Posts Tagged ‘trio’

Un Ozzy en el campo (5)

23 octubre, 2015

Al final nos acabaron expulsando del sanatorio. No fue por una gran cabronada, no, sino por la acumulación de varias.

El primer aviso se lo llevó Ozzy. Por lo que me contó, la parejita de hermanos incestuosos no llevaban nada bien el tratamiento, y pidieron consejo a mi buen amigo que, logicamente, sin pensarselo dos veces, se lo dio. Aquella misma noche nos despertaron losgemidos de uno y otro mientras se dedicaban al bien conocido placer que aporta el ayuntamiento carnal entre dos personas adultas. Al día siguiente, obviamente, los pusieron de patitas en la calle por saltarse el tratamiento, las indicaciones y o se cuantas más cosas que aún ignoro, Ozzy, por su parte, se llevó una considerable bronca y un aviso poco amistoso de que a la siguiente se iba a la calle.

Logicamente, al saberlo, me dispuse a ayudarle. En teoría mi intención era evitar que se ganara la expulsión, pero… en fin, los mejores propósitos no siempre consiguen los mejores resultados.

En menos de una semana los dos fuimos expulsados. Por suerte para Ozzy sus problemas con la ley ya se habían solucionado y, por suerte para mí también, porque ya estaba aburrido de aquel bucólico lugar, las costumbres nudistas de alguna de sus huéspedes, los problemas aerofágicos de algunos de los recién llegados y alguna cosa más que mejor dejo en el tintero.

¿Qué hicimos?

Liarla.

Basicamente todo empezó durante la cena del decimoquinto día. O el decimosexto. Bueno, fue en una de las cenas. Estabamos sentados en la miosma mesa que la pareja de lesbianas que no querían serlo. O que si querían. En fin, algo querían. O no.

Ozzy se puso a presumir de que era un genio del bondage y no habia nudo ni cuerda que se le resistiera y que yo, por mi parte, era un gran amante y excelente conocedor de las virtudes de los tríos. Mientras yo permanecía mudo de asombro (tanto por su audacia como por mi silencio, pues me precio de no dejarme enmudecer por nada) y me preguntaba a dónde diablos nos iba a llevar todo aquello.

Pues a la cama, a dónde sino…

Una vez los cuatro nos quedamos a solas en la habitación de una de ellas (primera falta, los huéspedes del lugar no podíamos entrar en las habitaciones de los demás), Sofía se tumbó en la cama y le pidió a Ozzy que la atara. Y eso Ozzy lo bordó. La inmovilizó perfectamente (luego me confesó su sorpresa al ver lo bien que loe habían salido los nudos) y a continuación hizo lo propio con Marina, que se había tumbado encima de su amiga y amada. Y con ellas así, desnudas y tumbadas en la cama, mientras se besaban, nosotros nos fuimos turnando en follarlas, besarlas y acariciarlas.

El jaleo fue parejo a nuestro gozo. En el momento justo en que ellas se besabnm, Ozzy acariciaba sus espaldas y yo, penetrando a una y jugando con el sexo de la otra, en ese preciso instante entró el director del local con un par de las enfermeras y, por decirlo de alguna manera, ardió Troya.

Eso sí, el polvo fue fantástico. Las dos horas que tardaron en pillarnos fueron fantásticas. Y el momento magnifico de regresar Ozzy y yo a nuestras habitaciones, completamente en pelotas, empalmados todavía y sonriendo de oreja a oreja… fue genial.

FIN

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Promesas en el agua (3)

3 junio, 2015

Yo de entendederas no soy corto. De lo único que ando escaso es de paciencia, pero juro que no había manera de entender a Carola, que se embaló de mala manera y no paraba.

Lanzada como iba no era plato de mi agrado interrumpirla, así que, armandome de valor le dije.

-Carol, perdona, pero… QUE NO ENTIENDO UNA MIERDA DE LO QUE ME ESTÁS CONTANDO!!!

