta de arresto del rey y se propone neutralizar para siempre a Sade, que, como ya he dicho, emprende la fuga, disfrzado de cura, camino, otra vez, de Italia.

Sade o la moral revelada (7)

3 junio, 2017

Para no repetir lo ya expuesto en http://wp.me/p5Qvf-DJ y en http://wp.me/p5Qvf-DM, me centraré en las consecuencias funestas para Sade su aventura en Marsella, y la resumiré brevemente.

Tras viajar a Marsella por un asunto relacionado con una letra de cambio, el 27 de junio de 1772 Sade y su criado Latour organizan una orgía con cuatro prostitutas que contrata el mismo Latour por orden de su amo. Todo tiene lugar en el apartamento de una tal Mariette Borelly, en un barrio centrico cercano al puerto, en la calle Aubagne, esquina con la calle Capuchinos, en el tercer piso. Allí Sade sucumbió a su pasión con Marianne Laverne, de 18 años; Mariette Borelly, de 23; Mariannette Laugier, de 20; Rose Coste, 20 y con Latour. De una en una o de dos en dos, las prostitutas pasan por la habitación donde se encuentra Donatien y su criado. Allí, el marqués intenta sodomizarlas, las flagela y se hace flagelar por ellas (1). Las cifras anotadas para contar los latigazos que Sade les prodiga a cada una de ellas son de 179, 215, 225 y 240. En algún momento de la orgía, el marqués les ofrece una bombonera de cristal con bombones anisados.

Luego Sade fue a visitar a otra prostituta, Marguerite Coste, a la que hizo consumir los bombones anisados, tras lo cual le introdujo la lengua en el ano y le solicitó peder.

Todo habría quedado aquí de no ser por un imprevisto con el que el marqués no contaba. Los bombones anisados estaban compuestos por cantárida recubierta por azúcar anisado. En la época, la cantárida era considerada como un potente afrodisíaco que, además, tenía la propiedad de estimular la mucosa anal.

A parte de esto, la cantárida tiene otros efectos que Sade no imaginó: una imprudente sobredosis hizo que Coste sufriera nauseas, vómitos y vértigo, lo que le llevó a denunciar a Sade. A esta denuncia se sumó la de Laverne y el asunto tomó un cariz preocupante cuando la justicia comenzó a investigar lo sucedido ante los rumores de envenenamiento. El procurado del rey en Marsella y el teniente general intervinieron, se tomaron declaraciones, se examinó a las enfermas y se analizaron dos bombones, lo que permitió descartar que se hubiera usado arsénico, como se pensó inicialmente. El 4 de julio se ordena el arresto de Sade.

Como en el caso anterior, la familia actuó de inmediato, logrando que Laverne y Coste se retractaran ante notario, pero para entonces, una vez más, era tarde: el juicio se adultera cuando se mezcla el delito de envenenamiento con el de sodomía, que no estaba incluído originalmente en la demanda. Así el cuerpo nobiliario provenzal estaba ofendido y el Parlamento dictó sentencia, condenando el 2 de septiembre a Sade y a su criado a la pena de muerte por el delito de sodomía y envenenamiento. En la plaza de Sant-Louis, el primero sería decapitado y el segundo ahorcado. Sus cuerpos serían incinerados y sus cenizas lanzadas al viento.

(1) En esta época, en la vida sexual de los ingleses y franceses del siglo XVIII, la práctica de la flagelación no era rara. El filósofo Rousseau, por ejemplo, prefería esta forma de excitación.

Sade o la moral revelada (6)

1 junio, 2017

La Presidenta de Montreuil consigue con rapidez una lettre de cachet contra su yerno (na carta refrendada por el rey que permite disponer de la libertad de otra persona sin juicio alguno). Esto, que a primera vista puede parecer una medida cruel, está encaminado a proteger tanto a Donatien como a la familia, ya que el propio carácter arbitrario de la orden real desarrolla un proceso al margen de la justicia ordinaria. De esta manera la Presidenta intentaba retirar a su yerno de la circulación por todo el tiempo que resulte oportuno, evitando así el escándalo que salpicaría, de manera inevitable, a toda la familia. Paralelamente, mediante el pago de 2.400 libras, la Presidenta se asegura el silencio de la víctima, que retira la demanda, mientras la familia hace desaparecer cualquier rastro o signo comprometedor de la petite maison de Arcueil.

El 8 de abril llega la carta del rey que confina al marqués de Sade al castillo de Saumur, de donde sera trasladada al de Pierre-Encize, cerca de Lyon. Pero es en vano. El caso ya ha pasado a la Cámara de lo criminal y sigue su proceso. Los Montreuil no cesan en su empeño y, tras seis meses de encarcelamiento, Sade es indultado por el rey el 16 de noviembre de 1768, prohibiéndole volver a París y ordenándole residir en sus tierras de La Coste. A partir de ahora, la conducta que Donatien adopte será el barómetro que rija la ampliación de su libertad.

Así, Donatien parte para La Coste junto con sus domésticos, mientras su esposa e hijos permanecen en París. Lejos de mostrar arrepentimiento o culpa por sus actos, o preocupación por su situación económica -sus deudas sumaban 66.000 libras-, Sade hace que la fiesta continúe en La Coste. En enero representó, en las dos salas del castillo, obras para los aristócratas de la región y su tío el abad. El 19 de septiembre viaja a Holanda,sin que nada que podamos leer en sus cartas o testimonios conocidos explique el porqué de este viaje. El joven Sade era indescifrable. Del 25 de septiembre al 23 de octubre de 1790 estuvo en Bruselas, Amberes, Breda, Rotterdam, Delf, La Haya, Haarlem, Utrech y Amsterdam, según cuenta él mismo en su Viaje a Holanda en forma de cartas, obra que inaugura su faceta como escritor.

