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Otoño Sangriento: La historia de Jack el Destripador (3)

18 julio, 2017

En 1894, Sir Melville Macnaghten, entonces jefe de la policia metropolitana de Londres, escribió en un informe el nombre de los, para él, tres principales sospechosos. Aunque parte de la información referente a este sospechoso se hizo pública hacia finales del siglo XIX, sus nombres no se conoció hasta 1959. El principal era Montague John Druitt, un abogado convertido en profesor que se suicidó en 1888. Por desgracia para Macnaghten, todo lo que escribió de memoria estaba equivocado. Según él, Druitt era doctor, 41 años y se suicidó inmediatamente después del asesinato de Kelly. En realidad, Druitt tenía 31 años, no era doctor y se suicidó cerca de un mes después del último crimen oficial de Jack. Ningún otro policía apoyó las alegaciones de Macnaghten. En el mejor de los casos, su teoría se basaba en pruebas circunstanciales. Aunque tal vez Druitt hubiera podido ser el Destripador, falta información verificable que lo confirme. Por ello, Druitt es un candidato muy poco probable.

En 1903, Frederick Abberline, un detective retirado que había estado a cargo de la investigación, apuntó como sospechoso al envenenador múltiple Severin Klosowski, alias George Chapman. Como pasara con Macnaghten, nadie más apoyó esta teoría y los modernos criminalistas rechazan a Klosowski como candidato a ser Jack.

Macnaghten también señaló a otro sospechoso, Aaron Kosminiski. A comienzos de la década de 1980s un investigador descubrió la copia personal de Donald Swanson las memorias de Robert Anderson. Tanto Swanson como Anderson fueron policías que tomaron parte de la investigación; la autobiografía de Anderson fue publicada en 1910, y afirmaba en ella que la policía sabía quién era el Destripador. Según él, se trataba de un judío polaco que había sido internado en un asilo mental tras los crímenes, donde murió al poco tiempo. Swanson añadió algunas notas en el libro de Anderson e identificó al sospechoso como Kosminski. Por desgracia, esta teoría tiene un buen número de problemas. Nadie apoyó lo afirmado por Anderson y las notas de Swanson critican más que confirman la teoría de su superior. Ciertamente, Aaron Kosminski era un persona real que fue confinado a un asilo mental. Los informes nos indican que era un lunatico inofensivo y dócil que decía escuchar voces en su cabeza y que no murió hasta 1919. Algunas explicaciones para solventar este punto indican que el nombre era equivocado y que, en lugar de Kosminski, se trataba de otro judío polaco internado y que realmente era peligroso.

Otro sospechoso de Macnaghten, Michael Ostrog, sin que se haya podido demostrar nada más que su locura.

El doctor Francis Tumblety saltó a la palestra en 1993 cuando se descubrieron unas cartas pertenecientes a un periodista especializado en crímenes llamado G.R. Sims. Entre la correspondencia figuraba una misiva de John Littlechild, que formó parte de Scotland Yard durante las investigaciones. En 1913 Littlechild escribió a Sims: “Nunca escuché hablar de una Dr. D. (que muchos toman como una referencia a Druitt) con respecto a los asesinatos de Whitechapel pero entre los sospechosos figura el Dr. T . . . una quáckero americano llamado Tumblety . . . ” . Aunque no hay duda de que Tumblety es un buen sospechoso, Scotland Yard no lo consideró como un candidato probable. James Monro, que reemplazó a Warren y estaba a cargo del Departamento Secreto, pensó que el asesinato de Alice McKenzie en julio de 1889 fue obra del Destripador. En 1890 afirmó que desconocía el nombre del asesino de Whitechapel pero que estaba trabajando en una teoría al respecto.

Se ha escrito mucho sobre Jack, incluso mientas los crímenes estaban teniendo lugar. Tanta información (mucha de ella sin valor) sólo ha complicado la tarea de los investigadores. Hasta 1929 no apareció el primer libro serio sobre el misteriosos asesino, escrito por Leonard Matters, y comenzó a crecer a partir de los años cincuenta, con la serie televisiva de Dan Farson sobre Jack y descubrió una versión del memorandum de McNaghten. Los primeros libros buenos comenzaron a parecer en los años 60 (Otoño de Terror de Tom Cullen, Jack the Ripper in Fact and Fiction de Robin Odell). La fiebre se desató en los setenta cuando surgió la teoría de que el nieto de la reina Victoria, el príncipe Albert Victor, Duque Clarence y Avondale, era Jack el Destripador. Todo aquel que fuera famoso, era sospechoso de ser Jack. Fue la década de las vistosas pero absurdas teorías conspirativas repletas de masones, médicos de la corte real y conspiraciones ocultistas.

En este caos llegó el gran libro de Donald Rumbelow, The Complete Jack the Ripper. Se empezó a disponer de los archivos policias todavía existentes, de manera que en los años 80 llegó el aluvión de libros a costa del centenario de los crímenes. Se encontraron nuevas evidencias y las notas de Swanson. La Unidad de Comportamientos del FBI publicó un perfil de Jack. Los años 90 aportaron dos libros esenciales para todo “Ripperologist”: Jack the Ripper A to Z, de Paul Begg, Martin Fido, y Keith Skinner, y The Complete History of Jack the Ripper de Phillip Sungden, que reemplazó al libro de Rumbelow com fuente autorizada sobre Jack.