El silencio súbito que se hizo al otro lado de la línea fue impresionate.

-¿Dónde te has perdido, cacho melón?

Eso ya sí me resultaba del todo familiar…

-Después de decir tú “hola”.

Su suspiro fue como el resoplar de Moby Dick.

-Vale, te lo diré en pocas palabras. Mi trabajo está muy bien pagado pero peor visto. Soy scort…

-Como el coche.

-… y ahora mismo me veo en… ¿el coche?

-El Ford Escort -repliqué, sonriendo como un gilipollas ante mi ocurrencia.

-Tú eres imbécil y en tu casa no lo saben!!!! -me aulló a todo pulmón. Carola, muy fina ella, tenía el carácter de un toro de miura.

-Vale, vale… cuál es el problema.

-Necesito un hombre.

“Estupendo”, me dije. El sueño de mi infancia se había hecho realidad. Sólo que con la chica equivocada. Carola captó mi silencio y exclamó rápida como un cohete.

-No te emociones tanto, sólo es por cuestiones laborales.

-Estoooooo… y no puedes hacer uso de los servicios de un compañero de profesión…?

-Para qué pedir favores cuando TÚ me debes uno muy grande, cariño…?

El tambor del tercio comenzó a tocar a rebato. Las campanas de todas las iglesias de Barcelona se unieron al coro y mi esfinter se añadió a los redobles con una pedorreta angustiada que me hizo temer por la integridad impoluta de mis boxers (no fue el caso, añado para tranquilidad de mis lector@s).

-Carola… Caro… en serio me vas a…

-Me debes una, cabrito, y bien gorda!!!!

-Qué rastrera… no me esperaba esto de tí… venga, suelta que tengo que hacer, especie de…

-Necesito que hagas un trío con una chica y conmigo.

-¡¡¡…ANGEL MÍO, CUANTO TE QUIERO, MI AMOR, PERO MIRA QUE ERES GUAPA, CAROCUQUI MÍA!!!

-Corta, que me empalagas… Te conozco como si te hubiera parido… sabía que no te ibas a negar…

De haber sabido la que me esperaba, vamos que me hubiera negado. Aunque ello me hubiera hecho salir en portada del ABC y quedar retratado en “Sálvame”.

Pero no lo hice. Tonto de mí.

Historia de dos necios, de ruido y de furia (6)

12 mayo, 2015

Sexta parte

Era una noche de viernes. Juan había tenido una tarde con problemas de estómago que le habían dejado sin ganas de salir. Estaba sentado en la cama, ojeando un libro, cuando su móvil cobró vida. Le dirigió una mirada de reojo, y vio que era un mensaje de Twitter. No reconocía a la remitente. Era una seguidora que se le había añadido hacía unos pocos días… y él no era de decir que no a una mujer.

Al leer el mensaje se sintió perplejo. Era Silvia, la “amiga” de Gabriel, que le pedía que, por favor, no le contara a su amigo que ella tenía una cuenta de Twitter. Era para darle una sorpresa, le dijo.

A partir de aquel día, Silvia y Juan comenzaron a hablar casi a diario, varias veces al día. El martes ella logró algo que no era muy frecuente: enmudecer a Juan cuando le confesó algo.

“Hace tres semanas estaba segura de que te conocería y hoy estoy casi segura de que nos iremos a la cama”.

Juan escuchó dos veces el mensaje antes de replicar, intentado que no se le notara ni la sorpresa ni el ligero temblor de deseo que le impregnaba la voz. Así, al día siguiente, mandando la prudencia al cuerno y espoleado por la voz de ella, le propuso quedar para tomar algo. Ella estuvo de acuerdo.

Al día siguiente se verían.

Juan no salía de su pasmo.