El 1 de septiembre de 1770 es arrestado por deudas y llevado a la prisión de Fort-l’Évêque, en París, donde pasa ocho días, siendo “rescatado” por su suegra, que paga las 3.000 libras necesarias para lograr su puesta en libertad. Tras meses de indecisión, Sade vuelve a la vida familiar con su mujer y tres hijos en La Coste. A la pareja se le suma la hermana de Renée, Anne-Prospère de Launay, de 21 años, canonesa de los benedictinos y residente en un convento de Beaujolais.

Gracias a las cartas descubiertas y publicadas por Maurice Lever en 2005, se confirma una vieja sospecha: mediante la pasividad o inocencia de Renée, que se ocupa del cuidado de los hijos y del castillo, en La Coste Sade y su cuñada viven un idilio intenso. En las cartas descubiertas, Anne declara a Donatien que quiere “ser libre para vivir” con él y ” de consagrarle todo”.

Rodeado de naturaleza, Sade desata su pasión por el teatro. Además de las dos salas existentes en el castillo, Sade amplía el castillo familiar de Mazan,situado a unos pocos kilómetros, para construir una tercera. De un castillo a otro Sade, su mujer y su cuñada representan cada semana para sus invitados obras-generalmente del mismo Sade- en las que actúan los tres, sus domésticos y hasta actores profesionales. El castillo era una especie de libertad sin límites.

Entonces,el 27 de junio de 1772, estalla el “escándalo de Marsella”.

Sade o la moral revelada (5)

30 mayo, 2017

Para no repetir lo ya expuesto en http://wp.me/p5Qvf-DA y en http://wp.me/p5Qvf-DG (ya sabes, mi querido lector, mi semejante, etc, etc etc, si quieres leer, clica ahí), haré un breve resumen de lo sucedido en Arcueil entre Rose Keller y Donatien y me centraré en las consecuencias.

Nuevamente vemos repetirse el modus operandi de Sade: el 3 de abril de 1768, domingo de Resurrección, Donatien busca los servicios de una prostituta, la lleva a una casita de la calle Moffetard y, tras las “habituales” palabras y acciones blasfemos, Sade entrega un látigo a Keller con el que ha de fustigarle, acción que luego él llevará a cabo con ella. Keller, aterrorizada, se niega, por supuesto. El marques recompensa su negativa azotandola con crueldad y realizándole cortes con un cortaplumas que luego sana con una pomada de propiedad casi mágicas que hacen desaparecer las heridas sin dejar marca. Sade culminará este particular aquelarre con lectura de unos versos blasfemos de su posible autoría. Al día siguiente Keller logra huir y denuncia los hechos a la policía.

Keller, que afirmará ser una viuda de Estrasburgo, de 33 años de edad, y no una prostituta, dice en su declaración que fue engañada a la casa del marqués, pues creía que iba a prestar servicio domésticos, no sexuales. Dicho sea de paso, Keller acumula sobre sí todos los atributos de las víctimas de los libertinos de las obras de Sade: viuda, sin recursos, sola, desamparada y vulnerable. Su huída es más propia de una novela de capa y espada (la pobre y torturada viuda que hace acopio de sus escasas fuerzas y en un último esfuerzo logra forzar una ventana por la que escapa, encontrando a unas mujeres en la calle que la ayudan a acompañan a para que denuncie los hechos) que de la vida real.

Hechos de este tipo eran considerados en la época como delitos menores si el agresor era de sangre azul. Se argumenta en la prensa todo tipo de razones que expliquen el comportamiento del marqués: desde su locura a razones pseudocientíficas (la pomada milagrosa, versión que será creída por Restiff de la Bretonne, que mantiene con Sade un odio recíproco). Para la conciencia popular, Sade es un monstruo capaz de realizar las acciones más crueles y abyectas. Así, Donatien se convierte en víctima de la opinión pública.Para la conciencia elitista de Sade, Keller deja de tener cualquier derecho al respeto o a la queja desde el momento mismo en el que vende su cuerpo(1) y lo que le suceda debe ser asumido como “gajes” del oficio. En cualquier caso, lo realizado en la casita adquiere unas proporciones desmesuradas al coincidir con un día tan señalado para el calendario cristiano.

Peor todavía, la casita donde sucede esta y otras tropelías del marqués se encuentra cerca de la casa de campo de Louis-Paul Pignon, presidente de la Cámara de lo Criminal del Parlamento de París, que tomará parte activa en el proceso contra Sade. Y por si fuera poco, una mano negra manipula la investigación. Es la de Charles-Augustín Maupeau, último canciller del Antiguo Régimen y antiguo enemigo de la familía política del marqués, que ve en lo sucedido una oportunidad magnifica para cobrarse venganza.

Sade va a ser la víctima propiciatoria en la que se van a castigar todos los excesos de la nobleza corrupta de la Francia de finales del siglo XVIII.

Pero, ante este giro de los acontecimientos, la suegra de Donatien, la Presidenta de Montreuil, toma parte en los hechos.

(1) Recuerdo, de pasada también, que ya traté en su día la falacia de este termino, usado aquí para representar el pensamiento sadiano. La prostituta no vende su cuerpo, sino sus servicios.


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