Desde entonces se ha desvelado más información sobre Jack y se ha investigado mucho en este misterio desde que el caso fuera cerrado oficialmente en 1892. Más de cien años después estos crímenes todavía nos fascinan. Si el caso puede ser resuelto es algo que está abierto a debate. Si la policía resolvió el misterio y averiguó la identidad de Jack, se acabará sabiendo, pero dudo que así fuera. El caso, simplemente, nunca fue resuelto. La cantidad de información perdida es considerable. Todos los ficheros de la policía de la City fueron destruidos por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Lo que queda de los archivos de la policía metropolitana, disponible al público, es escaso. Aunque se afirma que la información fue destruida para ocultar la verdadera identidad del criminal, la realidad es algo más prosaica: algunos se los llevaron los policías como recuerdos. Otros quemados o destruidos cuando tocó hacer sitio para nuevos casos. Cuando Abberline fue entrevistado en 1903, el periodista pudo ver que el inspector de Scotland Yard estaba rodeado por informes oficiaels. Al morir uno de los investigadores, se encontró entre sus posesiones una caja llena de informes. Algunos documentos fueron “tomados prestados” por investigadores a finales de los años 70 y comienzos de los 80, lo que hizo que se pusieran en microfilm los documentos restantes.

Quizás el nombre del asesino de Whitechapel esté oculto en alguno de esos informes. O tal vez no. El tiempo lo dirá, aunque yo no confío demasiado en ello.

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Otoño Sangriento: La historia de Jack el Destripador (2)

15 julio, 2017

Las cartas del Destripador.

Hoy en día se acepta que ninguna de las cartas supuestamente escritas por Jack lo fueron de verdad. Una de ellas, fechada el 25 de septiembre y recibido el 27 en la sede de la agencia de noticias Central News fue la primera firmada como “Jack the Ripper”. Un postal con fecha 1 de octubre fue la siguiente en llegar. Se refería al “doble evento”, y por eso la policía pensó que era de Jack, pues llegó después del asesinato de Stride and Edowwes, que tuvo lugar el mismo día. Esta postal hacía referencia a la carta anterior, que todavía no había sido publicada. Por tanto, debía proceder de la misma fuente. Si la carta hubiera sido escrita el 30 de septiembre, el día del doble evento, era todavía más probable que hubiera sido escrita por el asesino, aunque no hay evidencias que lo corroboraran.

Sin embargo… Recientemente se ha descubierto que las cartas fueron obra de un periodista de la agencia Central News llamado Tom Bulling.

Otra carta pudo ser escrita por el Destripador. A mediados de octubre llegó un paquete a manos de George Lusk, que lideraba un comité de vigilancia en Whitechapel. En el interior del paquete se hallaba la mitad un riñón humano y una carta cuyo autor afirmaba ser el asesinato y que el contenido era parte del riñón que había extraído a Eddowes. Es imposible saber si esto es cierto o si el autor era realmente Jack. La mayoría de los argumentos a su favor se basan en información imprecisa o equivocada y en los mitos que rodean a los asesinatos, no en hecho probados.

Sin embargo… existe un peculiar coincidencia. Eddowes sufría la enfermedad de Bright, cuyos síntomas se aprecian en el riñón del paquete.

En una época en la que la ciencia forense y la toma de huellas no existían, la única manera de probar que alguien había cometido un crimen era atrapando al o la asesin@ en el acto o que este confesara. Los asesinatos de Whitechapel entran dentro de este periodo de tiempo. Lo curioso de este caso es que no fueron una, sino dos las fuerzas policías implicadas en la investigación. La Policía Metropolitana, conocida como Scotland Yard, estaba a cargo de los crímenes cometidos en todo Londres salvo por la City, el corazón de Londres, que tenía su propia policía. Como Eddowes fue asesinada dentro de su territorio, esto les hizo unirse a las investigaciones. Aunque ambas policías colaboraron y trabajaron bien, sus superiores parece que no lo hicieron tanto, aunque se desconoce cuánto afectó la resolución (o no) del caso. No se suele culpar a la policía por el fracaso de la búsqueda, pues, como ya he dicho, la tecnología no facilitaba tal tarea, harto complicada para las modernas fuerzas policiales de hoy en día. Salvo realizar las autopsias e interrogar a los testigos, había poco que la Policía Metropolitana pudiera hacer.

La opinión pública era muy crítica con al policía, a la que tachaban de incompetente, y que el Comisionado, Sir Charles Warren, no estaba capacitado para las investigaciones policiales. Se le criticó no ofrecer una recompensa, que pudiera haber atraído a un cómplice del Destripador. De hecho, Warren no puso reparos a tal recompensa, sino que fue su superior, el ministro de interior, Henry Matthews, quien rechazó la idea. La policía de la City hizo un mejor trabajo, pero sin resultados palpables. Sus oficiales dibujaron la escena, fotografiaron el cadáver de Eddowes e incluso de Kelly, aunque no entraba dentro de sus límites. Fue la única víctima fotografiada en la escena del crímen.

Una de las diferencias entre los mandos de ambas fuerzas fue referente al graffiti hallado en la calle Goulston la noche del “doble evento”. Una parte del delantal de Eddowes, que el destripador usó para limpiar su cuchillo, fue hallado por un policía cerca de un mensaje escrito en tiza sobre la puerta de una casa de esa calle. El mensaje (“The Juwes are the men That Will not be blamed for nothing“, que se traduce generalmente como “a los judíos nunca serán culpados de nada”) pudo haber sido escrito por Jack y los policías de la City quisieron fotografiarla, Warren, temiendo que dejarla a la vista hasta que hubiera suficiente luz para ser fotografiada, podía causar disturbios y ataques contra los judíos que vivían en Whitechapel, a los que algunos extremistas ya culpaban de los crímenes.

Que la policía no detuviera a ningún sospechoso muestra que no llegaron a tener suficientes pruebas para llevar a nadie ante un tribunal.


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