Lo que no le acababa de convencer es ver como Gabriel iba volviéndose más infantil cada día. Estaba ilusionadisimo con ella, como si fuera su novia y no una amante, una mujer casada que, llegado el momento, lo dejaría por su marido o por otro amante. Le empezaba a ver rasgos extraños, como una extraña posesividad. En un exceso de confianza, Juan atribuyó todos esos errores a la inexperiencia de Gabriel, y con paciencia se dedicó a intentar sacarlo de sus fallos…

… era lo malo de tener muuuuuuucho tiempo disponible…

Y por fin llegó el día de la cita de Juan y Silvia.

Polvo de Diamante (10)

7 diciembre, 2014

“¿Dos lenguas?”, se preguntó Antonio sorprendido. No tuvo demasiado tiempo para dedicarlo a pensamiento alguno, pues, de repente, los labios se separaron de su piel y unas manos poderosas tiraron de él, adentrándolo en una oscuridad fría que se pegaba a sus carnes con un beso húmedo.

El cachete en su nalga resonó más fuerte de lo que era, pero Antonio brincçó igual que un potro al sentir la fusta. De repente se encontró tumbado en una cama, a oscuras, con un ojo terrible mirandole fijamente. Era un culo, “ese pozo de la Vida”, que dijo un poetapanda en otra ocasión semejante, al que seguía un coño fenomenal. No se había recuperado de la sorpresa cuando una boca comezó a besar su cuello y, de repente, el coño se le acercó a una gran velocidad tremenda, estampandose contra su nadie, medio dolor, medio placer urgente, y se puso a lamer con avidez aquel coño tan humedecido por la lujuria.

Una mano desconocida se apoderó de su solitario y aburrido miembro, guiandolo al interior de una boca, hasta el fondo, mientras la dueña del coño resoplaba como las chimeneas del Titanic apunto de embestir el iceberg.

Y, antes de poder decir “esta boca es mía”, le metieron una verga, poderosa y firme, entre los labios, de manera que pensó, honorando al poetapanda.

“Heme aquí, supremo sobre la estupidez y la vulgaridad del mundo”.

Entonces se escuchó una risa, ligeramente malévola, dotada de un ligero gangoseo francés y una sabiduría que sólo los años, la educación y el dinero podían proporcionar.

Antonio, ya perdido y engolado, se dijo “esto será apoteósico o no será”.

Ensoñación (XXII)

13 enero, 2014

21. Tosigo ardento

Sé que nunca me creerás. Haga lo que haga, te diga lo que te diga, nunca me creerás. Porque mis enemigos han llenado de tosigo ardento tu corazón, y tu corazón ya no cree en mí…

Una mano me volvió bruscamente la cara y mi recitar se fue al garete. Victoria, sin pensárselo dos veces -que narices, ni una siquiera-, me abrasó la boca con un beso que me conmovió el alma y, tras mirarme fijamente a los ojos, me espetó:

-Cabrón… aunque leyeras el listín telefónico me pones cachonda, como una perra en celo continuo.

Gabrielle, hundida en el sillón, con las gafas en la punta de la nariz y los ojos ausentes de su libro, nos miraba con una sonrisa divertida, las piernas envueltas en su manta favorita y la camisa entreabierta mostrando la promesa de sus encantos gemelos.

-Pero cacho zorra, keep quiet, que me caigo, cooooooooño!!! -le solté en uno de esos alardes poéticos que me precio de soltar de vez en cuando.

Y no mentía un servidor, pues a raíz de abalanzarse Victoria sobre mí, con la fuerza de su empuje el sofá se fue ladeando de manera que, inevitablemente, ambos (ella y yo, además del sufrido mueble) dimos con nuestros huesos en el suelo, llevándome yo la mejor parte, pues ella aterrizó encima de mí, de modo que sus pechos maravillosos se estamparon contra mi cara sin nada más que su camisa separando mi ansiosa lengua de sus pezones de cereza.

Después de dos años de amarnos en secreto, de devorarnos a escondidas, de modelarnos sin querer, de ser dichosos contra mundum, nuestra relación se había convertido en algo a prueba de todo tipo de tragedias y Juicios Finales de los aspirantes a Torquemada, dueños del Saber Húnico (heil, Atila!). Era una pasión que podía con el envejecimiento, el aburrimiento y la muerte. Era, simplemente, el goce por el goce, un paroxismo de alegría y lujuria, un disfrutar de la gloria sin necesidad de morirse primero.

Me besó largamente, y su lengua acarició mis labios, mis dientes, mi campanilla, mientras mi manos, a tontas y a locas, se pegaban un festín de recorrer su cuerpo, su culo, sus caderas, su espalda, y la desnudaban ansiosamente, mandando sus braguitas al cuerno. La besé en el cuello, olfatee sus axilas, olí su sexo. Ella se apretó contra mí, sus uñas rozando mi piel y deteniéndose en mis nalgas. Sus dientes mordieron mi boca.

-¡Dios, como te quiero! -rugió.

Como pude nos pusimos de pie, esquivando su impulso de hacerlo allí mismo, encima de la mesa, ante los ojos de una cada vez más excitada Gabrielle, que se tocaba y acariciaba sin pudor alguno. Ni falta que hacía tampoco.

La tumbé en la cama, y me aboqué hacia su rincón favorito, de donde había surgido las primeras luces de la Creación, y saboree su juego, embriagándome de ella, de su olor, de su goce, de su placer. Cuando se subió encima de mí y se hincó profundamente mi verga en su húmedo sexo, descoyuntando mis caderas, fue como si la fuerza de todo el amor nacido y por nacer se encarnara en aquella vulva de mis amores.

Apreté sus tersas nalgas mientras embestía con todas mis fuerzas. Su vientre golpeaba el mío, su rostro se deformaba en una mueca imposible de goce y lujuria, y follamos y follamos hasta que su coño rebosaba de placer y de él brotaba hilos de plateado jugo que se deslizaban por sus muslos y mis piernas. Mi polla golpeaba sus carnes doradas y sus pechos enhiestos mis ojos, hasta que, jadeantes, salvajes, dichosos y por fin eternos, nos fuimos corriendo, una y otra vez, en aquella tarde de febrero dorado y frío.

Sus ojos me miraban, indescifrables, misteriosos, llenos de amor y de una luz extraordinaria. Eran ojos de mujer, de terciopelo, amos de un cuerpo orgulloso, conocedora de sus capacidades y de sus gustos, sabedora de que en la cama no hay más límite que el que uno quiera imponerse y, dueña de sí misma, estaba lista para ofrecerse alegremente a la libertad de su sexualidad.

Gabrielle, decidida, avanzó hacia nosotros.

Ensoñación (XVI)

27 diciembre, 2013

15. Regalo de cumpleaños

Un día quise hacerle un regalo especial a Victoria: la obsequié con su “prima” parisina.

Llamó a mi puerta y yo le abrí con una sonrisa maliciosa que ella, inmediatamente, interpretó de la manera correcta y a la que correspondió con su mirada más chispeante y su caída de párpados más insinuante. Al ver a Beatriz, sonrió y exclamó con voz risueña:

-Serás cabronazo…

Mi voz rezumaba malicia y lujuria cuando las presenté, pero mucha sorna cuando añadí:

-Me la encontré en la calle y la invité a que subiera a tomar algo caliente.

Victoria, sonriendo aún, se detuvo ante el CD y, sin mirar, extrajo uno al azar. Sonaron los primeros acordes de “Bela Lugosi is dead“. No pude evitar pensar que mi seño sevillana tenía un curioso sentido de la oportunidad. Con los primeros “desacordes” hizo ademán de detener la música, pero yo, que me había acercado en silencio como el gatopanda que soy cogí su mano y la detuve. Sonreí ante el recuerdo del pasado, de una de mis maestras, y me fui a preparar unas copas. Mi voz logró que se relajara la situación, mientras las dos me miraban con carita de perplejidad y calculaban cual sería mi siguiente paso. Victoria, al bañar mis ojos su rostro, se puso en pie y se me acercó decidida.

Sentada en mis piernas empezó a interrogar con sabia y malévola mañana a su “prima”. De repente, cuando mi mano rozó con escaso disimulo sus nalgas, inició un astuta disquisición sobre los tríos y menageries varias, con un descaro que provocó mi sonrisa. Beatriz, que intuía sobradamente por donde iban los tiros, callaba y miraba. Joven, ya se había llevado a la cama a un sinfín de tipos (no muy escogidos, por cierto), pero en esta tesitura optó por hacerse la tonta.

Un par de copas y varios toqueteos descarados después, el ambiente ya era otro. Con los ojitos brillantes por la sibilina lubricidad de Victoria al besarme, Beatriz nos miraba atentamenet. Fue entonces, cuando ella, acostaba en mi pecho, piernas separadas, mi mano deslizándose por entre sus muslos lentamente, fue, como digo, cuando mi boca soltó, como el que no dice nada:

-Dicen que no hay quien le coma el coño a una mujer como otra.

Beatriz tuvo la delicadeza de fingir incredulidad que facilitó mi obvia y vulgar siguiente sugerencia:

-¿Por qué no probáis? Sois tan parecidas que seguramente os adivinareis los gustos.

¡Estaba dicho! Victoria, siempre dispuesta a arder en el fuego más vivo, abandonó mis rodillas y se fue a por Beatriz, a la que estampó un delicioso beso en los labios. Mi sevillana deslizó su mano por el cuerpode ella, acariciandola sabiamente, metiendo los dedos bajo el tejano y acariciando por doquier, mientras Beatriz se dejaba hacer entre risas. Se asbrió la cremallera de los pantalones y estos se deslizaron prestamente hacia el suelo.

Acostandose en el sofá, reclino la cabeza hcia atrás y Victoria se acomodó entre sus piernas. Yo salí de mi inactividad y comencé a acariciar aquel tesoro de su culo en pompa. Alznado su falad, comencé a bajarle las braguitas. Ella volvió el rostro y espetó, burlona:

-Tardabas mucho…

El cachete en su nalga resonó más fuerte de lo que era, pero sus ojos brillaron con toda la fuerza de la emoción que sentí. Me miraba todavía cuando hundí mi cara en su cuerpo y mi lengua “analizó” su culo, ese pozo de la Vida, para luego bajar hacia su conejo soberbio, mientras ella besuqueaba el vuenter y el pubis dorado de su “prima”. Arrodillada ante ella, una vez me aparté, chupaba y lamía con avidez aquel coño tan baqueteado por la vida.

La melena dorada de Beatriz se desparramaba en los cojines mientras su boca se torcía entre gemido y gemido, los ojos idos y en blanco, y mi hermoso animalillo, devoraba y acariciaba con latigazos de su lengua aquel chochito venerado por este vuestro seguro servidor. Me desnudé sin prisas, enamorado de ellas, y, mientras las dos, casi desnudas, gemían en el sofá, me coloqué tras Victoria, acaricié su espalda y la penetre por detrás. Ella torció la cara y me abrasó con la mirada, para volver a lamer aquel prodigioso coño y acariciar aquellas soberbias tetitas.

Al cabo de un rato, para mi desconsuelo, Victoria se desacopló y, tomando mi huérfano miembro, lo guió al interior de Beatriz, para mi gran alegría. Se la metió hasta el fondo y Beatriz resopló como una locomotora subiendo una cuesta. Mi sevillana se hizo a un lado y, mientras contemplaba con una sonrisa propia de la Esfinge el polvo de nosotros dos, se acariciaba languidamente.

Beatriz se aferraba a mí, como su coño tesoro y pireto en torno a mi polla, como un guante. yo golpeaba vigorosamente contra su cuerpo, mientras su orgasmo se prolongaba y prolongaba inacabablemente. Ella reía.

-Sí… sí que eres un cabronazo…

Victoria, en pleno éxtasis en la punta de sus dedos, jadeó alegre.

-Sí… lo es… sí.

De repente el placer llegó a mí con un estremecimiento, y me dejé ir entre las piernas de aquella prodigiosa criatura, empujando con todas mis escasas fuerzas por última vez ,mientras un chorro caliente de semen rebotaba contra las paredes de sus entrañas. Victoria, recién corrida, se tumbó encima de mí y allí nos quedamos los tres, unidos, cansados, radiantes, felices y jubilosos.

Supremos sobre la estupidez y la vulgaridad del mundo.

Esposada (II)

29 agosto, 2013

PARTE 2

Pronto notó un pene rozándole los labios con suavidad. Ella abrió la boca y sintió la dureza palpitante del miembro entrando hasta el fondo de su garganta. Comenzó a chupar y a lamer con un hambre infinito hasta que el pene abandonó su boca y le hicieron girar la cabeza a la derecha. Intuyendo lo que iba a pasar ella abrió la boca y no tardó en recibir la visita de otro pene enardecido. Pronto se encontró cambiando de un miembro a otro mientras la cama temblaba con sus movimiento. Incapaz de liberar sus manos estaba abandonada a la voluntad de su marido y de su misterioso acompañante, que se aprovechaban de ello, moviendose cada vez con mayor velocidad y fuerza y penetrando hasta el fondo de su garganta, ahogándola de placer.

Uno a uno fueron llegando al éxtasis y se derramaron por el cuerpo de Paula, por sus pechos y por su vientre. Todavía vendada esperó pacientemente mientras ambos se separaban de la cama. Una toalla recorrió su tembloroso cuerpo, limpiándola cuidadosamente mientras podía escuchara su marido y al desconocido discutir en susurros. Entonces escuchó como se abría un cajón y las esposas eran retiradas. Cuando extendió su mano para quitarse el pañuelo, las manos de Jorge la detuvieron y escuchó la voz de su marido. “Todavía no. Te vamos a liberar las manos, pero el pañuelo se queda. Ahora, girate a la derecha”.

Lo hizo, y se encontró con el cuerpo del desconocido. Lo montó sin dudar un instante, acariciando el cuerpo, duro como una roca, tanto como el pene que pronto entró en su húmeda vagina. Mientras lo galopaba suavemente exploró el pecho: sin vello, un piercing en uno de los pezones… llegado a ese punto a Laura ya lo importaba muy poco quien fuera, simplemente estaba atenta al placer que brotaba de su cuerpo.

De repente notó a alguien detrás de ella, besándole primer en el cuello, acariciándo su espalda mientras el pene del desconocido se hundía un poco más en su vagina con cada nuevo empujón. Pronto unos labios besaron su culo y el pene la comenzó a penetrar con mayor fuerza. Una mano la empujó suavemente hacia su follador desconocido y, entonces, notó como el pene de su marido comenzaba a entrar en su culo. El sentirse doblemente penetrada hizo que la invadiera una sensación desconocida de placer, alegría y excitación.

Unas manos tiraron de su pelo mientras el pene entraba más y más en su culo. Su sexo estaba lleno del miembro de su desconocido amante y ella comenzó a sentirse perdida en un océano de lujuria, sin pensar más, simplemente sintiendo y disfrutando, arrobada por las oleadas de placer que le invadían. Unos dientes mordisquearon sus pezones suavemente y, de golpe, primero uno y luego otro.

De repente todo se acabó. Primero uno y luego otro, sus dos amantes se corrieron en ella, que desfallecía en esos momentos de puro gusto. Agotada se dejó caer sobre la cama. Entonces, mientras unas manos la acariciaban y unos labios la besaban, fue de nuevo esposada a la cabecera de la cama. Desconcertada, escuchó el sonido de alguien que se viste y, al poco tiempo, una voz que le susurraba “Ha sido un placer, como siempre”. Pasos, voces lejanas y el ruido de una puerta al cerrarse.

Al poco tiempo su marido estaba de vuelta. Tras quitarle las esposas y levantar el pañuelo de sus ojos, la miró burlón y le preguntó: “¿Te ha gustado?”.

A día de hoy todavía no sabe quien fue su misterioso amante.

Esposada (I)

28 agosto, 2013

Era sábado. Como de costumbre, Jorge, el marido de Paula, se fue a ver el partido de futbol con sus amigos mientras ella se queda en casa con los niños. Así él tenía un rato para estar con sus colegas. Paula, sin embargo, se sentía juguetona, y decidió darle motivos para volver a casa con rapidez. Se fue a su cuarto, se desnudó y comenzó a sacarse fotos cada vez más obscenas y a enviarselas a su marido. A la tercera foto recibió el siguiente mensaje:

“Voy”.

Ella cogió su consolador favorito y comenzó a jugar para “calentar” motores, porque sabía que su marido adoraba verla jugar. Así lleva un rato, dándose placer en su húmedo sexo cuando escuchó como se abría la puerta de la calle. Al poco rato su marido entró en su cuarto y la encontró en mitad del juego, completamente desnuda y abierta de par en par como una ventana en primavera. Él le dedicó una mirada maliciosa y sonrío ampliamente.

“Tienes un gran talento fotográfico, ¿lo sabías?” le dijo mientras se acercaba a la cama. Se inclinó sobre ella y, mientras le quitaba el consolador de las manos y lo lanzaba bien lejos, la besó apasionadamente. Paula dejó escapar un gemido de protesta, y él entonces le susurró al oído “espera un poco, nena…. sólo un poco…”.

Ella intentaba imaginar que vendría a continuación cuando de repente unas esposas aparecieron en las manos de él. Así que era eso… se dijo, mientras la excitación invadía todo su cuerpo.Sin más preámbulos él la esposó a la cabecera de la cama y luego se sacó un pañuelo del interior de su cazadora y, mientras ella se reía encantada, le vendó los ojos y todo se hizo de noche. Eso prometía, pensó, y mucho. Empezó a escuchar los ruidos propios de una persona desnudándose -una cremallera que se abre, el rozar de la tela contra la piel, el ruido de un cinturón al caer al suelo- y, de repente, una lengua comenzó a lamer sus pezones mientras el abrasador aliento de su marido incendiaba la piel de sus pechos. Los labios y los dientes de él siguieron moviéndose por su cuerpo, besándola, lamiéndola, mordiéndola.

De repente algo extraño sucedió. Una lengua comenzó a lamer su vagina. Ella se quedó perpleja por un momento, pues no era posible que su marido pudiera estar en su cuello y en su sexo a la vez… Con los ojos vendados una sospecha comenzó a cruzar su mente. Justo cuando iba a preguntar, escuchó a Jorge decirle: “pareces algo confundida, querida… ¿qué pasa?” pero no tuvo tiempo de contestar, porque una segunda voz masculina replicó: “Oh, me parece que está empezando a descubrir que el juego ha cambiado de reglas”. Esposada, Paula era incapaz de decidir si sentirse aterrada o excitada por lo que estaba sucediendo. Lo más extraño es que la voz le resultaba conocida, familiar, pero no podía identificarla. Tampoco importaba, pues todo su cuerpo ardía mientras cuatro manos la recorrían a la vez.

(continuará…)

Besos

22 noviembre, 2011

Hablando con una persona con intereses comunes a los míos no he podido evitar reirme cuando me ha soltado, a quemarropa, una gran verdad.

“En uno de nuestras últimas experiencias”, me cuenta, refiriéndose al último trío que hicieron, “el chico me preguntó si podía besarme o eso era demasiado íntimo. ¿Demasiado íntimo? Poco después de besarme me voy a comer tu polla y tú mi vagina, ¿y me preguntas si besar es demasido íntimo? ¡Por favor!”

Tiene razón. Un beso es como calentar motores, poner la sangre en funcionamiento y activar los sentidos. Sexo sin besos -ya sea entre dos, tres, cuatro o cinco mil- es inconcebible.

Bésame, tonta.

Yours trully,

Jack.


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